La inteligencia artificial está transformando las operaciones de influencia al permitir que sean más rápidas, económicas y difíciles de detectar. En una Masterclass organizada por LISA Institute, el experto en inteligencia y ciberseguridad Hugo Zunzarren analizó cómo identificar estas amenazas, por qué la atribución de sus responsables resulta cada vez más compleja y qué pueden hacer las empresas y las instituciones para protegerse. Este episodio forma parte del Ciclo de Cultura de Defensa: las claves estratégicas de la Defensa de España en 2026, producido por LISA Institute con el apoyo de la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL) y DICOES.
La inteligencia artificial está modificando profundamente el panorama de las amenazas híbridas, la desinformación y la seguridad internacional. Su capacidad para generar contenidos, automatizar procesos y adaptar mensajes a diferentes audiencias ha ampliado las posibilidades de los actores que buscan influir en la opinión pública, desestabilizar instituciones o comprometer la seguridad de organizaciones.
Sin embargo, el principal cambio no reside en la aparición de nuevas formas de manipulación, sino en la facilidad con la que pueden desarrollarse y multiplicarse.
Esta fue una de las principales conclusiones de la Masterclass «Inteligencia Artificial, amenazas híbridas y desinformación: cómo la IA está transformando las nuevas amenazas», celebrada el 28 de septiembre de 2026 y organizada por LISA Institute dentro del ciclo «Las claves estratégicas de la Defensa de España en 2026», con el apoyo de la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL) y DICOES, del Ministerio de Defensa.
La sesión contó con Hugo Zunzarren, experto en inteligencia corporativa, ciberseguridad e inteligencia cognitiva, y profesional de Falco Insights. La conversación estuvo conducida por Daniel Villegas, fundador y director general de LISA Institute.
A lo largo del encuentro, ambos analizaron cómo están evolucionando las operaciones de influencia, qué indicadores permiten detectar campañas coordinadas y por qué el pensamiento crítico y la supervisión humana serán fundamentales ante el avance de la inteligencia artificial.
Estas son las nueve principales conclusiones de la sesión.
1. Las amenazas híbridas aprovechan simultáneamente las vulnerabilidades de sus adversarios
Para Hugo Zunzarren, las amenazas híbridas no pueden entenderse como fenómenos exclusivamente militares o tecnológicos. Su principal característica es la combinación de distintos vectores de ataque para alcanzar un objetivo estratégico.
Una operación híbrida puede integrar acciones en el ámbito militar, cibernético, económico, reputacional y cognitivo. Cada una de estas dimensiones puede contribuir a facilitar el desarrollo de la siguiente fase.
Durante la Masterclass, Zunzarren explicó cómo una campaña destinada a deteriorar la reputación de un actor puede generar consecuencias económicas que, posteriormente, reduzcan su capacidad de respuesta ante otras amenazas.
Este planteamiento supone un desafío para las organizaciones, que tradicionalmente han abordado la seguridad física, la ciberseguridad y la gestión reputacional como ámbitos relativamente independientes.
La principal conclusión es que la seguridad debe analizarse desde una perspectiva integral, identificando las conexiones entre diferentes vulnerabilidades y anticipando cómo podrían ser aprovechadas de manera simultánea.
2. La inteligencia artificial no crea la desinformación, pero cambia su escala y su coste
Uno de los argumentos centrales de Zunzarren fue que la inteligencia artificial no ha cambiado la naturaleza de las operaciones de influencia.
«No cambia la naturaleza de la amenaza, sólo cambia la economía», explicó durante la sesión.
Según el experto, las técnicas de manipulación, persuasión y desinformación ya existían antes de la aparición de la IA generativa.
Lo que ha cambiado es la capacidad de los actores para desarrollar estas operaciones con mayor rapidez, a un coste más reducido y alcanzando audiencias mucho más amplias.
La inteligencia artificial permite acelerar la producción y adaptación de mensajes, analizar información y facilitar la coordinación de diferentes acciones.
Esta transformación también afecta a la respuesta defensiva.
Zunzarren advirtió de que el enfrentamiento ya no debe entenderse únicamente como una competencia entre herramientas, sino entre sistemas capaces de adaptarse y aprender continuamente.
Por ello, la velocidad de aprendizaje y de toma de decisiones será uno de los factores determinantes para responder eficazmente a las nuevas amenazas.
Las organizaciones que mantengan procesos excesivamente lentos pueden encontrarse con que, cuando hayan identificado una campaña y decidido cómo actuar, el adversario ya haya avanzado hacia su siguiente objetivo.
3. La guerra cognitiva busca modificar nuestras decisiones sin que seamos conscientes
Uno de los aspectos más relevantes de la conversación fue el análisis del denominado dominio cognitivo.
A diferencia de otras amenazas, las operaciones de influencia cognitiva no buscan necesariamente destruir infraestructuras o sustraer información.
