
Scott Bessent justifica la medida como «de alcance limitado», mientras Rusia la interpreta como un reconocimiento de que el mercado mundial no puede prescindir de su petróleo.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos autorizó este jueves la compra de petróleo ruso cargado en buques, en medio de una escalada en los precios del crudo provocada por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz. La medida llega tras la ofensiva lanzada el 28 de febrero por Washington e Israel, a la que Irán respondió interrumpiendo el tráfico marítimo en ese paso estratégico, por el que circula alrededor de una cuarta parte del comercio mundial del petróleo. La presión sobre los mercados llevó al barril de Brent a superar los 100 dólares, mientras el West Texas Intermediate (WTI) se sitúa igualmente cercano a los 100 dólares.
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El secretario del Tesoro, Scott Bessent, justificó la decisión como una acción de alcance limitado. «Esta medida, de alcance limitado y a corto plazo, se aplica únicamente al petróleo que ya está en tránsito y no aportará beneficios financieros significativos al Gobierno ruso», declaró, argumentando que Moscú «obtiene la mayor parte de sus ingresos energéticos de los impuestos aplicados en el punto de extracción». Sin embargo, Bessent también defendió que «el aumento temporal de los precios del petróleo es una perturbación temporal que, a largo plazo, beneficiará enormemente a nuestra nación y a nuestra economía».
Rusia ve la medida como una admisión de dependencia
Por su parte, Rusia interpretó la decisión como una concesión implícita de Washington. El enviado especial de Vladimir Putin para Inversiones y Cooperación Económica, Kiril Dimitriev, expresó que «Estados Unidos está reconociendo lo obvio: sin el petróleo ruso, el mercado energético mundial no puede mantenerse estable». Además, Dimitriev anticipó que «una mayor flexibilización de las restricciones sobre las fuentes de energía rusas parece cada vez más inevitable, a pesar de la resistencia de algunos sectores de la burocracia de Bruselas».
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El contexto geopolítico agrava aún más la situación. Desde el inicio de la ofensiva el 28 de febrero, el estrecho de Ormuz ha registrado un tráfico marítimo notablemente reducido, así como reiterados ataques contra los pocos buques que han intentado cruzarlo. El paso, negado por Teherán pero con efectos evidentes en los mercados, también canaliza volúmenes importantes de gas natural licuado y fertilizantes, lo que amplía el impacto de su interrupción más allá del mercado petrolero.