Marc Vendrell Martínez, profesor y director académico del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, analiza en su nuevo libro La Batalla Invisible cómo la guerra híbrida, la zona gris y la desinformación se han convertido en el gran campo de batalla de nuestro tiempo.
La guerra ya no siempre se libra con tanques, misiles o ejércitos visibles. Cada vez más, el conflicto se desplaza a la información, la percepción y la manipulación, en un escenario donde la frontera entre paz y guerra se difumina. Le vamos a entrevistar sobre todo ello con motivo de la publicación de La Batalla Invisible: Sun Tzu, Clausewitz y la guerra híbrida, su nuevo libro. En esta obra, Vendrell analiza los peligros de la guerra híbrida y la llamada zona gris, su vínculo con los clásicos de la estrategia y propone el método NIEBLA como herramienta para reducir la incertidumbre y comprender mejor un entorno cada vez más complejo.
P: El título habla de una “batalla invisible”. ¿Qué está ocurriendo hoy que la mayoría de la gente no está viendo?
R: La mayoría no ve que la guerra ya no se declara, se infiltra. Hoy los Estados y actores no estatales libran batallas en redes sociales, mercados financieros y cables de internet, donde un tuit puede hacer más daño que un misil. La gente cree que la paz es la ausencia de tanques en las calles, pero la realidad es que la paz actual es un campo de minas invisible. Y lo peor es que, mientras discutimos si un meme es gracioso o no, alguien está usando ese mismo meme para dividirnos. Aunque es evidente, y no debemos olvidarlo, que las guerras tradicionales existen y siempre existirán, como Rusia en Ucrania, aunque ahora se han añadido los drones, pero esto siempre estará.
P: ¿Por qué ahora? ¿Qué ha cambiado en el entorno geopolítico o informativo para que este libro sea necesario en la actualidad?
R: Porque vivimos en la era de la asimetría. Una guerra tradicional es cara, hacen falta ejércitos, aviones, logística. Ahora, con un ordenador y una cuenta falsa en Twitter, cualquier Estado o grupo puede desestabilizar un país. Las redes sociales han democratizado el poder de la manipulación, y los algoritmos premian el caos. Además, Occidente sigue pensando en términos del siglo XX: creemos que la disuasión nuclear evita guerras, pero no nos damos cuenta de que la guerra ya está aquí, solo que no suena a explosiones. Si en las elecciones españolas, alemanas o francesas ganan partidos anti Unión Europea, Rusia puede ganar una guerra sin tener que entrar en estos territorios.
P: ¿En qué momento decidiste que necesitabas escribir este libro?
R: Fue un proceso, pero los detonantes fueron el referéndum de Cataluña en 2017, el Brexit o las elecciones de Estados Unidos en 2016. Vi cómo narrativas falsas, amplificadas por bots y cuentas rusas, alimentaban la polarización. Y lo más revelador: nadie lo estaba conectando con patrones globales. Era el mismo modus operandi que en Crimea (del que hablo en el libro). Ahí entendí que la guerra híbrida no era algo lejano, sino que ya estábamos inmersos en ella.
Y más aún estos últimos años en elecciones como las alemanas, las francesas, las rumanas o las polacas, donde hay un claro intervencionismo de fuerzas extranjeras con intereses por ciertas fuerzas políticas. Estas, además, son conscientes de que les pueden usar, pero al tener interés en llegar al poder, les da absolutamente igual que le convenga más al enemigo.
P: ¿Hay alguna experiencia concreta que te hizo “ver” esa guerra invisible?
R: Diría que dos. La primera, trabajar en Inteligencia me ha hecho ver cómo operaciones que parecían aisladas (un ciberataque aquí, una campaña de desinformación allí) en realidad eran piezas de un mismo rompecabezas. La segunda, hablando con ciudadanos normales: darme cuenta de que la mayoría no sabía que, cuando compartían una noticia falsa en WhatsApp, estaban siendo armas de una guerra que no entendían.
P: ¿Qué aportan Sun Tzu y Clausewitz al mundo actual que no estén viendo los analistas modernos?
