Te explicamos todo sobre el oleoducto que cruza 1.200 kilómetros de desierto y desafía el cuello de botella energético más temido del mundo.
Arabia Saudí puede usar su oleoducto este‑oeste, conocido como Petroline, como un auténtico comodín estratégico para mantener sus exportaciones de crudo ante una paralización del estrecho de Ormuz por Irán, tal y como se ha producido en el conflicto con Estados Unidos e Israel iniciado el 28 de febrero de 2026.
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Este conducto, con una capacidad de hasta siete millones de barriles diarios, permite trasladar petróleo desde los campos y plantas de procesado del Golfo Pérsico hasta el mar Rojo, evitando el paso por una de las rutas marítimas más sensibles del planeta como es Ormuz. En crisis de suministro, se convierte en una pieza clave para amortiguar el golpe sobre los mercados energéticos globales.
Qué es el oleoducto este‑oeste de Arabia Saudí
El oleoducto este‑oeste, o East–West Crude Oil Pipeline, es una infraestructura de unos 1.200 kilómetros que conecta el gran complejo de procesado de Abqaiq, en la provincia oriental saudí, con el puerto de Yanbu, en la costa del mar Rojo. También se conoce como Petroline y forma parte de una red más amplia de tuberías y terminales que distribuyen el crudo hacia refinerías locales y hacia la exportación.

Fue construido en la década de 1980, en plena guerra Irán‑Irak, precisamente para reducir la dependencia saudí del estrecho de Ormuz en un momento en que los petroleros eran objeto de ataques en el Golfo. Desde entonces, se ha ido ampliando y modernizando, pero su razón de ser sigue siendo ofrecer una vía terrestre alternativa a un choke point marítimo extremadamente vulnerable.
Capacidad y funcionamiento: el comodín frente a Ormuz
Tras diversas mejoras, la capacidad nominal del oleoducto se sitúa en torno a los siete millones de barriles diarios. En momentos de paz, por él circulan aproximadamente 2,8 millones de barriles diarios, es decir, menos de la mitad de su potencial. Pero cuando se cierra el estrecho de Ormuz, Saudi Aramco puede elevar rápidamente los flujos e incluso alcanzar su plena capacidad en cuestión de días, llegando a alcanzar hasta un 20% del total que transita por Ormuz.
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Arabia Saudí exporta en condiciones normales alrededor de siete millones de barriles diarios de crudo, por lo que, a plena carga, el oleoducto podría sostener en torno al 70% de su volumen habitual desviando los embarques al mar Rojo. La terminal de Yanbu, sin embargo, impone ciertos límites prácticos. Aunque sus instalaciones tienen una capacidad nominal de hasta 4,5 millones de barriles diarios, estimaciones sitúan la capacidad efectiva de carga en torno a los tres millones en condiciones de tensión.
Por qué importa el estrecho de Ormuz
El estrecho de Ormuz es el principal cuello de botella del comercio mundial de hidrocarburos. Por sus aguas pasa alrededor del 20% del petróleo y del gas natural licuado que se mueve por mar cada día. Arabia Saudí es, de hecho, el país que más crudo envía a través de este paso, con casi un 40% de los flujos de crudo y condensados.
La decisión de Irán de frenar casi por completo el tráfico de petroleros y metaneros por Ormuz en el contexto de su choque con Estados Unidos e Israel ha sacudido los mercados, disparando los precios y obligando a los productores del Golfo a buscar rutas alternativas. En este escenario, la capacidad saudí de redirigir parte de su petróleo hacia el mar Rojo mediante el oleoducto este‑oeste ofrece un colchón parcial frente a una interrupción que, de otro modo, sería sistémica.
Vulnerabilidades y límites del oleoducto
Pese a su importancia, Petroline no es una solución mágica. Para empezar, incluso sumando el oleoducto saudí y el oleoducto emiratí Habshan‑Fuyaira (que lleva crudo al puerto de Fujairah, en el golfo de Omán), la capacidad de desvío solo cubre una fracción de los más de 20 millones de barriles diarios que normalmente transitan por Ormuz. El grueso del comercio mundial sigue descansando, por tanto, en la reapertura del estrecho.
Además, la infraestructura en sí es vulnerable. Los ataques con drones y misiles de septiembre de 2019 contra las instalaciones de Abqaiq y el campo de Khurais redujeron a la mitad la producción saudí durante varios días, provocando la mayor interrupción puntual de suministro de petróleo de la historia moderna. Esas instalaciones son nodos esenciales del sistema, y ese episodio había dañado la percepción de seguridad del suministro saudí.
Aunque Aramco ha reforzado sus defensas y protocolos desde entonces, estos oleoductos, plantas de procesado y terminales de exportación permanecen expuestos a ataques con drones y misiles en un entorno regional altamente militarizado. En otras palabras, el comodín saudí también puede ser objeto de presiones y sabotajes.
Impacto en la seguridad energética
El uso intensivo del oleoducto este‑oeste, combinado con otras rutas alternativas como el oleoducto emiratí hacia Fujairah, permite mitigar parcialmente el impacto de la crisis de Ormuz, pero no eliminarlo. La Agencia Internacional de la Energía y otros organismos coinciden en que los flujos desviados están creciendo, pero siguen siendo insuficientes para reemplazar completamente el corredor del Golfo.
Arabia Saudí, además, está recurriendo de forma intensa a su red de almacenamiento, con grandes tanques en Ras Tanura y otros puertos del este que se estarían acercando a su capacidad total, cifrada en unos 300 millones de barriles. Sin una salida alternativa como Petroline, esos depósitos se llenarían rápidamente, obligando a recortar producción y agravando aún más la crisis de precios.
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En última instancia, el oleoducto este‑oeste ilustra la tensión entre dos realidades. Por un lado, la voluntad saudí de blindar su papel como proveedor fiable mediante infraestructuras que sorteen los puntos de estrangulamiento; por otro, la persistente dependencia del sistema energético global de unas pocas rutas y nodos extremadamente expuestos a los vaivenes de la geopolítica de Oriente Medio. Mientras no se diversifique de forma estructural la matriz de transporte y consumo de energía, oleoductos como Petroline seguirán siendo al mismo tiempo seguro de emergencia y recordatorio de esa fragilidad.