Más de un cuarto de millón de hectáreas afectadas según los avances provisionales del ministerio, 43 grandes incendios, una emergencia de interés nacional motivada por un fuego forestal y la segunda activación del Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea en dos veranos consecutivos. Con la campaña todavía abierta, este artículo repasa qué dicen las cifras oficiales disponibles.
Una campaña que empezó en invierno
El verano de 2026 no sorprendió a quien hubiera seguido los indicadores oficiales de la primavera. Entre el 1 de enero y el 15 de mayo, el Ministerio del Interior contabilizó 127 incendios comunicados frente a los 40 del mismo periodo de 2025: un incremento del 218%, con tres grandes incendios forestales (la categoría técnica reservada a los fuegos que superan las 500 hectáreas) declarados antes de la época de máximo riesgo.
Esa evolución, unida a la previsión de un verano más cálido de lo normal y al mayor estrés hídrico, llevó al Comité Estatal de Coordinación y Dirección del Plan Estatal de Protección Civil para Emergencias por Incendios Forestales a adelantar el inicio de la campaña estatal al 1 de junio, por segundo año consecutivo. La referencia era la campaña anterior: el balance que el Ministerio del Interior presentó en mayo atribuía a 2025 un total de 354.793 hectáreas quemadas en 8.189 siniestros, con 63 grandes incendios, GIF (cinco de ellos por encima de las 20.000 hectáreas, umbral ya asociado a la categoría de megaincendio), ocho personas fallecidas, 86 heridas y más de 42.000 evacuadas.
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La campaña de 2026 confirmó la pauta desde el principio. El avance del 1 de agosto del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) registraba 186.480 hectáreas afectadas y 32 grandes incendios: más de cinco veces la superficie y más de cuatro veces los grandes fuegos de las mismas fechas de 2025, según la comparación a fecha homogénea del propio documento.

Nota metodológica: los recuentos y las superficies de los grandes incendios pueden variar según la fecha de consolidación de cada fuente.
Una campaña todavía difícil de cerrar en cifras
La evolución de la campaña obliga a manejar las cifras con cautela. El último avance informativo con desglose completo publicado por el MITECO al cierre de este artículo, con datos hasta el 17 de agosto, contabilizaba 254.730 hectáreas de superficie forestal afectada, 6.685 siniestros y 42 grandes incendios. Una actualización posterior, con datos al 20 de agosto de 2026, elevó la cifra provisional a 262.030 hectáreas y 43 grandes incendios (GIF).
El desglose deja dos datos de fondo.
- Los 43 grandes incendios registrados concentraron 223.872,57 hectáreas, cerca del 88% del total a esa fecha. El tamaño del problema no lo marca el número de fuegos (4.382 de los 6.685 siniestros se quedaron en conatos, los que no llegan a la hectárea), sino los pocos que escapan al ataque inicial.
- De ese total, 127.025,78 hectáreas corresponden a superficie arbolada, prácticamente la mitad de lo afectado. La distinción importa: la superficie forestal incluye matorral y pasto; la arbolada, solo terreno con masa de árboles, de recuperación mucho más lenta.
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Este balance no debe interpretarse como una fotografía de la superficie total afectada a finales de agosto. Los avances del ministerio se construyen a partir de la información provisional que remiten las comunidades autónomas y se revisan a medida que se cierran los incendios y se miden con precisión sus perímetros; para el periodo más reciente, el propio ministerio los complementa con estimaciones del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), integrado en el programa Copernicus de la Comisión Europea.
Ese sistema europeo ofrece una lectura más próxima al tiempo real mediante observación por satélite, pero responde a una metodología diferente y cartografía fundamentalmente incendios de cierta entidad, por lo que sus resultados no son directamente intercambiables con la Estadística General de Incendios Forestales española. Sirve, en cambio, para el contexto continental: a mediados de agosto, España concentraba el 48,1% de todo lo calcinado en la Unión Europea, que sumaba 616.202 hectáreas.
La propia serie de 2025 ilustra esta cautela: el balance presentado en mayo por el Ministerio del Interior recogía 354.793 hectáreas quemadas el año pasado, mientras que los datos del MITECO sitúan ya el cierre de 2025 en 393.079, la peor cifra desde 1994. La diferencia no es un error: refleja el carácter provisional de los balances intermedios y su consolidación posterior. La misma lógica explica que el lector pueda encontrar cifras distintas según la fuente consultada: no son contradicciones, sino fotografías tomadas en momentos y con metodologías diferentes.

Nota metodológica: la serie satelital supera al avance ministerial porque mide perímetros e incluye solo incendios de cierta entidad.
Los episodios que definieron el verano
Tres nombres propios resumen la temporada; cada uno ilustra un aspecto técnico distinto:
- El primero es Los Gallardos, y su lección es la interfaz urbano-forestal: las zonas donde viviendas y vegetación se entremezclan y la prioridad operativa pasa de contener el fuego a proteger a las personas. El 9 de julio se declaró un incendio en el paraje de Almocáizar, en este municipio almeriense, que se extendió a los términos de Bédar, Lubrín, Antas y Sorbas (una comarca con abundante vivienda diseminada), y afectó a la Zona Especial de Conservación Sierra de Cabrera-Bédar. Cuando el dispositivo autonómico andaluz lo dio por extinguido, el 24 de julio, había recorrido unas 5.200 hectáreas. Su balance humano lo convirtió en el episodio más trágico del año: 14 personas fallecidas, según confirmó la Junta de Andalucía tras fallecer a finales de julio una de las heridas hospitalizadas en Sevilla. En el momento álgido, la cifra oficial de desplazados alcanzó las 1.448 personas. Las causas y las circunstancias de su propagación son objeto de una investigación judicial abierta.
