La mafia corsa y el eje Córcega–Marsella: conexiones, violencia y proyección criminal en Europa

Análisis

María Luisa Mallebrera Porcel
María Luisa Mallebrera Porcel es licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad de Granada. Cuenta con experiencia profesional en el ámbito jurídico y en la Administración Pública, habiendo desarrollado parte de su trayectoria en el Servicio de Urbanismo, Gestión y Renovación Urbana Sostenible del Ayuntamiento de Elda. Ha preparado las oposiciones a la Carrera Judicial, adquiriendo durante este periodo una sólida formación jurídica y un profundo conocimiento del ordenamiento jurídico, así como una destacada capacidad de análisis, estudio y rigor técnico. En la actualidad, es jurista y cofundadora de Vaquerizo&Mallebrera Despacho Jurídico, y desarrolla también su actividad docente como profesora de Derecho Administrativo. Asimismo, es colaboradora del Área de Publicaciones de la Policía Nacional, participando en el ámbito de la divulgación y publicación de contenidos relacionados con la seguridad y la actividad policial. Su formación complementaria cuenta con una especial orientación hacia el Derecho Penal, la Criminología, la Policía Científica, la delincuencia organizada transnacional, el terrorismo y la inteligencia criminal. Ha realizado, entre otras, formaciones especializadas de United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC) sobre delincuencia organizada transnacional y terrorismo químico, biológico, radiológico y nuclear, así como formación específica de la European Association of Crime Analysts (EACA) sobre delincuencia organizada de habla albanesa. Su perfil combina así la formación jurídica, el análisis criminal y el interés por la delincuencia organizada y la inteligencia, junto con su experiencia profesional en el ámbito jurídico, docente y de la Administración Pública.

La mafia corsa ha dejado de ser un fenómeno puramente insular. En este artículo, Mª Luisa Mallebrera Porcel y José Luis Gil explican su evolución histórica y su conexión con Marsella, nodo clave del crimen organizado europeo. A partir del modelo de Europol, analizan cómo territorio, mercados e infraestructuras conectan a Córcega con Italia y España. La conexión, más que la jerarquía, define hoy a esta criminalidad.

Durante décadas, la denominada mafia corsa ha estado asociada a una imagen esencialmente territorial: clanes familiares, violencia, ajustes de cuentas, extorsión y vínculos con determinados sectores de la economía legal de la isla. Sin embargo, esta aproximación resulta insuficiente para comprender su posición dentro del crimen organizado europeo actual.

La criminalidad organizada europea ha experimentado una transformación sustancial. Las organizaciones mantienen con frecuencia fuertes raíces territoriales, pero sus actividades pueden proyectarse mucho más allá de sus espacios de origen mediante alianzas, intermediarios, infraestructuras logísticas, empresas legales y conexiones con otros actores criminales.

En este contexto, la relación entre Córcega y Marsella adquiere una especial relevancia. La proximidad geográfica y los vínculos históricos entre ambos territorios han convertido a Marsella en un espacio fundamental para comprender la evolución del grand banditisme corso y su interacción con otros mercados y organizaciones criminales.

El análisis de Europol (2026) permite situar este fenómeno dentro de una transformación más amplia. Su estudio sobre las redes criminales más amenazantes de la Unión Europea identificó 731 redes y concluyó que muchas de ellas combinan capacidad de adaptación, actividad transfronteriza, control territorial o de mercados y utilización de estructuras legales. El informe actualizado en 2026 señala además una evolución hacia redes más ágiles y transfronterizas, capaces de aprovechar sistemas financieros, plataformas digitales, criptomonedas y empresas legales.

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La cuestión, por tanto, no consiste únicamente en determinar qué es hoy la mafia corsa, sino en analizar cómo sus actores y capacidades se relacionan con un ecosistema criminal europeo en el que Marsella constituye uno de los principales espacios de conexión.

1. De los orígenes del grand banditisme a la mafia corsa contemporánea

La criminalidad organizada corsa no nació como una organización única y jerarquizada. Sus antecedentes se encuentran en una evolución histórica en la que confluyeron el bandolerismo, las relaciones familiares y clientelares, los conflictos locales y determinadas formas de violencia vinculadas al honor y a la venganza.

Durante el siglo XX, determinados actores corsos comenzaron a proyectarse hacia el continente, especialmente hacia Marsella y París. Este proceso supuso una transformación progresiva desde formas de criminalidad fundamentalmente territoriales hacia estructuras vinculadas a actividades como el juego clandestino, la extorsión, la prostitución y, posteriormente, el narcotráfico internacional.

