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Los drones no bastan: nueve claves para entender cómo están cambiando las Fuerzas Armadas y la guerra

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La guerra de Ucrania ha puesto en evidencia la dificultad de preparar a los ejércitos para un escenario en el que los drones, la inteligencia artificial y las tecnologías civiles transforman el combate más rápido de lo que pueden adaptarse la doctrina y la industria militar. En una Masterclass de LISA Institute, el general de división Carlos Javier Frías analizó, en conversación con Ángel Gómez de Ágreda, los cambios que afrontan las Fuerzas Armadas, el futuro de sus capacidades y los riesgos de un entorno internacional cada vez más inestable. Este episodio forma parte del Ciclo de Cultura de Defensa: las claves estratégicas de la Defensa de España en 2026, producido por LISA Institute con el apoyo de la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL) y DICOES.

Las Fuerzas Armadas llevan décadas participando en operaciones de estabilización, misiones internacionales y despliegues de seguridad. Sin embargo, el regreso de la guerra convencional a gran escala en Europa ha obligado a revisar conocimientos que parecían asentados. La tecnología avanza, los tiempos de adquisición de armamento siguen siendo largos y las formas de combatir cambian antes de que las instituciones hayan terminado de adaptarse.

Ese fue el hilo conductor de la Masterclass «Las misiones de las Fuerzas Armadas: del flanco Este a la acción humanitaria y la respuesta a emergencias», organizada por LISA Institute y protagonizada por el general de división del Ejército de Tierra Carlos Javier Frías, jefe de la División de Desarrollo de la Fuerza del Estado Mayor Conjunto de la Defensa. La conversación estuvo conducida por Ángel Gómez de Ágreda, coronel retirado del Ejército del Aire y analista geopolítico.

Aunque el título del encuentro abarca una variedad de misiones, el diálogo se detuvo especialmente en la evolución del combate, las lecciones de Ucrania, la integración de nuevas tecnologías y los cambios doctrinales e industriales que podrían marcar el futuro de la Defensa. Estas son nueve de sus principales conclusiones.

1. Los ejércitos deben recuperar capacidades para un tipo de guerra que dejaron de priorizar

Frías situó uno de los grandes problemas actuales en el período posterior a la Guerra Fría. Durante aproximadamente tres décadas, buena parte de los esfuerzos de preparación occidentales se orientaron hacia misiones de estabilización y operaciones frente a adversarios con capacidades militares limitadas. La posibilidad de una guerra de alta intensidad entre ejércitos tecnológicamente avanzados quedó relegada.

La invasión rusa de Ucrania devolvió ese escenario al centro del debate. Pero recuperar la preparación no consiste únicamente en comprar carros de combate, artillería o aviones. También exige revisar la formación del personal, la organización de las unidades y los procedimientos con los que se emplea la fuerza.

El general reconoció que el aprendizaje es especialmente difícil cuando debe hacerse a toda velocidad. Las Fuerzas Armadas tienen que recuperar conocimientos sobre combate convencional y, al mismo tiempo, comprender una revolución tecnológica que ha cambiado sus condiciones.

2. Planificar a veinte años es un desafío cuando las tecnologías cambian en meses

Una de las contradicciones que expuso Frías afecta al propio planeamiento militar. Según explicó, el desarrollo de capacidades se trabaja con horizontes de unos veinte años, condicionados por procedimientos de adquisición que pueden prolongarse durante quince. Antes de incorporar un sistema de armas es necesario definir el entorno operativo, revisar la doctrina, determinar qué capacidades serán necesarias y poner en marcha su adquisición.

El problema es que la velocidad de esos procesos ya no coincide con la del cambio tecnológico. En los conflictos actuales, determinadas soluciones pueden quedar superadas mucho antes de que termine el ciclo previsto para comprarlas e incorporarlas al servicio.

La consecuencia no es que las Fuerzas Armadas puedan prescindir de la planificación a largo plazo, sino que necesitan hacerla más flexible y revisar continuamente sus hipótesis. Lo verdaderamente difícil es decidir qué capacidades seguirán siendo útiles cuando llegue el momento de emplearlas.

