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Cómo actuar ante un terremoto: guía completa antes, durante y después

Análisis

Rubén Asenjo
Rubén Asenjo
Periodista apasionado por la actualidad internacional y la geopolítica. Escribo para entender el mundo en constante cambio y compartir perspectivas que despierten la reflexión y el debate. Comprometido con la búsqueda de la verdad y las historias que impacten e inspiren.

Conocer las pautas de actuación ante un terremoto puede salvar vidas. Descubre qué hacer en cada fase del sismo según las recomendaciones oficiales de Protección Civil y el Instituto Geográfico Nacional.

Un terremoto es una de las catástrofes naturales más impredecibles e incontrolables que existen. A diferencia de otras emergencias, no avisa con antelación. En cuestión de segundos, el suelo puede comenzar a vibrar con violencia y poner en riesgo la integridad de personas y edificios. Por eso, la mejor herramienta con la que cuenta cualquier ciudadano es la preparación previa y el conocimiento de las pautas de actuación correctas.

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En España, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y la Dirección General de Protección Civil y Emergencias han desarrollado guías específicas para que la población sepa exactamente qué hacer antes, durante y después de un movimiento sísmico. Este artículo recoge y sintetiza esas recomendaciones oficiales, estructuradas de forma clara para que cualquier persona pueda asimilarlas, recordarlas y aplicarlas cuando sea necesario.

Qué es un terremoto y por qué es importante estar preparado

Desde un punto de vista técnico, un terremoto es la liberación súbita y brusca de energía acumulada por la deformación lenta de la corteza terrestre, que se propaga en forma de ondas sísmicas. Esta energía puede alcanzar una intensidad devastadora en muy poco tiempo, provocando el derrumbe de estructuras, cortes de suministros básicos y situaciones de pánico que, paradójicamente, aumentan el número de víctimas.

La escala oficial para medir la intensidad en España es la Escala Macrosísmica Europea (EMS98), que consta de doce grados y evalúa el impacto en personas, construcciones y el terreno. Sin embargo, más allá de los datos técnicos, lo verdaderamente relevante para la ciudadanía es comprender que estar bien informado y preparado es la mejor protección posible frente a un terremoto de gran magnitud.

Escala de Richter y de magnitud de momento: cómo se mide un terremoto

Cuando los medios informan sobre un terremoto, habitualmente mencionan su magnitud en la escala de Richter. Sin embargo, esta expresión es técnicamente imprecisa en la mayoría de los casos. Conocer la diferencia entre las dos escalas principales ayuda a interpretar correctamente la información sísmica.

La escala de Richter (magnitud local, ML) fue desarrollada en 1935 por el sismólogo Charles F. Richter del Instituto Tecnológico de California. Su idea básica era que, conociendo la distancia desde un sismógrafo hasta el epicentro y observando la amplitud máxima de la señal registrada, se podía asignar una clasificación cuantitativa al tamaño del terremoto. Según el USGS, esta escala fue concebida originalmente para terremotos de California registrados con un tipo específico de sismógrafo (el instrumento de torsión de Woods-Anderson) y es válida fundamentalmente para sismos de magnitud local inferior a 5 y que ocurren en un radio de unos 600 kilómetros del aparato de medición. A mayor tamaño del sismo, la escala de Richter tiende a saturarse. Es decir, ya no distingue correctamente entre terremotos grandes y grandísimos. Por ello, el USGS señala que esta escala ya no se utiliza en la actualidad para terremotos grandes o lejanos (teleseismic earthquakes).

La escala de magnitud de momento (Mw), por su parte, fue introducida en 1979 por los sismólogos Thomas C. Hanks e Hiroo Kanamori precisamente para superar esas limitaciones. En lugar de medir la amplitud de las ondas en un sismógrafo, calcula directamente las propiedades físicas del terremoto en su fuente. Entre ellas, la rigidez de las rocas que se fracturaron, el área de la falla que se desplazó y la distancia media que se movió dicha falla. El producto de estos tres factores constituye el «momento sísmico», que se convierte después en un valor de magnitud comparable al de la escala de Richter para terremotos pequeños y moderados, pero mucho más preciso para los grandes.

