En este artículo, Balbanuz Ferreras explica por qué la gran obra hidroeléctrica levantada por Etiopía se ha convertido en un foco de choque con El Cairo. El texto repasa qué dice la ley, cuáles son los argumentos de cada parte y qué podría ocurrir si ambos gobiernos no logran entenderse.
«Si por el Nilo no baja agua, bajará sangre” es una de las frases que mejor resume la posición política de numerosos mandatarios egipcios en las últimas décadas. Tanto Morsi como al-Sadat advirtieron que el agua es un recurso clave para el país árabe y que el caudal del Nilo es un recurso intocable. Recientemente, al-Sisi también ha reiterado en sus intervenciones que la nación reaccionará con firmeza ante cualquier amenaza a su suministro hídrico.
Según el relato bíblico de la primera plaga, el agua del Nilo se convirtió en sangre, imposibilitando beber de ella. Pero, ¿cuán posible es que las aguas del río se vuelvan a teñir de rojo a causa de un conflicto bélico? La construcción de la presa Renacimiento por parte de Etiopía ha tensado de nuevo la relación entre ambos países.
El problema del desabastecimiento hídrico
Egipto es uno de los países con mayor dependencia de los recursos hídricos del Nilo. El 95% de su territorio es desértico, lo que obliga a que la población, las actividades agrícolas y gran parte de las infraestructuras económicas se concentren en torno al valle y el delta del río. Esta dependencia se ve agravada por un desequilibrio entre los recursos hídricos disponibles y las necesidades del país. Según datos de la OCDE, Egipto dispone de aproximadamente 59.250 millones de metros cúbicos de agua al año, mientras que su demanda alcanza los 114.000 millones de metros cúbicos. Esto equivale a un déficit hídrico de 54.750 millones de metros cúbicos anuales, dado que las necesidades de agua del país casi duplican sus recursos disponibles.
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El Nilo proporciona aproximadamente el 97 % de los recursos de agua dulce del país, lo que provoca que Egipto sea dependiente de su caudal y cualquier alteración en el mismo se convierta en una cuestión de seguridad nacional. Cabe destacar que el río se alimenta principalmente de dos grandes afluentes: el Nilo Blanco, procedente de la región de los Grandes Lagos africanos, y el Nilo Azul, que nace en Etiopía y aporta la mayoría del caudal que llega a Egipto. Por tanto, aunque la nación gobernada por al-Sisi depende del Nilo para garantizar su abastecimiento, una parte clave de sus recursos hídricos se origina fuera de sus fronteras.
Construcción de la presa Renacimiento
La Gran Presa del Renacimiento Etíope es una infraestructura hidroeléctrica situada en el Nilo Azul, en la región etíope de Benishangul-Gumuz, cerca de la frontera con Sudán. Su construcción comenzó en 2011 y, tras más de una década de trabajos y desacuerdos diplomáticos, fue inaugurada el 9 de septiembre de 2025.
Se trata de una de las apuestas de Etiopía para ampliar su capacidad de generación eléctrica. El Cuerno de África ha experimentado un gran crecimiento demográfico y económico durante las últimas décadas, pero sigue enfrentándose a dificultades para garantizar el acceso a la electricidad, especialmente en las zonas rurales. Para Etiopía, la presa no solo mejoraría la actividad industrial, sino que también supondría la posibilidad de exportar electricidad a países vecinos y generar ingresos adicionales, favoreciendo la integración energética regional.
Renacimiento representa también una cuestión de soberanía: Addis Abeba defiende su derecho a aprovechar los recursos hídricos que atraviesan su territorio y sostiene que el proyecto no está destinado a privar de agua a los demás países. Conviene señalar que, al tratarse de una presa hidroeléctrica, su finalidad no es consumir agua, sino almacenarla y regular su paso para generar electricidad. Sin embargo, esto no significa que su funcionamiento carezca de consecuencias para sus vecinos. La velocidad de llenado del embalse, la evaporación y las decisiones sobre las descargas de agua pueden modificar la distribución temporal del caudal. Precisamente, estas cuestiones han sido el principal motivo de enfrentamiento entre Etiopía y Egipto.