R: Me gusta mucho esta pregunta, porque a veces creemos que por no ser actuales, no sirve, pero igual que sirve Aristóteles, Platón, Kant o Maquiavelo, también otros. Sun Tzu nos recuerda que la mejor victoria es la que no requiere lucha. Hoy, ganar no es destruir al enemigo, sino hacer que se rinda sin saber que está en guerra. Clausewitz, con su «niebla de guerra», nos advierte de que la incertidumbre es el terreno natural del conflicto y algo peligroso si no se reduce. Los analistas modernos a veces se obsesionan con datos y tecnología (que también es necesario), pero olvidan que la guerra siempre ha sido, ante todo, psicológica. Ambos entenderían que, en 2026, el campo de batalla es la mente humana.
P: Si ambos vivieran hoy, ¿en qué crees que estarían de acuerdo y en qué chocarían frontalmente?
R: Estarían de acuerdo en que la información es el arma más poderosa. Sun Tzu diría que hay que ganar la batalla antes de luchar, y Clausewitz añadiría que la política sigue siendo la continuación de la guerra. Chocarían en el cómo: Sun Tzu apostaría por la manipulación sutil (como Rusia en Ucrania), mientras que Clausewitz, más pragmático, diría que, al final, la fuerza bruta sigue siendo necesaria cuando falla lo demás.
Sobre el tema de la importancia de la información, imaginaros si es importante que hace décadas que hay una parte de profesionales en cada país que se dedican a obtener información, y se llaman servicios de Inteligencia, por eso se dice que Sun Tzu ya hablaba de la importancia de obtener información (con espionaje, entre otros) para tener ventaja.
P: Mucha gente asocia guerra a tanques y misiles. ¿Dónde se libra realmente la guerra hoy?
R: En tres frentes: las pantallas (redes sociales, medios), los mercados (sanciones, presión económica) y las mentes (polarización, desconfianza). El tanque de hoy es un algoritmo, y el misil, un deepfake viral. Pero ojo: esto no significa que los tanques hayan desaparecido. Simplemente, ahora son el último recurso, no el primero. Evidentemente la fuerza militar sigue siendo algo relevante, por eso los países siguen invirtiendo en esta parte de defensa, al igual que sigue siendo importante otras defensas como la fuerza nuclear.
P: ¿Qué papel juegan elementos como la información, la psicología o la percepción en la guerra híbrida?
R: La información, la psicología y la percepción son el corazón de la guerra híbrida, y su poder radica en que operan en un terreno donde la verdad es relativa. La información no solo se usa para comunicar, sino para manipular, distraer o saturar. En un mundo donde todos tenemos acceso a datos, el verdadero desafío es discernir qué es relevante y qué es ruido. La psicología, por su parte, es el blanco: las operaciones híbridas no buscan solo cambiar lo que sabes, sino cómo te sientes, y si logran que sientas miedo, desconfianza o rabia, ya han ganado, porque las emociones nublan el juicio y facilitan la manipulación.
Y aquí es donde entra la percepción, el campo de batalla más importante. No importa lo que sea cierto, importa lo que la gente cree que es cierto. Rusia no necesita invadir un país si puede convencer a su población de que Occidente es una amenaza existencial. Cuando la gente deja de confiar en sus instituciones, en sus vecinos o en los medios, el Estado ya ha perdido la batalla, aunque no se haya disparado un solo tiro. La guerra híbrida no se gana con balas, sino con narrativas que calan en la mente de la gente.
P: Presentas el método NIEBLA: ¿Qué problema concreto viene a resolver?
R: El método NIEBLA nace para ordenar el caos. Cuando te enfrentas a una operación híbrida, el primer problema es que hay demasiada información, desinformación y ruido, y no sabes por dónde empezar. Las redes sociales, los medios y los actores estatales y no estatales inundan el espacio con mensajes contradictorios, datos falsos y narrativas manipuladas. En ese entorno, el analista se ahoga en detalles y pierde de vista el panorama general. NIEBLA actúa como un filtro que te obliga a centrarte en lo esencial, a hacerte las preguntas clave que desvelan la estructura oculta de la operación.
No es un método rígido, sino una guía flexible que te ayuda a navegar por la niebla. Te obliga a preguntarte: ¿Quién se beneficia de esta narrativa? ¿Qué pruebas hay y cuáles son solo rumores? ¿Cuál es el objetivo real detrás de esta operación? Es como tener un mapa en medio de la niebla: no elimina la incertidumbre, pero te da las herramientas para moverte con más seguridad. En un mundo donde la guerra híbrida es cada vez más compleja, NIEBLA aporta claridad y estructura a un problema que, de otro modo, sería abrumador. Yo siempre digo que es una técnica estructurada que aporta materia gris al analista.
