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Masterclass | Venezuela: análisis de escenarios geopolíticos

Venezuela: análisis de escenarios geopolíticos

Masterclass organizada por LISA Institute

🗓️ El martes 13 de enero de 2026 – 18:00h (CET)

👉Inscríbete aquí y recibirás el enlace a Zoom al instante

💸 100% online y gratis. Plazas limitadas a las primeras 500 personas que se conecten a la Masterclass.

Quién participa

👤 Jorge González Márquez

  • Ámbito profesional: profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea del Atlántico (UNEATLANTICO) y subdirector del medio especializado Descifrando la Guerra. Experto en análisis de política internacional, competencia entre grandes potencias, dinámicas en Oriente Medio y geopolítica de los recursos en África. Coautor de los libros “Fuego en el horizonte” y “La pugna por el nuevo orden internacional”. Docente en el Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute.
  • Ámbito académico: licenciado en Ciencia Política y Administración Pública (Universidad de Salamanca), Máster en Teoría Política y Cultura Democrática, Máster en Políticas Públicas de Seguridad y Defensa, y doctorando en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales (Universidad Complutense de Madrid).

👤 Alejandro López Canorea

  • Ámbito académico: licenciado en Biología con especialización en socioecosistemas y máster en Antropología y en Profesorado (Universidad Autónoma de Madrid).
  • Ámbito profesional: Antropólogo y director del medio Descifrando la Guerra. Especializado en análisis de política internacional, ha realizado coberturas en terreno en Ucrania, Rusia y la cumbre de la OTAN. Su trabajo combina investigación sociocultural con análisis geopolítico. Docente en el Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute.

👤 Daniel Villegas (@DanielVillegas). Director general de LISA Institute.

  • Ámbito profesional: fundador y director general de LISA Institute. Es asesor en materia de seguridad, inteligencia y ciberseguridad para diversas empresas e instituciones públicas, tanto en Europa como en América. A su vez, es consultor en proyectos para la OTAN, ONU y Unión Europea. Anteriormente, fue responsable de seguridad y análisis en la Unidad de Seguridad y Protección Civil de Metro de Barcelona.
  • Ámbito académico: licenciado en Criminología (UIC), graduado en Prevención y Seguridad Integral y posgrado superior en Gestión y Derecho de la Seguridad (EPSI), máster en Mundo Árabe e Islámico (UB), máster oficial en Terrorismo (UNIR), máster en Análisis de Inteligencia (UAB), máster en Cybersecurity Management (UPC), CISA y CSX (ISACA).

Qué aprenderás en esta masterclass

La masterclass “Venezuela: análisis de escenarios geopolíticos” ofrece una comprensión profunda y estratégica de la crisis que vive Venezuela tras los acontecimientos recientes que han marcado un punto de inflexión geopolítico, tanto en Venezuela como en América Latina.

A inicios de enero de 2026, una operación militar ejecutada por fuerzas estadounidenses resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro, un hecho sin precedentes que ha desencadenado una reconfiguración del poder interno, tensiones regionales y un intenso debate sobre el orden internacional, la soberanía estatal y el papel de actores externos.

En este contexto, se han observado movilizaciones de grupos armados urbanos, el ascenso de Delcy Rodríguez como presidenta respaldada por el aparato estatal y algunos apoyos internacionales, así como reacciones de potencias globales y consecuencias económicas que reconfiguran no solo la política venezolana, sino también las relaciones de Estados Unidos con sus aliados y adversarios.

Esta masterclass contextualiza estos giros dentro de los marcos del derecho internacional, la política energética de EEUU y las grandes potencias, así como los efectos sobre la estabilidad hemisférica, aportando a profesionales una visión crítica, actualizada y rigurosa para interpretar escenarios futuros e influir en decisiones estratégicas.

Objetivos de aprendizaje

  • Comprender las causas estructurales y detonantes inmediatos de la intervención en Venezuela.
  • Analizar el impacto geopolítico de la captura de Nicolás Maduro en las relaciones interamericanas e internacionales.
  • Evaluar el papel de actores regionales —como Rusia, China e Irán— en la crisis venezolana.
  • Interpretar las implicaciones del nuevo liderazgo político interno —bajo Delcy Rodríguez— vs los líderes de la oposición, para la estabilidad y gobernabilidad.
  • Identificar los efectos de la coyuntura venezolana en los mercados energéticos y acuerdos petroleros internacionales.
  • Aplicar marcos de análisis de política exterior para explicar las reacciones de estados y organismos multilaterales.
  • Construir escenarios prospectivos con base en tendencias de poder y seguridad.
  • Desarrollar criterios propios para asesorar decisiones estratégicas en contextos de crisis geopolítica.

