Irán ha redefinido su estrategia de poder a través de una doctrina asimétrica que combina fuerza militar, propaganda y ciberataques. Su capacidad de adaptación se fortalece frente a sanciones y amenazas externas. En este artículo, Artiom Vnebraci Popa, alumno del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectivo de LISA Institute analiza cómo este enfoque híbrido moldea el equilibrio geopolítico actual.
En una época donde el campo de batalla tradicional se volvió complementario, Irán se define como actor estatal sofisticado en la doctrina asimétrica. Vía una multimodalidad estratégica combina estrategia militar, propaganda, ciberataques, guerra psicológica, guerra legal y proyección ideológica en la arena internacional.
Esta combinación, consolidada a lo largo de décadas, sugiere que Irán continuará priorizando la resiliencia y la adaptabilidad frente a presiones externas. Al mismo tiempo, desarrollará capacidades que le permitan proyectar influencia sin exponerse a un conflicto directo con potencias superiores.
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A diferencia de las potencias occidentales, Irán ha desarrollado un modelo híbrido basado en siglos de resistencia cultural, experiencia revolucionaria y necesidad de supervivencia geopolítica. Esto es una base que puede permitirle intensificar programas estratégicos, nucleares y cibernéticos, mientras mantiene cohesión interna y control político.
Irán y su doctrina de resistencia
La Revolución Islámica del 1979 no solo transformó la estructura política de Irán, sino reconfiguró su doctrina estratégica. Vía los escritos del ayatolá Ruhollah Jomeini, y en el contexto del conflicto con Irak y el antagonismo con Estados Unidos, el aparato militar iraní adoptó una visión particular del conflicto. Esta se basó en la masa popular, la movilización ideológica, la inversión en tecnología aérea y el desgaste prolongado del enemigo.
Los altos mandos iraníes comprendieron que, ante la alta demanda material para competir con los países occidentales, debían rehacer su forma de entender la guerra. Ello sentó las bases para que estrategias de presión indirecta y de ambigüedad nuclear se integrarán como instrumentos permanentes.
De esta forma nació su alineamiento con la guerra irrestricta. Se trata de una estrategia que ensalza la guerra asimétrica, el uso de milicias proxies, la guerra psicológica y la manipulación ideológica. Tal doctrina proyecta que Irán seguirá perfeccionando métodos para maximizar recursos limitados. También buscará extender su capacidad de resistencia y su influencia regional ante cualquier escenario de presión internacional.
Proyección regional vía fuerzas Quds
La herramienta más externa de esta doctrina es la Fuerza Quds(unidad de operaciones exteriores del IRGC). Estas fuerzas especiales han posibilitado la expansión del poderío iraní a través de pactos, alianzas y financiación a grupos no estatales como Hamas, Hezbolá, los hutíes y/o las Fuerzas de Movilización Popular en Irak.
La proyección de poder mediante estos actores no estatales permite a Irán obtener influencia estratégica sin comprometer fuerzas regulares. Esta estrategia se anticipa como central en futuros escenarios de confrontación indirecta o de diplomacia coercitiva.
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Tales grupos militares se definen como extensiones regionales (a pesar de sus propias agendas) de la estrategia iraní. Esto permite la consecución de una agenda geopolítica con un componente de negación plausible. Además, facilita la proyección del poder iraní casi global sin movilizar filas militares propias, definiéndose como un hub transnacional de poder paramilitar.
Propaganda, manipulación y legalismo en Irán
Uno de los pilares de la doctrina asimétrica iraní es la manipulación del entorno perceptivo e informativo. A través de plataformas como PressTV, Al-Alam y una red de cuentas automatizadas en redes sociales, Irán construye narrativas que buscan deslegitimar a sus enemigos, victimizar al régimen y presentar a Teherán como bastión de soberanía frente al «imperialismo occidental«.
Estas narrativas son adaptadas tanto a nivel local como internacional. Probablemente se intensificarán conforme aumenten las sanciones y presiones externas, consolidando la percepción de unidad interna y legitimidad del régimen.
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El empleo del engaño y la ambigüedad es parte del ámbito cognitivo iraní. Su política nuclear se caracteriza por el equilibrio entre el cumplimiento parcial de los tratados y la amenaza implícita de ruptura. El país ha coqueteado con la ambigüedad sobre su capacidad de enriquecimiento de uranio como forma de obtener concesiones sin llegar al umbral de la guerra.