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La escala de magnitud de momento no se satura, es aplicable a cualquier tamaño de terremoto en cualquier parte del mundo y está directamente relacionada con la energía física liberada. Por eso, según el USGS, es la escala estándar que utilizan actualmente todos los organismos sismológicos de referencia mundial para informar sobre terremotos significativos. Cuando los medios mencionan un terremoto de magnitud 6 o de magnitud 8, el número que realmente se está comunicando es casi siempre la magnitud de momento (Mw), aunque coloquialmente se siga diciendo «escala de Richter».

Ambas escalas son logarítmicas, donde cada punto de incremento en la magnitud equivale a diez veces más amplitud en las ondas sísmicas y aproximadamente 31,6 veces más energía liberada. Esto significa que un terremoto de magnitud 7 libera unas 1.000 veces más energía que uno de magnitud 5, lo cual da una idea de la diferencia abismal entre eventos aparentemente cercanos en la escala numérica.

Antes del terremoto: prevención y planificación en casa

La fase previa al sismo es, con diferencia, la más importante. Aunque muchas personas la descuidan por la falsa sensación de que «aquí no tiembla», la realidad es que ninguna zona del planeta está completamente libre de actividad sísmica. Adoptar medidas preventivas en el hogar y en el trabajo no requiere grandes recursos, pero sí constancia.

En primer lugar, conviene asegurar firmemente todos los objetos que puedan ocasionar daños en caso de sacudida: cuadros, espejos, lámparas, armarios y librerías deben estar fijados a las paredes o al techo. Asimismo, es fundamental no colocar objetos pesados en zonas altas de estanterías, como macetas, televisores o botellas, ya que su caída puede provocar lesiones graves.

Por otro lado, cada miembro del hogar debería conocer la ubicación de las llaves de paso de agua, gas y electricidad, y saber cómo cerrarlas. Igualmente importante es identificar las zonas seguras dentro de la vivienda, como los rincones interiores, los pilares o espacios junto a muebles sólidos, y establecer un punto de reunión familiar para reagruparse después de un sismo.

Además, el IGN recomienda tener siempre preparada una mochila de emergencia que incluya, como mínimo: botiquín de primeros auxilios, agua embotellada y alimentos no perecederos, linterna de dínamo, radio con pilas, silbato y extintor. Participar en simulacros en el colegio, el trabajo o la comunidad es también una práctica esencial para interiorizar las respuestas correctas sin necesidad de pensar bajo presión.

Durante el terremoto: las tres reglas de oro

Cuando el suelo comienza a temblar, el tiempo disponible para reaccionar es mínimo. En esos segundos, el miedo y la confusión pueden llevar a tomar decisiones erróneas que aumenten el riesgo. Por eso, el Instituto Geográfico Nacional resume la actuación correcta en tres pasos fundamentales que toda persona debería memorizar: agáchate, cúbrete y agárrate.

Agacharse significa bajar al suelo de inmediato para reducir el riesgo de caída y minimizar la superficie expuesta a objetos en movimiento. Cubrirse implica proteger la cabeza y el cuello (las partes más vulnerables) bajo una mesa resistente, junto a un sofá o entre dos filas de asientos. Agarrarse permite mantener el equilibrio durante la sacudida y no ser arrojado contra paredes o muebles.

Independientemente del lugar donde se esté cuando ocurra el terremoto, la regla básica es la misma: si estás dentro de un edificio, quédate dentro, y si estás fuera, permanece fuera. Entrar o salir corriendo durante el sismo es una de las principales causas de accidentes, ya que los objetos que caen desde fachadas y cornisas son especialmente peligrosos en esos instantes.

En el interior de un edificio, además de agacharse y cubrirse, es imprescindible mantenerse alejado de ventanas, cristaleras, muebles pesados y paredes exteriores. Bajo ningún concepto se debe utilizar el ascensor ni huir precipitadamente hacia las salidas. También es fundamental apagar cualquier fuego y no encender cerillas, encendedores ni velas durante o inmediatamente después del temblor, dado el riesgo de fuga de gas.

En el exterior, la prioridad es alejarse de edificios, muros, postes eléctricos, cables y zonas de posibles desprendimientos. Si se está conduciendo, la recomendación oficial es detener el vehículo en un lugar seguro, encender las luces de emergencia y permanecer dentro hasta que cese el movimiento, evitando especialmente puentes, túneles y zonas con riesgo de caída de rocas.

