Operación Vivaldi: la contraofensiva con la que Ucrania ha roto el plan ruso en el Donbás

Análisis

Rubén Asenjo
Periodista apasionado por la actualidad internacional y la geopolítica. Escribo para entender el mundo en constante cambio y compartir perspectivas que despierten la reflexión y el debate. Comprometido con la búsqueda de la verdad y las historias que impacten e inspiren.

La campaña ucraniana al norte de Limán ha recuperado terreno, deshecho un saliente ruso y complicado la ofensiva de Moscú contra Sloviansk y Kramatorsk. Sin embargo, su alcance sigue siendo local y todavía no supone un vuelco definitivo de la guerra.

Durante meses, Ucrania preparó en silencio una contraofensiva en uno de los sectores más delicados del Donbás. La bautizó Operación Vivaldi, en alusión a las cuatro estaciones del compositor italiano y a las cuatro fases previstas por sus planificadores. Tres de esas «estaciones» ya han sido reveladas. Sin embargo, la cuarta continúa todavía bajo secreto militar. El escenario es el eje de Limán, en el norte de la provincia de Donetsk, donde Rusia había formado un saliente —una penetración de sus posiciones dentro del frente contrario— que amenazaba la retaguardia ucraniana.

Ubicación de Limán

El resultado tiene importancia más allá de los kilómetros recuperados. Las fuerzas ucranianas han eliminado buena parte del saliente ruso al norte de Limán, han penetrado posiciones fortificadas y han frustrado, por ahora, la pinza septentrional con la que Moscú pretendía envolver el cinturón defensivo de Sloviansk y Kramatorsk. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) considera que la operación ha restablecido ciertos elementos de maniobra táctica en un frente dominado por drones, minas y pequeños avances de desgaste.

Qué es la Operación Vivaldi

La Operación Vivaldi es una campaña ofensiva dirigida por el Tercer Cuerpo de Ejército ucraniano, bajo el mando del general Andrii Biletskyi, y apoyada por unidades adyacentes. Comenzó meses antes de su confirmación pública, que llegó a mediados de septiembre de 2026. Su objetivo inicial era estabilizar el frente de Limán, destruir los grupos rusos infiltrados y reducir el saliente creado por unidades de los ejércitos rusos 20.º y 25.º.

Limán no es una localidad cualquiera. Su entorno conecta las aproximaciones septentrionales a Sloviansk y Kramatorsk, dos de las principales ciudades que Ucrania conserva en Donetsk. Rusia pretendía tomar Limán, cruzar el río Donets y combinar ese movimiento con la presión ejercida desde Dobropillia y el sur. En términos sencillos, Moscú buscaba formar una gran tenaza alrededor del llamado «cinturón de fortalezas» ucraniano, compuesto por varios núcleos urbanos defendidos y conectados entre sí.

Por tanto, Vivaldi no tenía por objetivo en sí conquistar grandes extensiones. Simplemente era una operación para quitar a Rusia una plataforma de ataque, proteger la retaguardia del Donbás ucraniano y obligar al enemigo a reorganizarse. El propio Gobierno de Kiev asegura que Moscú tuvo que trasladar refuerzos al sector, debilitando otras zonas del frente. No obstante, esta última afirmación procede de fuentes oficiales ucranianas y no puede medirse de forma independiente en toda su extensión.

Cómo Ucrania rompió las líneas rusas

La ruptura no comenzó con columnas de blindados avanzando de frente. Primero, Ucrania trató de aislar el campo de batalla. Sus drones atacaron rutas, depósitos, vehículos de suministro, centros de mando y posiciones de guerra electrónica rusas a profundidades que el Tercer Cuerpo situó inicialmente en 50 kilómetros y, después, hasta en 120. El objetivo era dejar a las tropas de primera línea con menos combustible, munición, comunicaciones y protección frente a los aparatos ucranianos.

Al mismo tiempo, Kiev impuso un fuerte silencio informativo y combatió los medios de reconocimiento enemigos. Esto redujo la capacidad rusa para interpretar lo que estaba ocurriendo. Según el ISW, la seguridad operacional, el engaño y la degradación de la guerra electrónica rusa permitieron a Ucrania alcanzar sorpresa táctica y una ventaja local con drones, algo poco frecuente en una guerra donde cualquier concentración de fuerzas suele ser detectada y atacada con rapidez.

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En la tercera fase, Ucrania simuló que su golpe principal avanzaría desde Shandryholove hacia Zelena Dolyna. Rusia envió reservas a ese eje, mientras el ataque real se concentraba sobre Nove, considerado el principal centro ruso del saliente. A continuación, las unidades ucranianas penetraron las posiciones más resistentes y recuperaron Nove, Ridkodub y Katerynivka, además de restablecer el control de Karpivka y Novomykhailivka.

Conviene precisar qué significa aquí «romper las líneas rusas». No se produjo un colapso general del frente del Donbás, sino una brecha táctica localizada que permitió superar fortificaciones, conquistar varios núcleos y desarticular el dispositivo ruso al norte de Limán. Associated Press informó de «rupturas» en la región de Donetsk, mientras el ISW verificó los avances ucranianos y la ausencia de progresos rusos en el sector durante los contraataques.

Drones y blindados robotizados

La tecnología fue uno de los rasgos más llamativos de Vivaldi. Ucrania empleó vehículos terrestres no tripulados para reconocimiento, desminado, sabotaje y ataque. En una de las acciones divulgadas, grandes drones aéreos transportaron sistemas robóticos armados hasta diez kilómetros detrás de las posiciones rusas. Además, antiguos transportes blindados soviéticos fueron transformados en vehículos «kamikaze», cargados con explosivos y enviados sin tripulación contra fortificaciones y nodos de comunicaciones.

