La Hermandad Musulmana se ha consolidado como uno de los actores más influyentes del islamismo político contemporáneo. Su proyección trasciende el ámbito religioso y se inserta en dinámicas geopolíticas, institucionales y sociales de gran alcance. En este artículo, Álvaro Caverni, alumno del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute analiza su evolución histórica, su dimensión internacional y su implantación en Europa.
La Sociedad de los Hermanos Musulmanes (Jami’at al-Ikhwan al-Muslimun) representa la organización islamista más antigua y de mayor influencia en el mundo contemporáneo. Fundada en Egipto en 1928 por Hassan al-Banna, su surgimiento no debe entenderse únicamente como un fenómeno religioso. También fue una respuesta política y social ante la caída del califato otomano y la ocupación británica.
El ideario fundacional de la organización rechaza la separación entre religión y Estado, característica de las democracias liberales. Postula que el islam constituye un sistema completo de vida. Este sistema debe regir tanto los asuntos privados como los políticos.
A lo largo de su historia, la metodología de la Hermandad para alcanzar su objetivo último, que no es otro que la instauración de un Estado basado en la Sharía. Sus tácticas han ido oscilando entre la esfera de lo social y la acción política directa. Sin embargo, la evolución teórica del movimiento experimentó un giro radical a mediados del siglo XX con la figura de Sayyid Qutb.
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En respuesta a la represión nasserista, Qutb introdujo conceptos como la Yahiliyyah, entendida como la ignorancia divina de las sociedades modernas. Además, legitimó la yihad no solo como esfuerzo espiritual. También la presentó como una lucha física para derrocar regímenes considerados apóstatas.
Aunque la rama principal de la Hermandad renunció oficialmente a la violencia en los años 70, adoptó una estrategia de participación política. También impulsó una islamización social desde abajo. Sin embargo, las ideas de Qutb sentaron las bases del yihadismo moderno.
La dimensión geopolítica: El pulso por la hegemonía en el Islam
Para comprender la tendencia actual de la Hermandad, es imprescindible analizar la rivalidad estructural en el Golfo Pérsico. Existe una confrontación entre dos modelos opuestos de entender la legitimidad del poder en la región.
Por un lado, el eje Qatar-Turquía promueve una opción «neo-islamista». Esta busca integrar los postulados de los Hermanos Musulmanes para modernizar el islamismo político. Por otro lado, el bloque liderado por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU) defiende el statu quo. Este se fundamenta en la ortodoxia wahabita y la legitimidad dinástica. Además, rechaza cualquier islamismo revolucionario que amenace a las monarquías.
En este tablero, la Hermandad Musulmana ha sido instrumentalizada por Doha y Ankara como una herramienta de política exterior. Así, ambos buscan proyectar influencia y desafiar la hegemonía saudí.
Qatar ha utilizado su capacidad financiera y mediática para dar voz al movimiento. Lo ha hecho especialmente a través de la cadena Al Jazeera. Esta estrategia precipitó la crisis diplomática de 2017 y el posterior bloqueo por parte de sus vecinos del Golfo.
Turquía, bajo el liderazgo del AKP de Erdogan, comparte una profunda afinidad ideológica con el grupo. Ha llegado incluso a establecer bases militares en territorio catarí. Además, apoyó a la Hermandad durante las Primaveras Árabes.
Aunque la crisis de 2017 exigió a Qatar la ruptura de lazos con la Hermandad, la reciente guerra en Gaza ha reconfigurado el escenario. Los vínculos de Turquía y Qatar con Hamás los han convertido en piezas clave para las negociaciones de alto el fuego, obligando incluso a sus rivales saudíes a colaborar en una nueva arquitectura de seguridad regional.
La Hermandad en Europa: Los modelos de Austria y Francia
La presencia de la Hermandad Musulmana en Europa ha sido objeto de análisis exhaustivos por parte de las autoridades austriacas y francesas. Estos estudios han revelado tácticas y patrones comunes de penetración social e institucional.
En Austria, la organización se estableció en la década de 1960, aprovechando una política de asilo generosa. Figuras como Yussuf Nada convirtieron el país en una base operativa y financiera global.
La estructura en Austria se divide en tres niveles: los «Pure Brothers», es decir, miembros formales. Luego aparecen entidades fundadas por simpatizantes. Finalmente, existen organizaciones influenciadas que niegan vínculos orgánicos, pero comparten el ecosistema ideológico.
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Lo más alarmante del caso austriaco ha sido la penetración de estas redes en instituciones oficiales del Estado. Entre ellas se encuentra la Islamische Glaubensgemeinschaft in Österreich (IGGÖ), encargada de la gestión del islam. También figura la academia responsable de formar a los profesores de religión (IRPA).
Esto generó una peligrosa desconexión. Mientras los servicios de seguridad advertían sobre el totalitarismo del grupo y su intención de crear sociedades paralelas, la clase política continuaba legitimándolos. Además, seguía financiándolos como socios para la integración.
