Primeros auxilios psicológicos y estrés postraumático en catástrofes: guía práctica para actuar y proteger la salud mental

Análisis

Rubén Asenjo
Periodista apasionado por la actualidad internacional y la geopolítica. Escribo para entender el mundo en constante cambio y compartir perspectivas que despierten la reflexión y el debate. Comprometido con la búsqueda de la verdad y las historias que impacten e inspiren.

Aprende qué son los primeros auxilios psicológicos, cómo aplicarlos paso a paso y cuándo el impacto emocional de un desastre puede derivar en un trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Cuando ocurre una catástrofe, ya sea un terremoto, una inundación, un incendio o un accidente grave, la primera imagen que viene a la mente es la de los heridos físicos. Sin embargo, toda emergencia deja también una huella psicológica que puede ser tan importante como las lesiones visibles. Comprender cómo ofrecer apoyo emocional inmediato y saber reconocer las señales del estrés postraumático se ha convertido en una competencia esencial, tanto para profesionales de la respuesta como para cualquier ciudadano. Esta guía explica en qué consisten los primeros auxilios psicológicos (PAP) y cómo se relacionan con el trastorno de estrés postraumático.

¿Qué son los primeros auxilios psicológicos (PAP)?

Los primeros auxilios psicológicos son una respuesta humana y de apoyo hacia otra persona que está sufriendo y que puede necesitar ayuda. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), no se trata de una intervención clínica ni de una terapia, sino de un modo práctico de acompañar a quien acaba de vivir un suceso extremadamente angustiante, respetando en todo momento su dignidad, su cultura y sus capacidades.

Sus objetivos son ofrecer ayuda y apoyo prácticos de manera no invasiva, evaluar las necesidades y preocupaciones de la persona, ayudarla a cubrir sus necesidades básicas, escucharla sin presionarla y conectarla con información y con redes de apoyo. No es necesario ser psicólogo para aplicarlos. De hecho, la OMS diseñó esta metodología para que voluntarios, docentes, personal sanitario o personas de a pie puedan usarla tras una crisis.

Conviene aclarar, además, un punto importante. Los PAP no consisten en obligar a nadie a relatar lo que ha vivido. La OMS los propone precisamente como alternativa al llamado debriefing psicológico, ya que se comprobó que presionar a las personas para que reconstruyan el trauma inmediatamente después del suceso no resulta beneficioso.

Reacciones normales ante una catástrofe: cuándo preocuparse

Ante un acontecimiento potencialmente traumático, es esperable que casi todo el mundo experimente angustia. Algunas personas se sienten abrumadas, confundidas o muy inseguras sobre lo que está sucediendo. En cambio, otras sienten miedo intenso o ansiedad, y algunas reaccionan con insensibilidad o indiferencia. Todas estas respuestas forman parte de una reacción humana comprensible.

La buena noticia es que la mayoría de las personas se recuperan de forma natural con el paso del tiempo, sobre todo si cuentan con apoyo social. La OMS estima que alrededor del 70% de la población mundial vivirá un suceso potencialmente traumático a lo largo de su vida, pero solo una minoría desarrollará un trastorno posterior. Por tanto, sentir malestar tras una catástrofe no significa padecer un trastorno mental, ya que es una reacción normal ante una situación anormal.

Los tres principios de la primera ayuda psicológica: observar, escuchar y conectar

La OMS resume la actuación de los PAP en tres principios básicos que sirven de guía en cualquier situación de crisis: observar, escuchar y conectar.

En primer lugar, observar implica comprobar la seguridad del entorno, identificar a quienes tienen necesidades básicas urgentes y detectar a las personas con reacciones de angustia grave. Antes de acudir a un lugar afectado, es fundamental informarse de lo ocurrido y asegurarse de que la intervención no supone un peligro añadido.

En segundo lugar, escuchar significa acercarse a quienes puedan necesitar ayuda, presentarse con calma, preguntar por sus necesidades y preocupaciones y prestar una escucha activa. Asimismo, se trata de ayudar a la persona a tranquilizarse sin forzar la conversación. A veces, simplemente permanecer en silencio a su lado ya constituye un gran apoyo.

Por último, conectar consiste en ayudar a la persona a resolver sus necesidades básicas, a acceder a los servicios disponibles y a afrontar sus problemas, además de proporcionarle información veraz y ponerla en contacto con sus seres queridos y con redes de apoyo social.

