El Teléfono de la Esperanza se ha consolidado como uno de los principales recursos de apoyo emocional en España, atendiendo a miles de personas que atraviesan momentos de crisis. La organización detalla su labor de escucha activa, desmonta mitos sobre la salud mental y alerta del creciente uso de canales digitales por parte de los jóvenes, un colectivo cada vez más presente en las cifras de atención. Hablamos con María Guerrero, psicóloga y profesora universitaria con más de 25 años de experiencia. Está especializada en psicología humanista y prevención del suicidio y es la actual presidenta del Teléfono de la Esperanza. Si quieres profundizar en el conocimiento sobre la prevención del suicidio, apúntate al Curso de Introducción a la Prevención del Suicidio de LISA Institute.
¿Cómo definirían su misión y cuál es el objetivo principal del servicio?
Nuestra misión como Teléfono de la Esperanza es estar al lado de las personas cuando atraviesan momentos difíciles y sienten que necesitan ser escuchadas de verdad. Nuestro objetivo es ofrecer un espacio seguro, confidencial y sin juicio, donde poder hablar con calma de lo que duele, de lo que preocupa o de aquello que a veces les cuesta compartir incluso con el entorno más cercano.
A veces no podemos cambiar lo que está pasando, pero sí podemos hacer que la persona se sienta menos sola y con más recursos para afrontar lo que está viviendo.
¿Quién puede utilizar el Teléfono de la Esperanza? ¿Está dirigido únicamente a personas en riesgo de suicidio o también a quienes atraviesan otras situaciones de crisis emocional?
Las llamadas que recibimos son muy distintas entre sí porque detrás de cada una hay una historia, un momento vital y una necesidad concreta. Nos llaman personas que están pasando por ansiedad, tristeza, soledad no deseada, problemas familiares, duelos o situaciones de desbordamiento emocional en las que sienten que la situación empieza a superarlas.
En el ámbito de la prevención del suicidio, ¿cuáles son las principales señales de alerta que familiares, docentes o compañeros deberían tener en cuenta?
Las señales de alerta no siempre son muy evidentes, pero sí suele haber cambios que llaman la atención, y muchas veces aparecen en tres planos.
Por un lado, están las verbalizaciones, directas o indirectas, de desesperanza: frases como “no quiero vivir”, “quisiera desaparecer”, o “ya nada tiene sentido”.
Por otro lado, están los cambios en el comportamiento. La persona puede empezar a aislarse más de lo habitual, dejar de cuidarse, regalar objetos personales importantes o incluso autolesiones, entre otras señales.
También puede haber cambios emocionales, que a veces se traducen en una ansiedad intensa, culpa, vergüenza, soledad, sensación de inutilidad o una profunda desesperanza. En jóvenes, además, no siempre se expresa como tristeza: muchas veces lo manifiesta como irritabilidad, enfado, distancia o desconexión muy marcada de su entorno.
Aún así, lo más importante es no esperar a tener una certeza absoluta. Si algo preocupa, merece la pena acercarse, preguntar con calma y tomárselo en serio. Una conversación a tiempo puede marcar una gran diferencia.
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¿Cómo funciona el servicio desde el momento en que una persona llama? ¿Qué tipo de acompañamiento recibe durante la conversación?
Cuando una persona llama, lo primero que encuentra es un espacio confidencial y sin juicio. No tiene que llegar con las ideas ordenadas ni saber exactamente qué le pasa, puede empezar simplemente contando cómo se siente o qué está viviendo en ese momento.
Durante la conversación, el acompañamiento se basa sobre todo en la escucha activa y el apoyo emocional. Ayudamos a la persona a poner en palabras lo que le está ocurriendo, a identificar mejor qué necesita y a conectar con sus propios recursos y capacidades para afrontar la situación desde otra perspectiva.
¿Cuál es el alcance actual del servicio y qué cifras o indicadores pueden compartir para dimensionar su impacto en los últimos años?
Según nuestros datos de 2025, se realizaron 134.602 intervenciones a través de nuestros diferentes canales de ayuda. Son cifras muy similares a años anteriores, lo que confirma que la demanda de atención emocional se mantiene constante en el tiempo.
Lo que sí hemos podido observar, es un crecimiento significativo de nuestros canales digitales. El uso del correo electrónico ha aumentado un 7.8% y el chat un 31% con respecto al 2024. Este incremento se suma al que ya se había producido el año anterior, cuando el chat había aumentado un 27% con respecto al 2023.
