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El tira y afloja de Estados Unidos y China en Ucrania

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El pasado lunes 19 de junio, el líder chino, Xi Jinping y el secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, se reunieron por sorpresa en lo que algunos ya describen como una tregua diplomática entre ambas potencias mundiales. Desde el inicio de la guerra de Ucrania, el apoyo a las filas rusas o ucranianas y otras cuestiones como la guerra tecnológica por los semiconductores y Taiwán ha desatado una crisis diplomática que la reciente visita de Blinken a Pekín podría apaciguar.

El pasado lunes, 19 de junio, los ojos de todo el mundo se volvieron una vez más hacia Pekín, lugar donde se dio un encuentro que para muchos puede marcar el futuro de las relaciones entre las dos principales superpotencias del mundo. Desde el incidente con el globo vigilancia chino derribado en el espacio aéreo estadounidense el pasado mes de febrero, las relaciones entre China y los Estados Unidos se encontraban en su peor momento, atisbándose lo que parecía el inicio de una nueva Guerra Fría entre ambas superpotencias.

Sin embargo, la visita del secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken, en la que el mismo representante declaró que “el mundo necesita unas relaciones estables entre China y Estados Unidos”, y que “el futuro de la humanidad depende de ambos se lleven bien”, parece que ha rebajado considerablemente el nivel de tensión entre ambas naciones. En este contexto, la influencia que ha tenido en esta nueva toma de contacto la guerra de Ucrania, conflicto en el que ambos países se encuentran involucrados en mayor o menor medida, parece bastante clara.

Estados Unidos, de nuevo al frente

Desde el inicio de la guerra, Estados Unidos ha recuperado su liderazgo, ya no solo en Occidente, sino en todo el mundo, declarándose como los garantes de la democracia y la libertad. Desde el inicio del conflicto, Estados Unidos ha sido el principal apoyo de Ucrania, habiendo invertido hasta febrero de 2023 más de 77.500 mil millones de dólares en Ucrania. A esta cantidad habría de sumarse el apoyo nada desdeñable de otros miembros de la OTAN, entre los que se incluye la propia España, una de las menos transparentes en cuanto a su aportación a la guerra.

Según el Ukraine Support Tracker, España tiene una puntuación de 1,9 sobre 5 en transparencia. Por su parte, la inversión española en el conflicto entre enero y febrero de 2023 ascendió hasta los 720 millones de euros entre ayuda militar (320 millones, siendo el país n.º 18 de 40), financiera (350 millones, siendo el país n.º 11 de 40) y humanitaria (50 millones, siendo el país n.º 23 de 40).

Esta ayuda no solo es monetaria, como ya hemos mencionado, sino que Estados Unidos se ha convertido en el principal suministrador de armamento para las Fuerzas Armadas ucranianas, aportando ingentes cantidades de munición y armamento pesado, como los famosos sistemas de misiles tierra-aire Patriot, carros de combate M1 Abrams, misiles anticarros FGM-148 Javelin e incluso debatiéndose el envío de cazas F-16, sobre los cuales Rusia había emitido una línea roja.

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Siguiendo la estela estadounidense, los aliados no han dudado a la hora de apoyar a Ucrania, otorgándoles una amplia variedad de vehículos ligeros, carros de combate, cazas y armamento ligero tales como los cazas MIG-29 polacos o los carros de combate Challenguer 2 británicos y Leopard alemanes (el carro más potente de los Estados europeos). En este sentido, la producción y venta de armamento en Europa se ha disparado a niveles que no se veían desde el fin de la Guerra Fría, impulsada por una nueva oleada de militarismo que recorre Occidente animada desde los Estados Unidos.

Esto es algo realmente curioso cuando no hace tanto tiempo, en 2018, el por entonces presidente Trump exigió a sus aliados europeos, sin mucho éxito, que duplicaran su gasto en Defensa. Además de la ayuda económica y de armamento, la participación de los Estados Unidos y sus aliados en el conflicto ha dado un nuevo paso con la formación de militares ucranianos en países europeos y, como se ha descubierto recientemente, fuerzas especiales desplegadas sobre el terreno.