Marsella se convirtió así en un espacio esencial para la expansión del milieu corso. Durante las décadas centrales del siglo XX, diferentes actores vinculados a Córcega participaron en las redes internacionales de tráfico de heroína conocidas como la French Connection, que conectaron el sur de Francia con los mercados de Estados Unidos.

La evolución posterior no produjo una única estructura mafiosa corsa, sino diferentes generaciones y configuraciones criminales. Organizaciones como la Brise de Mer, determinados grupos vinculados al entorno de Jean-Jérôme Colonna y, posteriormente, el Petit Bar, representan etapas diferentes de esta evolución.

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El caso del Petit Bar resulta particularmente ilustrativo. La Gendarmerie Nationale lo describe como una organización implicada en múltiples ámbitos criminales y relacionada también con actividades y negocios legales en Ajaccio mediante mecanismos de extorsión. Las investigaciones incluyeron además un importante componente financiero relacionado con el blanqueo de los beneficios criminales.

La trayectoria histórica permite extraer una primera conclusión: la mafia corsa no debe entenderse como una organización estática, sino como una sucesión de estructuras y redes capaces de adaptarse a diferentes mercados y contextos. 

El crimen organizado en la isla se distribuye principalmente a través de la Banda de la Brise de Mer (Bastia y Haute-Corse), el Petit Bar Gang (Ajaccio), el Clan Federici (Venzolasca y llanura oriental), el Clan Germani (Bastia), el Clan Mattei (Haute-Corse), el Clan de Jean-Jérôme Colona (Sartène y Propriano), el Clan Luciani (Haute-Corse) y la Banda de la Balagne (Calvi e Île-Rousse). Siendo estos los principales de un total de más de 20 clanes, que es lo que estiman las autoridades corsas y francesas. 

2. La violencia como indicador de la persistencia del fenómeno

Uno de los elementos que continúa diferenciando el escenario corso es la intensidad de la violencia asociada al crimen organizado. La propia política penal francesa identifica la persistencia de una criminalidad organizada «profundamente arraigada y estructurada» en Córcega y señala específicamente el crecimiento de los tráficos de estupefacientes, la continuidad de los ajustes de cuentas y la utilización de la intimidación y la violencia.

Los datos recopilados por Le Monde a partir de la coordinación de la prefectura muestran la dimensión del problema: durante los diez años anteriores a 2025 se contabilizaron 108 homicidios en Córcega, de los cuales 49 fueron considerados ajustes de cuentas, situando a la isla entre los territorios metropolitanos franceses con mayor incidencia de homicidios en relación con su población.

La violencia continúa apareciendo en episodios recientes. El 28 de agosto de 2026, Jean-Pierre Giacomoni, conocido como «Bazooka» y presentado por Le Monde como una figura del banditismo corso, fue asesinado cerca de su domicilio en Corse-du-Sud. La JIRS de Marsella abrió una investigación por asesinato en banda organizada y asociación de malhechores con finalidad criminal.

El episodio resulta significativo no solo por la víctima, sino por el contexto. El propio historial de Giacomoni estaba relacionado con enfrentamientos entre grupos rivales del milieu corso, en una zona que ya había experimentado una importante sucesión de asesinatos y tentativas durante la década anterior. Por tanto, la violencia no constituye únicamente un fenómeno residual del pasado. Continúa funcionando como mecanismo de coerción, resolución de conflictos y disputa por espacios y mercados criminales.

3. Marsella: del territorio histórico al nodo criminal

La relación Córcega-Marsella constituye probablemente uno de los elementos centrales para comprender la dimensión contemporánea de la mafia corsa.

Marsella no es simplemente una extensión continental del territorio corso. Es un espacio criminal propio, caracterizado por la coexistencia de organizaciones y redes con diferentes orígenes. El crimen organizado marsellés se distribuye principalmente a través de la DZ Mafia (Quartiers Nord y control hegemónico de la ciudad con fuerte expansión nacional e internacional), el Clan Yoda (Quartiers Nord, principalmente las viviendas sociales de La Paternelle, en fuerte declive tras la guerra territorial), el Clan de los Blacks (Quartier de la Joliette y 3er Distrito), las Mafias gitanas / Clan de los Gitanos (Periferia de Marsella, l’Étang de Berre y ramificaciones de extorsión tradicionales) y las Mafias nigerianas (Zonas portuarias, centro de la ciudad y el distrito 1º).