Uno de los aspectos más relevantes es que el chat se ha consolidado como canal clave para la población joven. De hecho, el 26.54% de las atenciones corresponden a menores de edad y , dentro de esas conversaciones, el 19.37% estuvieron relacionadas con el riesgo suicida.
Estos datos reflejan una realidad cada vez más visible: muchas personas jóvenes están buscando espacios seguros donde poder expresar su malestar y pedir ayuda. Por eso, reforzar los recursos de escucha y apoyo emocional dirigidos a esta población se vuelve cada vez más necesario.
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¿Qué formación y preparación tienen los profesionales y voluntarios que forman parte del Teléfono de la Esperanza?
Todo nuestro voluntariado recibe una preparación específica antes de comenzar a atender las llamadas que tiene una duración de aproximadamente un año. Por un lado, hay una parte importante de trabajo personal, porque acompañar la angustia de otras personas requiere un cierto equilibrio emocional. Por otro, se da una formación técnica donde se entrenan habilidades fundamentales para establecer una buena escucha y ofrecer una orientación de calidad con personas en situación de crisis.
Es una formación que requiere bastante implicación, por lo que quienes deciden recorrer ese camino suelen ser personas con un fuerte compromiso con la ayuda a los demás.
Una vez que ya están incorporadas al servicio, siguen recibiendo formación permanente centrada en las problemáticas que nos llegan con más frecuencia. Además, todo este trabajo se realiza con espacios de supervisión y coordinación de equipos, algo fundamental para cuidar tanto a nuestro voluntariado como la calidad de la atención que damos.
¿Qué errores o mitos siguen existiendo en la sociedad en torno al suicidio y la salud mental?
Todavía existen muchos mitos alrededor del suicidio y de la salud mental y algunos pueden resultar especialmente dañinos.
Uno de los más extendidos es la idea de que hablar del suicidio incita a alguien a hacerlo, cuando en realidad ocurre justo lo contrario: abordar el tema con responsabilidad y sensibilidad puede abrir espacios de ayuda y prevención. En este sentido, los medios de comunicación tienen un papel fundamental, porque un tratamiento responsable que incluya información rigurosa y recursos de ayuda, los convierte en agentes clave de prevención.
Otro error frecuente es pensar que el suicidio sólo afecta a personas adultas. Sin embargo, desgraciadamente sí existen casos en edades muy tempranas, lo que nos recuerda la importancia de prestar atención al malestar emocional desde la infancia y generar esos espacios seguros que mencionábamos antes.
Al mismo tiempo, existen todavía muchas reticencias a pedir ayuda cuando nos sentimos mal. Aceptamos que cuando nuestro cuerpo enferma hay que ir al médico, pero cuando es la salud emocional o mental la que se ve afectada, lo vivimos como algo privado que intentamos resolver por nosotros solos aún cuando no tengamos los recursos necesarios. Aunque cada vez hay una mayor conciencia social sobre la importancia de la salud mental, aún estamos en proceso de aprender a interiorizar que cuidar de ella es tan importante como cuidar de la salud física.
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¿Qué mensaje les darían a las personas que están atravesando un momento de desesperanza y aún no se atreven a pedir ayuda?
A las personas que están atravesando un momento de desesperanza les diríamos, sobre todo, que no tiene que pasar por ese momento en soledad. Cuando el sufrimiento es muy intenso es fácil sentir que no hay salida o que nadie va a poder entender lo que está ocurriendo, pero hablar con alguien puede marcar una gran diferencia.
A veces cuesta dar ese primer paso, pero compartir lo que uno está viviendo con personas de confianza que sepan escuchar sin juzgar como amistades cercanas, familiares o profesionales, puede ayudar a poner palabras al malestar y empezar a verlo desde otra perspectiva.
También existen recursos de ayuda especializados, como profesionales de la salud, servicios de apoyo psicológico y social ya sea en consulta individual o mediante grupos de apoyos, o líneas de escucha y atención en crisis que ofrecen acompañamiento emocional, como la nuestra. En el Teléfono de la Esperanza estamos disponibles 24h a través de la línea telefónica 717 003 717. Además, se puede contactar todos los días de 18h a 00h en el chat a través de nuestra web (www.telefonodelaesperanza.org) o escribir al correo ayuda@telefonodelaesperanza.org.
La organización ofrece además talleres para promoción de la salud emocional en los que puede participar cualquier persona para mejorar sus habilidades personales y de afrontamiento. Para participar en estas actividades, basta con localizar la sede más cercana y consultar su programación.
