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La ONU autoriza una nueva fuerza internacional para frenar la violencia en Haití

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Haití enfrenta una de sus peores crisis sociales y de seguridad en décadas. Las bandas criminales controlan gran parte del país, incluida la capital. En este artículo, Matías González, alumno del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectivo de LISA Institute analiza la nueva intervención de la ONU. Esta fuerza internacional busca recuperar el orden y apoyar a la población haitiana.

Haití siendo el primer país centroamericano en independizarse el año 1804 de Francia, ha estado marcado por constantes problemas políticos desde su colonia debido a su concepción con base en la esclavitud, las clases sociales y regímenes políticos altamente influenciados por países extranjeros, lo que hizo que no fuera reconocido abiertamente como un Estado debido a que se observaba que no podía avanzar sin el apoyo de estos países. 

A inicios del siglo XX, el país vivió constantes cambios de presidentes y enfrentó grandes problemas económicos. Gobiernos extranjeros, especialmente Estados Unidos, ejercieron una fuerte influencia desde los primeros años del siglo. Este país impuso un sistema político que grupos haitianos enfrentaron organizándose como una fuerte oposición.

Cercano a la mitad del siglo XX, la dictadura de los Duvalier (padre e hijo, Francois y Jean-Claude, respectivamente) usó la represión y la violencia. También se aprovechó de la falta de educación de gran parte de la población para mantenerse en el poder.

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En 1991, el país celebró sus primeras elecciones democráticas y Jean-Bertrand Arístide, un sacerdote salesiano con tendencias de izquierda, obtuvo la victoria. Era reconocido por haber llegado al poder desde el pueblo. Luego de ocho meses en el cargo, el jefe de las Fuerzas Militares, Raoul Cédras, derrocó su gobierno. Este hecho generó un fuerte rechazo por parte de los organismos internacionales. En ese contexto, la violencia se utilizó para eliminar a gran parte de los partidarios del antiguo gobierno.

Tras la intervención de la ONU en 1993, Arístide y Cédras alcanzaron un acuerdo de paz. En ese marco, la organización firmó el primer envío de policías civiles y autorizó su primera misión para establecer la paz en el país.

Hasta el año 2004, el país tuvo gobiernos democráticos, aunque marcados por un sinnúmero de revueltas debido al descontento de la población. Esta situación culminó con el exilio del presidente Arístide y una nueva intervención de la ONU, que llegó primero con el apoyo de una Fuerza Multinacional Provisional.

Luego se estableció la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). En ese contexto, la comunidad internacional reconoció a Haití como un estado fallido. El objetivo era ayudar al país a restaurar un gobierno estable y seguro, formar un cuerpo policial nacional crítico, promover el estado de derecho, entre otros fines.

Desde el 2004 al 2017 MINUSTAH apoyó al país, tiempos en los cuales el gran terremoto del 2010, elbrote del cólera y las acusaciones en contra de las fuerzas de los cascos azules por abusos de poder y crímenes sexuales en contra de la población haitiana, marcaron los conflictos de esta misión.  

Después del año 2016, tras el fin de la MINUSTAH, la ONU estableció una Misión de Mantenimiento de la Paz con fuerzas policiales y civiles. Luego dio paso a la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad, cuyo objetivo es combatir a las bandas criminales que acechan a la población haitiana.

Influencia de las bandas criminales en el país

Desde hace años, las bandas delictuales han tenido un papel preponderante en la sociedad haitiana. El punto de inflexión ocurrió con el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021. Un grupo de 28 mercenarios, principalmente colombianos, ingresó a su domicilio y atacó al presidente y a su esposa. Ella resultó gravemente herida y fue trasladada a Estados Unidos para recibir atención médica.

Después de este suceso, las bandas criminales aumentaron progresivamente su control sobre el país. Incluso llegaron a dominar el 90 % de la capital, según fuentes oficiales de la ONU.

Sólo el 2024 se tiene el registro de 5.600 muertos en manos de bandas criminales en el país, con un aumento de un 20% de esta cifra en comparación al año anterior. 

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Las bandas criminales combaten diariamente a las policías de Kenia que apoyan el país según el mandato de la ONU. Dentro de este gran número de bandas hay niños de 9 años en sus filas, los que son reclutados y muchas veces secuestrados de sus familias y nunca vuelven.

Destaca la movilización de la mayor parte de la población civil que no pertenece a estos grupos debido a los problemas de seguridad, en donde no permiten que exista una vida normal, con trabajo, educación ni atención médica. Las bandas utilizan el comercio sexual, tráfico de armas, drogas y la delincuencia para poder financiarse y operar.

Nueva fuerza internacional en Haití

La ONU autorizó el 30 de septiembre del presente año una Fuerza de Represión de Bandas Criminales para Haití con una dimensión límite de 5550 efectivos entre policías, militares y civiles, junto con la creación de una oficina de la ONU en el mismo país para apoyar la misión.

El propósito de autorizar esta fuerza es restablecer el estado de derecho en el país y reducir la acción de las bandas criminales. También busca apoyar y fiscalizar a las policías presentes en Haití. Esto se debe a denuncias de ejecuciones, abusos y colaboración con bandas criminales por parte de personal de la policía haitiana.

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La nueva fuerza de represión enfrenta grandes desafíos por delante. A esto se suma la necesidad del apoyo de otros países, ya que sin financiamiento ni personal, la misión no puede ejecutarse. Estados Unidos y Panamá lideran la búsqueda de fondos económicos. Ambos países señalan que el apoyo actual de la policía de Kenia no fue suficiente por la falta de recursos, lo que también está relacionado con la escasez de personal.

Por otro lado, la ONU ya cuenta con experiencia en misiones de gran magnitud en Haití, como fue el caso de la MINUSTAH. Durante esa misión, se registraron casos de vulneración de derechos civiles, delitos sexuales y transmisión del cólera desde el extranjero. Estos desafíos también representan una oportunidad para que la población haitiana comience a vivir en paz.

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