Una red de cuentas potencialmente inauténticas, viejos precedentes en la Superliga y un modelo electoral sin cortafuegos digitales dibujan un escenario explosivo en Chamartín.
En plena campaña para la presidencia del Real Madrid, el debate ya no se libra solo en los pasillos del Bernabéu, en las peñas o en los medios de comunicación tradicionales, sino en el campo de batalla de las redes sociales como X (antes Twitter), Instagram y TikTok. Y, en ese terreno, las tácticas de guerra híbrida como el uso de los bots se han convertido en un arma silenciosa pero poderosa para moldear la opinión pública y condicionar el voto del socio.
Un reciente análisis forense digital ha identificado una red de cientos de cuentas potencialmente inauténticas, activas de forma coordinada para reforzar la imagen de Florentino Pérez y erosionar la de su rival, el empresario Enrique Riquelme, en plena carrera electoral por la presidencia del club blanco. En este contexto, la pregunta es inevitable: ¿hasta qué punto está siendo «orgánica» la campaña presidencial del Real Madrid?
Qué es un bot y por qué importa en unas elecciones
Los bots son, en esencia, programas informáticos que automatizan acciones en Internet, como publicar tuits, dar «me gusta» o seguir cuentas de forma masiva y repetitiva. Este tipo de perfiles suelen estar diseñados para amplificar un mensaje, inflar tendencias o dar credibilidad artificial a una narrativa comúnmente política, aunque en este caso es deportiva.
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En los procesos electorales, tanto en la política institucional como en el deporte, estos enjambres digitales han demostrado ser capaces de distorsionar la percepción de apoyo real, fabricando la sensación de que una candidatura es mayoritaria o que ciertas críticas son marginales. Así, aunque cada socio del Real Madrid tenga un voto, no todos los mensajes que ve en su pantalla proceden de personas reales.
La red de 326 cuentas que infló a Florentino Pérez
Según una consultora europea especializada en análisis digital y ciberinteligencia, un estudio encargado en el contexto de las elecciones del Real Madrid identificó 326 cuentas en X calificadas como «potencialmente inauténticas» que actuaron de forma coordinada durante la campaña.
El informe sostiene que esta estructura generó más de 29.000 publicaciones, respuestas y reposts, lo que representó aproximadamente una cuarta parte de toda la conversación digital sobre los comicios en las dos semanas posteriores al anuncio electoral del 14 de mayo. Es decir, uno de cada cuatro impactos sobre las elecciones en X podría haber estado condicionado por esta red automatizada o semiautomatizada.
Además, el análisis describe una arquitectura en dos niveles. En primer lugar, un pequeño núcleo de once cuentas veteranas y aparentemente creíbles (Vector Prestige), encargado de fijar narrativas favorables a Florentino Pérez, y un enjambre de 315 perfiles de menor calidad (Vector Swarm), dedicados a amplificar esos mensajes y a presionar con publicaciones más agresivas contra el candidato Riquelme.
Ahora bien, y esto es clave, el propio documento no atribuye autoría directa de la operación a ninguna candidatura ni al club, limitándose a señalar patrones compatibles con una campaña coordinada de influencia digital. Esta precisión deja abierta la gran incógnita: ¿Quién está realmente detrás de esas cuentas?
El laboratorio perfecto: un club global con 100.000 socios votando
El Real Madrid celebra sus elecciones a presidente bajo un modelo que combina el voto presencial y el voto por correo notarial, con un censo en torno a 100.000 socios con derecho a participar. A diferencia de los comicios políticos, aquí no intervienen juntas electorales públicas ni organismos reguladores externos capaces de auditar la posible guerra sucia que pudiera existir en redes.
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En los últimos procesos electorales, el club ha detallado un procedimiento muy reglado en lo formal (convocatoria, presentación y proclamación de candidaturas, consulta del censo y mecanismos de voto a distancia), pero sin una referencia explícita a los protocolos de supervisión sobre la propaganda digital y el uso de cuentas inauténticas.
En consecuencia, las redes sociales se han convertido en un terreno casi sin regulación efectiva, donde una campaña bien financiada puede invertir en granjas de perfiles automatizados para crear clima, instalar etiquetas y marcar la agenda informativa antes de que los socios lleguen a la urna o al notario.
Antecedentes: Superliga, hashtags y la ingeniería del relato madridista
No es la primera vez que el universo madridista aparece asociado a operaciones masivas con bots y trolls. Durante la polémica por la Superliga europea, diferentes investigaciones, entre ellas las de la consultora Pandemia Digital, documentaron el uso de redes de cuentas automatizadas y falsos perfiles para impulsar el proyecto de competición europea impulsada por Florentino Pérez.
En aquella batalla, se detectaron comunidades enteras de apoyos digitales, con especial protagonismo de cuentas en español y en entornos árabes, articuladas en torno a usuarios como @rm4arab, @rmadridistatv o @adrirm33, que actuaban como nodos de difusión. A través de ellos, se viralizaron consignas como «La Superliga revolucionará el fútbol», así como campañas de hostigamiento contra figuras como el presidente de la UEFA, Alexander Ceferin, bajo etiquetas como #CeferinOut, que llegó a superar las 220.000 publicaciones.
Esos precedentes muestran que el ecosistema blanco ya ha funcionado antes como un laboratorio de ingeniería del relato en redes, utilizando bots y granjas de trolls para colonizar la conversación y silenciar disidencias. Que ahora aflore una red de cuentas sospechosas en mitad de unas elecciones internas no puede entenderse al margen de ese contexto.
Democracia blanca y urgencia de reglas para la propaganda automatizada
Mientras tanto, la investigación académica sobre bots en campañas electorales (como la que detectó 27.000 cuentas automatizadas en las elecciones generales del 10N en España, con una presencia especialmente intensa alrededor del partido Vox) demuestra que estas herramientas pueden alterar la percepción pública y condicionar el voto en momentos clave.
Si trasladamos esa lógica al Real Madrid, un club global pero con una base de votantes muy concreta y limitada, el impacto de una red de apenas unos cientos de cuentas hiperactivas puede ser desproporcionado, pues impone temas, inflama polémicas contra un candidato y refuerza la idea de que «todo el mundo» apoya al otro.
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En definitiva, la aparición de una red de 326 cuentas potencialmente inauténticas en plena campaña presidencial no es un detalle menor, sino el síntoma de que la batalla por el poder en el Real Madrid también se libra en la sombra de los algoritmos. Mientras el club presume de una estructura democrática, la ausencia de controles específicos sobre el uso de bots y propaganda automatizada deja abiertas fisuras que cualquiera con recursos puede explotar.
El reto, a partir de ahora, será claro. O la afición del Real Madrid exige transparencia y reglas claras sobre la comunicación digital en campaña, o la próxima presidencia podría decidirse tanto en las urnas del Bernabéu como en las granjas de bots que nunca pisan el estadio.
