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La geopolítica de la Eurocopa: ¿qué partidos de fútbol están prohibidos?

Análisis

Alejandra Sansivirini
Alejandra Sansivirini
Graduada en Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid. Actual estudiante del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico en LISA Institute. Sus principales áreas de interés son la seguridad y defensa nacional e internacional, la geopolítica y el estudio de conflictos en Europa, Norte de África y Medio Oriente.

El 14 de junio de 2024 empezó la Eurocopa, el campeonato europeo de la UEFA que se celebra cada cuatro años y es conocido como el mayor torneo internacional de selecciones nacionales de fútbol en Europa. El evento, que ha conseguido reunir a más de 55 equipos representando a los diferentes países europeos, no escapa de la geopolítica. En este artículo, Alejandra Sansivirini, alumna del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute explica cuáles son los partidos que no se juegan durante la competición por motivos geopolíticos.

A pesar de la diversidad y variedad de equipos que han participado en esta competición, el fútbol no se escapa de la geopolítica. Las difíciles y controversiales relaciones entre algunos países o territorios, han forzado a la UEFA y a la FIFA a crear un lista con aquellos partidos prohibidos que no se pueden celebrar. Las diferencias en sus intereses geopolíticos así como la historia, tienen un impacto relevante en eventos deportivos y culturales. A continuación se presentan algunos de estos partidos prohibidos y sus razones principales.

Rusia y Ucrania

Desde el 24 de febrero de 2022, Ucrania y Rusia se encuentran enzarzadas en un conflicto que ha sacudido los cimientos de Europa. Si bien este estallido bélico parece reciente, sus raíces se hunden mucho más atrás en el tiempo. La sombra de la Unión Soviética planea sobre la actual confrontación. Tras su disolución en 1991, las tensiones entre ambos países no han cesado. 

Desde la perspectiva geopolítica, es necesario analizar este asunto desde el legado soviético y la expansión de la OTAN. La desintegración de la URSS en 1991 dejó un vacío de poder en Europa del Este, que Rusia ha percibido como una amenaza a su esfera de influencia. La expansión hacia el este de la OTAN, incluyendo una posible adhesión de Ucrania, ha resultado para Rusia una línea roja que no se debía cruzar. Como interés nacional, Rusia busca mantener cualquier tipo de influencia fuera de Ucrania (cultura, deporte, arte…) y evitar así el acercamiento a Occidente.

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Ucrania, por su parte, aspira a su independencia, su soberanía y su integración dentro de Occidente para huir de la influencia rusa en todos sus niveles, entre ellos el ámbito deportivo. Este choque de intereses ha afectado a todos los aspectos, principalmente a la lucha por el control del territorio, los recursos y el futuro de Ucrania. De forma más estratégica, también destacan el uso del soft power y smart power en eventos culturales y deportivos que consiguen una influencia más cercana a la población y que en múltiples casos, se politiza.  

Un episodio futbolístico ilustra estas tensiones. En la fase de clasificación para la Eurocopa del 2000, Ucrania se impuso a Rusia en ambos encuentros, privándolos de la clasificación. Un mero paréntesis deportivo en una historia marcada por la desconfianza y las fricciones.

En 2014, la anexión rusa de Crimea por parte de Rusia supuso un punto de inflexión. Desde entonces, el fútbol entre ambas selecciones quedó suspendido, reflejando el deterioro de las relaciones bilaterales. La invasión a gran escala de 2022 ha llevado el conflicto a su punto álgido. El desenlace de este conflicto sigue siendo incierto.

Rusia no participa en la actual Eurocopa 2024, ya que fue vetado por la UEFA previamente a las clasificaciones en Qatar, pero, sin embargo, Ucrania sí ha participado.

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Armenia y Azerbaiyán

Al igual que en Ucrania, la desintegración de la Unión Soviética en 1991 marcó el inicio de un conflicto congelado entre Armenia y Azerbaiyán. La región de Nagorno Karabaj, de mayoría étnica armenia, pero bajo control azerí, se convirtió en el epicentro de una disputa que ha dejado aproximadamente más de 40.000 víctimas mortales y un millón de desplazados. Las tensiones por el control de Nagorno Karabaj se intensificaron a finales de los años 80, derivando en una guerra abierta que duró hasta 1994. Tras un alto al fuego, las hostilidades se reavivaron en 2016 y 2020. 

Nagorno Karabaj ha estado poblado por armenios durante siglos, pero fue incorporada a la República Socialista Soviética de Azerbaiyán en 1923. Tras la caída de la URSS, las tensiones étnicas entre la población armenia de Nagorno Karabaj y el gobierno azerí estallaron en un conflicto abierto. Los focos del conflicto se sitúan en el territorio, la identidad y el derecho a la autodeterminación, aunque también se ha trasladado a los ámbitos más sociales, como lo son el deportivo o el cultural. El conflicto se ha visto además instrumentalizado por potencias regionales como Turquía e Irán, que han intentado ampliar su influencia en la zona.  

En 2008, la crispación entre ambos países alcanzó tal punto que las selecciones de Armenia y Azerbaiyán se negaron a disputar un partido oficial. Esta decisión motivó la intervención de la UEFA, que prohibió los enfrentamientos directos entre ambos equipos. A pesar de los esfuerzos internacionales por mediar en la solución del conflicto, la paz sigue siendo esquiva en la región. 