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La región de Provenza-Alpes-Costa Azul concentra actividades relacionadas con narcotráfico, blanqueo, violencia y otras modalidades de delincuencia organizada. En este entorno interactúan organizaciones francesas, corsas, italianas y procedentes de otros espacios europeos. Las investigaciones recientes muestran que estas conexiones deben entenderse desde una perspectiva de convergencia criminal, no necesariamente de subordinación.

Un ejemplo es la operación desarrollada en 2025 por la Section de Recherches de Marseille contra un grupo sospechoso de estar relacionado con la Camorra italiana, con cooperación de las autoridades italianas y apoyo de Europol. La investigación estaba centrada en mecanismos de blanqueo de capitales procedentes de actividades criminales.

En febrero de 2026, otra investigación dirigida desde Marsella implicó a autoridades francesas, italianas, suizas y belgas en una operación contra una red relacionada con el narcotráfico y el blanqueo de capitales en beneficio de organizaciones mafiosas italianas, entre ellas la Camorra y la ‘Ndrangheta.

Estos casos no demuestran que la mafia corsa forme parte de las estructuras italianas investigadas. Su importancia es otra: muestran que Marsella constituye un espacio en el que diferentes organizaciones pueden coincidir en mercados, infraestructuras y servicios criminales.

4. El nuevo modelo criminal europeo

El análisis de Europol resulta especialmente útil para interpretar esta transformación. En 2024, Europol analizó 821 redes criminales consideradas especialmente amenazantes para la Unión Europea. El análisis identificó cuatro características principales: capacidad de adaptación (Agile), dimensión transfronteriza (Borderless), capacidad de control (Controlling) y capacidad destructiva (Destructive).

Uno de los datos más significativos es que el 86 % de las redes analizadas utilizaba estructuras empresariales legales, mientras que el 68 % estaba compuesto por miembros de diferentes nacionalidades, y otro 68 % utilizaba la violencia o la intimidación como parte de su modus operandi.

El posterior EU-SOCTA 2025 profundizó en esta transformación y señaló que la delincuencia organizada está adquiriendo una dimensión cada vez más desestabilizadora, apoyándose en tecnologías digitales, inteligencia artificial y mecanismos de cooperación entre diferentes redes criminales.

La actualización de 2026 refuerza esta tendencia. Europol describe redes caracterizadas por su agilidad, ausencia de fronteras y capacidad para explotar vulnerabilidades financieras, utilizando blanqueo, criptomonedas, empresas legales y herramientas digitales.

Este modelo permite reinterpretar la mafia corsa. Una estructura criminal puede conservar una fuerte identidad territorial y, simultáneamente, participar en actividades cuya dimensión supera ampliamente el territorio de origen.

Por ello, el problema no es determinar si existe una única «mafia corsa europea». El análisis debe centrarse en qué capacidades pueden proyectar determinados actores corsos fuera de la isla y con qué otros actores pueden relacionarse.

5. Córcega, Marsella y los nuevos mercados criminales

El narcotráfico constituye uno de los principales espacios de convergencia. La evolución del mercado europeo de drogas ha incrementado la importancia de los puertos, las infraestructuras logísticas, los corredores terrestres y las redes de distribución. En este escenario, Marsella se encuentra conectada con otros nodos del Mediterráneo occidental y con los principales mercados europeos.

La actividad criminal detectada en Marsella demuestra además que los mercados de drogas generan una economía secundaria formada por transporte, almacenamiento, seguridad, blanqueo, inversión inmobiliaria y utilización de empresas.

La operación Octopus, desarrollada en marzo de 2026 contra la DZ Mafia, constituye un ejemplo significativo de esta evolución. La Gendarmerie Nationale informó de la detención de 42 objetivos y de la identificación de diferentes perfiles alrededor de la organización: lugartenientes, responsables de puntos de venta, proveedores, logistas, testaferros, inversores y blanqueadores. También fueron identificadas empresas utilizadas como vehículos de blanqueo.

La DZ Mafia no es una organización corsa, y resulta importante mantener esta diferenciación. Sin embargo, su estudio permite comprender el entorno criminal de Marsella, en el que también deben analizarse las conexiones de la criminalidad corsa.

El interés estratégico reside precisamente en observar el ecosistema que rodea a las organizaciones, no únicamente a sus miembros formales.

6. La conexión mediterránea y el papel de España

El espacio criminal de Marsella no termina en Francia.

