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Liderazgo femenino a nivel global, ¿qué valor diferencial aporta?

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Las mujeres representan casi la mitad de la población mundial, pero su presencia en los espacios de poder sigue siendo limitada. En este artículo, Teresa Hernández, alumna del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute analiza cómo, en un contexto internacional marcado por la desigualdad y la volatilidad, el liderazgo femenino emerge como una pieza clave para impulsar decisiones más inclusivas y sostenibles.

Las mujeres forman el 49,7% de la población mundial, la igualdad de género es el ODS número 5 y se ha demostrado que la inclusión de mujeres en las mesas de negociación contribuye a resultados más justos y duraderos. No obstante, el liderazgo femenino tiene todavía un largo recorrido por delante para alcanzar la igualdad con el liderazgo masculino.

El liderazgo femenino alude a la presencia de mujeres en puestos de poder y decisión ya sea a nivel político, empresarial u organizacional en su sentido más amplio. Asimismo, el liderazgo femenino se caracteriza por un estilo de liderazgo más inclusivo,  comunicativo,  colaborativo y empático. 

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En un contexto global marcado por la ausencia de estos cuatro atributos, el liderazgo femenino se erige como un elemento fundamental para paliar las graves deficiencias del sistema internacional actual así como para reconfigurar uno nuevo con mayores garantías de éxito.

El liderazgo femenino en cifras

Las cifras del liderazgo femenino en el mundo muestran una realidad de poder y toma de decisiones asimétrica. Según los datos de Naciones Unidas, en 2026, solo 27 países del mundo están gobernados por una mujer y más de 100 países del mundo no han tenido nunca una jefa de estado o de gobierno. A nivel político, las mujeres ocupan en torno al 27% de los escaños parlamentarios a nivel mundial y solo 9 países tienen gabinetes paritarios. 

En el ámbito diplomático y multilateral, las embajadoras permanentes de la ONU representan un 30% del total, el 27% de los asientos de la OCDE están ocupados por mujeres asi como el 29% de los órganos de gobiernos de las organizaciones multilaterales.

A nivel empresarial, el 8% de los mejores CEOs de las 100 mejores compañías del mundo son mujeres así como el  5% de las personas con más influencia a nivel mundial. No obstante, el 33% de los puestos de dirección empresarial están ocupados por mujeres.

El sector que apuntala el liderazgo femenino es el de la cooperación internacional. En este sentido, el 61,2% de las ONG están dirigidas por mujeres, siendo sus principales ámbitos las organizaciones sociales, la educación, la salud y cooperación internacional.

¿Por qué es importante el liderazgo femenino y qué valor diferencia aporta?

Comfort Ero, presidenta del International Crisis Group (ICC),  ha afirmado que las mujeres son esenciales para que las negociaciones de paz sean duraderas y fructíferas. La inclusión  de mujeres mejora la toma de decisiones, deriva en respuestas más eficaces y en un mayor grado de compromiso por parte de las comunidades locales. A largo plazo, esto contribuye a una mejor implementación de planes de paz. 

Las razones son las siguientes

En primer lugar, las mujeres priorizan su bienestar y su cuidado personal asi como el de los miembros del equipo. Esto refuerza los vínculos interpersonales y la autenticidad en las relaciones sociales. Además, la mayor preocupación por el bienestar emocional del equipo y la mayor capacidad para empatizar con la población local, deriva en una mayor consideración y empatía hacia los intereses propios y los adversos.

En segundo lugar, las mujeres tienden a adoptar un enfoque más reflexivo y menos impulsivo en las negociaciones. Esto resulta de vital importancia en un paradigma global impregnado de volatilidad y la impulsividad. Asimismo, las mujeres tienen una mayor capacidad de escucha y menos tendencia a tomar riesgos innecesarios.

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En tercer lugar,  las mujeres son más inclusivas. El liderazgo femenino se caracteriza por estar orientado hacia una satisfacción de todas la partes en una negociación en la medida de lo posible,  en contraposición con el liderazgo de suma cero. Esto no es óbice para que los principios y los intereses fundamentales primen en las negociaciones con participación femenina.

En conclusión, el liderazgo femenino es esencial para apuntalar un sistema internacional más justo, más inclusivo y con compromisos más duraderos y estables.  A pesar del progreso conseguido,  todavía queda mucho camino por recorrer. En 2026, la oportunidad de elegir a una mujer como secretaria general de Naciones Unidas, supone un punto de inflexión para reconfigurar el sistema mundial e impregnarlo de mayor inclusión y reflexión. 

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