¿Por qué la presa ha provocado un conflicto entre Egipto y Etiopía?
Las tensiones entre ambos países se remontan al anuncio de la construcción en 2011. Desde entonces, Egipto ha manifestado su preocupación por las posibles consecuencias de la infraestructura sobre el caudal del Nilo, mientras que Etiopía ha defendido su derecho a utilizar el río para favorecer su desarrollo.
La principal preocupación egipcia está relacionada con la capacidad de almacenamiento del embalse y las decisiones que Etiopía pueda adoptar sobre su funcionamiento. Durante los periodos de llenado, una parte del agua que normalmente continuaría río abajo queda retenida temporalmente. Si esta circunstancia coincide con una sequía prolongada, podría agravar las dificultades de abastecimiento de los países situados aguas abajo.
Para intentar paliar esta situación, Egipto ha reclamado un acuerdo jurídicamente vinculante que establezca normas claras sobre el llenado, las descargas de agua y los mecanismos de coordinación durante los periodos de escasez.
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Etiopía, por su parte, considera que su aprovechamiento hidroeléctrico del Nilo Azul es legítimo y rechaza cualquier acuerdo que, desde su perspectiva, limite de manera desproporcionada su capacidad de gestionar la infraestructura.
Las negociaciones han terminado estancándose en numerosas ocasiones. Ni siquiera la Declaración de Principios firmada en 2015 por Egipto, Etiopía y Sudán ha servido para alcanzar un acuerdo sobre el funcionamiento de la presa.
¿Es legal la construcción de la presa Renacimiento?
Para determinar si Etiopía tiene derecho a construir la presa, hay que remontarse a dos acuerdos históricos que, casi un siglo después, siguen enfrentando a los países del Nilo.
Los acuerdos de 1929 y 1959
En 1929 se estableció un acuerdo entre Egipto y Reino Unido, que entonces representaba determinados territorios bajo administración británica en África oriental. Este reconocía importantes intereses hídricos egipcios y establecía restricciones a las actuaciones que pudieran afectar al caudal del Nilo. Posteriormente, en 1959, Egipto y Sudán firmaron un nuevo acuerdo bilateral que distribuyó entre ambos países un volumen anual de 55.500 y 18.500 millones de metros cúbicos de agua, respectivamente.
Sin embargo, Etiopía no participó en ninguno de estos acuerdos y no reconoce que puedan imponerle obligaciones de reparto hídrico. Esta circunstancia resulta fundamental desde el punto de vista jurídico: los tratados internacionales no generan, como regla general, obligaciones para terceros Estados sin su consentimiento.
La Declaración de Principios de 2015
En 2015, Egipto, Etiopía y Sudán firmaron en Jartum una Declaración de Principios sobre la presa del Renacimiento. El documento estableció diez principios, entre ellos la cooperación, la utilización equitativa y razonable de los recursos hídricos, la prevención de daños significativos y el intercambio de información. También contempló la cooperación para acordar las directrices relativas al llenado inicial y al funcionamiento anual de la presa.
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Sin embargo, la Declaración no fijó por sí misma un calendario definitivo de descargas de agua ni resolvió todos los desacuerdos sobre la gestión del embalse.
¿Qué establece el derecho internacional?
El derecho internacional de los cursos de agua compartidos se fundamenta en dos principios: la utilización equitativa y razonable, que reconoce el derecho de los Estados a aprovechar los recursos hídricos teniendo en cuenta las necesidades de los demás países; y la obligación de adoptar medidas apropiadas para evitar daños transfronterizos. Su aplicación exige considerar factores como las condiciones hidrológicas, la dependencia económica de los recursos hídricos y los usos existentes.
Construir una presa sobre un río internacional no es, por tanto, necesariamente ilegal. La controversia entre Egipto y Etiopía reside en determinar si su funcionamiento respeta estos principios y qué garantías jurídicas deben regular la gestión de sus aguas.
