El Mundial de fútbol de 2026 : ¿Un Mundial «trumpiano»?

Análisis

Teresa Hernández
Graduada en Relaciones Internacionales y Comunicación Global con especialidad en Derecho internacional y Diplomacia. Actualmente compatibilizo el Máster Profesional en Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute con la oposición a la Carrera Diplomática española.

El Mundial de fútbol 2026 arrancó el 11 de junio en el Estadio Azteca con la victoria de México sobre Sudáfrica. En este artículo, Teresa Hernández, alumna del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute analiza por qué este es el torneo más grande de la historia, pero también el más politizado, el más caro y el más marcado por la agenda de Donald Trump.

El pasado jueves 11 de junio dio comienzo el Mundial de fútbol 2026. El partido inaugural que tuvo lugar en el histórico Estadio Azteca con los equipos debutantes de México y Sudáfrica, cuyo resultado fue de 2-0 a favor de México. A pesar de la perspectiva halagüeña que esta victoria representa para México, las tensiones que atraviesa el país cristalizaron a través de las protestas sociales vinculadas a desapariciones, las manifestaciones contra la desigualdad urbana y las protestas de los maestros contra sus condiciones laborales.

La mediatización del partido inaugural sirvió como plataforma para que los manifestantes mostraran su disconformidad con la realidad del país. Este paradigma es una constante en los mundiales. El fútbol es un fenómeno social que no puede desligarse del statu quo político.

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La cobertura mediática que caracteriza a estos eventos deportivos implica que los países anfitriones tienen la oportunidad de fortalecer su reputación a través de la organización de los eventos deportivos. Sin embargo; para evitar el “sportwashing”, el lavado de cara que hace el deporte frente a las distintas situaciones sociales y políticas, los manifestantes aprovechan la visibilidad que tienen para protestar por sus causas. Por lo tanto, el clima de incertidumbre que existe a nivel geopolítico, las dudas sobre la resolución de los conflictos abiertos y el pesimismo se trasladan al Mundial. Y con ello, la ambición grandilocuente de Donald Trump también se hace patente en esta competición.

El Mundial de Trump, el Mundial de los excesos

Gianni Infantino, el actual presidente de la FIFA, ha calificado este Mundial como “la Copa Mundial más inclusiva, más grande y la mejor de la historia”.  Sin embargo, algunos medios como el diario “El País” han bautizado al Mundial de 2026 como “el Mundial de los excesos y de los récords”. Asimismo, un análisis de Radio Televisión Española ha publicado un análisis titulado “Mundial de fútbol 2026 en EEUU, México y Canadá, uno de los más políticos de la historia”.  En efecto, se podría afirmar que este Mundial será el más costoso, el más politizado, el más caluroso y el más elitista de la historia. 

Dimensión geográfica

Para empezar, la dimensión geográfica del evento. No es la primera vez que varios países son anfitriones del mismo Mundial; en 2002 se organizó el primer Mundial que involucró a dos países organizadores: Japón y Corea del Sur. Sin embargo, en 2026, el Mundial se desarrolla a nivel continental: América del Norte. 16 ciudades de EEUU, Canadá y México albergarán los partidos, aunque existe un desequilibrio claro, ya que en EEUU se disputarán 78 de los 104 partidos,  incluida la final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, mientras que en México y en Canadá se disputarán 13 partidos. Esta distribución de partidos contrasta con la realidad del fútbol en Estados Unidos, cuyo arraigo social y cultural es ínfimo si lo comparamos con el que existe en México.

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Esto tendrá repercusiones para los jugadores; las distancias que tendrán que recorrer, los vuelos de 3 a 6 horas serán frecuentes, los cambios de clima y las 4 zonas horarias principales en las que se jugarán los partidos. Por lo tanto, los jugadores tendrán menor tiempo de recuperación y un mayor riesgo de lesiones. Asimismo, a nivel climático y medioambiental, resulta una paradoja que los “cooling breaks” se hayan introducido de forma obligatoria en este torneo y que las distancias en avión se hayan multiplicado durante el mismo. 

