Irán enfrenta revueltas populares por la inflación y el descontento político. Descubre las claves y las posibles consecuencias de este conflicto clave.
Irán enfrenta su movimiento de protesta más significativo desde 2022, con manifestaciones que han dejado decenas de muertos. Lo que comenzó el 28 de diciembre como una huelga económica de comerciantes en el bazar de Teherán se ha transformado en un levantamiento nacional que abarca multitud de localidades y provincias, cuestiona la legitimidad del régimen islámico y presenta desafíos sin precedentes a la estabilidad del país.
A diferencia de protestas anteriores, este movimiento fusiona el descontento económico agudo con demandas políticas radicales. Además, evidencia un giro histórico de la clase media comercial, tradicional aliada de la República Islámica, y que ahora lidera la demanda de cambio en el país. Del mismo modo, la amenaza de Estados Unidos e Israel de bombardear Irán aprovechando estas revueltas pueden ocasionar unas consecuencias impredecibles.
Claves del levantamiento
Una inflación insostenible
La raíz de las protestas radican en una tormenta económica perfecta. Irán sufre una inflación anual superior al 40%, mientras que la inflación punto a punto (comparada con diciembre del año anterior) alcanzó el 52%. Este escenario erosiona sistemáticamente el poder adquisitivo y convierte productos básicos como alimentos en lujos inalcanzables para millones de iraníes.
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Además, la depreciación del rial agrava la crisis. La moneda ha perdido entre el 40% y el 80% de su valor respecto al dólar estadounidense desde la guerra de doce días que enfrentó Irán en 2025. Esta caída monetaria encarece drásticamente las importaciones, incrementando aún más los precios de bienes esenciales y poniendo al país en una espiral inflacionaria difícil de contener.
Una crisis multidimensional
Aunque la inflación es el catalizador inmediato, las protestas reflejan crisis sistémicas más graves. La escasez de agua afecta amplias regiones del país, los cortes de energía son frecuentes, y el desempleo, particularmente entre jóvenes y universitarios, alcanza niveles críticos. Estos factores conjuntos crean un ambiente de desesperación generalizada.
Causas: del Bazar al levantamiento nacional
La huelga del Bazar como catalizador
Las protestas comenzaron de manera orgánica el 28 de diciembre, cuando comerciantes y tenderos del Gran Bazar de Teherán cerraron sus negocios en rechazo a la devaluación del rial y la imposibilidad de mantener sus márgenes comerciales. Aunque la respuesta inicial del gobierno fue silenciada, las imágenes de comerciantes en las calles coreando contra el régimen transmitieron el mensaje de que la clase que había tolerado la República Islámica ahora cuestionaba su legitimidad.
La expansión de lo económico a lo político
En una velocidad extraordinaria, las protestas se propagaron. Estudiantes universitarios se sumaron a partir del 30 de diciembre de 2025. Trabajadores de transporte se solidarizaron con el movimiento. Docentes y sindicatos laborales expresaron apoyo. Lo más significativo es que, en cuestión de días, los eslóganes pasaron de «Intervención gubernamental para estabilizar el rial» a consignas radicalmente políticas.
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El cambio del discurso fue un punto de inflexión importante. Los manifestantes comenzaron a entonar «Muerte al dictador», «Muerte a Jamenei» (en referencia al Ayatolá y Líder Supremo de Irán) y «Ni Gaza ni Líbano, sacrifico mi vida por Irán». Estos cánticos señalan un rechazo a las políticas económicas y al sistema político en su totalidad. Algunos protestantes incluso rechazaron ambas narrativas de poder, tanto la monarquía anterior como la teocracia actual.
Consecuencias: represión, inestabilidad y tensión
El coste humano de la represión
La respuesta oficial a las protestas ha sido proporcionalmente severa. Tras el discurso del Líder Supremo Ali Khamenei el 3 de enero, en el cual declaró que «los alborotadores deben ser puestos en su lugar», la represión aumentó. Los datos son alarmantes, con decenas de fallecidos, miles de detenciones arbitrarias, centenares de heridos entre civiles y oficiales y multitud de ciudades con enfrentamientos violentos simultáneos.
Además, la represión ha incluido tácticas como disparos con munición real de las fuerzas de seguridad contra manifestantes desarmados. También se han documentado ataques contra hospitales para arrestar a heridos, detenido a menores de edad (algunos tan jóvenes como de 7 años), y cortado acceso a internet para limitar la coordinación de los manifestantes.
Escalada de tensiones internas
El movimiento ha fracturado más aún el régimen. Mientras que el Líder Supremo endurece su postura, el presidente Masoud Pezeshkian ha intentado una táctica diferente: reconocer las «reclamaciones legítimas» de los protestantes y ofrecer diálogo. Sin embargo, esta brecha entre el ejecutivo y el liderazgo supremo evidencia que la crisis económica ha generado desacuerdos fundamentales sobre cómo controlar la situación.
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El Juez Supremo Gholamhossein Mohseni Ejei amplificó las tensiones al llamar públicamente a una represión «sin clemencia» contra los protestantes, sugiriendo que el régimen está considerando penas severas, incluidas posibles ejecuciones.
Impacto internacional y antecedentes
Las protestas han capturado atención de todo el mundo. Organizaciones de derechos humanos han documentado crímenes contra la humanidad, incluidos ataques a hospitales. El gobierno estadounidense expresó preocupación, mientras que figuras de la oposición iraní en el exilio, como Reza Pahlavi (hijo del último Shah) y líderes de la organización MEK (Mujahidín del Pueblo Iraní), han expresado apoyo explícito.
Este respaldo internacional, aunque limitado, introduce una dimensión geopolítica, y es que los protestantes ya no son vistos únicamente como disidentes internos, sino como parte de una narrativa más amplia sobre la resistencia al régimen islámico.
Perspectivas y riesgos futuros
Incertidumbre sobre la trayectoria
- Duración sostenida: ¿Pueden las protestas mantener el impulso sin una estructura organizativa clara?
- Coordinación: ¿Emergirán liderazgos capaces de articular demandas unificadas?
- Escalada: ¿Derivará la represión en una espiral de violencia mayor?
- Repercusiones económicas: ¿Qué impacto tendrá el cierre de comercios (ordenado por el gobierno con el pretexto de clima frío) en la economía ya frágil?
Por qué esto importa
Las protestas de 2026 representan un punto de ruptura histórico. A diferencia de movimientos anteriores, esta ola combina la desesperación económica genuina con un rechazo fundamental al sistema político. La participación de la clase comercial (históricamente beneficiaria del orden islámico) plantea que las grietas del régimen son más profundas de lo que aparenta.
Si las protestas persisten y se amplían, podrían forzar cambios estructurales en Irán. Desde reformas económicas profundas hasta replanteamientos políticos fundamentales. Inversamente, si la represión triunfa, el régimen podría consolidar un control aún más autoritario, sofocando el descontento a través de la fuerza.
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No obstante, estas protestas suponen el reflejo de un sistema que ha perdido legitimidad ante sus propios ciudadanos. Lo que comenzó como una demanda de comerciantes ha evolucionado en un movimiento de alcance nacional que cuestiona el fundamento mismo de la República Islámica. Con muertos, heridos y detenidos, este es el desafío más significativo al régimen desde 2022 y presenta implicaciones que trascienden fronteras. El mundo observa mientras Irán se debate entre la represión y la reforma, entre la continuidad del orden islámico y la posibilidad de una transformación política fundamental.
