El poder no siempre se ejerce desde la empresa, sino desde quienes redactan normas, otorgan permisos o negocian entre bastidores. Santiago Torres Kuri explora en este artículo los Asuntos Públicos, la disciplina que permite a las organizaciones leer ese entorno institucional, anticiparse a sus movimientos y convertir la incertidumbre regulatoria en estrategia.
Muchas de las decisiones que pueden cambiar el futuro de una empresa no nacen dentro de la propia empresa. Surgen en una comisión legislativa, en una consulta pública, en una oficina regulatoria o en una conversación institucional que se lleva a cabo tras bambalinas. Ahí se decide una parte esencial que casi nunca aparece en los estados financieros, pero que puede alterar costos, inversiones, reputación, permisos, expansión, riesgos y oportunidades. Ese territorio, donde se cruzan la empresa, el Estado y la sociedad, tiene un nombre cada vez más relevante: Asuntos Públicos.
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Durante la última década, en España y en buena parte del mundo, esta disciplina dejó de ser un asunto reservado a grandes corporaciones o sectores altamente regulados. Hoy se ha convertido en una herramienta estratégica para cualquier organización que necesite entender cómo se toman las decisiones públicas, quiénes influyen en ellas y de qué manera una empresa puede participar en ese proceso con información, transparencia y sentido de oportunidad.
Los Asuntos Públicos no solo son una práctica de influencia ni una versión moderna del cabildeo. También son una forma de inteligencia institucional. Ayudan a traducir lo complejo, anticipar lo que viene y convertir en decisiones concretas aquello que muchas veces parece intangible. Entre ellas, la regulación, la reputación, la confianza, la legitimidad y la relación con el poder público.
La disciplina que traduce el ecosistema público
Hace unos meses tuve la oportunidad de platicar con dos directivos clave de la evolución de esta disciplina: Manuel Mostaza Barrios, responsable global de Asuntos Públicos de ATREVIA y con David Álvaro García, director general adjunto de la consultora de Asuntos Públicos, ACENTO. El intercambio de ideas llevó a una conclusión, y es que los Asuntos Públicos son la guía que las empresas modernas deben adoptar para desarrollar y fortalecer sus relaciones con entidades, instituciones y actores externos.
En palabras de Manuel Mostaza, «la disciplina de los Asuntos Públicos ayuda a las empresas a relacionarse con todo el ecosistema público. Normalmente, una empresa sabe cómo hacer su trabajo, sin embargo, muchas veces no sabe cómo tejer alianzas con todo un ecosistema que es complejo por sí mismo».
Esta idea resume una de las claves de la disciplina: una empresa puede dominar su operación o mercado, aunque no siempre esto se traduce en un buen desenvolvimiento ni capacidad de relacionamiento con su entorno.
Por eso, una estrategia de Asuntos Públicos permite consolidar alianzas estratégicas, fortalecer la reputación, aumentar el conocimiento institucional de la empresa y posicionarla como un interlocutor y actor relevante de su sector, añadió Mostaza Barrios.
Del lobbying a la estrategia permanente
El lobbying forma parte de los Asuntos Públicos, pero no los sustituye. El lobby busca influir en una decisión pública específica. Los Asuntos Públicos van más allá: construyen una relación continua, trazable y estratégica con el entorno institucional.
David Álvaro lo resume con un argumento claro: «Podríamos decir que el objetivo final del lobby es pasar de un modelo H, en el que la Administración Pública y el sector privado actúan como elementos independientes y en el que, de forma muy puntual, existe una vinculación circunstancial, a un modelo Y en el que, por medio del lobby, las instituciones al servicio de todos y los intereses de la esfera empresarial coincidan de manera continua, estable y prolongada en el tiempo».
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La diferencia parece técnica, pero cambia todo. Una empresa con un área sólida de Asuntos Públicos no aparece cuando la ley ya se aprobó. Llega antes, estudia el problema, prepara los datos, escucha a los actores involucrados y traza soluciones viables.
Cómo convertir tangible lo intangible
Convertir lo intangible en tangible significa transformar aquello que parece abstracto (la reputación, la confianza institucional, el riesgo regulatorio o la legitimidad social) en decisiones, estrategias y resultados concretos para la empresa.
Por ejemplo, una nueva regulación en materia de inteligencia artificial puede parecer un tema técnico, pero para una empresa que usa sistemas automatizados puede significar nuevas obligaciones de transparencia, supervisión, documentación o gestión de riesgos. En ese punto, los Asuntos Públicos permiten pasar de la incertidumbre a la estrategia al identificar qué elementos normativos e institucionales pueden verse afectados, qué áreas internas deben prepararse y qué postura debe adoptar la empresa en términos regulatorios, institucionales y de comunicación.
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En este sentido, los Asuntos Públicos convierten entornos complejos e inciertos en algo administrable y práctico. Transforman la publicación de una nueva ley en una agenda regulatoria, un contratiempo en una matriz de gestión de riesgos o una crisis en una estrategia de contención.
Por eso, contar con una estrategia o un área especializada en Asuntos Públicos, entre otras cosas, también te permite anticipar cambios regulatorios, aprovechar oportunidades legislativas que pueden convertirse en beneficios económicos y traducir el entorno en valor para la organización. En pocas palabras, los Asuntos Públicos son una hoja de ruta para participar a tiempo en las decisiones que pueden cambiar el futuro de una empresa.
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