Su objetivo puede ser modificar las percepciones, actitudes y comportamientos de las personas.
Zunzarren explicó que una de las principales dificultades de estas operaciones es que quienes las sufren pueden no ser conscientes de que están siendo manipulados.
Una campaña eficaz puede modificar progresivamente la interpretación que una persona hace de determinados acontecimientos hasta que termina considerando propias ideas o conclusiones condicionadas por terceros.
Frente a este escenario, el experto defendió la importancia de desarrollar lo que denominó resiliencia cognitiva.
Esta capacidad no consiste necesariamente en evitar cualquier intento de manipulación, algo que consideró poco realista, sino en impedir que condicione de forma decisiva nuestras elecciones.
La formación, el pensamiento crítico, el conocimiento de los sesgos cognitivos y la capacidad de cuestionar la información recibida resultan esenciales para preservar la autonomía individual.
4. Para detectar una campaña de desinformación hay que analizar toda la operación
Zunzarren insistió en que uno de los errores más frecuentes consiste en analizar publicaciones, vídeos o mensajes de forma aislada.
En el ámbito de la inteligencia cognitiva, la unidad de análisis debería ser la operación completa y no solamente uno de sus contenidos.
El experto utilizó el concepto de «orquestas sin director» para explicar cómo pueden desarrollarse campañas en las que múltiples actores contribuyen a difundir una narrativa sin necesidad de recibir instrucciones directas.
Los responsables de una operación pueden aprovechar los intereses, incentivos y comportamientos habituales de distintas personas y organizaciones para provocar reacciones que contribuyan a alcanzar un objetivo.
De este modo, los participantes pueden actuar aparentemente de forma espontánea, mientras sus acciones terminan reforzando una misma estrategia.
El desafío para los analistas consiste en reconocer el patrón común.
Más importante que estudiar individualmente a cada emisor es identificar qué narrativa comparten, cómo se propaga y qué cambio de comportamiento podría perseguir.
Este enfoque permite abordar las campañas de desinformación desde una perspectiva estratégica y anticipatoria.
5. Atribuir una operación de influencia a un Estado o actor concreto es especialmente complejo
La atribución de las campañas de desinformación fue otro de los asuntos destacados durante la Masterclass.
Zunzarren cuestionó la fiabilidad de los análisis que asocian determinados procedimientos con países específicos y utilizan estas semejanzas para identificar a los responsables.
Según explicó, un atacante puede modificar sus métodos cuando descubre que están siendo analizados o incluso imitar los procedimientos de otros actores para dificultar su identificación.
Por ello, defendió que los analistas deben trabajar con hipótesis, patrones de comportamiento, objetivos estratégicos y modelos de operaciones, evitando conclusiones deterministas que no estén respaldadas por evidencias suficientes.
En este contexto, el análisis de las técnicas empleadas, de las emociones que una campaña trata de provocar y de los comportamientos que busca generar puede ofrecer información relevante.
Sin embargo, anticipar la siguiente fase de una operación puede resultar más útil para la defensa que identificar inmediatamente a sus posibles responsables.
El objetivo debe ser reconocer las amenazas con la suficiente antelación para preparar una respuesta adecuada.
6. Los cambios bruscos en la difusión y las narrativas pueden alertar de una operación
Durante la sesión también se abordaron algunos de los indicadores que pueden ayudar a detectar campañas de manipulación informativa.
Entre los elementos destacados por Zunzarren figuran los incrementos repentinos en el alcance de determinados perfiles, las variaciones en los ritmos de publicación, los cambios de estilo comunicativo y la aparición de procesos acelerados de radicalización.
Otro indicador relevante es la convergencia de diferentes mensajes o conversaciones hacia una misma conclusión.
El experto introdujo, además, una distinción importante: una conversación inicialmente espontánea puede ser aprovechada y amplificada deliberadamente por un actor interesado.
Esto significa que una campaña no tiene por qué estar completamente diseñada desde su origen para terminar integrada en una operación de influencia.
Zunzarren también señaló que las técnicas basadas exclusivamente en redes automatizadas de cuentas pueden resultar más fáciles de identificar que aquellas que aprovechan la difusión natural de usuarios reales.
De ahí la importancia de analizar cómo circula una narrativa entre diferentes comunidades y cómo puede transformarse durante ese proceso.
El experto recordó, además, que la desinformación no es exclusivamente digital: los rumores transmitidos mediante relaciones personales también pueden adquirir una elevada credibilidad y terminar difundidos en Internet.
7. La ciberseguridad y la protección reputacional deben trabajar de forma conjunta
La creciente interdependencia entre las amenazas llevó a los ponentes a cuestionar la separación tradicional entre los equipos responsables de ciberseguridad, inteligencia, comunicación y gestión de crisis.
Zunzarren defendió que las organizaciones necesitan desarrollar modelos de seguridad integral capaces de identificar los riesgos que afectan simultáneamente a distintos ámbitos.