Audiencia objetivo

La masterclass “Venezuela: análisis de escenarios geopolíticos” ha sido confeccionada para aquellos que trabajan o aspiran a trabajar como:

  • Analistas de inteligencia y relaciones internacionales
  • Consultores estratégicos en política exterior
  • Analistas de riesgo geopolítico y de mercado
  • Profesionales en organismos multilaterales
  • Diplomáticos y funcionarios de política internacional
  • Investigadores y académicos en ciencias políticas
  • Asesores de seguridad y defensa
  • Profesionales del sector energético y recursos naturales
  • Periodistas especializados en geopolítica
  • Estudiantes avanzados de relaciones internacionales y geopolítica

Además…

La masterclass “Venezuela: análisis de escenarios geopolíticos” forma parte de la serie de los más de 50 webinars en directo que LISA Institute y LISA News organizan anualmente en el contexto del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute.

Si no quieres perderte otros eventos y actividades relacionados con la InteligenciaInternacionalDD HH y Ciberseguridad que van a ocurrir próximamente, pincha aquí.

Venezuela: mapa de actores con capacidad real de influencia en el poder

La caída de Nicolás Maduro no implica automáticamente el colapso del sistema de poder construido por el chavismo durante más de dos décadas. Venezuela entra en una fase crítica donde actores estatales, armados, criminales y externos compiten por redefinir el equilibrio político, económico y de seguridad. Desde la Fuerza Armada y las redes criminales hasta Estados Unidos y potencias extrahemisféricas, el desenlace dependerá de la interacción entre coerción, rentas y legitimidad. Analizar estos actores es clave para comprender los riesgos y oportunidades de una transición en uno de los entornos más complejos de América Latina.

La crisis venezolana ha evolucionado hacia un sistema de conflicto complejo, donde convergen dinámicas propias de Estados fallidos, economías ilícitas, competencia entre grandes potencias y guerra híbrida. El poder en Venezuela ya no se concentra exclusivamente en instituciones formales, sino que se distribuye entre actores estatales, paraestatales, criminales y externos, cuyas interacciones condicionan cualquier escenario futuro.

Los acontecimientos recientes —incluida la intervención estadounidense anunciada por la Administración Trump y la captura de Nicolás Maduro— han acelerado procesos latentes y alterado los incentivos estratégicos de todos los actores. 

Entender Venezuela hoy (y sobre todo su evolución en el tiempo) exige una visión integral, transversal y estratégica para responder a una pregunta central: ¿quién tiene capacidad real de influir sobre la estabilidad, la violencia y la gobernanza?

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El chavismo como sistema de poder: redes, coerción y supervivencia

El chavismo debe entenderse como un sistema de poder, no como un liderazgo personalista aislado. Durante más de una década, este sistema articuló control institucional, represión selectiva y captura de rentas para compensar la pérdida progresiva de legitimidad democrática. El partido, el aparato administrativo, los servicios de inteligencia y sectores del poder judicial funcionaron como una arquitectura integrada de supervivencia.

Las misiones de Naciones Unidas han documentado violaciones graves y sistemáticas de derechos humanos, así como irregularidades estructurales en los procesos electorales, consolidando el diagnóstico de autoritarismo competitivo degenerado. La captura de Nicolás Maduro supone un golpe severo a la cohesión simbólica del sistema, pero no implica su desaparición automática. Persisten redes administrativas, financieras y coercitivas que pueden reconfigurarse, negociar o sabotear procesos de transición.

Objetivo principal

  • Preservar poder residual, impunidad jurídica y acceso a rentas estatales e ilícitas.

Capacidades y medios

  • Redes clientelares, control de instituciones heredadas, propaganda, acceso a recursos públicos y vínculos con inteligencia y seguridad.

Fortalezas

  • Experiencia en gestión autoritaria.
  • Cohesión basada en incentivos y miedo al coste de salida.

