El presente artículo expone las debilidades estructurales que afectan a la seguridad ferroviaria en España. A partir de los recientes incidentes en Adamuz y Gelida, se analiza la brecha entre normativa, vigilancia y realidad operativa.
La reciente «semana negra» del ferrocarril en España, marcada por la tragedia de Adamuz y el accidente de Gelida, así como la inestabilidad de las infraestructuras ferroviarias en puntos críticos de la red de Rodalies de Catalunya, no debe leerse únicamente como una acumulación estadística de desgracias.
Los profesionales del sector, sabemos que los accidentes ferroviarios no responden al azar, sino a una cadena de causas latentes que, analizadas aisladamente, a menudo quedan eclipsadas por la presión de la operatividad. Esta realidad constituye una alerta crítica sobre la eficacia de los paradigmas actuales en los procesos de vigilancia.
Cuando una infraestructura validada falla catastróficamente, no estamos ante un error puntual. Se trata de lo que en Seguridad Operacional denominamos «deriva práctica»: la brecha estructural entre el diseño teórico y la realidad dinámica de un sistema sociotécnico.
El desafío reside en evolucionar desde protocolos estáticos hacia una gestión de la incertidumbre. Esta debe lograr equilibrar la tensión inherente entre la explotación comercial y la seguridad, para encontrar un punto de equilibrio entre estas dos fuerzas contrapuestas.
Anatomía del fallo: la «invisibilidad» técnica en la alta velocidad
El siniestro del 18 de enero en Adamuz (Córdoba) plantea el caso de estudio actual más inquietante para la ingeniería ferroviaria. El descarrilamiento del tren Iryo y su colisión con el Alvia ocurrieron en un tramo renovado apenas ocho meses antes y sometido a una trazabilidad de vigilancia teóricamente robusta: dos auscultaciones geométricas, cinco dinámicas y una inspección de ultrasonidos en ese periodo. Según los estándares, la vía estaba «sana» y supervisada por la señalización
Sin embargo, la hipótesis actual sobre la que apunta en sus primeros indicios la CIAF, respecto a la fatiga de materiales, sugiere limitaciones técnicas. Estas merecen revisión.
- Velocidad de propagación de grietas: En líneas de alta densidad y velocidad (>200 km/h), existe el riesgo de que una microfisura en una soldadura evolucione a fractura crítica en un lapso inferior al ciclo de inspección estándar.
- Límites de la detección actual: Las técnicas convencionales de ultrasonido pueden presentar dificultades para identificar defectos «secos» o fracturas planas bajo compresión si no se realizan con una angulación específica, creando «ventanas de oscuridad» técnica entre revisiones.
- Asegurar el principio «Fail-Safe«: En el tramo de Adamuz, una rotura del carril con separación física debería de ocasionar SIEMPRE una respuesta del sistema de seguridad LZB, con la activación del freno de emergencia, por la detección de una ocupación en el circuito de vía (cantón de bloqueo). El principio «Fail-Safe» en los circuitos de vía (circuito eléctrico cerrado en el que el rail actúa como el cable conductor que permite el flujo de la señal de audiofrecuencia) se basa precisamente en que una ausencia de corriente en el receptor determina siempre «cantón ocupado». No distingue entre un tren físico o una rotura de carril.
Los datos recogidos históricamente en este tramo o en otros similares, durante el proceso de vigilancia (inspecciones, indicadores, monitorización, etc.), nos deberían mostrar indicios de escenarios de descarrilo. Estos indicios aparecen a través de los llamados «precursores», que no representan consecuencias graves ni afectaciones importantes. Además, deben «competir» con la operatividad.
El desafío de la infraestructura pasiva
Si Adamuz expone los retos en la superestructura (carril), los incidentes concurrentes en Rodalies (Gelida y Maçanet-Massanes) revelan la vulnerabilidad del entorno o de factores externos. La caída de muros y desprendimientos por saturación hídrica evidencian una «ceguera perimetral».
Mientras que normas como la UNE-EN 50126 son extremadamente rigurosas validando el diseño de trenes y sistemas de señalización, la infraestructura civil (taludes, trincheras) a menudo carece de una mayor normativa que regule su construcción dentro del ámbito ferroviario. Tampoco cuenta con una validación posterior por parte de un tercero independiente que acredite el cumplimiento normativo de la infraestructura civil.