P: ¿Por qué “NIEBLA”? ¿Qué simboliza ese nombre?
R: Por dos razones. La primera, la niebla de guerra de Clausewitz, que es esa incertidumbre que nubla el juicio en cualquier conflicto. La segunda, porque la guerra híbrida es invisible y no ves al enemigo, no sabes cuándo empezó ni cuándo acabará. El nombre es un recordatorio de que, en este tipo de guerra, lo más peligroso es lo que no ves.
P: ¿A quién va dirigido: analistas, periodistas, ciudadanos, o cualquiera que quiera entender el mundo?
R: A analistas, periodistas y profesionales de la seguridad, pero también a ciudadanos críticos. No es un libro técnico, sino una herramienta para entender el mundo en el que vivimos. Si te interesa la geopolítica, el periodismo o simplemente no quieres que te la cuelen, este libro es para ti.
P: ¿Qué diferencia tu teoría de otros marcos o metodologías que ya existen?
R: Que no es académico, es práctico. Otros marcos te explican qué es la guerra híbrida; NIEBLA te enseña cómo analizarla paso a paso. Además, no es un método cerrado: es flexible, porque la guerra híbrida evoluciona constantemente. Y, sobre todo, no da respuestas, da preguntas. Porque en este mundo, el que pregunta bien, ya está a medio camino de la solución. Aprovecho para agradecer a Hugo Zunzarren y Paula González, dos especialistas en técnicas de análisis de Inteligencia, que ayudaron a consolidar distintas partes del método.
P: ¿El lector va a empezar a ver la realidad de forma distinta después de leer el libro?
R: Sí, y eso es lo peligroso (y a la vez lo más valioso). El libro no solo te explica cómo funciona la guerra híbrida, sino que te entrena para detectarla en tu día a día. De repente, empezarás a notar cosas que antes pasaban desapercibidas: por qué ciertas narrativas se repiten una y otra vez en medios y redes sociales, cómo se manipulan las emociones para polarizar a la sociedad, o quién se beneficia realmente del caos. Es como si, de la noche a la mañana, alguien te hubiera dado un manual para descifrar el mundo oculto tras las noticias. Y eso cambia todo, porque una vez que entiendes los mecanismos, ya no puedes ignorarlos.
Pero hay un precio: la lucidez duele. Es como ponerle gafas a alguien que no sabía que era miope. De pronto, ves los hilos que mueven lo que antes te parecía casual. Y lo peor es que ya no podrás dejar de verlo. Cada titular sensacionalista, cada debate enconado en Twitter, cada crisis política que parece surgir de la nada, empezará a tener sentido. El problema no es que la realidad sea distinta, sino que, una vez que entiendes el juego, ya no puedes hacer como que no lo ves. Y eso, en un mundo donde la manipulación es la norma, es tanto una carga como una ventaja.
Y aquí está el verdadero reto: ¿qué haces con ese conocimiento? Porque no sirve de nada ver la matriz si no actúas en consecuencia. El libro no solo te abre los ojos, sino que te invita a cuestionar, verificar y pensar críticamente antes de compartir, creer o repetir cualquier cosa. En un mundo donde la desinformación es una herramienta de poder, la conciencia no es suficiente; hay que convertirla en acción. Y eso, al final, es lo que marca la diferencia entre ser una víctima más del sistema o un ciudadano informado y resiliente.
P: ¿Qué tipo de lector va a disfrutar más este libro?
R: El que no se conforma con las explicaciones simples. Si te gusta el periodismo de investigación, la geopolítica, la estrategia o los thrillers de espías, pero quieres entender cómo funciona el mundo real, este libro es para ti. También es útil para profesionales que necesitan herramientas concretas (periodistas, analistas, militares) y para ciudadanos que no quieren ser víctimas de la manipulación. No lo he escrito tampoco en un lenguaje muy técnico, es asequible para personas que no tienen formación en estos ámbitos.
P: Si alguien termina el libro, ¿Qué es lo primero que debería hacer o replantearse?