Debilidades

  • Colapso de legitimidad.
  • Dependencia estructural de la coerción.
  • Vulnerabilidad a fracturas internas y presiones externas.

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Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB): árbitro del desenlace

La FANB es el actor bisagra del sistema venezolano. Su relevancia no se limita a la capacidad militar, sino a su profunda inserción en la economía política del régimen. Durante años, altos mandos gestionaron ministerios, empresas públicas, puertos, aeropuertos y cadenas logísticas, convirtiendo a la institución en un actor rentista.

Desde una perspectiva doctrinal, la FANB ha transitado de una fuerza profesional hacia una institución politizada, con incentivos corporativos para preservar el statu quo. No obstante, el deterioro económico ha afectado de forma desigual a mandos medios y bajos, generando tensiones latentes. En este contexto, los mensajes de Washington ofreciendo salidas negociadas apuntan directamente a la FANB como clave de cualquier transición controlada.

Objetivo principal

  • Preservar cohesión institucional, privilegios y seguridad personal de la cúpula.

Capacidades y medios

  • Control territorial, armamento, logística, inteligencia militar y mando sobre infraestructuras críticas.

Fortalezas

  • Monopolio relativo de la fuerza formal.
  • Presencia nacional y capacidad de imponer orden.

Debilidades

  • Politización y desgaste interno.
  • Riesgo de fractura entre mandos.
  • Exposición a incentivos externos (sanciones/amnistías).

Estados Unidos: poder coercitivo, narrativa de legitimación y geoeconomía

Estados Unidos ha pasado de una estrategia de presión indirecta a una lógica de intervención explícita, legitimada públicamente por razones de seguridad hemisférica, lucha contra el narcotráfico y estabilidad energética. Las declaraciones de Donald Trump y Marco Rubio han introducido un elemento clave: el control y reconstrucción del sector petrolero venezolano por empresas estadounidenses.

Desde el realismo estratégico, esta postura responde a tres objetivos simultáneos: eliminar un régimen hostil, reordenar el equilibrio regional frente a actores extrahemisféricos y asegurar flujos energéticos en un contexto global volátil. El coste es evidente: tensiones con el derecho internacional y riesgo reputacional. El beneficio esperado: hechos consumados funcionales.

Objetivo principal

  • Reconfigurar el entorno hemisférico conforme a intereses estratégicos y energéticos.

Capacidades y medios

  • Presión diplomática, sanciones, inteligencia, operaciones especiales, poder financiero y coordinación multilateral.

Fortalezas

  • Superioridad tecnológica y de ISR.
  • Capacidad de imponer agendas económicas y políticas.

Debilidades

  • Coste reputacional y legal.
  • Riesgo de compromiso prolongado sin salida clara.

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Oposición política: legitimidad sin coerción

La oposición venezolana conserva legitimidad representativa, reforzada por informes técnicos que cuestionaron la integridad electoral. Sin embargo, carece de los instrumentos coercitivos necesarios para imponer cambios por sí misma. Históricamente, ha dependido del apoyo internacional y de fracturas internas del régimen.

En el nuevo contexto, la oposición corre el riesgo de quedar subordinada a actores armados o externos si no logra articular una propuesta inclusiva y viable. Su desafío es transformarse de actor simbólico a interlocutor estratégico.

Objetivo principal

  • Transición democrática y reconstrucción institucional.

Capacidades y medios

  • Legitimidad social, movilización, redes internacionales y capital humano en la diáspora.

Fortalezas

  • Reconocimiento interno y externo.
  • Capacidad de articulación narrativa.

Debilidades

  • Fragmentación y falta de unidad estratégica.
  • Ausencia de control territorial.

Guerrillas colombianas: gobernanza armada transfronteriza

El ELN y disidencias de las FARC operan en Venezuela como actores de control territorial, no como simples grupos insurgentes. Gestionan economías ilícitas, regulan comunidades y controlan corredores estratégicos. Su presencia responde a una lógica de santuario, facilitada por la debilidad estatal.

Incluso con un cambio político en Caracas, estas estructuras pueden persistir si no existe una estrategia regional sostenida que combine seguridad, inteligencia y desarrollo.

Objetivo principal

  • Control territorial y rentas ilícitas; supervivencia organizativa.

