Los ejes geopolíticos son aquellos Estados cuya importancia no radica en su poder y motivación, sino en su ubicación estratégica y en las consecuencias de su condición potencialmente vulnerable para el comportamiento de los actores geoestratégicos. – Zbigniew Brzezinski. En este artículo, Santiago Torres Kuri explica cómo la geopolítica contemporánea se articula en torno a los recursos estratégicos, las rivalidades entre potencias y la lucha por el control del poder global.
El análisis de la dinámica internacional contemporánea requiere ir más allá de la lectura aislada de los distintos acontecimientos. Los conflictos actuales —guerras, tensiones y crisis regionales y competencia entre potencias— no pueden explicarse únicamente a partir de eventos coyunturales, sino que responden a procesos estructurales, históricos y elementos que están vinculados a la geografía, a los recursos estratégicos y a la distribución del poder.
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En este sentido, la geopolítica contemporánea puede entenderse a partir de tres variables fundamentales: la localización de los recursos, el control de los mismos y la capacidad de los Estados para proyectar poder y garantizar su acceso. Estas variables constituyen la base sobre la cual se configuran tanto las decisiones estratégicas como las dinámicas de cooperación y conflicto.
Geopolítica de los recursos estratégicos y la competencia global
Uno de los elementos centrales en la reconfiguración del poder global es la creciente relevancia de los minerales críticos. De acuerdo con la International Energy Agency (IEA)1, la demanda de minerales como litio, cobalto, níquel y tierras raras podría multiplicarse por cuatro hacia 2040 en escenarios de transición energética acelerada. Estos materiales son esenciales para tecnologías como baterías, semiconductores y sistemas de energías renovables.
China desempeña un papel dominante y cuasi-monopólico en el tratamiento de tierras raras y minerales estratégicos. Según datos de la IEA, China es responsable del 61%de la producción global de tierras raras y concentra el 92% de la capacidad global de procesamiento, además de participar de manera decisiva en las cadenas de valor de minerales estratégicos. Esto implica que, aunque la extracción se realice en regiones como América Latina, Australia, África o cualquier otra parte del mundo, el valor agregado y la capacidad de transformación se concentra en territorio chino.
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Como respuesta, Estados Unidos, la Unión Europea y una serie de países han impulsado estrategias para diversificar sus cadenas de suministro. Ejemplo de ello es la reciente celebración del Critical Minerals Ministerial, evento en el cual se discutieron acciones y estrategias para reducir la dependencia global hacia China y establecer reglas claras y justas en el mercado de este tipo de elementos y materias.
Este proceso ha generado una revalorización geopolítica de regiones tradicionalmente consideradas como «periféricas», cuya importancia se está redefiniendo en función de su capacidad de proveer insumos críticos para la economía global.
Medio Oriente: rivalidades estructurales y conflicto indirecto
En Medio Oriente, las tensiones entre Israel e Irán son un ejemplo de conflicto estructural que va más allá de episodios de violencia aislados. La rivalidad entre los dos países más nombrados en los últimos días, se remonta a la Revolución iraní. La caída del sha y la llegada de los ayatolás en 1979,transformó a Irán en una república islámica con una política exterior orientada a contrarrestar la influencia occidental que se había expandiendo en la región con el paso del tiempo.
Israel, por su parte, al haber sido fundado en 1948 y en su calidad de ser un Estado relativamente joven y «desprotegido» en una región sumamente inestable, siempre ha buscado mantener una mentalidad y estrategia de seguridad basada en la disuasión. Sobre todo, ante la posibilidad y amenaza latente de que Irán termine desarrollando su ansiado programa nuclear.
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El conflicto entre ambos países se caracteriza por su naturaleza indirecta. Irán ha sido vinculado con el apoyo a actores no estatales como Hezbollah y Hamas, lo que ha puesto creado un escenario de confrontación en múltiples territorios, incluyendo Líbano, Siria e Irak.
Guerra en Ucrania: territorio, influencia y orden internacional
El conflicto entre Rusia y Ucrania no puede entenderse exclusivamente como una disputa territorial. Desde 2014, John J. Mearsheimer en un artículo escrito para la revista Foreign Affairs, sostuvo la teoría sobre que las reacciones rusas estaban provocadas en gran medida por la expansión de la OTAN hacia Europa del Este, hacia territorios que colindan peligrosamente con sus fronteras.
Existen territorios, como Crimea, en los que no es que los habitantes se sintieran prorrusos como erróneamente se ha hecho creer, ya que en realidad la mayoría de los ciudadanos consideraban la ciudadanía rusa como «inaccesible, indeseable, ilegítima e ilegal». La anexión de Crimea por parte de Rusia respondió más a una cuestión geoestratégica al ser este territorio una salida directa al Mar Negro, que una cuestión de identidad.
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Desde esta perspectiva, Ucrania es un espacio estratégico clave en la arquitectura de seguridad europea. La guerra ruso-ucraniana, que ya lleva más de cuatro años desde que inició, ha tenido efectos sistémicos, incluyendo el fortalecimiento de la OTAN, el incremento del gasto militar europeo y la reconfiguración de alianzas internacionales.
Geopolítica de China y su expansión estructural del poder
A diferencia de los conflictos abiertos y claramente identificados, la estrategia de China de los últimos años se ha caracterizado por una expansión gradual basada en estrategias económicas y financieras, a pesar de las insistentes disputas y sanciones comerciales impuestas por Estados Unidos.
Estrategias de desarrollo como la Belt and Road Initiative (BRI), impulsada por el gobierno de Xi Jinping en 2013, demuestran la ambición china. Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos de la historia con inversiones en sectores como: infraestructura, energía y conectividad en Asia, Europa, Oceanía y América Latina.
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De acuerdo con el Consejo de Asuntos Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), la BRI involucra a más de 147 países y busca mejorar la conectividad global. Sin embargo, es tan ambicioso el plan que incluso Estados Unidos lo ha catalogado como una especie de «Caballo de Troya» que facilite ampliar la influencia geopolítica de China mediante la generación de interdependencias económicas.
Conclusión: hacia un nuevo escenario geopolítico
Los elementos analizados —recursos estratégicos, rivalidades regionales, disputas por esferas de influencia y expansión económica— no son fenómenos aislados, sino manifestaciones de un proceso más amplio de transformación del sistema internacional.
Organismos como el World Economic Forum, han señalado que el mundo se encuentra en un periodo de transición hacia un escenario que estará caracterizado por mayor fragmentación, competencia y disputas entre las principales potencias y por el debilitamiento de los mecanismos tradicionales de gobernanza global. Incluso menciona que estamos viviendo «uno de los tiempos más divididos desde la Guerra Fría«.
En este contexto, la geopolítica – entendida como «el estudio de los condicionamientos geográficos de la política« – adquiere una relevancia imposible de ignorar. Este escenario sugiere que los cambios actuales no responden a una coyuntura temporal, sino a una reconfiguración estructural del orden internacional, en la que la interacción entre geografía, recursos y poder serán claves en la definición de la dinámica global de los próximos años.
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