Una crisis reputacional puede tener consecuencias económicas. Una vulnerabilidad organizativa puede facilitar un ciberataque. Y una operación de influencia puede contribuir a desestabilizar los procesos de toma de decisiones.
Por eso, la gestión de riesgos debería contemplar conjuntamente estas amenazas.
El experto propuso trabajar con hipótesis y escenarios que permitan identificar indicadores tempranos y establecer planes de respuesta preparados con antelación.
También defendió una mayor integración entre las capacidades de los centros de operaciones de seguridad y los equipos dedicados al análisis de amenazas reputacionales y cognitivas.
La clave consiste en anticiparse a los posibles escenarios, reducir los puntos ciegos y facilitar una respuesta coordinada y rápida.
8. La inteligencia artificial puede ayudar al analista, pero nunca debe sustituir su criterio
La utilización de herramientas de inteligencia artificial en los procesos de análisis ocupó otra parte importante de la sesión.
Aunque Zunzarren reconoció su capacidad para acelerar tareas, procesar información y facilitar determinados procedimientos, advirtió de los riesgos de aceptar automáticamente sus resultados.
Entre los principales problemas mencionó los sesgos, la utilización de datos contaminados y la posibilidad de obtener respuestas incorrectas que resulten aparentemente convincentes.
Por ello, defendió la importancia de controlar las fuentes utilizadas, comprobar la calidad de los datos y supervisar las conclusiones generadas.
El experto insistió en que los profesionales deben mantener la capacidad de cuestionar sus propias hipótesis y buscar activamente posibles errores.
En su opinión, una buena práctica analítica consiste precisamente en intentar demostrar que una hipótesis puede ser equivocada antes de aceptarla.
Esta exigencia debe trasladarse también al trabajo con inteligencia artificial.
La automatización puede mejorar la eficiencia del análisis, pero la verificación de la información y la responsabilidad sobre las conclusiones deben seguir siendo humanas.
9. CORTEX y el pensamiento crítico, herramientas para afrontar las amenazas del futuro
Durante la Masterclass se presentó también CORTEX, un marco de análisis desarrollado para facilitar la identificación de técnicas y patrones relacionados con las operaciones de influencia.
Según explicó Zunzarren, el sistema permite organizar distintas técnicas de manipulación, sesgos cognitivos y fases de una campaña dentro de una estructura que facilite su reconocimiento.
El objetivo es que los profesionales puedan interpretar los indicios de una posible operación, comprender en qué fase podría encontrarse y anticipar sus siguientes movimientos.
Daniel Villegas explicó que se estaba trabajando en una asociación sin ánimo de lucro destinada a facilitar el acceso a este marco y promover la colaboración entre profesionales. LISA Institute y Falco Insights participan en esta iniciativa.
Más allá de las herramientas, la conversación concluyó con una reflexión sobre los riesgos que podría plantear la inteligencia artificial en los próximos años.
Zunzarren identificó como una de sus principales preocupaciones la tendencia de las personas a consultar continuamente sistemas de IA y aceptar sus respuestas como opiniones propias sin realizar un análisis independiente.
Este comportamiento, advirtió, podría reducir progresivamente la capacidad de reflexión crítica y favorecer la adopción de sesgos procedentes de las propias herramientas.
Por ello, la formación interdisciplinar, la autonomía intelectual y la capacidad de verificar información serán fundamentales para afrontar las amenazas cognitivas del futuro.
Conclusión: la defensa frente a la desinformación exige inteligencia, anticipación y pensamiento crítico
La Masterclass dejó una conclusión fundamental: la inteligencia artificial está transformando las condiciones en las que se desarrollan las operaciones de influencia, pero la respuesta no puede depender exclusivamente de nuevas herramientas tecnológicas.
La protección frente a las amenazas híbridas requiere comprender el comportamiento de los adversarios, identificar patrones, anticipar escenarios y coordinar diferentes capacidades de seguridad.
Para las empresas, las instituciones públicas y los profesionales del sector, esto implica avanzar hacia modelos de seguridad más integrales, reforzar las capacidades de análisis y desarrollar procedimientos de respuesta ágiles.
Pero también exige preservar una dimensión esencial: la capacidad humana para interpretar la información, cuestionar hipótesis y tomar decisiones de manera independiente.
En un escenario en el que los contenidos pueden generarse y difundirse a una velocidad cada vez mayor, la verdadera ventaja estratégica no consistirá únicamente en disponer de más información, sino en saber analizarla, contrastarla y utilizarla sin perder la autonomía de pensamiento.
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La Masterclass «Inteligencia Artificial, amenazas híbridas y desinformación: cómo la IA está transformando las nuevas amenazas» forma parte del Ciclo de Cultura de Defensa: las claves estratégicas de la Defensa de España en 2026, producido por LISA Institute con el apoyo de la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL) y DICOES.
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