Capacidades y medios

  • Fuerza armada irregular, control de rutas, inteligencia local y financiación ilícita.

Fortalezas

  • Resiliencia y conocimiento del terreno.
  • Flexibilidad operativa.

Debilidades

  • Dependencia de economías ilícitas.
  • Vulnerabilidad a presión militar coordinada.

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Narcotráfico y crimen organizado transnacional: economía política del colapso

El narcotráfico en Venezuela constituye una infraestructura económica paralela, integrada en redes estatales y paraestatales. No solo financia violencia, sino que captura decisiones políticas mediante corrupción y coacción.

Estas redes tienen capacidad de veto sobre procesos de estabilización. Sin una estrategia de persecución financiera y judicial, cualquier transición corre el riesgo de ser capturada.

Objetivo principal

  • Maximizar beneficios y reducir riesgos judiciales.

Capacidades y medios

  • Capital financiero, corrupción, violencia selectiva y control logístico.

Fortalezas

  • Liquidez y adaptabilidad.
  • Capacidad de infiltración institucional.

Debilidades

  • Exposición a sanciones y persecución internacional.
  • Fragmentación entre facciones.

7. Megabandas, pranes y colectivos: orden criminal cotidiano

En barrios y cárceles, megabandas y pranes ejercen un poder cotidiano que sustituye al Estado. Controlan territorios, regulan economías locales y actúan como mecanismos informales de orden social.

Su neutralización es clave para la seguridad ciudadana, pero implica riesgos de violencia si no se gestiona de forma integral.

Objetivo principal

  • Control territorial local y rentas ilícitas.

Capacidades y medios

  • Armas ligeras, coerción comunitaria y extorsión.

Fortalezas

  • Arraigo territorial y control social directo.

Debilidades

  • Rivalidades internas.
  • Vulnerabilidad a operaciones sostenidas.

Arco Minero del Orinoco: rentas extractivas y violencia estructural

El Arco Minero es un epicentro de economías ilícitas, donde minería ilegal, violencia y corrupción convergen. Los recursos estratégicos allí extraídos financian redes armadas y conectan Venezuela con cadenas globales opacas.

Controlar este espacio es esencial para evitar que la transición se financie con rentas criminales.

Objetivo principal

  • Captura y monetización de rentas extractivas.

Capacidades y medios

  • Control armado de minas, rutas de contrabando y redes de intermediación.

Fortalezas

  • Flujo constante de ingresos.
  • Baja presencia estatal efectiva.

Debilidades

  • Alta conflictividad interna.
  • Creciente escrutinio internacional.

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Actores externos no occidentales: Rusia, China, Irán y Cuba.

Rusia, China, Irán y Cuba han sostenido al régimen con lógicas distintas: inversión, proyección geopolítica, evasión de sanciones o control social. Ninguno está atado ideológicamente al chavismo; todos evalúan costes y beneficios del nuevo escenario.

Objetivo principal

  • Preservar activos estratégicos e influencia.

Capacidades y medios

  • Financiación, asesoría, inteligencia y diplomacia.

Fortalezas

  • Experiencia operando bajo sanciones.
  • Capacidad estatal.

Debilidades

  • Coste reputacional.
  • Dependencia de acuerdos con élites locales.

Población venezolana y diáspora: factor humano y desestabilizador

La población venezolana es el actor más afectado y, potencialmente, el más disruptivo. El éxodo masivo ha generado impactos regionales significativos. Un deterioro adicional podría provocar nuevas olas migratorias, afectando agendas de seguridad y política interna de países vecinos.

Objetivo principal

  • Supervivencia, seguridad y estabilidad.

Capacidades y medios

  • Movilización social intermitente, remesas y presión política indirecta.

Fortalezas

  • Legitimidad moral.
  • Potencial de reconstrucción a medio plazo.

Debilidades

  • Fragmentación y fatiga social.
  • Vulnerabilidad a crisis económicas y violencia.

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Recursos para desarrollar capacidades en Análisis Estratégico y Prospectivo

En este ámbito, LISA Institute constituye una referencia internacional, con programas formativos de excelencia en prospectiva, análisis estratégico, inteligencia y defensaConcretamente, su Máster de Analista Estratégico y Prospectivo, con doble titulación universitaria, se ha erigido como referencia internacional para la adquisición de competencias en esta materia.