Qué hacer y qué evitar al ofrecer apoyo psicológico

Saber comunicarse con una persona angustiada resulta decisivo. Entre las buenas prácticas, conviene hablar con voz suave y calmada, mantener el contacto visual, mostrar que se está allí para ayudar y respetar los tiempos de cada persona. También ayuda cubrir necesidades sencillas, como dar un vaso de agua, una manta, u ofrecer un lugar tranquilo, y fomentar las estrategias de afrontamiento positivas que la propia persona ya utiliza.

En cambio, hay actitudes que conviene evitar. No se debe presionar a nadie para que hable, ni juzgar o minimizar lo que siente diciéndole que «se tranquilice». Tampoco es adecuado prometer cosas que no se pueden cumplir, inventar información o exagerar las propias capacidades. Un consejo esencial de la OMS es no actuar de forma independiente, y siempre que sea posible, es preferible colaborar a través de una organización o grupo comunitario para no interferir en la coordinación de la ayuda.

Del estrés agudo al trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Aunque la mayoría se recupera, en algunas personas los síntomas persisten durante meses o incluso años. Es entonces cuando puede aparecer el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Según la OMS, se estima que un 3,9% de la población mundial lo ha padecido en algún momento de su vida, y su probabilidad aumenta cuando la exposición al trauma es repetida, cuando hay lesiones físicas graves o cuando se presencia el daño a otras personas.

De acuerdo con la organización, una persona presenta TEPT cuando manifiesta tres grupos de síntomas que le provocan una angustia considerable e interfieren en su vida diaria:

  • Revivir el suceso. Aparecen recuerdos intrusivos, pesadillas o, en casos graves, escenas retrospectivas en las que la persona siente que el episodio se repite.
  • Evitación. Se rehúyen situaciones, lugares, pensamientos o conversaciones que recuerden lo ocurrido, lo que a la larga puede perpetuar el trastorno.
  • Hiperactivación. Se experimenta un estado de alerta constante, sobresaltos fáciles y una sensación de peligro incluso cuando no existe riesgo real.

Estos síntomas suelen comenzar poco después del suceso o durante el primer mes. En los niños pequeños, sin embargo, se manifiestan a menudo mediante el juego o los dibujos que recrean lo vivido, y es frecuente que se culpen injustamente de lo ocurrido.

Tratamiento, autocuidado y cómo cuidar a quien ayuda

Es importante transmitir un mensaje de esperanza, ya que el TEPT tiene tratamiento eficaz. La OMS señala que las intervenciones psicológicas basadas en la evidencia son la primera elección, en especial la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma y la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR). Por ello, cuando el malestar es intenso o duradero, buscar ayuda profesional es la decisión más recomendable.

De manera complementaria, el autocuidado cumple una función relevante. La OMS aconseja mantener en lo posible la rutina cotidiana, conversar con personas de confianza cuando se esté preparado, evitar el alcohol y otras sustancias, hacer ejercicio con regularidad, cuidar el sueño y aprender técnicas de gestión del estrés como la respiración o la relajación muscular progresiva.

Finalmente, no hay que olvidar a quienes prestan ayuda. Presenciar el sufrimiento ajeno también afecta, de modo que cuidar de uno mismo es la condición para poder cuidar de los demás. Descansar, compartir la experiencia con el equipo y reconocer los propios límites forma parte de una respuesta responsable ante cualquier catástrofe.

Quien quiera colaborar con la emergencia en Venezuela tras el terremoto del 24 de junio puede hacerlo a través de organizaciones con presencia verificada sobre el terreno.

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Red diocesana activa en Caracas, La Guaira y Barquisimeto desde las primeras horas. Cáritas España movilizó 300.000 euros iniciales y distribuye insumos directamente en las zonas afectadas.
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We Love Foundation
13 años de trayectoria. Alianza con Global Empowerment Mission, con equipos en Caracas distribuyendo alimentos, agua y kits médicos desde las primeras horas.
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Venezuela necesita ayuda ahora, pero también capacidad para reconstruirse. La fase de rescate durará semanas. La reconstrucción, años. Cuando los medios dejen de hablar de Venezuela, el país seguirá necesitando apoyo. Si puedes, considera una donación periódica.

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