Dimensión política del Mundial de fútbol

A nivel político, EEUU será el centro de los partidos y Donald Trump, quien ganó el Premio de la Paz de la FIFA , lleva la batuta al impregnar el encuentro deportivo de las políticas de la Casa Blanca.

Trump ha impuesto las políticas de la Casa Blanca por encima del principio de neutralidad que rige la acción de la FIFA.  Este principio, que la FIFA defiende desde hace décadas, mantiene que el fútbol debe abstraerse de pronunciarse políticamente. Si bien no es la primera vez que se cuestiona esta neutralidad, el torneo parece más politizado que nunca.

A título de ejemplo, la guerra abierta que comenzó a finales de febrero de 2026 entre Irán y Estados Unidos empaña el Mundial a través del endurecimiento de las políticas migratorias a los jugadores iraníes implementadas por Estados Unidos (las cuales se suman a las restricciones sobre 39 nacionalidades). Si bien existe un pacto de alto al fuego que se formalizará en Suiza el 19 de junio y que ha sido mediado por Pakistán, existen dudas sobre sus efectos y consecuencias. ¿Hasta qué punto el Mundial ha propulsado una aceleración en las negociaciones de paz entre ambos países y que ocurrirá una vez que este acabe?

Otra de las grandes polémicas del Mundial ha sido el rechazo al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, elegido por la FIFA para arbitrar varios partidos del torneo. Sin embargo; fue impedido de entrar en Estados Unidos pese a disponer de visado válido y acreditación oficial del Mundial. Durante el proceso de control migratorio, preocupaciones de seguridad y supuestos vínculos con personas investigadas por terrorismo. 

Dimensión económica

En tercer lugar, el coste económico tan elevado para los aficionados ha llevado a tildar el Mundial de «elitista». El precio de la mayor parte de las entradas de los partidos se ha establecido a través del mecanismo del precio dinámico, con precios que han llegado hasta los 33.000 dólares para ver la final. A esto hay que añadir el precio de hoteles, restaurantes y transportes para desplazarse. Como consecuencia, algunos de los partidos ya celebrados han tenido menor asistencia de aficionados de la esperada.

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El cariz económico del torneo se hace patente también en los “cooling breaks”. Si bien la justificación oficial de introducirlos de manera obligatoria y probablemente se queden de manera permanente en el fútbol, es innegable que también crean ventanas publicitarias muy valiosas para empresas y patrocinadores. Estos «cooling breaks» mercantilizan más el fútbol y lo acercan al modelo comercial de deportes que existe en Estados Unidos

 En este sentido, el matiz económico ha sido fuertemente cuestionado. Lo cual va en línea con el cuarto punto: el crecimiento del Mundial.

Número de participantes

El Mundial ha crecido en número de participantes y de partidos. Hay 48 equipos, 108 partidos y una nueva fase de clasificación, los 16avos. Jordania, Uzbekistán, Curazao y Cabo Verde participan por primera vez, lo cual refleja la oportunidad que tienen más Estados de estar en esta competición y de aprovechar la visibilidad reputacional que ofrece esta competición. No obstante, los expertos cuestionan si esta “inclusividad” disminuye la calidad del evento y deriva en resultados inverosímiles para un Mundial como el reciente Alemania 7-Curazao 1.

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El Mundial más grande de la historia, con un 40% más de partidos que en 2022 y una inversión inicial de 3. 800 millones de dólares por parte de la FIFA; los países anfitriones invertirán entre 10 y 15 mil millones de dólares. Además, se estima que entre 5.500 y 6.000 millones de personas formarán parte de las audiencias del Mundial, en torno a un 73% de la población mundial.  

Una pregunta emerge de este “Mundial de los excesos”; ¿el objetivo de incluir a más participantes es que el Mundial sea más global y que represente mejor la diversidad mundial del futbol o explotar las ganancias económicas que derivan de esta inclusividad? Si bien no existe una única respuesta, la relativa unidad nacional que surge en torno a los partidos del Mundial es motivo de celebración. España,  una de las favoritas,  debuta esta semana; confiemos en hacer nuestro y darle nuestro toque a este Mundial tan «trumpiano».

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