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El revisionismo ruso: fundamentos históricos, ideológicos y geopolíticos

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En este artículo se analiza el revisionismo ruso tomando como base el marco teórico propuesto por Anatoliy Parfinenko, profesor de la Universidad de Járkov (Ucrania), en su trabajo Russian Revisionism as a Challenge to the International Order. Según Parfinenko, el paradigma del revisionismo ruso surge de la combinación entre conceptos geopolíticos y teoremas políticos formulados en distintas épocas de la historia.

Existe un consenso unánime en el ámbito académico al calificar el revisionismo ruso como el marco teórico-conceptual que guía la interpretación de su entorno internacional. También sirve para definir su política exterior.

En esencia, el revisionismo ruso representa un desafío estructural al orden internacional liberal surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Este orden se consolidó después de la Guerra Fría y se basa en la defensa de la democracia, la protección de los derechos humanos y el respeto al derecho internacional.

Sin embargo, otras perspectivas ponen su atención en la percepción rusa de las amenazas a su seguridad. También destacan la desigualdad derivada del poder concentrado en Estados Unidos y sus aliados occidentales. Esta concentración les otorga una posición privilegiada para definir las reglas del orden internacional.

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Teniendo en cuenta el marco teórico propuesto por Fukuyama, la Guerra Fría no finalizó con una victoria militar. Terminó con el triunfo ideológico de los valores democráticos occidentales frente al colapso del comunismo. Este hecho marcó, según su visión, el punto final en la evolución ideológica de la humanidad. También universalizó la democracia liberal como forma final de gobierno humano.

Sin embargo, esta propuesta teórica presenta inconsistencias y vulnerabilidades que ponen en cuestión sus conclusiones. La persistencia de regímenes autoritarios, la rivalidad entre potencias emergentes y las crisis internas de las democracias contemporáneas muestran que el escenario internacional sigue siendo más dinámico y contradictorio de lo que sugiere la idea de un «fin de la historia».

El impulso revisionista en Rusia encuentra su origen conceptual en la llamada doctrina Primakov, formulada durante su etapa como Ministro de Asuntos Exteriores (1996-1998). Su objetivo era contrarrestar la hegemonía estadounidense mediante la construcción de un sistema multipolar. Este sistema buscaría reequilibrar el orden internacional con un mundo organizado en torno a varios centros de poder.

En la práctica, la política exterior rusa se materializó en la búsqueda de alianzas estratégicas con otros polos de poder, como China e India. El propósito era recuperar el estatus de gran potencia que Rusia tuvo en la era soviética. Además, buscaba propagar su influencia en las repúblicas ex soviéticas, consideradas un espacio estratégico que no debe quedar bajo influencia occidental.

Revisionismo geográfico y cultural: Neo-eurasianismo

El euroasianismo clásico surgió en la década de 1920 entre los emigrados rusos tras la revolución bolchevique de 1917. Fue un movimiento de carácter cultural y filosófico, orientado a reinterpretar la identidad rusa tras el colapso del Imperio zarista.

El neo-eurasianismo explícitamente geopolítico, estratégico y antioccidental  toma del clásico sus principales aportaciones y desarrolla el siguiente paradigma:  

1. Rusia debía ser percibida como una civilización independiente, forjada por la simbiosis de pueblos eslavos, túrquicos, mongoles y urálicos. Esta visión ponía de relieve la influencia mongola y valorizaba el legado de la Horda de Oro.

El pensamiento nacionalista ruso se articula en la obra de Nicolay Danilevsky: Rusia y Europa, publicado en 1869. Rusia forma parte de la historia de los pueblos eslavos que se opone a la civilización romana-germánica que es innatamente hostil a Rusia. 

2. Rechazo a la idea de que Rusia pertenezca al marco cultural y civilizacional europeo.  Rusia debía seguir su propio desarrollo cultural y ser fiel a la tradición de sus valores.

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3. El conjunto de territorios del antiguo Imperio ruso formaría Euroasia con vínculos históricos, culturales y geográficos naturales. 

Precisamente la indefinición del espacio geográfico, carente de fronteras precisas, facilitaba la necesidad de su expansión con el fin de reforzar la seguridad y mantener al adversario a mayor distancia. Catalina la Grande lo expreso de esta manera: la única manera de proteger mis fronteras es expandiéndolas.