Además, su unidad especializada LISA Analysis Unit ofrece acompañamiento experto y personalizado a empresas, instituciones, ministerios de defensa y fuerzas armadaspara la implementación de capacidades de prospectiva alineadas con los estándares de referencia internacional.

Invertir en el desarrollo de competencias en análisis estratégico y prospectivo hoy es garantizar estar preparado para anticipar la evolución de cualquier actor o conjunto de actores en cualquier región, país y conflicto.

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El nuevo orden en marcha: doctrina y estrategia en torno a la Operación Absolute Revolve en Venezuela

La Operación Absolute Resolve marca un punto de inflexión en la aplicación contemporánea del poder militar estadounidense en el hemisferio occidental. Más allá de la captura de Nicolás Maduro, la acción revela una integración avanzada de guerra electrónica, ciberoperaciones, sigilo aéreo y fuerzas especiales, neutralizando sin destrucción física la arquitectura defensiva venezolana. En este artículo, Lucas Paulinovich, alumni del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada de LISA Institute, explica que el operativo no solo expone una brecha tecnológica crítica frente a sistemas ruso-chinos, sino que inaugura un nuevo estándar doctrinal de guerra de quinta generación, cuyas implicaciones políticas, regionales y globales redefinen los paradigmas de seguridad y disuasión continental.

Aspectos operativos y doctrinales

  • El operativo estadounidense denominado Absolute Resolve llevó a cabo ataques aéreos y terrestres en Venezuela y culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. La acción incluyó bombardeos alrededor de Caracas, uso de aeronaves de guerra electrónica y fuerzas especiales, y terminó con Maduro llevado a EE. UU. para enfrentar cargos penales.
  • Se desarrollaron acciones orientadas a desactivar la arquitectura C4ISR venezolana mediante penetración lógica en sistemas de origen chino y ruso. Esto habría incluido reconocimiento de redes, alteración de flujos de datos y anulación de enlaces redundantes. Intervinieron plataformas aéreas EA-18G Growler, orientada a bloquear comunicaciones tácticas, radares de tiro y sistemas de adquisición. De tal modo, se habría logrado una inutilización funcional de sistemas sin necesidad de destrucción física directa. Aviones F-35 Lightning II habrían penetrado el espacio aéreo venezolano sin ser detectados, operando dentro de zonas supuestamente protegidas. Se trataría de la primera operación comprobable en el hemisferio occidental donde se rompe por completo un sistema de defensa antiaérea de fabricación ruso-china en condiciones reales. Seguido de la inserción de helicópteros de asalto —UH-60 Black Hawk modificados y MH-47 Chinook— en puntos estratégicos de Caracas, incluyendo Fuerte Tiuna, con captura y extracción del líder del gobierno civil. 
  • Aún no se difundieron análisis oficiales sobre los fallos específicos de los sistemas. Como cualquier sistema pueden ser afectados por contramedidas electrónicas o tácticas complejas. De ser ciertas las versiones que describen la inutilización total de los sistemas, lo que la operación sobre Caracas revelaría es una superioridad tecnológica abrumadora de los Estados Unidos.
  • Diversas fuentes abiertas sugieren que durante la incursión estadounidense en Venezuela, los cazas furtivos F-35 Lightning II habrían operado sin ser detectados dentro del alcance efectivo de los sistemas antiaéreos S-300VM (Antey-2500), adquiridos por Venezuela a Rusia. Este sistema está diseñado para interceptar misiles balísticos y aeronaves a larga distancia, pero su eficacia frente a objetivos con baja firma de radar —como los F-35— podría haberse visto superada en condiciones reales de combate. Esto implicaría una vulnerabilidad crítica en la capacidad de detección temprana del sistema, a pesar de la elevada inversión que el Estado venezolano habría destinado a su adquisición y mantenimiento.
  • Se difundió ampliamente que aeronaves de guerra electrónica EA-18G Growler de la Marina de EE. UU. habrían participado activamente en la supresión de las defensas aéreas venezolanas mediante saturación del espectro electromagnético. Según doctrinas conocidas de guerra electrónica, esta interferencia habría impedido que las baterías antiaéreas venezolanas pudieran recibir datos de fuego o comunicarse con sus centros de comando. Bajo esta hipótesis, la supresión electromagnética habría generado una pérdida de coordinación operativa, convirtiendo a las unidades de defensa en activos inoperantes durante la fase inicial del ataque.
  • Los sistemas S‑300VM fueron concebidos en un entorno doctrinal previo a la masificación de plataformas furtivas de quinta generación y a la fusión sensorial avanzada. Diversos estudios académicos y militares occidentales advierten que la detección de aeronaves de sigilo requiere arquitecturas radar multisensoriales y redes integradas que superen el esquema clásico de radar de adquisición + radar de tiro.
  • Algunas fuentes de inteligencia y análisis militar han señalado que, en la fase previa al operativo físico, se habría llevado a cabo una infiltración cibernética dirigida a los sistemas de comando y control (C2) venezolanos, presuntamente de origen chino. De acuerdo con esta versión, dicha intrusión habría desactivado o retrasado la ejecución de protocolos automáticos de defensa, contribuyendo a la falta de respuesta durante el ingreso de helicópteros estadounidenses que participaron en la toma de Fuerte Tiuna. Su verosimilitud se sustenta en precedentes doctrinales del Comando Cibernético de EE. UU. y en la sincronía entre la supuesta parálisis del sistema y el avance de fuerzas especiales en un entorno urbano densamente protegido.
  • Esto supone una brecha tecnológica generacional que estaría detrás de los fallos en la tecnología rusa y china. Y acarrearía serias consecuencias en la reputación de los sistemas no occidentales en el marco de las guerras de quinta generación. En términos estratégicos, abre un interrogante sobre la capacidad de proveer seguridad por fuera de las zonas de influencia directa.

