En enero de 2026, Riad fue sede del Royal Rumble, uno de los eventos más emblemáticos de la historia de WWE. En este artículo, el alumni del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Andrés Fuentealba analiza cómo el evento se inscribió en la estrategia saudí de proyección internacional y soft power.
El 31 de enero de 2026, Riad no albergó simplemente un evento deportivo. Fue el escenario de una operación de influencia cuidadosamente orquestada, envuelta en pirotecnia, música estridente y héroes coreografiados. El protagonista no fue un torneo de fútbol ni una competición de Fórmula 1. Fue el Royal Rumble, uno de los espectáculos más emblemáticos de WWE.
Por primera vez en 39 años de historia, este evento abandonó Norteamérica para instalarse en la capital saudí. No se trató de un simple cambio de sede: fue la culminación simbólica de casi una década de cooperación entre la monarquía del Golfo y la mayor empresa de lucha libre del planeta, una alianza que fusionó espectáculo, negocio y diplomacia pública.
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A simple vista, el Royal Rumble 2026 podría parecer un producto más de la industria global del entretenimiento. Sin embargo, en el marco de Visión 2030, encaja en una estrategia mucho más ambiciosa: diversificar la economía, transformar la imagen internacional del reino y consolidar su presencia en las cadenas globales del deporte y el espectáculo.
La lucha libre profesional, con su mezcla de drama, narrativa épica y alcance transnacional, se convierte en un vehículo ideal para proyectar la imagen de un país abierto, moderno y atractivo para audiencias jóvenes, tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Antes de analizar cómo el pro wrestling se convirtió en una herramienta de soft power saudí, es necesario comprender los cimientos de la alianza WWE–Arabia Saudí. Estos incluyen su origen, su arquitectura financiera y su inserción en el proyecto de transformación nacional que Riad impulsa desde 2016.
WWE y Arabia Saudí: Génesis de una alianza estratégica rumbo al Royal Rumble 2026
Los primeros pasos del pro wrestling en el reino
La relación entre la lucha libre profesional y Arabia Saudí no comenzó en 2018. Durante la década de 1980, el reino albergó esporádicamente eventos de wrestling organizados por promotoras menores, aunque bajo estrictas restricciones que limitaban su alcance. La ausencia de infraestructura de entretenimiento y las normas sociales conservadoras impedían cualquier desarrollo significativo del sector.
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El verdadero punto de inflexión llegó con la apertura cultural gradual iniciada en 2016. La creación de la Autoridad General de Entretenimiento (GEA) ese mismo año señaló un cambio de paradigma: por primera vez, el gobierno saudí reconocía oficialmente al entretenimiento como un sector estratégico. Los conciertos, los videojuegos y los eventos deportivos internacionales comenzaron a proliferar en un país donde, apenas unos años antes, tales espectáculos eran impensables.
WWE observó esta transformación con interés. La empresa, bajo el liderazgo en ese entonces de Vince McMahon, había expandido considerablemente su presencia internacional durante décadas, pero Medio Oriente representaba un mercado largamente inexplorado. La confluencia de intereses era evidente: Arabia Saudí necesitaba contenido de entretenimiento global para su población joven, y WWE buscaba nuevas fuentes de ingresos en un mercado televisivo/digital estadounidense cada vez más fragmentado.
El acuerdo de 2018: Nacimiento de una estrecha alianza
El 5 de marzo de 2018, Vince McMahon y Turki Al-Sheikh, presidente en ese entonces de la Autoridad General de Deportes, firmaron un acuerdo clave para la industria del wrestling.El contrato establecía una asociación estratégica de diez años, con un compromiso inicial de dos eventos anuales de gran escala en territorio saudí. Las cifras eran extraordinarias: cada evento generaría entre 50 y 55 millones de dólares para WWE, aproximadamente tres veces más que la taquilla de WrestleMania, el evento insignia de la compañía en Estados Unidos.
La arquitectura financiera del acuerdo revela la magnitud de la apuesta saudí. A diferencia de los contratos tradicionales de WWE con otras sedes internacionales, donde la empresa asume riesgos de taquilla y producción, el modelo saudí garantiza pagos fijos independientemente de la asistencia o los ratings. Esta estructura eliminó prácticamente todo el riesgo financiero para WWE, convirtiendo los eventos saudíes en las fechas más rentables del calendario.
