La «Cuarta República» de Armenia: una nueva frontera para las tensiones ruso-occidentales

Análisis

Roberto Mansilla Blanco
Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Con experiencia profesional en medios de comunicación en Venezuela y Galicia. Entre 2003 y 2020 fue analista e investigador del Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, IGADI (www.igadi.org). Actualmente colaborador en think tanks (esglobal) y medios digitales en España y América Latina. Redactor Jefe en medio Foro A Peneira-Novas do Eixo Atlántico (Editorial Novas do Eixo Atlántico, S.L) Actualmente cursa el Máster de Analista de Inteligencia en LISA Institute.

En este artículo, Roberto Mansilla Blanco, alumno del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, analiza el giro prooccidental de Armenia tras el lanzamiento de la “Cuarta República” de Nikol Pashinián, que aspira a acercar el país a la UE y la OTAN mientras se distancia de Rusia. El autor examina las herramientas de presión de Moscú, como el gas, los referendos y el descontento social, y advierte del riesgo de que Ereván acabe cambiando una dependencia por otra.

El pasado 20 de agosto, el presidente armenio Nikol Pashinián presentó su programa de gobierno para el período 2026-2031, en el que establece como ideología oficial la denominación de la «Armenia Real», iniciativa clave para la constitución de la «Cuarta República» tras su independencia de la URSS en 1991. 

En un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, la victoria del partido del presidente armenio, Contrato Cívico (CC), en las elecciones parlamentarias celebradas el pasado 7 de junio, confirmó una nueva orientación más prooccidental para el país caucásico que se ha reflejado en esta iniciativa de la “Cuarta República”. Destacan como prioridades:

  • Una nueva dirección para impulsar reformas económicas y políticas. 
  • Énfasis en la estabilidad, pacificación y reconocimiento de fronteras internacionales, con especial foco en la situación del enclave de Nagorno Karabaj tras la breve guerra de 2024.
  • Normalización de las relaciones con Turquía y Azerbaiyán, históricos rivales armenios. 
  • Reducción de la dependencia energética, política y de seguridad con Rusia y eventual abandono de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (OTSC) y de la Unión Económica Euroasiática (UEE).
  • Nueva relación con la Iglesia Apostólica Armenia, buscando reducir sus cuotas de poder.

Tan lejos de Rusia y tan cerca de Occidente

El pasado 1 de septiembre, en el marco de la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) celebrada en Bishkek (Kirguistán), Pashinián y el presidente ruso Vladimir Putin se reunieron para definir las nuevas prioridades en las relaciones ruso-armenias ante la intención de Ereván de reducir su dependencia energética y política de Rusia, así como discutir su eventual salida de la OTSC y de la UEE. 

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En agosto de 2026, Pashinián declaró su intención de abandonar la OTSC para facilitar sus relaciones con la OTAN. En Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Péskov, declaró que Rusia respeta esta decisión, pero que Armenia debe cumplir con los requisitos institucionales y legales existentes en el seno de la OTSC, que estipula la salida de un país miembro vía consulta popular.

El mandatario armenio advirtió a Putin sobre el derecho legítimo de Armenia en cuanto a su aspiración prooccidental. El presidente ruso replicó sobre la necesidad de realizar un referéndum sobre la salida armenia de la UEE, argumentando la incompatibilidad de membresía en este organismo en caso de ingreso armenio a la UE.

La orientación prooccidental de Pashinian afecta directamente   los intereses rusos en Armenia y el Cáucaso. En junio pasado, el Parlamento armenio aprobó iniciar el proceso de adhesión a la Unión Europea. Bruselas ha otorgado inversiones y ayudas de 2.500 millones de euros para convertir a Armenia en un “nudo de transporte” entre Europa y Asia mientras negocia la flexibilización del régimen de visados. 

Con anterioridad, Pashinián organizó en la capital armenia Ereván la Cumbre de la Comunidad Política Europea, recibiendo a más de 40 líderes europeos y occidentales. A principios de septiembre, Pashinián visitó Francia, país que cuenta con una importante diáspora y lobby armenios, reforzando lazos con su principal valedor ante la UE, el presidente Emmanuel Macron.

Tras la presentación del programa de la “Cuarta República”, el presidente del país caucáisco justificó sus prioridades geopolíticas al criticar la negativa de Rusia a ayudar a Armenia durante la escalada del conflicto con Azerbaiyán entre 2022 y 2024, considerando que la posición de Moscú coloca en entredicho su estatus de socio estratégico para Armenia. 

Escenarios prospectivos

  • Armenia puede convertirse en la “Ucrania” del Cáucaso. Pashinián pretende el ingreso armenio en la UE y la OTAN, modificando la histórica relación con Rusia. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, pronunció en mayo pasado ante el Parlamento armenio un discurso acusatorio contra Rusia, que contó con el beneplácito de sus anfitriones. 
  • Si bien es cierto que, a diferencia del caso ucraniano, no se avizora una eventual intervención militar rusa en Armenia, Moscú posee una base militar en la localidad armenia de Gyumri, muy próxima a la frontera con Turquía. Esta base, vigente desde mediados de la década de 1990 en el marco de la asociación bilateral de seguridad, supone para Rusia un elemento de influencia y de presión política e incluso económica dentro de Armenia. No obstante, Pashinián ha desestimado la importancia de esta base militar rusa para la seguridad armenia.