La maniobra cumplía dos funciones. En primer lugar, destruir posiciones difíciles sin exponer a una tripulación y, posteriormente, confundir al adversario. El Tercer Cuerpo sostiene que los soldados rusos interpretaron inicialmente esos blindados como refuerzos propios. Tras las explosiones, las tropas de asalto pudieron avanzar sobre defensas debilitadas. Vivaldi muestra así una posible fórmula ucraniana para recuperar la capacidad ofensiva: cegar al enemigo, interrumpir su logística, sustituir personas por máquinas en los puntos de mayor riesgo y solo entonces introducir a la infantería.

Esto no convierte a los robots en un arma milagrosa. Su eficacia dependió de una preparación extensa, comunicaciones redundantes, superioridad local de drones y errores rusos de mando. De hecho, fuentes ultranacionalistas rusas citadas por el ISW culparon a la cultura de los «informes bonitos» —partes exageradamente optimistas enviados a los superiores— de ocultar los avances ucranianos y retrasar el envío correcto de reservas.

Cuánto territorio recuperó Ucrania

Las cifras requieren cautela. El Tercer Cuerpo y la Presidencia ucraniana afirmaron que las tres primeras fases permitieron recuperar el control de 176 kilómetros cuadrados, incluidos 51 durante la tercera. Kiev también declaró más de 5.000 bajas rusas entre muertos y heridos y alrededor de 250 prisioneros. No obstante, estos son datos oficiales de una de las partes en guerra y no existe una verificación pública independiente completa de las bajas.

El ISW, basándose en evidencias abiertas y geolocalizadas, calculó que Vivaldi había liberado al menos 147 kilómetros cuadrados. Reuters recogió posteriormente una cifra más baja atribuida al propio Volodímir Zelenski, con alrededor de 140 kilómetros cuadrados. La diferencia puede responder a criterios distintos entre el terreno limpiado de infiltrados, el territorio plenamente liberado y la superficie bajo control restablecido. Por ello, la formulación más rigurosa es que Ucrania ha recuperado entre 140 y 176 kilómetros cuadrados, mientras la estimación independiente mínima se sitúa en 147.

Consecuencias para la guerra

La primera consecuencia es defensiva. Al reducir el saliente de Limán, Ucrania ha alejado el riesgo inmediato de que Rusia alcance la retaguardia de Sloviansk y Kramatorsk desde el norte. El ISW sostiene que la gran maniobra de envolvimiento desde Limán y Dobropillia quedó perturbada y que el nuevo escenario también puede dificultar un ataque frontal ruso contra Sloviansk desde el este.

La segunda es operativa. Moscú debe reconstruir su logística, reforzar nuevas posiciones y gastar reservas en un sector donde esperaba avanzar. Cada unidad trasladada a Limán deja de estar disponible en otros ejes. Además, Rusia pierde terreno elevado, rutas y puntos de lanzamiento de drones que podían apoyar su presión sobre el cinturón urbano del Donbás. No obstante, las fuerzas rusas conservan capacidad ofensiva en otros sectores, especialmente hacia Kostiantynivka, Dobropillia y el sur del dispositivo ucraniano.

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La tercera consecuencia afecta a la doctrina militar. Vivaldi demuestra que el frente no es completamente inmóvil y que todavía puede abrirse espacio para la maniobra si antes se neutralizan drones, guerra electrónica, logística y mando. Para Ucrania, que dispone de menos personal que Rusia, el uso combinado de robots, ataques de profundidad y engaño ofrece una manera de reducir bajas propias. Sin embargo, repetir ese modelo exigirá tiempo, munición, vehículos no tripulados y condiciones locales favorables.

Finalmente, la operación tiene un efecto político. Contradice la narrativa de que la caída total del Donbás es inevitable y proporciona a Kiev un éxito visible con el que defender que la ayuda militar occidental todavía puede cambiar la situación sobre el terreno. Aun así, Vivaldi no constituye por sí sola un punto de inflexión estratégico, ya que ha frustrado un plan ruso en un sector y revertido meses de avances locales, pero no ha destruido la capacidad de Moscú para continuar la guerra ni ha alterado el equilibrio global de fuerzas.

Qué puede ocurrir ahora

El cuarto «movimiento» de Vivaldi no se ha explicado públicamente. La Presidencia ucraniana confirmó que existen planes para una cuarta fase, pero no reveló sus objetivos. Es razonable esperar que Kiev intente consolidar el terreno recuperado, empujar a las fuerzas rusas hacia barreras naturales y ampliar la presión sobre sus rutas. A pesar de ello, cualquier objetivo más concreto sería especulativo.

Rusia, por su parte, tratará de frenar la operación con refuerzos, drones, artillería y bombas planeadoras contra las concentraciones ucranianas y sus nodos logísticos. El peligro para Kiev consiste en avanzar más allá de su cobertura y convertir un éxito calculado en una posición difícil de abastecer. La verdadera medida de Vivaldi no será solo cuánto territorio haya recuperado, sino si Ucrania logra conservarlo y si obliga a Rusia a abandonar o retrasar su campaña contra Sloviansk y Kramatorsk.

Por ahora, la conclusión es más concreta que grandilocuente, pues Ucrania ha demostrado que todavía puede preparar una ofensiva con secreto, quebrar defensas rusas y recuperar la iniciativa local. No ha ganado la guerra en Limán, pero sí ha roto una de las piezas del plan ruso para conquistar el resto del Donbás.

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