En Francia, el fenómeno se describe como un sistema en sí mismo. Encabezado por Musulmans de France (antigua UOIF), este sistema no opera solo como una red religiosa, sino como una maquinaria de influencia política. Su estrategia se sustenta en tres pilares para asegurar la hegemonía ideológica: la educación (formación de imanes), el tejido asociativo (organizaciones juveniles y de mujeres) y la instrumentalización del victimismo.
Esta última táctica utiliza el concepto de islamofobia para deslegitimar cualquier crítica al islamismo, blindando sus prácticas de la fiscalización estatal. El objetivo último, según las autoridades francesas, es provocar una ruptura cultural donde la norma islámica prevalezca sobre las leyes de la República, fomentando una sociedad paralela financiada en gran medida desde el exterior.
El caso español, implantación, recorrido y vínculos internacionales.
La implantación de la Hermandad en España comparte similitudes cronológicas con el resto de Europa, remontándose a finales de los años sesenta de la mano de estudiantes sirios y palestinos. Sin embargo, el papel de España trasciende el de un mero país receptor. España se posicionó como el centro neurálgico para la creación de la estructura continental de la organización.
La Conferencia de Madrid de 1984 se considera un punto de inflexión. Allí, los grupos dispersos decidieron transformarse de «Hermanos árabes en el exilio» a «Hermanos europeos». Con ello, sentaron las bases para la Federación de Organizaciones Islámicas en Europa (FIOE).
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Al igual que en Austria y Francia, la estrategia en España se basó en la institucionalización. La Hermandad se infiltró paulatinamente en los órganos de representación para asegurar el liderazgo de la comunidad ante el Estado. Para ello, concentró sus esfuerzos en la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) y la Comisión Islámica de España (CIE).
Geográficamente, Madrid, Valencia y Cataluña se establecieron como los principales núcleos de actividad. Estos se sustentaron en flujos de capital del Golfo Pérsico. Dichos fondos fueron canalizados a través de estructuras educativas y humanitarias.
Surge en el caso español una particularidad crítica al compararlo con sus vecinos, y es la sospecha de la participación en redes de financiación del terrorismo. Esta sospecha ha puesto en el punto de mira a la entidad en nuestro país.
La evidencia más contundente surgió en 2021 con la detención de Ayman Adlbi. En ese momento, presidía la Comisión Islámica de España (CIE), el máximo interlocutor con el gobierno. En el marco de la Operación WAMOR, Adlbi fue detenido por su presunta implicación en una red de financiación del terrorismo. Dicha red enviaba fondos a facciones vinculadas a Al-Qaeda en Siria.
La investigación policial argumentaba que se utilizaron las estructuras organizativas y la fachada institucional de la representación islámica en España. El objetivo era proporcionar apoyo logístico y financiero a elementos yihadistas.
A principios de diciembre de 2025, la Audiencia Nacional archivaba la causa contra Ayman Adlbi. Consideró que estaban probadas las donaciones hacia ciertas organizaciones humanitarias. Sin embargo, no se podía establecer que los investigados conocieran su participación en actividades de financiación terrorista.
Independientemente del archivo de la causa, y sin restarle importancia, la existencia de la investigación en sí resulta significativa. También lo son las diligencias practicadas. Ambas demuestran que existe preocupación por las actividades de la Hermandad. Asimismo, queda patente la inquietud por sus posibles vínculos.
Conclusiones y propuestas
El análisis comparado de la situación en España con respecto a Austria y Francia arroja luz sobre la complejidad del desafío. La estrategia de ambigüedad de la Hermandad, sumada a la polarización política actual, facilita que sus redes operen en una zona gris. No se puede ni se debe criminalizar a todo el movimiento de manera inequívoca, aunque es lícito que surja la duda a la luz de los antecedentes que obligan a realizar estudios más rigurosos. La experiencia demuestra que la radicalización política y las narrativas alternativas de movimientos religiosos tienen un alto potencial desestabilizador en las democracias occidentales.
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Ante este escenario, y dado que en España el estudio de la amenaza para los valores constitucionales aún no es tan exhaustivo como en otros países europeos, resulta necesario implementar medidas concretas. En primer lugar, es deseable una revisión de la interlocución institucional. El Estado debería tratar de diversificar los interlocutores con la comunidad musulmana para evitar que organizaciones vinculadas a la Hermandad monopolicen la representación. Empoderar a líderes independientes de injerencias extranjeras es vital para la salud democrática.
En segundo lugar, se requiere una mayor transparencia financiera. Siguiendo el ejemplo austriaco, España debe fiscalizar rigurosamente los flujos de capital extranjero, especialmente aquellos provenientes que sostienen las redes asociativas y educativas del islamismo político. Finalmente, es imperativo fomentar la formación especializada de funcionarios y expertos dentro de las instituciones. Solo mediante un conocimiento profundo se podrá discernir entre la práctica religiosa legítima y las estrategias políticas de suplantación del Estado que buscan socavar la cohesión social a largo plazo.
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