El buque sospechoso enarbolaba bandera falsa para sortear las sanciones de la Unión Europea y pertenecía a la llamada estructura en la sombra. La operación busca frenar la financiación de la guerra en Ucrania mediante el bloqueo del comercio ilegal de crudo.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha anunciado la intercepción de un petrolero en el Mediterráneo por parte de la Armada gala, en una operación ejecutada «con el apoyo de varios aliados». Este buque, procedente de Rusia, es sospechoso de pertenecer a la flota fantasma utilizada por Moscú para evadir las sanciones europeas derivadas de la invasión de Ucrania, además de estar acusado de «enarbolar una bandera falsa».
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En relación con la legalidad de la maniobra, el mandatario ha defendido que el abordaje se llevó a cabo «en estricto cumplimiento de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar». Asimismo, ha subrayado que «no vamos a tolerar ninguna violación», argumentando que las actividades de la llamada «flota en la sombra» son instrumentales para «financiar la guerra de agresión contra Ucrania».
Como consecuencia inmediata de este incidente, se ha abierto una investigación oficial sobre los hechos ocurridos. Por su parte, Macron ha reiterado la determinación de Francia para «respetar el Derecho Internacional» y, simultáneamente, «garantizar que se aplique de manera efectiva de las sanciones» contra el régimen ruso.
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Tras conocerse la noticia, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ha agradecido la intervención, calificándola como el tipo de «firmeza necesaria para garantizar que el petróleo ruso no financia la guerra». Además, el líder ucraniano ha exigido que «las sanciones contra la infraestructura de la flota fantasma debe endurecerse», sugiriendo incluso que «sería justo» confiscar y vender el crudo interceptado.