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  • Para contrarrestar el giro prooccidental armenio, la implicación occidental en el Cáucaso Sur y mantener su estatus de potencia regional, Moscú ha mostrado una mayor sintonía con los intereses geopolíticos y militares de Azerbaiyán en el reciente conflicto en Nagorno Karabaj. La influencia rusa en Armenia se complementa a través de mecanismos de seguridad colectiva, suministro energético, red ferroviaria y comercio exterior, elementos muy presentes en la estructura estatal armenia y que pueden resultar igualmente condicionantes para las aspiraciones pro occidentales de Pashinián.
  • Putin podría instrumentalizar el recurso de celebración de sendos referendos sobre la membresía armenia en la UEE y la OTSC como una herramienta de mayor influencia política, con la expectativa de provocar una derrota electoral para Pashinián que ralentice su giro prooccidental. Moscú analiza que la elección popular puede resultar contraproducente para los intereses de Pashinián. Un precedente se observó con la decisión gubernamental de impulsar vía parlamentaria las negociaciones de admisión con la UE, aprovechando la mayoría legislativa de CC, desestimando la consulta popular.
  • La tensión entre Pashinián y la Iglesia Apostólica Armenia por sus vínculos con la Iglesia Ortodoxa rusa supone otro factor de influencia estratégica para Moscú en los asuntos armenios, tomando en cuenta el peso religioso y cultural de la Iglesia en la sociedad armenia y sus redes de hermandad con Rusia. 
  • El arma energética. Rusia podría alterar el suministro energético a Armenia, vital para la economía del país, como instrumento de presión que se amplíe a otras restricciones comerciales. Moscú posee una herramienta clave: la posibilidad de revisar el acuerdo de 2013 por el que Armenia recibe gas ruso a precios preferentes. Rusia es el principal socio comercial y económico de Armenia, con un volumen comercial que ha ascendido a US $2.500 millones desde comienzos de 2026.
  • Armenia es territorio de paso de oleoductos y gasoductos desde el Mar Caspio, destacando el proyecto del corredor TRIPP, la ruta que Washington promueve para conectar Azerbaiyán con Turquía atravesando Armenia. Con ello, EEUU ha acelerado su implicación en el Cáucaso Sur. El secretario de Estado Marco Rubio visitó Ereván para firmar una Carta de Asociación Estratégica Integral, un memorando sobre minerales críticos y un acuerdo para desarrollar el corredor TRIPP, coloquialmente conocido en medios occidentales como la “Ruta Trump”. Tras la guerra por Nagorno Karabaj, a principios de 2025 se firmó en Washington el acuerdo de paz entre Azerbaiyán y Armenia, un logro para la administración Trump a la hora de ampliar esferas de influencia en el Cáucaso Sur.
  • Acercándose a Occidente y alejándose de Rusia, Pashinián pretende abrir el mercado armenio a nuevos actores externos (EEUU, Europa, India, China) para ampliar la cooperación económica e incluso de seguridad, rivalizando con los imperativos geopolíticos y geoeconómicos rusos. Este escenario cobra mayor importancia tras la pérdida de Nagorno Karabaj y ante las incertidumbres en el mercado energético por las tensiones ruso-occidentales, la guerra de EEUU e Israel contra Irán y el cierre de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.
  • El Kremlin podría instrumentalizar escenarios de malestar y descontento social en Armenia que obstaculicen la orientación prooccidental de Pashinián, propiciando incluso una especie de “Maidán prorruso” para recuperar esferas de influencia. La pérdida del control armenio sobre Nagorno Karabaj y la masiva llegada de refugiados podrían contribuir en esta estrategia de descontento social que el Kremlin aprovecharía como elementos de presión vía revuelta popular que eventualmente implique la caída política de Pashinián.
  • Moscú podría aplicar en Armenia una especie de reproducción del «Plan Georgia» registrado en ese país caucásico tras las protestas contra la presunta injerencia rusa en las elecciones parlamentarias de 2024 que finalmente dieron la victoria a un candidato próximo a los intereses del Kremlin. En el caso armenio, la detención del expresidente Robert Kocharian, aliado ruso, bajo acusaciones de corrupción y abuso de poder ha provocado disturbios en Ereván y profundizado las tensiones con Moscú. Se han denunciado casos de acoso y persecución por parte de las autoridades armenias contra miembros de la oposición con posiciones prorrusas, un elemento que Moscú podría utilizar a su favor acusando a Pashinián de autoritarismo y violación de derechos civiles y políticos.

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  • ¿Un “modelo Venezuela” para Armenia? En el pulso por el control de esferas de influencia, los tensos equilibrios geopolíticos con Rusia y Occidente podrían ampliar la dependencia armenia de aliados exteriores. El eventual fin del “excepcionalismo ruso” en Armenia ante el giro prooccidental del presidente armenio aborda un riesgo geopolítico para Ereván al sustituir una subordinación por otra, en este de Moscú hacia Bruselas y Washington. Este escenario implicaría para Armenia un cambio de protector, cuestionando su autonomía y soberanía. En términos comparativos, podría observarse en Armenia una especie de reproducción del esquema de protectorado de facto que EEUU mantiene en Venezuela tras la captura en enero pasado de su expresidente Nicolás Maduro, hecho que igualmente significó el desplazamiento de la influencia rusa en ese país. 


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