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Acuerdo UE-MERCOSUR: qué es, por qué está bloqueado y qué futuro le espera

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El acuerdo UE-MERCOSUR aspira a convertirse en una de las mayores áreas de libre comercio del mundo, pero su ratificación vuelve a quedar atrapada en un laberinto político, jurídico y social. Tras más de 25 años de negociaciones y un nuevo cierre político en enero de 2026, las tensiones internas de la Unión Europea, especialmente en materia medioambiental y competencial, han vuelto a frenar su entrada en vigor. En este artículo, Teresa Hernández, alumna del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute analiza qué es el MERCOSUR, por qué el acuerdo sigue bloqueado y qué revela esta parálisis sobre el estado del multilateralismo y la gobernanza comercial global.

El MERCOSUR, acrónimo del Mercado Común del Sur, es un bloque regional de integración económica y política en América del Sur, fundado en 1991 por el Tratado de Asunción. Sus miembros de pleno derecho son Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Venezuela fue admitida en 2012 y suspendida en 2016 y Bolivia se adhirió al MERCOSUR en 2024. Sin embargo, Bolivia está en proceso de adaptación normativa del MERCOSUR , para lo cual se la ha otorgado un período de 4 años desde su adhesión. Por lo tanto, la eventual entrada en vigor del Acuerdo UE-MERCOSUR no integrarían por ahora a Bolivia.

El principal objetivo del MERCOSUR es promover el comercio libre de bienes, servicios y factores productivos entre sus Estados Miembros y coordinar políticas económicas y sociales. Para ello, el MERCOSUR funciona con un Arancel Externo Común (AEC) para el comercio con terceros países, posee un Consejo del Mercado Común, un Parlamento del Mercosur (Parlasur) y varias instancias de apoyo técnico y administrativo.

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¿Qué es el acuerdo UE-MERCOSUR y por qué lleva más de 25 años negociándose?

El acuerdo UE-MERCOSUR es una asociación estratégica y cooperación que va más allá de la esfera económica. Esta asociación se estructura en torno a tres pilares: el comercio, la inversión y los servicios y la sostenibilidad política y la cooperación.

En el ámbito comercial, el acuerdo elimina progresivamente los aranceles entre la UE y el MERCOSUR de tal manera que más de un 90% del comercio bilateral queda liberalizado.  Asimismo, se adopta un acceso preferencial a los mercados de ambos bloques y se establecen medidas de salvaguardia para proteger a los sectores más sensibles. Todo ello sin bajar los estándares europeos, es decir, los productos de MERCOSUR deben cumplir las normas sanitarias, ambientales y de seguridad de la UE.

En el ámbito de los servicios y la inversión, el acuerdo provee una mayor seguridad jurídica para empresas, una apertura gradual de servicios y el acceso a la contratación pública en ambos bloques. 

En el ámbito de la sostenibilidad, la política y la cooperación, se establecen unos compromisos vinculantes sobre derechos laborales, medio ambiente y cambio climático. Además, se refuerza la cooperación en la transición verde, las materias primas críticas, la ciencia, la innovación y la digitalización.,

El origen de las negociaciones se remonta a 1999 si bien se estancaron durante el primer decenio del siglo XXI.  A partir de 2010 se volvieron a relanzar las negociaciones y se alcanzó un acuerdo político inicial en 2019. Desde entonces hasta la actualidad, el avance del acuerdo ha sido bloqueado por razones medioambientales, concretamente por el rechazo que causa a la amplia mayoría de los agricultores de la UE y por la división interna de la política de la Unión.

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¿Cuál es la transcendencia de este acuerdo?

La importancia de este acuerdo radica, en primer lugar, en que crea un espacio económico que abarca más de 750 millones de personas y en torno al 20% del PIB mundial, lo que crea a su vez la mayor zona de libre comercio del mundo. La trascendencia estratégica de este acuerdo ha aumentado en estos últimos años debido al aumento de las esferas de influencia en el sistema internacional actual.