- El segundo es el incendio forestal de la Sierra Oeste, y su lección es la escalada institucional de una emergencia. Los planes de protección civil clasifican cada incendio en situaciones operativas (de 0 a 2), según su gravedad y los medios necesarios; por encima queda la emergencia de interés nacional, prevista en la Ley del Sistema Nacional de Protección Civil, con la que la dirección pasa a la Administración General del Estado. El 23 de julio, la evolución de los incendios de Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias (Comunidad de Madrid) y Burgohondo (Ávila) (rápida propagación, simultaneidad de frentes activos y afección directa a zonas habitadas, según recoge la propia orden) llevó al Ministerio del Interior a declararla mediante la Orden INT/748/2026, publicada en el Boletín Oficial del Estado. Era la primera vez que la figura se aplicaba con motivo de un incendio forestal.
- En la madrugada del 24 de julio, la declaración se amplió a Toledo, según la Comunidad de Madrid, y los focos activos acabaron fusionándose en un único gran incendio. La dirección operativa recayó en el jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que llegó a desplegar más de 1.400 militares y 760 medios terrestres y aéreos, según la propia unidad. El 30 de julio el incendio pasó a considerarse estabilizado, paso previo a darlo por controlado y, finalmente, extinguido, cuando ya no queda combustión en el perímetro.
- El tercero no es un incendio, sino un mapa. Junto a los episodios de Madrid, Ávila y Almería, la campaña dejó grandes fuegos en la Sierra Norte de Guadalajara (donde el incendio iniciado en La Mierla afectó, según los balances provisionales, a entre 32.000 y 35.000 hectáreas) y en la provincia de Huelva, además de nuevos episodios en Aragón y en el noroeste peninsular. El MITECO ha señalado fuegos de una extensión sin precedentes en la historia reciente, como los de Burgohondo, en Ávila, y Niebla, en Huelva. La simultaneidad es en sí misma un dato técnico relevante: cuando varios grandes incendios coinciden, los medios (especialmente los aéreos), deben repartirse, y la capacidad de respuesta ante cada emergencia se resiente.
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Un despliegue en tres niveles
La base de la respuesta es autonómica: las comunidades autónomas son las administraciones competentes en prevención y extinción de incendios forestales, y sus dispositivos asumieron el grueso de la lucha contra el fuego.
El escalón estatal es complementario. El dispositivo de 2026 incluyó las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF), las unidades de análisis, planificación y prevención del MITECO, y 56 medios aéreos: 31 helicópteros y 25 aviones e hidroaviones. La UME aportó cinco batallones de intervención con 32 módulos de lucha contra incendios forestales, además de unidades de transmisiones y apoyo, mientras que la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Dirección General de Tráfico asumieron los despliegues asociados a confinamientos y evacuaciones. En el órgano estatal de coordinación se integran también la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y la Fiscalía de Sala de Medio Ambiente: un recordatorio de que el incendio forestal es, además de una emergencia, un posible delito que investigar.
El tercer nivel es el europeo. El 24 de julio, recién declarada la emergencia de interés nacional, España solicitó la activación del Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea con una petición inicial de al menos cuatro aviones anfibios: su segunda activación por incendios forestales, tras la de 2025, cuando el país recibió ayuda de nueve Estados. Según la Comisión Europea, la Unión movilizó para España seis aviones procedentes de Grecia, Italia y Turquía, además de 134 efectivos y 41 vehículos llegados de Portugal, dentro de una respuesta que atendía a la vez los grandes incendios de Francia. La propia Comisión describió la crisis conjunta como una de las mayores operaciones de evacuación registradas en Europa, con más de 300.000 personas desplazadas entre ambos países.
Lo que las cifras ya permiten decir
La experiencia de 2025, con el grueso de la catástrofe concentrado en la segunda quincena de agosto, obliga a leer con cautela cualquier balance de mitad de campaña.
La serie oficial sí permite describir un patrón: campañas que comienzan antes, mayor simultaneidad de grandes fuegos, un peso creciente de los incendios de gran dimensión sobre la superficie total y activaciones más frecuentes de los escalones superiores del sistema, de la emergencia de interés nacional a la asistencia europea. Con los datos disponibles, 2026 puede calificarse ya como una campaña de elevada severidad: la tercera peor temporada en tres décadas, solo por detrás de 2022 y 2025, según la comparativa de los datos del sistema europeo Copernicus con las cifras del ministerio. Su posición definitiva dentro de la serie histórica la fijará la estadística consolidada.
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Nota sobre los datos: todas las cifras de este artículo son provisionales y pueden presentar discrepancias según la fuente consultada. El propio MITECO advierte de que la información del año en curso está sujeta a ajustes derivados de la discriminación de incendios en terrenos no forestales y de la medición precisa de las superficies afectadas. Las comunidades autónomas, los recuentos técnicos especializados y los sistemas de observación por satélite aplican metodologías y fechas de corte distintas, por lo que un mismo incendio o un mismo balance anual puede aparecer con valores diferentes sin que ello suponga un error. Este artículo privilegia los balances ministeriales e indica en cada caso la fecha de corte del dato.
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