Según algunos analistas, esta gran inversión de recursos en Ucrania no se ve cimentada en su amor por la democracia y la libertad, ni viene dada por la simpatía que el pueblo estadounidense tenga por el ucraniano. La situación pospandemia había dejado un Estados Unidos debilitado en la esfera internacional, con varios conflictos internos y una ausencia total de liderazgo durante la pandemia, lo que había llevado a muchos de sus aliados a dudar de si se encontraban en el bando ganador. 

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Ahora, tras un año de guerra, las voces críticas con la OTAN y el liderazgo estadounidense se han acallado y, de forma sorprendente, todo Occidente parece haber aceptado el discurso estadounidense y ha cerrado filas a su alrededor al sentir el aliento ruso en sus nucas. En este sentido, los países europeos se han comprometido a aumentar su gasto militar a un mínimo del 2% de su PIB, cumpliendo así con las expectativas marcadas por la OTAN (y por Estados Unidos). Más aún, según el Stockholm International Peace Research Institute, el gasto en defensa en Europa se ha incrementado un 13% en todo el mundo.

Pero la guerra de Ucrania no solo ha hecho que el país norteamericano recupere influencia. Desde el estallido del conflicto, las exportaciones de armamento estadounidense se dispararon un 49,1% a lo largo del año pasado, llegando a superar los 200.000 millones de dólares. Y es que la mayor parte del armamento enviado a Kiev no es donado, sino que es comprado, a Estados Unidos. Además de la industria armamentística, sector clave tanto de la economía como la política estadounidense, el sabotaje del Nord Stream y la dependencia de los Estados del norte de Europa al gas natural han disparado las exportaciones de este combustible desde los Estados Unidos, creciendo su volumen un 9% en 2022 y multiplicando su valor por cuatro durante entre enero y septiembre del mismo año.

Sin embargo, no todo es de color de rosas para Estados Unidos. La guerra de Ucrania ha traído problemas tanto externos como internos para el país norteamericano. Así, encontramos dentro del propio país como cada vez más son las voces críticas con la posición de los Estados Unidos en el conflicto. En este sentido, algunos representantes en el Congreso, especialmente desde el escaño republicano, comienzan a exigir a la administración Biden que reduzca su apoyo a Ucrania, atemorizados por un posible desabastecimiento de armamento para sus propias Fuerzas Armadas y con el punto de mira puesto en China y sus movimientos en el estrecho de Taiwán.

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El frenazo chino y el rediseño de su estrategia

Por su parte, la actuación China en la guerra ha sido considerablemente más leve que la estadounidense, pero no por ello inexistente. Tras la instauración de las sanciones económicas de Occidente, la relación entre Moscú y Pekín no ha hecho sino acrecentarse. La visita a comienzos de año del presidente Xi Jiping a Moscú dio luz verde al proyecto de construcción del gaseoducto Fuerza Siberia 2, el cual conectará Siberia con la península de Yamal atravesando Mongolia a lo largo de 2.600 km. Este ambicioso proyecto tiene como objetivo sustituir al defenestrado Nord Stream 2, que suministraría de gas ruso a Alemania, encargándose el nuevo suministro a la empresa rusa Gazprom, quien ha firmado un contrato de 30 años para suministrar del preciado recurso a la empresa china CNPC, y que prevé su apertura para 2030 con un suministro de hasta 50.000 millones de metros cúbicos de gas de “forma fiable y estable”.

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Pero la relación sino-rusa no solo se cimienta en el ámbito económico. La animadversión por Estados Unidos y los roces con esta han llevado recientemente a que Rusia y China estrechen aún más sus relaciones, firmando un tratado de cooperación militar con el objetivo de “contribuir a mantener la seguridad y estabilidad regional y global”. Este movimiento es lógico teniendo en cuenta la situación de Rusia, estancada en un conflicto abierto con Occidente en Ucrania, y de China, que estudia con atención la respuesta occidental en Ucrania a la vez que realiza movimientos en el sureste asiático en la danza de dragones que entabla con Estados Unidos.

Pero la actividad china no solo se ha centrado en el bando ruso. Queriendo reforzar la posición de líder mundial obtenida durante la pandemia, el gobierno chino trata de liderar las conversaciones de paz que finalicen con el conflicto entre ambas potencias. A tal fin, la delegación especial al mando de Li Hui, antiguo embajador chino en Rusia, ha visitado recientemente tanto al presidente de Ucrania como a otros líderes europeos con el objetivo de tranquilizar a los occidentales con la posición china en el conflicto y acercar posturas. 