En efecto, frente a la tensión geopolítica actual y el aumento del proteccionismo comercial y el deterioro del multilateralismo y de la cooperación internacional, el acuerdo UE-MERCOSUR refleja la importancia de la diversificación de socios comerciales y el establecimiento de asociaciones estratégicas que se vertebren alrededor de unos principios y valores compartidos.

Tras más de 25 años de negociación, el acuerdo fue finalmente el sábado 17 de enero de 2026 en Asunción. Sin embargo, la fragmentación política y social de la firma del acuerdo ha conllevado una nueva etapa de paralización del mismo.

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¿Por qué se ha bloqueado una vez más?

La decisión del Parlamento Europeo (P.E) de remitir al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) el acuerdo para revisar ciertas cuestiones ha frenado el avance del acuerdo. La votación en el Parlamento Europeo revela la división que crea este tema; la decisión de remitir el acuerdo al TJUE ha sido adoptada por 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones. 

Tal y como ha afirmado el jurista Adriano Spedaletti, hay dos cuestiones fundamentales que deberá tratar el TJUE tras la remisión del acuerdo por parte del Parlamento Europeo. Una de fondo y otra de forma. 

La cuestión de fondo concierne los requisitos medioambientales y fitosanitarios. En este sentido, algunos eurodiputados han señalado que a pesar de que los productos deben estándares europeos, los productos del MERCOSUR no tienen la obligación de cultivarse o producirse bajo las mismas normas que siguen los agricultores de la Unión. Es decir, que el MERCOSUR permite el uso de fertilizantes y de prácticas que en la Unión están prohibidas.

Por lo tanto, la UE regula el producto que entra en su mercado interior pero no regula el método de producción. Este elemento constituye el nudo gordiano de las negociaciones por la oposición que de los agricultores a aceptar tal situación.

La cuestión de forma cuestiona la legalidad del proceso de ratificación. El acuerdo contiene elementos comerciales, políticos y de medio ambiente que conllevan cláusulas democráticas, de patentes y derechos y libertades. Es decir, contiene elementos pertenecientes a la competencia exclusiva de la UE y otros elementos que pertenecen a la competencia compartida entre la UE y los Estados miembros.

Por lo tanto, al ser en principio un acuerdo mixto el TJUE deberá pronunciarse sobre la ratificación del acuerdo y determinar si deberá ser ratificado tanto por los Estados miembros como a la propia Unión.  En este sentido, se ha propuesto dividir el acuerdo en una parte comercial, cuya ratificación correspondería exclusivamente a la UE, y otra parte de asociación (mixto). De esta manera, se insta a una aplicación provisional del acuerdo.

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¿Qué futuro le espera al acuerdo UE-MERCOSUR?

No parece probable que esta opción sea viable porque el acuerdo en todo su contenido es mixto, no es puramente comercial y la parte comercial no puede separarse del resto de cláusulas que afectan directamente a las competencias de los Estados miembros. El TJUE tardará entre uno y dos años en pronunciarse, lo que hace postponer la entrada en vigor del acuerdo, al menos hasta 2027.  El acuerdo vuelve a estar inmerso en una situación de parálisis.

En conclusión, los obstáculos para que el acuerdo UE-MERCOSUR tenga vigencia reflejan los propios obstáculos y la desconfianza que impregnan el sistema internacional actual en reorganización. El multilateralismo y la cooperación se tornan cada vez más difíciles a nivel global. Además, las divisiones internas entre los Estados miembros de la UE y sus distintos grupos sociales también quedan patentes en la paralización de la ratificación del acuerdo.

No obstante, tal y como la Unión ya conoce, es en momentos de crisis donde el proyecto europeo forja su ADN e identidad. El hecho de que se haya paralizado el acuerdo testifica la consecución de normas internas de la UE. No sobra remarcarlo a día de hoy con el derecho internacional relegado a un segundo plano. Por consiguiente, se abre una oportunidad para debatir una posición común sobre este acuerdo y para reforzar, por extensión, el multilateralismo y la cooperación.

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