Revisionismo histórico: manipulación narrativa histórica, centradas en la nostalgia zarista imperial y soviética

La Sociedad Histórica-Militar de Rusia tiene la responsabilidad de elaborar el relato histórico oficial. Su labor respalda al régimen de Putin en el adoctrinamiento de los jóvenes para modelar su identidad nacional. También desacredita cualquier análisis histórico que cuestione el pasado glorioso de Rusia, calificando a los académicos extranjeros como distorsionadores o falsificadores del pasado.

Otra de sus funciones consiste en promover programas patrióticos que exaltan el pasado militar ruso, como el Día de la Victoria o el Regimiento Inmortal. Con ello, aporta una base ideológica que legitima intervenciones como la anexión de Crimea, presentada como un acto de restauración de la justicia histórica.

Asimismo, sus análisis mantienen vivo un sentimiento de agravio frente a Occidente, al que consideran una amenaza existencial para la civilización rusa. Esta visión contribuye al discurso oficial de confrontación con Occidente, insistiendo en que Rusia afronta el mayor desafío de su historia.

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El concepto de «Moscú, Tercera Roma» es una de las ideas político-religiosas más influyentes en la historia rusa y resulta clave para comprender la construcción simbólica del poder en Eurasia. Surgió entre los siglos XV y XVI y continúa resonando en discursos contemporáneos.

Tras la caída de la Primera Roma (Imperio Romano de Occidente, 476), surgieron diferencias eclesiásticas y teológicas entre católicos y ortodoxos. Estas diferencias culminaron en la ruptura entre la Iglesia católica occidental y la Iglesia ortodoxa oriental en 1054.

La Segunda Roma o Constantinopla (Bizancio, conquistada por los otomanos en 1453), puso fin a todo posibilidad de reconciliación entre Iglesias. 

La Iglesia ortodoxa rusa desarrolló la idea de que Moscú era el centro legítimo del cristianismo ortodoxo y sucesora del Imperio Romano de Oriente.

Revisionismo estratégico – político: la Revolución permanente

La propuesta de Lenin era que la revolución no terminaba con la toma del poder en Rusia. Más bien, se trataba de un medio para desencadenar una revolución a nivel mundial y salvar al proletariado del mundo capitalista.

Esta idea de guerra permanente es la que pasa al concepto de guerra hibrida utilizando todos los medios para asegurar la defensa de Rusia frente a la decadencia de Occidente. En este sentido, coincide con la tradición leninista que considera la paz como un estado de preguerra. 

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Teniendo en cuenta las características anteriores (historia, cultura y doctrina geopolítica), surge el concepto del Russkiy Mir (Mundo Ruso). Este promueve una comunidad unida por la lengua rusa, la cultura eslava oriental, la religión ortodoxa, sus valores tradicionales y una identidad histórica compartida.

Precisamente, una de las narrativas que ha justificado las intervenciones militares en Georgia, Crimea y el apoyo a los independentistas prorrusos del Donbass es la defensa del pueblo ruso. Esta justificación también se aplicó a la invasión de Ucrania, presentada como una necesidad para proteger a los rusos aislados en otros países postsoviéticos.

Parfinenko sostiene que la invasión de Ucrania en 2022 forma parte de una estrategia de más largo plazo, constituyendo el mejor ejemplo de la puesta en práctica del revisionismo ruso:

  • Defensa del principio de esferas de influencia, revirtiendo la independencia ucraniana, considerada «la mayor pérdida para Rusia»;
  • Desafío frontal del orden internacional liberal, demostrando que Rusia puede usar la fuerza para redibujar fronteras

Tras la disolución de la Unión Soviética, Moscú lideró proyectos de integración para restaurar su influencia geopolítica, como la Comunidad Económica Euroasiática. Sin embargo, estos fracasaron en Ucrania con el Euromaidán y la Revolución de la Dignidad (2013-2014).

Los ucranianos se posicionaban en contra de su gobierno, que se desviaba de la integración europea al rechazar la firma del Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea. La alternativa propuesta (ingresar en la Unión Aduanera con Rusia) era considerada una pérdida de soberanía.

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