R: Dejar de pensar en términos de «buenos y malos». La guerra híbrida no es un conflicto entre Estados, sino un ecosistema donde todos somos objetivos. Lo primero que debe hacer es aplicar el método NIEBLA a algo que le preocupe: una noticia, un debate político, una crisis. Y, sobre todo, cuestionarse: ¿estoy viendo toda la imagen, o solo lo que alguien quiere que vea?
P: ¿Dirías que ahora mismo estamos viviendo varias campañas híbridas activas?
R: Sin duda. Rusia en Ucrania, China en Taiwán, Irán en Oriente Medio, y hasta en España hay operaciones híbridas en marcha. Pero el problema es que no son campañas aisladas sino que están conectadas. Lo que pasa en Ucrania afecta a lo que pasa en Taiwán, y lo que pasa en Taiwán influye en la desinformación que llega a Europa. Estamos en una guerra global, pero nadie ha declarado la guerra. De hecho, incluso muchos profesionales nunca conocerán todas las guerras híbridas que se viven, a vece ya es tarde.
P: ¿El ciudadano medio es más vulnerable o más consciente que hace unos años?
R: Más vulnerable, sin duda. Aunque hoy hay más conciencia sobre la desinformación que nunca (gracias a campañas de alfabetización mediática, verificadores de hechos y hasta a escándalos como el de Cambridge Analytica), la paradoja es que, cuanto más sabemos, más expuestos estamos. Los algoritmos de las redes sociales no han dejado de perfeccionarse: están diseñados para explotar nuestras emociones más primarias (miedo, indignación, tribalismo) y mantenernos enganchados. La gente sabe que existe el fake news, pero sigue compartiendo noticias sin verificar, porque el sistema premia la viralidad, no la veracidad. Y ahí está el problema: la conciencia sin acción es inútil. Saber que algo es falso no sirve de nada si, al final, lo compartes igual por inercia, por sesgo de confirmación o simplemente porque «todo el mundo lo está diciendo».
Además, la fatiga informativa juega en nuestra contra. Vivimos en un mundo donde cada día nos bombardean con crisis, escándalos y contradicciones, y el cerebro humano, abrumado, acaba simplificando la realidad en narrativas binarias (buenos vs. malos, nosotros vs. ellos). Eso nos hace más fáciles de manipular. La conciencia existe, pero no es suficiente si no va acompañada de hábitos críticos como verificar fuentes, cuestionar motivaciones y, sobre todo, resistir la tentación de reaccionar emocionalmente ante cada titular.
P: ¿Qué te gustaría que la gente empezara a cuestionarse después de leerlo?
R: Lo primero y más urgente: ¿por qué creo lo que creo? No se trata de caer en el escepticismo absoluto, sino de entender los mecanismos que moldean nuestras opiniones. ¿Es porque lo he verificado con fuentes contrastadas, o porque me lo han repetido una y otra vez hasta que lo he asumido como cierto? ¿Me he parado a pensar en quién se beneficia de que yo piense así? Estas preguntas, aunque incómodas, son el primer paso para recuperar el control sobre nuestra propia mente.
P: ¿Qué error sería el más peligroso seguir cometiendo en este nuevo tipo de guerra?
R: Subestimar al enemigo. Es el error más antiguo y, a la vez, el más letal. Creer que, porque no hay tanques en las calles ni misiles en el cielo, no estamos en guerra. La guerra híbrida no se anuncia con trompetas si no que se infiltra en silencio, como un gas que llena la habitación sin que te des cuenta hasta que ya es demasiado tarde. Y cuando por fin lo detectas, el daño ya está hecho: la sociedad está polarizada, las instituciones han perdido credibilidad y el enemigo ha logrado sus objetivos sin disparar un solo tiro.
Pero hay otro error igual de peligroso, y es pensar que, porque una noticia, un meme o un rumor es absurdo, no puede ser peligroso. La guerra híbrida no siempre usa mentiras sofisticadas, y a veces, lo absurdo es precisamente su arma. Una noticia falsa ridícula puede ser más efectiva que una elaborada, porque la gente la comparte sin pensarlo, precisamente por lo disparatada que es. Y así, sin darnos cuenta, nos convertimos en cómplices de nuestra propia manipulación. El error más grave no es no saber, sino no querer saber. Porque, cuando te das cuenta de que estás en medio de una guerra híbrida, ya es demasiado tarde para evitar sus consecuencias. Y lo peor es que, en este tipo de conflicto, la ignorancia no es una excusa: es una derrota.