Una columna vertebral financiera
Los números revelan una dependencia que va más allá del patrocinio convencional. Para 2025, el dinero saudí acumulado superaba 1,5 veces el valor histórico de todas las entradas vendidas en WrestleMania desde 1985. Casi cuatro décadas de taquilla, condensadas en siete años de acuerdo. Este flujo representa más del 10% de los ingresos anuales de WWE.
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La profundidad de esta relación se puso a prueba en octubre de 2018, tras el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. El crimen desató presiones internacionales para cancelar Crown Jewel (el evento saudí programado poco después), con senadores estadounidenses exigiendo su suspensión. Sin embargo, WWE priorizó los beneficios económicos sobre el costo reputacional y mantuvo el show, consolidando la solidez de la alianza pese a la controversia global.
TKO Group Holdings: La fusión que amplificó la apuesta
En septiembre de 2023, WWE se fusionó con UFC bajo el liderazgo de Endeavor Group Holdings, dando origen a TKO Group Holdings, un conglomerado cotizado en la Bolsa de Nueva York (NYSE: TKO) que unificó las dos marcas más potentes del entretenimiento de combate.
Endeavor, la agencia de talentos y gestión deportiva dirigida por su CEO Ari Emanuel, retuvo inicialmente el control mayoritario de TKO. La compañía mantuvo el 51 % de las acciones tras integrar UFC, adquirida en 2016, y WWE en una misma plataforma. Esta estructura generó más de 500 eventos anuales y alcanzó a mil millones de fans en 210 países.
Esta estructura se consolidó en marzo de 2025, cuando Silver Lake (fondo de capital privado especializado en tecnología y entretenimiento, con vínculos con Endeavor desde 2012) lideró junto a sus socios una operación de 25.000 millones de dólares para adquirir la totalidad de la compañía. La jugada sacó a Endeavor de la bolsa, privatizándola para impulsar su crecimiento sin la presión de los mercados públicos ni el escrutinio trimestral de los accionistas.
En la práctica, Silver Lake (dueño total de Endeavor) controla indirectamente TKO a través de esta cadena: Silver Lake manda en Endeavor,Endeavor en TKO. TKO sigue siendo pública (con reportes a la SEC y acciones libres para minoritarios), pero las decisiones estratégicas fluyen desde la cúpula privatizada.
Esta flexibilidad beneficia directamente a Arabia Saudí: Riad negocia con un socio estable, libre de presiones trimestrales, ideal para pactos decenales sin escrutinio bursátil. Gracias a esto, Silver Lake orquestó adquisiciones estratégicas que ampliaron el alcance de TKO, sumando dos piezas clave: IMG (empresa líder en derechos mediáticos y producción deportiva) y On Location (experta en experiencias VIP y hospitalidad para eventos masivos).
Estas incorporaciones diversificaron la cartera hacia contenidos, eventos premium y deportes alternativos, reforzando especialmente las operaciones de WWE en suelo saudí y posicionando a TKO como hub integral del entretenimiento deportivo global.
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En definitiva, la creación de TKO ha potenciado considerablemente los intereses de Riad para convertirse en referente global del wrestling y las artes marciales mixtas. Mark Shapiro, presidente de TKO, ha declarado públicamente su compromiso con la expansión en el reino, donde UFC ya organiza eventos regulares como parte de Riyadh Season.
Prueba concreta de esta alianza fue el anuncio de que Riad albergará WrestleMania en 2027. Se trata del evento cumbre de WWE y del wrestling mundial, y uno de los espectáculos deportivos más vistos del planeta.
La estrategia saudí para liderar el entretenimiento de combate halló en TKO un aliado estratégico. Este modelo permitió negociar paquetes integrales con WWE y UFC, dos gigantes que dominan el mercado global de estas disciplinas.
Royal Rumble 2026: El evento que rompe la tradición
Con todos los antecedentes expuestos, llegamos al culmen de la asociación WWE–Arabia Saudí. El Royal Rumble no fue un evento más en el calendario de la lucha libre profesional. Fue ampliamente considerada como una de las luchas más emblemáticas en la historia del wrestling. Desde su primera edición en 1988, esta batalla campal se convirtió en una de las creaciones más celebradas de WWE. En ella, 30 luchadores ingresaron al ring en intervalos cronometrados hasta que solo uno quedó en pie.
