En este artículo, Artiom Vnebraci Popa, alumno del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectivo de LISA Institute explica cómo la captura extrajudicial de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses no solo reconfigura el equilibrio de poder en América Latina, sino que proyecta efectos estratégicos hasta Oriente Próximo. Para Israel, la caída de uno de los aliados más visibles de Irán en el hemisferio occidental supone la reducción de amenazas indirectas, el debilitamiento de redes proxy y la apertura de nuevas oportunidades diplomáticas y energéticas. Este episodio se inscribe en un proceso más amplio de erosión de la influencia iraní y redefine el mapa de seguridad global desde una perspectiva israelí.
La captura extrajudicial del expresidente fáctico (o del actual presidente simbólico en funciones), Nicolás Maduro, por el Delta Force estadounidense ha trascendido los efectos nacionales y latinoamericanas llegando hasta la península Arábiga. La caída de un personalismo aliado con el régimen iraní y sus proxies formula nuevos escenarios para el Estado de Israel. Entre estos cabe destacar la reducción de amenazas psico-ideológicas, el acceso indirecto a nuevos recursos estratégicos y nuevo campo diplomático que puede servir para reforzar las relaciones bilaterales con un país históricamente hostil al país hebreo.
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Venezuela como plataforma para operaciones de Irán
Durante veinte años, Venezuela ha sido considerada aliado clave y trampolín de Irán en Latinoamérica. Esta relación se consolidó bajo la dirección de Hugo Chávez y fue continuista con el régimen de Maduro. Se caracterizaba por acuerdos comerciales, innovación tecnológica parcial, apoyo logístico y trampolín regional de las fuerzas subsidiarias de Irán en Latinoamérica. Caracas, durante varios años, posibilitó la presencia de Hezbollah en el Sur de América al facilitar contactos financieros, logísticos y entrenamiento paramilitar en el país.
Por ende, la preocupación de las instituciones de seguridad israelíes no era únicamente retórica. La colaboración entre el chavismo y grupos vinculados a Teherán consagraba posibilidades de expansión de grupos proxies financiados por Irán, y por ende: a una posible complejidad y debilitamiento estratégico de la proyección israelí en la arena tanto global como arábiga. Por ello, esto transformó a Venezuela en una necesidad estratégica para Israel en términos de seguridad regional, ya que disminuir la presencia iraní en Latinoamérica se traduciría en una prioridad tanto diplomática como operacional.
2024-2026: “colapso” simultáneo del poder iraní y la caída de sus aliados
El secuestro de Maduro se inscribe en un marco temporal de debilitamiento regional del régimen iraní. En estos dos últimos años, Israel ha logrado presionar a Hamas en Gaza, a Hezbollah en Líbano, a los hutíes en Yemen y formular una política exterior de contención en Siria. Todas estas sub-estrategias han conseguido debilitar la influencia de Teherán en la Península Arábiga y cortar su relevancia global en territorios extracontinentales.
De esta forma, la pérdida de un aliado clave en Venezuela (si bien siendo no decisivo por sí solo), personifica un debilitamiento complementario a los apoyos lejanos de Irán, cerrando así, un frente y corredor logístico-financiero en Latinoamérica que había funcionado durante muchos años.
Para Israel, la contención y derrocamiento de Maduro de la arena política americana no solo se caracteriza por una reducción de amenazas ideológicas, sino que afecta directamente a un mejor posicionamiento de su seguridad global al “amputar” el ecosistema de apoyo regional que permitió al régimen iraní proyectar influencia en el hemisferio occidental.
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Maduro: el antisionista más sonado en América Latina
El régimen de Maduro ha sido caracterizado por una hostilidad abierta hacia Israel y parte de la comunidad judía venezolana. Desde el distanciamiento diplomático en 2009 durante la Operación Plomo Fundido iniciado por Hugo Chávez, la beligerancia antisionista por un lado, y la retórica antisemita por otra, se han visto exponenciados por el alineamiento estratégico de Caracas con Teherán.
Asimismo, durante la campaña de Maduro en 2013 se recurrió a acusaciones de oponentes políticos como Henrique Capriles instrumentalizando la narrativa del “lobby sionista estadounidense” como chivo expiatorio para consolidar apoyos internos. Esto, junto a la situación precaria de Venezuela llevó a la eventual migración de la comunidad judía fuera del país.
Petróleo venezolano: reservas y potencial estratégico
Venezuela contiene las mayores reservas de petróleo del mundo ubicadas en gran parte por la Faja del Orinoco. Tal preponderancia material convierte a Venezuela en actor clave de mercados energéticos globales. A pesar de tal posición, años de corrupción endémica, sanciones internacionales y gestión deficiente han empeorado su producción efectiva. En los últimos veinte años, la producción diaria ha descendido más del 60%, lo que ha posibilitado un colapso parcial del ecosistema petrolero venezolano.
Así, para Israel, el interés estratégico no radica en importar directamente petróleo venezolano, sino en asegurar que estas reservas no consigan financiar a actores hostiles como Irán y Hezbollah. La intervención estadounidense en la captura de Maduro ha posibilitado la apertura a futuros planes de estabilización de suministro global, la reducción de la huella de adversarios de Tel-Aviv y una eventual colaboración técnica en la producción del crudo pesado entre ambos países.
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Diplomacia y perspectivas futuras
El derrocamiento de Maduro podría empezar a facilitar la normalización de relaciones entre Israel y Venezuela. Líderes opositores como María Corina Machado ya tienen historial en relaciones simbólicas con Tel-Aviv y han expresado su disposición a reformular lazos diplomáticos para nuevos canales de cooperación económica. Esto no solo sería un alejamiento simbólico de la tradición antiisraelí del chavismo, sino también una oportunidad para que Israel refuerce su seguridad regional y establezca alianzas estratégicas en América Latina (como ya lo ha hecho con Argentina y con sectores de la derecha liberal chilena).
El interés fundamental de Israel se centra en la eliminación de cualquier puente operativo para Irán y Hezbollah en el hemisferio occidental. Más allá de la retórica, el control de la infraestructura energética y la apertura diplomática post-Maduro podrían fortalecer la posición israelí frente a amenazas distantes, mientras se promueve un entorno más estable para la comunidad judía latinoamericana en su totalidad.
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