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Impacto político interno y externo 

  • Fragmentación en la cúpula del chavismo. El descabezamiento de Maduro abre una instancia de definiciones. Rápida asunción de Delcy Rodriguez según orden de sucesión constitucional. Se mantienen las recompensas sobre las cabezas de los otros miembros de la cúpula del régimen. Especialmente sobre Diosdado Cabello y Padrino López, ambos ligados a la estructura militar que está en el centro de las acusaciones de narcoterrorismo por su presunta colaboración con los cárteles, las FARC, el ELN y el Tren de Aragua.
  • Endurecimiento del control y represión interno. El régimen pende de un hilo y no puede abrir espacios para iniciativas que erosionen su mando. El poder en cabeza de Rodriguez deberá ser ratificado con autoridad. Es decir, ejercicio de violencia. Tal vez quienes corren más riesgo son los propios simpatizantes chavistas y los grupos que pretendan llevar a cabo acciones de rechazo de la operación norteamericana por cuenta propia. 
  • La amenaza de una nueva incursión está latente y el gobierno venezolano es lo suficientemente débil como para necesitar sofocar cualquier vestigio de autonomía. En Venezuela existen muchos ciudadanos armados y grupos pandilleros que pueden provocar que la situación derive hacia un caos de violencia descontrolada. La democracia venezolana en esta etapa de transición estará aún más reducida. Se verá si la salida se encamina hacia horizontes institucionales, o declina hacia escenarios de guerra civil con focos guerrilleros y pandillas urbanas. 
  • Organizaciones internacionales como la ONU y varios países han criticado la operación, afirmando que viola principios de derecho internacional y la soberanía de Venezuela. Este punto es evidente, pero nos encontramos en un momento de reformulación de los paradigmas de seguridad, donde se están consolidando otros conceptos y, como todo proceso de reformulación conceptual, el uso de la fuerza es decisivo para la determinación de los hechos que le dan materialidad a las concepciones estratégicas. Estados Unidos está actuando en vista a cómo funcionará el mundo en los próximos 50 años.
  • El gobierno cubano reconoció la muerte de al menos 32 agentes nacionales que “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos de ese país». Estas bajas habrían tenido lugar en zonas donde operaba el círculo más cercano de protección del presidente Nicolás Maduro. Esta información destaca las particularidades del «marco de la cooperación entre Estados soberanos (…) cumpliendo tareas de protección y defensa institucional”, una compenetración entre Estados que venía siendo ampliamente señalada, pero que ahora queda en evidencia.
  • Cuba y Venezuela, dos estrechos aliados ideológicos que fortalecieron sus vínculos a medida que fueron quedando aislados diplomática y comercialmente, mantienen desde 2000 un convenio integral de cooperación que permite a miles de médicos cubanos, profesionales de la educación, el deporte y otras esferas permanecer en el país sudamericano. Venezuela envía a Cuba miles de barriles diarios de petróleo, incluso por encima de sus necesidades, lo que permite a la isla venderlo internacionalmente. La situación actual instala un fuerte interrogante sobre el futuro de la isla, que podría estar ingresando a los últimos meses de la revolución.
  • Dado el estrecho vínculo entre Nicolás Maduro y la élite cubana, forjado desde la formación política e ideológica del primero en La Habana, su caída representa una dislocación estratégica para la seguridad del régimen cubano. La desaparición del gobierno venezolano como soporte económico y logístico (energético, financiero y de inteligencia) podría traducirse en un debilitamiento estructural del aparato de control interno en la isla. En este contexto, se anticipa una mayor presión social interna y potencial desestabilización si se combinan escasez económica, aislamiento diplomático y pérdida de capacidad de proyección exterior.
  • Paralelamente, se han intensificado protestas masivas en Irán, con exigencias explícitas a favor del heredero de los Pahlevi y creciente enfrentamiento con las fuerzas de seguridad del Estado. El gobierno iraní ha acusado públicamente a EE. UU. e Israel de instigar la revuelta, y han circulado reportes no confirmados sobre planes de contingencia para la evacuación del líder supremo Alí Jamenei. Esto no sólo explica la pérdida de sostén de Venezuela, donde operan miembros de las Guardia Revolucionaria iraní, sino que es una mala noticia también para Cuba.

