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El eco de Sun Tzu en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán

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Ataques relámpago, guerra de desgaste y batalla por el relato. Te explicamos cómo el conflicto encaja y traiciona las lecciones de El arte de la guerra.

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel comenzaron ataques coordinados a gran escala contra múltiples ciudades y objetivos estratégicos en Irán, en una operación abierta de cambio de régimen que incluyó el asesinato del líder supremo Ali Jameneí y de altos mandos militares y políticos.

Irán respondió con oleadas de drones y misiles contra Israel y bases estadounidenses en todo el Golfo, ampliando el conflicto a un escenario regional que ha implicado el cierre del estrecho de Ormuz, golpes a infraestructuras energéticas y la entrada en escena de actores como Hezbolá en Líbano. Sin embargo, si miramos esta guerra con las gafas de Sun Tzu, la fotografía es reveladora e inquietante.

El golpe decapitador y el arte del engaño

Sun Tzu abre El arte de la guerra recordando que «toda guerra se basa en el engaño». Cuando eres capaz, debes aparentar incapacidad, pero cuando estás cerca, parecer lejano. La ofensiva conjunta de Washington y Tel Aviv siguió ese manual en su fase inicial.

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Tras semanas de negociaciones nucleares indirectas con Teherán y mensajes públicos que hablaban de contención, las fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaron una campaña sorpresa de bombardeos sobre Teherán y otras ciudades, dirigida a la cúpula del régimen y a su infraestructura militar.

El resultado más simbólico fue la muerte de Alí Jamenei en ataques que golpearon su residencia y otros centros de poder, en una lógica de «decapitación» del liderazgo que buscaba desorganizar al enemigo antes de que pudiera reaccionar. Sun Tzu aplaudiría la claridad del objetivo estratégico —paralizar el mando iraní—, pero probablemente criticaría que el cálculo político detrás fuera más ideológico que estrictamente militar, al apostar por un cambio de régimen en un contexto de alta volatilidad regional.

Conocer al enemigo, conocer el terreno

«Conoce al enemigo y conócete a ti mismo, y en cien batallas nunca estarás en peligro», escribe Sun Tzu, añadiendo que hay que conocer también el terreno y el clima para lograr una victoria total. Estados Unidos e Israel dominan el mapa militar de Oriente Medio. Disponen de bases, acuerdos de defensa y superioridad tecnológica sobre Irán, además de una larga experiencia en operaciones aéreas en la región.

Sin embargo, la respuesta iraní expone que el conocimiento mutuo es profundo y que la asimetría no garantiza control absoluto del tablero. Teherán llevaba años anunciando que, si era atacado, golpearía no solo a Israel, sino a bases estadounidenses y a infraestructuras críticas de países del Golfo, algo que ha cumplido lanzando misiles y drones contra instalaciones militares y puertos y aeropuertos en Estados aliados de Washington, a la vez que cierra el estrecho de Ormuz y tensiona el mercado energético mundial.

Desde el prisma de Sun Tzu, Irán compensa su menor poder convencional explotando el terreno geopolítico —rutas energéticas, proximidad a bases enemigas, redes de milicias aliadas— como multiplicador de fuerza.

De la guerra relámpago a la guerra de desgaste

Sun Tzu advierte del peligro de las guerras prolongadas, ya que consumen recursos, erosionan la moral y acaban debilitando incluso al vencedor. La operación inicial de Estados Unidos e Israel estaba concebida como un golpe masivo y rápido para «neutralizar» la capacidad militar iraní y alentar un levantamiento interno, en línea con el discurso de Donald Trump llamando a los iraníes a «tomar su gobierno» tras los ataques.

Pero lejos de un conflicto corto, el escenario se ha ido transformando en una guerra de desgaste. Irán sigue lanzando misiles y drones contra Israel, bases estadounidenses y objetivos económicos, mientras Hezbolá incrementa sus ataques desde Líbano y se libra una guerra paralela en ese frente.

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Los costes y los muertos se disparan por los bombardeos a ciudades, incluidos ataques a escuelas y hospitales, y hay víctimas también en Israel, Líbano y bases estadounidenses dañadas repetidamente. Sun Tzu diría que los planificadores han infravalorado la capacidad del enemigo para resistir y adaptarse, y sobreestimado la eficacia de la fuerza bruta para producir un colapso político rápido.

Moral, narrativa y la «Ley Moral» de Sun Tzu

Para Sun Tzu, la «Ley Moral» es el vínculo que hace que el pueblo siga a su gobernante «sin temer por sus vidas». En Irán, el régimen llegaba a esta guerra debilitado por las mayores protestas desde 1979, duramente reprimidas en enero de 2026 con miles de muertos, lo que erosionó su legitimidad interna. Paradójicamente, los bombardeos externos le ofrecen una oportunidad de recentrar el relato en la defensa nacional frente a la agresión extranjera, algo que regímenes bajo presión han explotado históricamente.

En el campo contrario, Trump presenta la guerra como una cruzada para impedir que Irán obtenga armas nucleares y «liberar» al pueblo iraní, intentando reforzar la moral nacional y de sus aliados, mientras los gobiernos del Golfo justifican la cooperación antimisiles como defensa propia ante los ataques iraníes. Sin embargo, las imágenes de ciudades iraníes devastadas, los errores como el derribo «accidental» por Kuwait de cazas estadounidenses en pleno caos aéreo y el impacto en el transporte global y los precios de la energía complican ese relato simplificado de «cirugía militar» pueden minar la cohesión política a medida que el conflicto se alarga.

El coste estratégico de ignorar la prudencia de Sun Tzu

Sun Tzu insiste en que el verdadero genio militar gana sin luchar o, al menos, sin arrastrar a su país a guerras abiertas de alto coste cuando existen alternativas menos destructivas. En febrero de 2026, Estados Unidos e Irán habían retomado negociaciones indirectas sobre el programa nuclear justo antes de que se lanzara la ofensiva, lo que sugiere que la vía diplomática, aunque frágil, no estaba completamente agotada. Al optar por el ataque masivo en ese momento, Washington y Tel Aviv han cerrado (al menos a corto plazo) esa puerta, empujando a un escenario de todo o nada que multiplica la incertidumbre.

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Desde el lado iraní, el cierre del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras civiles en países vecinos elevan los riesgos de una coalición aún más amplia en su contra y alimentan la percepción de que Teherán está dispuesto a arrastrar a toda la región a la ruina, algo que Sun Tzu consideraría el peor de los escenarios, donde el enemigo está acorralado sin salida, dispuesto a pelear hasta el final. Mientras tanto, la escalada con Hezbolá y el aumento de víctimas civiles en Líbano apuntan a otro frente donde la lógica de destrucción incremental puede generar odio y resistencia durante generaciones.

Visto desde El arte de la guerra, la contienda entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro, es un catálogo de lecciones aplicadas a medias. Brillante en el golpe inicial, torpe en la gestión del tiempo, el coste y la moral, y peligrosamente ciega al principio más importante de Sun Tzu, en el que la mejor victoria es la que evita una guerra larga, impredecible y, al final, devastadora para todos.

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