La inestabilidad geotécnica registrada en la red de Rodalies de Catalunya responde a la convergencia de variables geológicas, meteorológicas y estructurales. Dicha inestabilidad en resulta de factores geológicos y climáticos exógenos, solo mitigables mediante una ingeniería preventiva que modernice drenajes e implemente contención dinámica y sensores IoT capaces de anticipar el colapso.
La celeridad en las obras no debe comprometer la resiliencia de la infraestructura. Es decir, fiar la seguridad ante desprendimientos a la detección visual del maquinista supone mantener una barrera humana reactiva. Esta es técnicamente inferior a la fiabilidad predictiva de la monitorización automática.
La paradoja regulatoria: ¿diseñados para el cambio o para la degradación?
Es pertinente reflexionar sobre el «cerebro» normativo de la seguridad: el Reglamento de Ejecución (UE) 402/2013 (Método Común de Seguridad). Esta normativa es una herramienta formidable para gestionar riesgos al introducir cambios significativos (nuevas líneas, nuevos trenes). Sin embargo, la industria se enfrenta a la paradoja de aplicar estas herramientas a la gestión de la degradación y el envejecimiento.
Para entender la raíz del problema, debemos mirar al «cerebro» normativo de la seguridad en Europa: el Reglamento de Ejecución (UE) 402/2013 relativo a la adopción de un método común de seguridad (MCS). Este reglamento, junto con las normas UNE-EN 50126 (RAMS), es una herramienta formidable para evaluar el riesgo al introducir un cambio significativo en el sistema.
Esto incluye una nueva vía, un nuevo tren o un nuevo software. Sin embargo, la industria se enfrenta a una paradoja:
- El Reglamento 402/2013 es excelente gestionando la innovación.
- Pero es insuficiente gestionando la degradación y el envejecimiento.
El sistema actual asume que, si una infraestructura fue validada en su diseño y construcción (Safety Case según EN 50129), mantendrá sus prestaciones siempre que se cumplan las revisiones periódicas. La realidad operativa de enero de 2026 demuestra que esta asunción es peligrosa.
La degradación de materiales bajo cargas cíclicas extremas (trenes de 500 toneladas a alta frecuencia) y el factor climático (lluvias torrenciales en Gelida) introducen variables de caos que los ciclos rígidos de mantenimiento no pueden capturar.
Los recientes sucesos plantean una hipótesis plausible: el paradigma de que un Safety Case de diseño permanece inalterable podría estar encontrando sus límites. Esos límites surgen frente a la fatiga operativa acumulada y la permanente severidad climática.
Resulta pertinente analizar si la dinámica actual del sector, a menudo condicionada por ciclos ejecutivos de corto plazo, podría estar llevando los activos cerca de su límite de estrés. Esto se haría para maximizar la oferta comercial sin un acompañamiento tecnológico proporcional.
Este escenario sugiere una posible tensión en la seguridad: aumentar la carga de explotación sin ampliar recursos podría reducir las ventanas de mantenimiento disponibles. Esa reducción, teóricamente, favorecería la incubación de riesgos latentes que solo emergerían a largo plazo.
Seguridad operacional: la gestión del factor humano
Más allá del hormigón y el acero, la gestión de la emergencia en tiempo real se revela como un cortafuegos definitivo. Los análisis preliminares sugieren áreas donde la interacción humana y los procedimientos podrían robustecerse:
- Comunicaciones de «Canal Limpio»: La gestión de la crisis en Maçanet pone de relieve la importancia de la fluidez informativa. Sería beneficioso avanzar hacia protocolos que garanticen la prioridad absoluta de mensajes de emergencia entre Puestos de Mando y personal en tierra y en trenes (incluyendo la información a los viajeros), minimizando el ruido administrativo en momentos críticos.
- Formación y simulacros: La tecnología puede fallar, pero la capacitación es la última línea de defensa. Reforzar el entrenamiento de las tripulaciones y operadores del Puesto de Mando en la toma de decisiones bajo presión podría dotar a los profesionales de una mayor «conciencia situacional» para gestionar de forma efectiva: una gestión de crisis, evacuaciones o actuaciones preventivas.