A pesar de ello, los recientes conflictos pueden desestabilizar o incluso hacer cambiar la estrategia nuclear iraní. Esto podría acelerar programas de dispersión de instalaciones, enriquecimiento encubierto y desarrollo de capacidades críticas, mientras se mantiene la narrativa de cumplimiento internacional.
En paralelo, el régimen ayatolá recurre al derecho internacional para denunciar las sanciones impuestas a Occidente. Esta táctica busca tanto evitar el aislamiento como fortalecer alianzas con países del Sur Global y potencias emergentes como China y Rusia. Se proyecta como un eje futuro de estrategia diplomática para asegurar apoyo político y tecnológico frente a posibles sanciones más severas.
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Dentro del país, el régimen de los ayatolás renueva una ideología basada en la resistencia centrada en el martirio, el deber socio-religioso y el enemigo externo como motor de cohesión social. Usa tanto la censura de medios, la represión de disidencias y el adoctrinamiento educativo en infantes. En política exterior, promueve discursos anti occidentales y anti israelíes, especialmente en el mundo árabe y entre sectores disidentes de Occidente. Esta estrategia ideológica se proyecta a futuro como un factor de resiliencia interna que permitirá a Irán sostener su postura asimétrica incluso ante presiones externas extremas.
Coacción no cinética en Irán
Irán se ha definido como experto en métodos indirectos de presión psicológica. El uso de drones, ataques con misiles de precisión y operaciones cibernéticas permiten a Teherán mantener un constante estado de disuasión. Probablemente, estas capacidades se expandirán con nuevas tecnologías de guerra híbrida y ciberdefensa.
La respuesta iraní a los ataques israelíes el 16 de junio del 2025 fue un ejemplo de esta estrategia. A pesar de la magnitud, el objetivo no era la destrucción total, sino el impacto psicológico y político.
Del mismo modo, los ataques cibernéticos contra infraestructuras estratégicas de Israel, Arabia Saudita o países de la Unión Europea forman parte de su arsenal híbrido. Se proyecta que este tipo de acciones se convertirán en un componente aún más central de su doctrina en el futuro cercano.
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La reciente muerte de los comandantes militares iraníes, y las limitadas represalias contra Israel revelan tanto la lógica de contención iraní como su temor al colapso narrativo interno. El régimen sabe que debe evitar mostrar debilidad, pero también teme una escalada que amenace su estabilidad doméstica. Esta dinámica, de cuidado extremo frente a represalias, probablemente influye en acelerar programas nucleares discretos y reforzar la dispersión estratégica de activos militares y tecnológicos.
Integración de estrategia nuclear y prospectiva
Tras los ataques estadounidenses e israelíes de 2025, Irán debe mantener un perfil operacional bajo para evitar provocar una escalada directa. Sin embargo, esta prudencia puede acelerar su programa nuclear y fortalecer su capacidad de resiliencia estratégica.
La estrategia estadounidense podría ser contraproducente. La presión externa incrementa la urgencia de proteger y diversificar instalaciones sensibles, potenciar el enriquecimiento de uranio en sitios menos vulnerables y reforzar la seguridad cibernética.
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Así, desde la perspectiva militar, Irán ha empezado a intensificar la dispersión de sus activos estratégicos, reforzar su red de milicias proxyy elevar su presupuesto en defensa. Por otro lado, la dimensión ideológica se reactiva vía campañas de propaganda que resaltan la resiliencia frente a la agresión, reforzando la narrativa de supervivencia nacional y legitimando la intensificación de programas estratégicos.
A nivel civil y político, el régimen comienza a querer equilibrar la percepción de fortaleza con la necesidad de evitar descontento social por sanciones y limitaciones económicas (lo que puede acelerar medidas de control y cohesión social). Esta combinación de prudencia, aceleración encubierta y manipulación estratégica constituye la esencia de su doctrina de guerra irrestricta contemporánea.
Innovaciones estratégicas y tecnológicas
Irán no solo opera en el plano convencional y proxy, sino que también explora:
- Ciberestrategia avanzada: ataques y defensa contra infraestructura crítica y redes globales.
- Inteligencia artificial aplicada a defensa: simulaciones de escenarios híbridos y optimización de recursos militares.
- Diplomacia digital: propagación de narrativas en tiempo real y manipulación de percepciones globales.
- Geopolítica energética: explotación y control de flujos petroleros y gasísticos regionales como instrumento de influencia.
Estas innovaciones, integradas a la doctrina de resistencia, aseguran que Irán tenga mayor capacidad de respuesta rápida y adaptable frente a amenazas multidimensionales.
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