3. La innovación militar ya no nace siempre de las necesidades de los ejércitos

Tradicionalmente, recordó el ponente, las Fuerzas Armadas formulaban sus necesidades operativas y la industria desarrollaba herramientas para satisfacerlas. Buena parte de las tecnologías que después llegaron al mundo civil siguieron ese recorrido. Hoy, sostuvo, la dirección se ha invertido en numerosos ámbitos.

Los drones comerciales, las comunicaciones digitales o la inteligencia artificial se desarrollan en gran medida para mercados civiles, pero pueden adquirir usos militares con un impacto decisivo. Esto obliga a los ejércitos a comprender tecnologías que no han diseñado ni controlan por completo.

Para Frías, el cambio exige recuperar una formación técnica rigurosa en el ámbito militar. No basta con saber manejar un equipo: los profesionales deben comprender sus posibilidades, limitaciones y evolución para integrarlo de manera efectiva en las operaciones. Esa necesidad afecta a distintos niveles de la cadena de mando.

4. En Ucrania, los drones son solo la parte visible de una transformación más profunda

La conversación dedicó una atención especial al papel de Ucrania como laboratorio de adaptación militar. Frías explicó que el empleo de drones civiles para reconocimiento o ataque es solo uno de los elementos de un sistema mucho más amplio.

La transformación incluye aplicaciones digitales de origen comercial, redes de comunicaciones capaces de transmitir grandes volúmenes de información y herramientas de inteligencia artificial que permiten procesar datos obtenidos por numerosos sensores. El general describió cómo tecnologías diseñadas para servicios civiles pueden adaptarse a tareas de observación, identificación o apoyo a las operaciones militares.

En su interpretación, lo que cambia el campo de batalla no es la presencia aislada de drones, sino su integración con comunicaciones, datos y sistemas de análisis. Disponer de miles de sensores sirve de poco si una organización no puede convertir la información que producen en decisiones oportunas.

5. El «campo de batalla transparente» reduce el margen para maniobrar y abre dilemas jurídicos

Uno de los conceptos centrales de la sesión fue el de un campo de batalla en el que la observación mediante sensores, drones y satélites hace cada vez más difícil ocultar movimientos y concentraciones de tropas. Frías explicó que, en determinados sectores de Ucrania, el tiempo entre la detección de un objetivo y su ataque se ha reducido drásticamente.

Esta visibilidad favorece la defensa y dificulta las operaciones de maniobra: cuando una fuerza se concentra, puede ser localizada antes de iniciar su avance. Pero también plantea nuevas preguntas sobre las normas de la guerra.

Ángel Gómez de Ágreda puso sobre la mesa el papel de los civiles que transmiten información desde sus teléfonos y el de infraestructuras privadas, como satélites o servidores situados fuera del territorio donde se combate. La conversación no resolvió estas cuestiones jurídicas; las identificó como desafíos que requieren un examen específico, especialmente en relación con la protección de la población civil y la delimitación de los objetivos militares.

6. Los ejércitos de masas se enfrentan a límites demográficos, tecnológicos y económicos

Frías relacionó la transformación militar con un cambio que va más allá del campo de batalla: el envejecimiento de la población y el descenso de la natalidad en numerosos países. A su juicio, la disponibilidad de personal para movilizaciones masivas es menor y el coste social de las bajas resulta cada vez más difícil de asumir.

Al mismo tiempo, equipar a un soldado moderno exige recursos mucho más complejos y costosos que en épocas anteriores: sistemas de protección, comunicaciones, visión nocturna, sensores y otros componentes. La producción del material militar avanzado tampoco tiene la escala industrial que caracterizó a las grandes guerras del siglo XX.

Por eso, el general cuestionó que el regreso a los antiguos ejércitos de masas o a fórmulas como el servicio militar obligatorio resuelva automáticamente los problemas de Defensa. La cuestión no es solo cuántas personas pueden incorporarse, sino cómo formarlas, equiparlas y emplearlas eficazmente.

7. Sin industria y contratos a largo plazo es difícil construir autonomía estratégica

La guerra de Ucrania también ha puesto de manifiesto, según el ponente, los límites de una industria militar que debe atender una demanda creciente con procesos de producción lentos y sistemas desarrollados décadas atrás.