Las investigaciones europeas muestran conexiones recurrentes con Italia, España y otros países. En septiembre de 2025, una investigación franco-italiana contra una red de blanqueo identificó conexiones con personas relacionadas con la DZ Mafia de Marsella y permitió detectar un circuito de movimiento de dinero vinculado también a España. La investigación contó con cooperación internacional y apoyo de Europol y Eurojust.

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Para España, esta dimensión resulta particularmente relevante. Cataluña representa un punto geográfico de especial interés por su proximidad con Francia, sus conexiones viarias y ferroviarias y la presencia de infraestructuras portuarias. Esto no significa que exista necesariamente una implantación de estructuras mafiosas corsas en Cataluña, pero sí que el territorio forma parte de corredores criminales que conectan Francia con la península Ibérica.

Desde una perspectiva de inteligencia criminal, por tanto, el eje puede representarse de manera simplificada como:

Córcega → Marsella → Costa Azul → Italia → España

Pero esta representación no debe interpretarse como una ruta única ni como una estructura jerárquica. Se trata de un sistema de nodos y conexiones. Una organización puede utilizar un territorio para el suministro, otro para la distribución, otro para el blanqueo y otro para mantener relaciones con intermediarios o proveedores.

Esta lógica coincide con la visión de Europol sobre las redes criminales más amenazantes: una fuerte concentración geográfica de las actividades principales puede coexistir con operaciones y miembros distribuidos internacionalmente.

7. De la organización a la conexión: una nueva lectura de la mafia corsa

El estudio de la mafia corsa permite plantear una cuestión metodológica de especial interés.

El análisis tradicional del crimen organizado se ha apoyado con frecuencia en organigramas: líderes, subordinados, miembros y colaboradores. Este modelo sigue siendo válido para determinadas investigaciones, pero presenta limitaciones cuando se estudian ecosistemas criminales complejos.

En estos casos resulta más útil incorporar seis dimensiones:

actor – territorio – mercado – infraestructura – conexión – capacidad.

Aplicado a la mafia corsa, este modelo permite comenzar con las estructuras criminales asentadas en Córcega y estudiar posteriormente sus mercados, sus recursos financieros, sus infraestructuras, sus relaciones con Marsella y sus posibles conexiones con otros actores europeos.

El resultado es una representación diferente. No se trata de dibujar una línea directa entre una supuesta «mafia corsa» y otras organizaciones europeas. Se trata de identificar intersecciones. Córcega aporta territorio, relaciones y determinadas capacidades históricas.

Marsella aporta un espacio urbano, portuario y financiero donde confluyen múltiples mercados y actores. Italia aporta otros ecosistemas mafiosos y redes financieras. España forma parte de determinados corredores logísticos y mercados europeos. Entre estos espacios aparecen intermediarios, empresas, infraestructuras y servicios criminales. La conexión, por tanto, puede ser más importante que la jerarquía.

Conclusiones

La mafia corsa continúa siendo un fenómeno criminal con una fuerte dimensión territorial y una historia profundamente vinculada a Córcega y Marsella. Sin embargo, su análisis en el contexto europeo actual exige superar la imagen de una organización aislada o confinada a la isla.

La violencia continúa siendo uno de sus principales indicadores. Los 108 homicidios registrados en Córcega durante una década, 49 de ellos considerados ajustes de cuentas, y episodios recientes como el asesinato de Jean-Pierre Giacomoni muestran la persistencia de dinámicas violentas asociadas al milieu corso.

Al mismo tiempo, las investigaciones sobre el Petit Bar muestran que la criminalidad corsa contemporánea combina violencia, extorsión, actividades ilícitas y mecanismos de blanqueo vinculados a estructuras legales.

Marsella constituye el segundo elemento fundamental. La ciudad funciona como espacio de convergencia de organizaciones y mercados procedentes de diferentes territorios, incluidos actores corsos, italianos y otros grupos criminales europeos.

Finalmente, los análisis de Europol muestran que el crimen organizado europeo se caracteriza cada vez más por la movilidad, la capacidad de adaptación, la dimensión transfronteriza y la utilización de estructuras económicas legales.

En este contexto, comprender la mafia corsa exige cambiar la pregunta. No se trata únicamente de saber quién controla Córcega. La cuestión estratégica es determinar qué actores, mercados, infraestructuras y conexiones permiten que una estructura criminal con raíces territoriales pueda proyectar sus capacidades más allá de su territorio de origen.

Y ahí es donde el eje Córcega–Marsella adquiere una importancia especial para comprender la transformación del crimen organizado en Europa.

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