¿Pueden las tensiones desembocar en conflicto armado?
Las tensiones entre estos países no se han limitado a las negociaciones diplomáticas: las declaraciones de los dirigentes de Egipto y Etiopía reflejan dos prioridades nacionales distintas.
En marzo de 2021, durante una visita al canal de Suez, el presidente egipcio advirtió de las consecuencias que podría tener una reducción del agua disponible para su país. Al-Sisi añadió que una vulneración de los derechos hídricos egipcios podría provocar una inestabilidad regional de consecuencias imprevisibles. Aunque el presidente insistió en que sus palabras no constituían una amenaza, la referencia a posibles consecuencias regionales fue interpretada como una advertencia dirigida a Etiopía.
Por su parte, durante la inauguración de la presa en 2025, Abiy Ahmed defendió el carácter económico y energético del proyecto, declarando que “Etiopía construyó la presa del Renacimiento para prosperar e iluminar la región, nunca para perjudicar a sus hermanos”.
La posibilidad de que las tensiones entre Egipto y Etiopía desemboquen en un enfrentamiento militar ha formado parte del debate geopolítico desde el inicio de la construcción de la presa. Sin embargo, una confrontación armada supondría importantes costes para ambos países. Además, podría comprometer la estabilidad del Cuerno de África, una región que ya afronta distintos conflictos internos y tensiones interestatales.
Factores que podrían agravar las tensiones
Uno de los principales riesgos está relacionado con la aparición de periodos largos de sequía. Si el caudal del Nilo Azul disminuyera, las decisiones sobre el almacenamiento y la liberación de agua podrían adquirir una importancia todavía mayor.
Las tensiones por el Nilo tampoco se producen de manera aislada. Egipto ha estrechado sus relaciones con Somalia, mientras que Etiopía mantiene disputas relacionadas con su acceso al mar Rojo y con Eritrea. En octubre de 2026, Reuters informó de un nuevo deterioro de las relaciones entre Etiopía y Eritrea, en un contexto marcado por el resurgimiento de los enfrentamientos en Tigray. Addis Abeba acusó a Egipto, Sudán y Eritrea de respaldar a grupos opositores etíopes, acusaciones que los tres países rechazaron.
Aunque estas disputas no están directamente relacionadas con la presa, contribuyen a alimentar la desconfianza entre países cuyas relaciones atraviesan un momento delicado.
Entre la negociación y el enfrentamiento
La presa ya está construida y en funcionamiento, pero la disputa por las aguas continúa lejos de resolverse. Egipto y Etiopía deberán decidir si son capaces de alcanzar un acuerdo sobre su gestión o si las discrepancias seguirán marcando sus relaciones durante los próximos años.
Uno de los posibles escenarios es la normalización de las relaciones diplomáticas mediante un acuerdo que establezca mecanismos de coordinación sobre las descargas de agua. De alcanzarse, permitiría conciliar las aspiraciones energéticas de Etiopía con las necesidades hídricas de Egipto y Sudán, reduciendo el riesgo de nuevas tensiones.
Sin embargo, también es posible que las discrepancias se prolonguen durante los próximos años, con una presa plenamente operativa y negociaciones que continúen sin traducirse en compromisos definitivos. En este escenario, la estabilidad de las relaciones dependería de las condiciones hidrológicas del Nilo.
Aunque un enfrentamiento militar directo no constituye un desenlace inevitable, tampoco puede descartarse como riesgo. Las presiones diplomáticas, las amenazas y la posible implicación de otros actores regionales podrían contribuir a agravar la disputa.
El futuro de la presa dependerá de la capacidad de Egipto y Etiopía para conciliar sus intereses. De lo contrario, el Nilo podría dejar de ser simplemente una fuente de vida para convertirse también en el escenario de un enfrentamiento. Y esta vez no haría falta ninguna plaga bíblica para teñir sus aguas de sangre.
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