Frías advirtió del coste de seguir fabricando armamento cuyo diseño responde a otras épocas y cuyos componentes pueden ser difíciles de conseguir. Para desarrollar alternativas más modernas, las empresas necesitan inversiones, tiempo y, sobre todo, previsibilidad sobre la demanda futura.

Gómez de Ágreda planteó la conveniencia de invertir no solo en comprar capacidades, sino en la capacidad industrial y tecnológica de producir las que serán necesarias en el futuro. El general coincidió en la importancia de una perspectiva a largo plazo, aunque señaló las dificultades políticas y presupuestarias para mantener compromisos estables. La soberanía tecnológica e industrial apareció así como una condición relevante de la autonomía estratégica.

8. La transformación exige cambiar la doctrina, no limitarse a sustituir armas por robots

La introducción de drones, sistemas no tripulados y herramientas de inteligencia artificial plantea una pregunta más profunda: cómo deben organizarse y operar los ejércitos del futuro. Frías defendió que los cambios no pueden consistir únicamente en incorporar nuevos equipos a una forma de combatir que ya estaba diseñada de antemano.

El general puso como ejemplo el futuro de la artillería tradicional y de las grandes unidades de superficie, cuyas funciones podrían verse modificadas por tecnologías más baratas y precisas. Sin embargo, también advirtió contra retirar de forma precipitada capacidades que aún pueden resultar necesarias: una nueva contramedida podría alterar de nuevo el equilibrio.

A ello se suma la dificultad de actualizar una doctrina compartida entre los miembros de la OTAN. La sesión abordó asimismo escenarios de unidades mixtas de soldados y robots, sistemas autónomos y posibles mejoras tecnológicas del cuerpo humano. Son posibilidades de futuro, no modelos cerrados, y obligan a estudiar cuestiones operativas, éticas y de gobernanza.

9. El cambio militar responde a un mundo más inestable y a una nueva competencia entre potencias

En la parte final, Frías amplió la reflexión hacia el sistema internacional. Desde su perspectiva, el paso de un orden dominado por Estados Unidos a un escenario de competencia entre grandes potencias puede prolongar la inestabilidad y aumentar las posibilidades de conflicto.

El general distinguió, como ejercicios de prospectiva, dos escenarios: una rivalidad entre grandes bloques liderados por Estados Unidos y China o un reparto de esferas de influencia entre las principales potencias. En ambos, consideró que Europa necesitará suficiente capacidad política, industrial y militar para no quedar subordinada a decisiones tomadas por otros.

La conversación también prestó atención a África, al impacto regional de sus conflictos y a la presencia de actores extranjeros y empresas militares privadas. Las valoraciones sobre su evolución fueron planteadas por los ponentes como interpretaciones y escenarios, no como resultados inevitables.

Conclusión: prepararse para las misiones del futuro requiere anticipación y capacidad de adaptación

La Masterclass dejó una idea transversal: disponer de más tecnología no garantiza unas Fuerzas Armadas mejor preparadas. La utilidad de los nuevos sistemas depende de la doctrina que permite emplearlos, del personal capaz de manejarlos, de la industria que los sostiene y de la coordinación con los aliados.

El desafío para España consiste en prepararse para un entorno en el que conviven misiones y responsabilidades muy diversas, pero en el que el regreso del combate de alta intensidad exige revisar prioridades. Como advirtió Frías, no se trata únicamente de modernizar el armamento, sino de comprender a tiempo cómo se está transformando la guerra y qué debe cambiar para responder a ella.

La misma exigencia de anticipación atraviesa el desarrollo de las capacidades, la formación militar y la cooperación internacional. En un escenario marcado por la incertidumbre, la principal ventaja estratégica será la capacidad de aprender, adaptar la doctrina y transformar los recursos disponibles en respuestas eficaces.

Descarga las principales conclusiones de la Masterclass en PDF 👇🏼

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La Masterclass «Las misiones de las Fuerzas Armadas: del flanco Este a la acción humanitaria y la respuesta a emergencias» forma parte del Ciclo de Cultura de Defensa: las claves estratégicas de la Defensa de España en 2026, producido por LISA Institute con el apoyo de la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL) y DICOES.

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