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España y Gibraltar

La sombra del Peñón de Gibraltar se cierne sobre la relación entre España y Reino Unido desde hace siglos. En 1713, el Tratado de Utrecht marcó un hito al ceder España la soberanía del territorio a la Corona británica. Una cesión que, desde entonces, ha sido motivo de fricción y constante reivindicación por la parte española.

Desde entonces, España ha argumentado que la cesión no incluía el territorio que rodea al Peñón, lo que ha dado lugar a una disputa territorial. Las reivindicaciones españolas se basan en el argumento de que Gibraltar es una parte histórica de España y que su población tiene derecho a la autodeterminación. 

Para España, Gibraltar representa un símbolo de su pasado imperial y una cuestión de soberanía nacional. Reino Unido, por su parte, considera que Gibraltar es una parte integral de su territorio y una base militar estratégica. El conflicto también tiene una dimensión económica, ya que Gibraltar es un «paraíso fiscal» que genera controversia en la región. El conflicto ha sido utilizado en ocasiones como herramienta política por ambos gobiernos, y en la actualidad continúan las conversaciones para tratar de solventar el problema.

Dicha confrontación ha generado tensiones y disputas constantes entre ambos países, teniendo su consecuencias en el fútbol. En 2022, la coincidencia de España y Gibraltar en el mismo grupo (A) de clasificación para la Eurocopa 2024 avivó la controversia. Para evitar disidencias, la UEFA tomó la decisión de reubicar a Gibraltar en el grupo B. Un gesto que, si bien alivió las fricciones en el ámbito deportivo, puso de manifiesto la complejidad de la situación. 

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Kosovo, Serbia, Rusia y Bosnia-Herzegovina

La independencia de Kosovo, declarada en 2008, continúa siendo un tema delicado en los Balcanes. Si bien ha sido reconocida por más de 100 países, su estatus aún no está universalmente aceptado. Serbia, con el apoyo de Rusia y Bosnia-Herzegovina, mantiene firme su postura de reclamar Kosovo como parte de su territorio. Esta disputa ha generado tensiones considerables en la región, con brotes de violencia y un clima de desconfianza que dificulta la cooperación y el desarrollo. 

Cabe recalcar que durante este conflicto, Serbia ha recibido un importante apoyo por parte de Rusia y Bosnia-Herzegovina. La noción de una «Gran Serbia» que incluye a Kosovo sigue siendo influyente en algunos sectores de la sociedad serbia. En el caso de Rusia, es un aliado cercano de Serbia que ha bloqueado el reconocimiento de Kosovo por parte del Consejo de Seguridad de la ONU. Su postura se basa en el principio de integridad territorial y la oposición a la secesión.

En el caso de Bosnia-Herzegovina, es un país con una compleja composición étnica. Este ha intentado evitado tomar una postura oficial sobre la independencia de Kosovo. Algunos partidos políticos bosnios-serbios se oponen firmemente al reconocimiento de Kosovo, mientras que otros actores políticos bosnios favorecen un enfoque más neutral. 

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La posición de España en este asunto es singular. Si bien no reconoce oficialmente la independencia de Kosovo, ha participado en competiciones deportivas contra su selección nacional. Esto ha generado cierta polémica, especialmente en el partido de 2014, donde la bandera de Kosovo fue izada por error en el estadio español. 

Entre otros ejemplos de partidos cancelados o modificados, en la fase de clasificación para el Mundial del 2018, originalmente Kosovo y Serbia debían enfrentarse en dos partidos, pero la UEFA los cambió para evitar tensiones. Serbia se negó a jugar en Pristina, la capital de Kosovo, y la FIFA decidió que ambos partidos se jugaran en campo neutral.

Finalmente, el partido de vuelta en Belgrado se canceló por disturbios provocados por aficionados serbios. En el caso de Bosnia-Herzegovina, en la fase de clasificación para la Eurocopa 2020, la UEFA programó los partidos de ida y vuelta entre Kosovo y Bosnia-Herzegovina en campo neutral debido a las tensiones entre ambos países.

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La UEFA: ¿mediador de conflictos geopolíticos?

Algunos críticos cuestionan la decisión de la UEFA de intervenir de esta manera con los equipos, alegando que altera la competencia y contraviene el principio de separación entre política y fútbol.

La UEFA, por su parte, defiende su decisión argumentando que la seguridad del público, los jugadores y demás actores relevantes en todos sus torneos es una prioridad absoluta. La asociación sostiene que, si bien el deporte y la política deben mantenerse separados, en ocasiones es necesario tomar medidas excepcionales para garantizar dicha seguridad. La controversia pone de relieve la delicada relación entre el fútbol y la política, especialmente en un contexto geopolítico complejo como el actual. La decisión de la UEFA, si bien comprensible desde el punto de vista de la seguridad, abre la puerta a la interpretación de que la organización está cediendo a las presiones políticas.

En este contexto, cabe preguntarse hasta qué punto la UEFA puede mantener su principio de separación entre política y fútbol. La organización deberá encontrar un equilibrio entre la seguridad y la neutralidad, una tarea que no será fácil en un mundo cada vez más interconectado y politizado.

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