La salida de Moldavia de la Comunidad de Estados Independientes refuerza su giro hacia Occidente y eleva la tensión con Rusia. En este artículo, Roberto Mansilla, alumni de Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute analiza cómo el acercamiento a la UE y la OTAN, junto al papel de Transnistria y Gagaúzia, aumenta el riesgo de inestabilidad en Europa del Este.
El anuncio de Moldavia de retirarse oficialmente en abril de 2027 de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), entidad nacida en 1991 con la desintegración de la URSS, confirma el giro geopolítico prooccidental del gobierno moldavo de Maia Sandu y su marcado distanciamiento con respecto a Rusia.
Esta decisión ocurre en medio de las tensiones ruso-occidentales por la guerra en Ucrania, cuyas repercusiones podrían afectar a Moldavia a través de tres escenarios:
- Las «esferas de influencia«: Moldavia ha solicitado su admisión en la UE y la OTAN, aspecto que inquieta a Moscú porque considera a este país parte de sus “esferas de influencia”;
- Un «nuevo Donbás«: la presencia en Moldavia de regiones prorrusas (Transnistria y Gagaúzia) implica un escenario conflictivo que podría recrear un contexto similar al del Donbás y otras regiones del Este ucraniano actualmente bajo control ruso;
- El Mar Negro: Por su importancia geoeconómica y militar, el pulso por el control del Mar Negro entre Rusia y la OTAN es cada vez mayor. Moscú pretende convertir este espacio en su Mare Nostrum. Moldavia no tiene litoral pero sí está muy próxima geográficamente a este espacio.
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Transnistria y Gagaúzia: ¿el «nuevo Donbás»?
Como en el caso ucraniano tras la invasión militar rusa de febrero de 2022, Moldavia solicitó su ingreso en la UE (marzo de 2022), alcanzando el estatus de candidato. Desde 2021, la UE mantiene mecanismos de cooperación militar y defensiva con Moldavia.
A pesar de su neutralidad, en mayo de 2024, Moldavia se convirtió en el primer país no miembro de la UE en firmar un pacto de seguridad y defensa toda vez es socio de la OTAN.
Rusia ha acusado a la UE y la OTAN de intentar «militarizar» Moldavia. Argumentando la «amenaza rusa», Chisinau pretende aumentar su gasto militar hasta el 1% del PIB toda vez ha acusado a Moscú de presuntamente interferir en sus recientes procesos electorales: presidenciales de 2024; y parlamentarias de 2025.
Las tensiones ruso-moldavas se concentran en dos escenarios: Transnistria y Gagaúzia. Tras un breve conflicto militar con Chisinau, desde 1991 existe la República Pridnestroviana de Transnistria, un Estado de facto cuya legitimidad no es reconocida por Moldavia ni la comunidad internacional.
Transnistria se ha convertido en un “Estado tapón” (Buffer State) como pieza geopolítica clave para Moscú. A diferencia de otros casos como Osetia del Sur y Abjasia, Rusia no reconoce oficialmente a Transnistria como Estado independiente pero sí ofrece cooperación económica, cultural y apoyo político a través de un Consulado en su capital Tiráspol. Con 1.500 efectivos, Moscú mantiene presencia militar en el territorio por medio del Grupo Operativo de Fuerzas Rusas.
Utilizando una retórica y óptica similar a la utilizada en el Donbás, el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Serguéi Shoigú, ha advertido recientemente que Moscú está lista para proteger a los más de 220.000 ciudadanos rusos que viven en Transnistria. A mediados de abril, Moldavia declaró persona “non grata” a los líderes del contingente ruso en la zona, limitando su movilidad.
Por su parte, la región autónoma de Gagaúzia, de mayoría étnica turca (80%), cuenta con una minoría rusa (3,8% de la población). Entre 1991 y 1994 existió un breve conflicto armado entre Gagaúzia y las autoridades moldavas. Como en el caso de Transnistria y realizando alegorías con la situación del Donbás, Chisinau acusa a Moscú de utilizar Gagaúzia como presunta «cabeza de puente» para «desestabilizar» Moldavia.
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La tensión se incrementó en marzo de 2025 cuando las autoridades moldavas detuvieron a la entonces gobernadora de Gagaúzia, Evghenia Guțul, por presuntos casos de corrupción. El Kremlin denunció intencionalidad política detrás de esta decisión debido a los contactos de Gutul con el presidente ruso Vladimir Putin. La presidenta moldava Sandu llegó a declarar que Guțul apoyaba la invasión rusa de Ucrania.
Guțul anunció la posibilidad de abrir una oficina de representación de Gagaúzia en Moscú, toda vez advirtiósobre independizarse de Moldavia aduciendo la posibilidad de reunificación moldava con Rumanía.Este contexto coloca a Rumanía, miembro de la UE y de la OTAN, como un actor exógeno con influencia en la política moldava, tomando en cuenta su proximidad lingüística y cultural.
El Mar Negro: ¿un Mare Nostrum ruso y un nuevo Estrecho de Ormuz?
En las tensiones ruso-occidentales en torno al Mar Negro, Moldavia es un actor colateral ya que no posee litoral. No obstante, su estrecha proximidad geográfica la colocan dentro de la cuenca del Mar Negro y sus esferas de influencia.
Con la atención mundial concentrada en el conflicto entre EEUU e Irán y la crisis en el Estrecho de Ormuz, Rusia ha acelerado su ofensiva militar en Ucrania con la mira puesta en ampliar su radio de control e influencia en el Mar Negro. Un foco estratégico para Moscú es la toma de Odesa. Con ello, Moscú pretende abrir un corredor territorial vía Transnistria que le permita ejercer presión sobre Moldavia, Ucrania y Rumanía.
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Para el Kremlin, el Mar Negro es vital para su seguridad y operatividad de la Fuerza Naval rusa así como en clave geoeconómica para consolidar la potencialidad del puerto ruso de Novorosíisk, además de Crimea.
Por ello, Rusia aumenta su influencia política sobre los países ribereños con el Mar Negro. Muy probablemente para compensar la derrota de su aliado Viktor Orbán en las elecciones presidenciales húngaras del pasado 12 de abril, Moscú observa como ganancia geopolítica la victoria del candidato prorruso Rumen Radev en las recientes elecciones legislativas búlgaras. Con anterioridad, Rusia tambiénha fortalecido su influencia en Georgia, otro país con litoral en el Mar Negro.
Como un precedente similar al que está ocurriendo actualmente en el Estrecho de Ormuz, la crisis alimentaria de 2023 demostró la capacidad de Moscú a la hora de activar sus intereses geoeconómicos vía transporte de mercancías desde sus puertos del Mar Negro.
Tras retirarse de la Iniciativa de la ONU sobre Exportación de Cereales, Rusia bloqueó la salida del grano ucraniano, elevando los precios de alimentos y dificultando la navegación en el Mar Negro. La UE denunció a Rusia por utilizar la seguridad alimentaria como arma geoeconómica.
Intentando neutralizar las expectativas rusas de convertir al Mar Negro en su Mare Nostrum, la OTAN está ampliando la capacidad operativa de la 7ª Base Aérea Mihail Kogălniceanu en la localidad rumana de Constanza. Su presencia es igualmente latente en otros países con litoral en el Mar Negro y miembros de la OTAN como Rumanía, Bulgaria y Turquía.
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