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Aun así, en los últimos meses hemos podido ver como multitud de líderes europeos, incluido el presidente Sánchez, han visitado al presidente Xi Jinping con el objetivo de acercar posturas y buscar una solución al conflicto. En este sentido, el cuestionado plan chino para la paz parece buscar más un acercamiento de posturas que una solución real, proponiendo unas condiciones de paz que para Ucrania y sus aliados son inaceptables actualmente, pero que dan pie al diálogo. Con esto, China no pretende acabar realmente con el conflicto, sino arrebatar a Estados Unidos el papel de garante de la paz y establecer a China como la nación que tuvo éxito donde el país norteamericano fracasó (como hicieron durante la pandemia). 

En cuanto a su situación interna, China, igual que los Estados Unidos, cuenta con sus propios problemas internos. El reciente frenazo en el crecimiento chino sumado al envejecimiento poblacional que comienza a hacerse patente en la sociedad china son dos de los grandes retos a los que se enfrenta el gobierno chino, el cual necesita establecer una clase media fuerte en el país que se convierta en el motor de su economía. También es remarcable la crisis en el mercado inmobiliario que sufre el país, lo cual sumado a los recientes brotes de coronavirus que han obligado a cerrar distritos enteros ha traído más de un quebradero de cabeza al gobierno del presidente Xi Jinping.

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La guerra de Ucrania y su importancia en las relaciones entre China y Estados Unidos

El conflicto de Ucrania ha sorprendido a todos por igual trayendo de nuevo la guerra convencional al tablero europeo y poniendo en evidencia el gran contraste existente entre las nuevas tecnologías y las tácticas convencionales. Lo que parecía un conflicto de días se ha empantanado en una guerra moderna de trincheras de más de un año de duración en la que las dos grandes superpotencias del mundo, Estados Unidos y China, buscan alzarse como garantes de la paz y la seguridad internacionales. La invasión rusa ha demostrado que, con el apoyo adecuado, ninguna potencia por muy grande que sea está exenta de salir mal parada de una agresión, lo que ha llevado tanto a China como a Estados Unidos a replantearse su relación y el cómo afrontar el conflicto del Pacífico. 

En este contexto, y aparentemente con la lección aprendida, ninguna de las potencias parece interesada en escalar el conflicto por la cuestión taiwanesa, ni verse arrastrada por Rusia y Ucrania a un conflicto mayor. El presidente chino declaró así que “China respeta los intereses de Estados Unidos, y que no tratará de desafiarla y reemplazarla. Del mismo modo, China espera que los Estados Unidos la respeten y no traten de socavar sus derechos e intereses legítimos. Ninguna de las partes debe amoldarse a sus propios deseos, y mucho menos privar a la otra de sus legítimos derechos al desarrollo”.

Por su parte, Blinken se mostró satisfecho con la reunión y declaró que fue a Beijing a “reforzar los canales de comunicación de alto nivel, dejar las posturas claras en áreas de desacuerdo y explorar áreas comunes para la cooperación, cosa que logramos”. El alto diplomático estadounidense también recalcó que “Estados Unidos acogería con satisfacción que China desempeñara un papel constructivo, junto con otras naciones, para trabajar por una paz justa basada en los principios de la Carta de las Naciones Unidas”. Además de con el presidente Jinping, Blinken se reunió por más de 5 horas con el ministro de Relaciones Exteriores chino, Qin Gang, acordando una visita futura de este a Washington con el objetivo de continuar las conversaciones. De esta reunión, destacar que ambos funcionarios concuerdan en que se lograron avances si bien la situación entre ambas superpotencias es muy tensa.

Con la contraofensiva ucraniana en marcha y las relaciones sino-estadounidenses recuperándose, parece claro concluir que la guerra de Ucrania no es ya un conflicto que afecte a Europa y Rusia, sino que es una guerra destinada a marcar las relaciones de las superpotencias entre sí en las próximas décadas. Queda por ver si la lecciones que se puedan aprender de la misma calan o no.

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