Horizontes de mejora: vías de exploración hacia la vigilancia 4.0
Lejos de imponer soluciones dogmáticas, la ingeniería ferroviaria tiene ante sí diversas vías de exploración tecnológica y organizativa que podrían cerrar la brecha entre la inspección periódica y la realidad continua.
A continuación, a modo de ejemplo, se plantean brevemente posibles líneas de trabajo a estudiar:
1. Hacia la Democratización de la Auscultación En lugar de depender exclusivamente de trenes laboratorio esporádicos asociados al Administrador de Infraestructuras, cabría explorar la instrumentación de trenes comerciales.
La instalación de sensores acelerométricos y visión artificial en unidades que circulan a diario por nuestra red podría generar un «mapa de salud» de la vía en tiempo real, ayudando a identificar tendencias de degradación antes de que se conviertan en fallos críticos.
2. Auditoría Avanzada de Materiales Ante las limitaciones del ultrasonido convencional, sería interesante valorar la incorporación de tecnologías como las Corrientes de Foucault (Eddy Current) de alta resolución o la termografía activa en tramos de alta carga, técnicas que han demostrado eficacia en la detección de grietas superficiales incipientes en otros sectores industriales.
3. Digitalización de la Infraestructura Civil (IoT) Como ya hemos mencionado anteriormente, para mitigar la «ceguera perimetral», se abre la oportunidad de desplegar redes de alerta geotécnica (inclinómetros y sensores de humedad conectados) en taludes críticos. Su integración en los Puestos de Mando podría permitir que el sistema sugiera limitaciones de velocidad preventivas basadas en datos objetivos del terreno, reduciendo la dependencia del factor visual.
4. Flexibilidad en la Asignación de Recursos Desde el punto de vista de gestión, podría ser constructivo evaluar mecanismos de flexibilidad presupuestaria, como fondos de resiliencia independientes de ciclos anuales. Esto facilitaría intervenciones inmediatas basadas en indicadores de riesgo operativo dinámico en lugar de esperar a asignaciones estáticas, eliminando así cuestiones políticas actuales como la actual prorrogación de presupuestos que impide actualizar partidas presupuestarias.
5. Cultura Justa (Just Culture) Finalmente, fomentar un entorno de Cultura Justa donde se respalde la decisión conservadora del personal es vital. Si un maquinista o controlador detiene un tren ante una sospecha de riesgo, esta acción debería ser puesta en valor como un éxito del sistema de seguridad, priorizando siempre la precaución sobre la regularidad comercial.
In Memoriam
El contenido de este artículo no debe, ni pretende, ocultar la dimensión humana de la tragedia. Detrás de cada informe pericial y cada cifra de velocidad hay vidas truncadas y familias rotas. Sirvan estas líneas como muestra de profundo respeto y dolor por las víctimas de Adamuz y Gelida, deseando al mismo tiempo una pronta recuperación de todos los heridos.
Asimismo, este texto busca ser un reconocimiento a todos los profesionales de la comunidad ferroviaria: maquinistas, interventores, técnicos de mantenimiento y operadores de tráfico. Profesionales que, en días de enorme tensión operativa y emocional, han seguido acudiendo a sus puestos para mantener el pulso de la red.
Cuando sucede un accidente con víctimas mortales, en cualquier ámbito de nuestra sociedad, los seres humanos necesitamos conocer «la causa» por dos motivos básicos:
- Delimitar responsabilidades para identificar quién hizo qué y quién es responsable por los resultados, con el objetivo de “calmar” la frustración y el dolor, a través de la culpabilidad
- Aprender de lo sucedido para evitar que vuelva a repetirse “la causa”, con acciones correctivas de todo tipo y condición.
La cultura de la culpa es una medida puramente correctiva, ineficaz para la prevención futura. Dado que el accidente ferroviario es intrínsecamente multicausal, simplificar el diagnóstico impide identificar la cadena de fallos de control que deriva en tragedia y pérdida de confianza en el sector ferroviario.
Por ello, es imperativo integrar la especialización en seguridad operacional en la toma de decisiones estratégicas. Se requiere una autoridad técnica capaz de delimitar la frontera entre la operatividad y el riesgo inasumible, detectando esos ‘factores latentes’ y escenarios precursores antes de que se conviertan en accidentes.»
