El Estrecho de Ormuz está a unos 5.660 kilómetros de Madrid. Parece lejos y sin apenas impacto en España, pero en esos 30 kilómetros de mar se concentra uno de los puntos estratégicos más importantes del planeta.
Por ese corredor transita alrededor del 20% del petróleo y del gas que se transporta por vía marítima en el mundo. Tras los recientes ataques de Estados Unidos contra Irán, el tráfico de buques se ha reducido de forma drástica. Cuando ese paso se frena, el mercado interpreta que el grifo puede cerrarse y los precios reaccionan al alza.
Aunque sólo el 5% del petróleo y el 2% del gas que consume España cruzan el Estrecho de Ormuz, el impacto en los precios no depende de ese porcentaje. El crudo se paga en un mercado global. Cuando aumenta el riesgo en el principal cuello de botella del Golfo, el barril sube para todos, aunque el suministro físico llegue por otra ruta. Los ataques a buques, la retirada de aseguradoras y los desvíos más largos elevan los costes logísticos y tensan las cotizaciones.
Según Reuters, Citi prevé el Brent entre 80 y 90 dólares a corto plazo y otras firmas no descartan que supere los 100 dólares si el bloqueo se prolonga. JPMorgan, además, ha alertado de una fuerte caída de los volúmenes que atraviesan la zona, un factor que presiona aún más al mercado.
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Con el Brent en torno a 100 dólares, los combustibles en España podrían acercarse a 1,8 euros por litro, frente a los niveles habituales de 1,45 – 1,55 euros que se registraban antes de la crisis. El ajuste no sería inmediato, pero terminaría reflejándose en el surtidor.
Cómo está el mercado del gas tras la tensión en el Estrecho de Ormuz
El gas preocupa más que el petróleo por una razón clara: necesita infraestructuras específicas y Europa utiliza su precio como referencia para fijar gran parte de la electricidad. Ahí entra Qatar. El país, situado en el Golfo Pérsico y dependiente del Estrecho de Ormuz para exportar, es uno de los mayores vendedores mundiales de gas natural licuado. Si sus metaneros no pueden salir, la oferta internacional se reduce de inmediato y el mercado reacciona.
El indicador de referencia en Europa, el TTF neerlandés, ha reaccionado con fuerza. El lunes llegó a registrar subidas cercanas al 50% antes de moderarse, en una jornada de extrema volatilidad que recordó a los momentos más tensos de 2022. Ese movimiento encarece contratos, dispara coberturas y eleva las previsiones para las próximas semanas, según recogen varios medios económicos europeos.
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España parte con dos ventajas. La primera es su red de regasificadoras, que permite recibir cargamentos desde distintos orígenes. La segunda es Argelia, que mantiene el envío de gas a través del Medgaz sin pasar por Ormuz. Esa combinación refuerza el suministro físico. Sin embargo, aunque el gas llegue desde Estados Unidos, Nigeria o Argelia, el precio en Europa oscila cuando el mercado teme escasez de buques, fletes más caros o problemas logísticos.
El comparador energético Kelisto calcula que un bloqueo que dispare el gas podría encarecer hasta un 50% el término de energía del PVPC. Eso supondría que un recibo medio pase de 47 a 64 euros al mes, unos 17 euros más.
La factura del gas doméstico no afecta igual a todos. Quien tenga la TUR verá el ajuste en la próxima revisión trimestral, salvo que el Gobierno limite la subida como hizo en otras crisis. Quien tenga una tarifa indexada o renueve contrato en el mercado libre lo notará antes.
Si el Estrecho de Ormuz no recupera la normalidad, la presión no se quedará en la energía. El transporte, los alimentos y cualquier cadena de costes ligada al combustible acabarán reflejando ese encarecimiento.
Quién recibe el petróleo y el gas que cruzan el Estrecho de Ormuz
Según datos de la U.S. Energy Information Administration (EIA), cerca del 70% del crudo que pasa por Ormuz acaba en cuatro países:
- China
- India
- Japón
- Corea del Sur
En el caso del gas natural licuado (GNL), la concentración es aún mayor. Aproximadamente el 80% del GNL que cruza el estrecho se dirige a Asia, especialmente a:
- China
- India
- Japón
- Corea del Sur
- Singapur
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Europa también recibe parte de esos flujos, especialmente gas natural licuado procedente de Qatar, aunque en menor proporción que Asia. Países como Italia, Francia, Reino Unido, Bélgica o Países Bajos figuran entre los destinos europeos habituales de esos cargamentos, que llegan en forma de GNL a sus plantas de regasificación.
Esto es clave porque, aunque España tenga baja dependencia directa, si Asia compite por cargamentos alternativos cuando Ormuz se bloquea, los precios globales suben para todos. El mercado no funciona por proximidad geográfica, sino por oferta y demanda mundial.