Su dinámica impredecible y sus retornos sorpresa generaron momentos memorables. Por ello, el evento se consolidó como una cita obligada para millones de fanáticos en todo el mundo.
Durante 39 años, con la única excepción de su debut canadiense en 1988, el Royal Rumble se celebró exclusivamente en suelo estadounidense. Esa tradición se rompe el 31 de enero de 2026, cuando Riad se convirtió en la primera ciudad fuera de Norteamérica en albergar el evento.
Las cifras dimensionan lo que está en juego. El Royal Rumble 2025 se convirtió en el evento de pago por evento más visto en la historia de WWE. Solo en Netflix, el evento registró 3,2 millones de visualizaciones globales según el informe oficial «What We Watched» de la plataforma, mientras que en Peacock (EE.UU.) la audiencia aumentó un 14% respecto al año anterior. WWE alcanza más de mil millones de hogares en aproximadamente 170 países, con una audiencia diversa y predominantemente joven.
Para Arabia Saudí, estos números representaron una ventana de exposición muy importante. Durante aproximadamente cuatro horas de transmisión en vivo, el reino ocupó el centro de atención global. Las referencias visuales a Riad, los patrocinadores saudíes y la narrativa de modernización se integraron orgánicamente en el espectáculo. De este modo, alcanzaron públicos que ninguna campaña publicitaria tradicional habría capturado con la misma eficacia.
El cartel de patrocinadores refleja esta convergencia de intereses. Marcas globales históricamente vinculadas a WWE, como Snickers, Progressive Insurance y Cricket Wireless, compartieron espacio con empresas alineadas a la estrategia saudí. Entre ellas figuraron aerolíneas del reino, desarrollos turísticos y compañías tecnológicas locales.
También es importante destacar que el evento se realizó en un estadio temporal construido específicamente para la ocasión. La estructura fue erigida en tiempo récord (menos de 30 días) en el corazón del Distrito Financiero Rey Abdullah. Una vez concluido el espectáculo, el estadio fue desmantelado por completo. Arabia Saudí no solo acogió un show de WWE: proyectó una arquitectura logística revolucionaria para la industria global del entretenimiento.
Principales desafíos del Royal Rumble 2026
Como todo orden de cosas, tal nivel de oportunidades implica retos significativos. Para el reino, abrirse a este tipo de eventos no ha sido un camino exento de fricciones.
Desde 2018, un sector de la fanaticada de WWE ha cuestionado la asociación con Arabia Saudí por razones éticas. Cuando se anunció que WrestleMania 43 se celebraría en Riad, numerosos fanáticos calificaron la decisión como una «vendida«. Eric Bischoff, expresidente de WCW, describió el movimiento como «un poco decepcionante», señalando que llevar un fenómeno tan americano «al otro lado del planeta vendrá con un costo».
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Algunos luchadores también han marcado distancia: Daniel Bryan y John Cena se negaron a participar en Crown Jewel 2018 tras el asesinato de Jamal Khashoggi, mientras que Sami Zayn fue excluido entre 2018 y 2023 debido a su ascendencia siria.
La lucha libre femenina representa otro eje de tensión. Hasta 2019, las mujeres no podían competir en suelo saudí. El primer combate femenino (Natalya contra Lacey Evans en Crown Jewel 2019) se realizó con vestimenta que cubría completamente sus cuerpos, una adaptación a las sensibilidades locales.
Desde entonces, la presencia femenina se ha normalizado progresivamente: para 2024, los combates de mujeres eran parte regular de la cartelera con vestimenta menos restrictiva.Si bien la evolución es innegable, las luchadoras del Royal Rumble 2026 seguirán compitiendo bajo ciertas restricciones de vestuario.
La crítica más estructural proviene de organizaciones como Amnistía Internacional, que ha denunciado estos eventos como «sportswashing»: el uso del entretenimiento para desviar la atención del historial de derechos humanos del reino. El Ministerio de Deportes saudí admite algunas objeciones, pero cita los propios eventos como evidencia de que el cambio está en marcha.
Esta tensión entre críticos y defensores probablemente persistió mientras la asociación continuó. Lo que comenzó en 2018 como un acuerdo comercial se transformó en un laboratorio de poder blando donde convergieron intereses económicos, diplomáticos y culturales.
Royal Rumble 2026 en Riad no fue solo un evento deportivo. Fue otra prueba de fuego para evaluar si el entretenimiento podía reescribir la imagen de una nación.
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