Por último, es vital mantener la calma y no gritar «¡es un terremoto!». El pánico es contagioso y multiplica el número de heridos. Si se quiere avisar a otros, es preferible gritar «¡a cubierto!», una señal que puede orientar a quienes no sepan cómo reaccionar.

Qué no se debe hacer durante un sismo: errores frecuentes

Uno de los aspectos más importantes de una buena formación preventiva es conocer los mitos y errores habituales que pueden costar la vida. Aunque algunos de ellos están muy extendidos, las autoridades de protección civil los desaconsejan expresamente.

El error más común es refugiarse bajo el marco de una puerta. Esta práctica, ya desacreditada por las autoridades, no ofrece mayor protección que cualquier otro punto de la vivienda y, además, impide protegerse con los brazos o encontrar un refugio más sólido. Mucho más seguro es acudir a la posición agáchate, cúbrete y agárrate junto a un mueble resistente o en un rincón interior.

De igual modo, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) desmonta expresamente el llamado «triángulo de vida», una teoría que sugería que el espacio junto a objetos grandes (sofás, camas) constituía una zona segura al crear un hueco tras derrumbarse. Según el USGS y la Cruz Roja Americana, esta idea es errónea y no aplicable a los edificios construidos bajo normativa moderna. Por ello, la recomendación sigue siendo, sin excepción, agacharse, cubrirse y agarrarse.

Igualmente peligroso es correr hacia la calle durante el sismo. La mayoría de las víctimas en entornos urbanos se producen al intentar salir precipitadamente de los edificios, precisamente cuando la caída de escombros, cornisas y cristales es más intensa. De igual manera, nunca se debe usar el ascensor en ninguna circunstancia durante o después de la sacudida.

Después del terremoto: actuación en la fase de emergencia

Cuando el movimiento cesa, la situación sigue siendo peligrosa. Las réplicas (terremotos de menor magnitud que siguen al principal) pueden producirse en los minutos, horas o incluso días posteriores y causar daños adicionales en estructuras ya debilitadas. Por ello, la vigilancia no debe bajar la guardia en cuanto termina la primera sacudida.

Lo primero que hay que hacer es comprobar el estado de las conducciones de agua, gas y electricidad de forma visual y olfativa. Ante cualquier anomalía o sospecha de fuga, se deben cerrar las llaves de paso generales y comunicarlo a los técnicos o autoridades. Si se aprecia olor a gas, es fundamental no cortar la luz, ya que podría producirse una chispa que prenda el escape, y evacuar el edificio de inmediato.

Para iluminarse, siempre se debe usar linterna, nunca fuego. Al abrir armarios, conviene extremar la precaución, ya que algunos objetos pueden haber quedado en posición inestable. Si el edificio presenta daños visibles, se debe salir de forma ordenada utilizando siempre las escaleras, nunca el ascensor. Una vez fuera, hay que alejarse de la zona y no regresar hasta que las autoridades lo indiquen.

En cuanto a las comunicaciones, el teléfono debe reservarse exclusivamente para llamadas de extrema urgencia, a fin de no colapsar las líneas de emergencia. En su lugar, conviene sintonizar la radio o seguir los medios de comunicación y las cuentas oficiales en redes sociales para recibir instrucciones actualizadas y contrastar cualquier información antes de difundirla.

Asimismo, el agua puede haber quedado contaminada tras un gran terremoto. En caso de duda, siempre se recomienda consumir agua hervida o embotellada hasta que las autoridades confirmen la potabilidad del suministro.

Apoyo psicológico tras el sismo: una necesidad que no hay que ignorar

Más allá de los daños materiales, un terremoto puede dejar secuelas emocionales significativas en quienes lo han vivido. Según la Dirección General de Protección Civil y Emergencias, es completamente normal experimentar reacciones de ansiedad en las semanas posteriores al sismo, y muchas personas pueden necesitar apoyo psicológico profesional para reducir el estrés emocional acumulado.

En el caso de los niños, los síntomas a vigilar incluyen la falta de apetito, el insomnio, el miedo a los cambios de tiempo o el temor a que el terremoto se repita. Ante estas señales, lo más adecuado es escucharles, tranquilizarles y, si el malestar persiste, buscar el apoyo de un profesional de la salud mental.

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