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Operación Lanza del Sur y consecuencias estratégicas ampliadas

Este enfoque redefine el reparto geopolítico del continente, expulsando de facto —aunque no necesariamente por vía diplomática— a actores como Irán, Rusia y China del escenario operacional latinoamericano. La “Adenda Trump” no requiere declaración formal: se impone por la lógica de los hechos consumados, en los que la demostración de capacidad estratégica plena reemplaza a la negociación diplomática multilateral. 

LaOperación Lanza del Sur representa una acción integrada de múltiples dominios, ejecutada con precisión quirúrgica sobre un blanco estatal en el corazón político y militar de Sudamérica. Su desarrollo operativo la convertirá en un caso de estudio central para los manuales de guerra moderna, especialmente en su aplicación hemisférica. 

Creer que esta incursión se limita al petróleo puede implicar desconocer aspectos centrales. No estamos en las décadas del 80 y 90. Y la simplificación puede acarrear mirar con lentes viejos problemas nuevos. Desde que Estados Unidos es proveedor global, el vector energético ocupa otro lugar en los asuntos de seguridad. Parecería tratarse de una iniciativa de más amplio alcance, que busca reconfigurar las zonas de dominio e influencia operacional. El mundo cambió, y también cambian los paradigmas de seguridad que pretenden ordenarlo.  

La teoría sobre el Cartel de los Soles, que siempre fue una etiqueta para nombrar la coordinación estatal con organizaciones criminales, es parte de las negociaciones que ahora se van a dar en el terreno judicial, pero que no hacen a la cuestión central de la iniciativa continental. 

La decisión del gobierno de Trump de retirar a todas las potencias extracontinentales (Canadá, Groenlandia, islas bajo control neerlandés y británico) lleva a una serie de consecuencias subsiguientes de altísima relevancia. Entre ellas, el interés de los Estados Unidos en que el Reino Unido deje todos sus dominios continentales, lo que incluye Malvinas. Más aún cuando quedan pocos años de paz sobre la Antártida. Curiosamente, la operación de Caracas puede abrir un cauce que la convierta en el primer episodio de la recuperación de la soberanía argentina sobre Malvinas.

La operación responde a patrones doctrinales característicos de la guerra de quinta generación, donde la acción cinética va acompañada por guerra cibernética, manipulación informativa, operaciones psicológicas y superioridad en el espectro electromagnético. En este marco, el colapso no implica destrucción física, sino desarticulación sistémica. Este patrón de acción proyecta un nuevo estándar en el uso de la fuerza a nivel continental: operaciones de alta precisión con máxima disrupción funcional, realizadas por fuerzas especiales con soporte logístico y disuasivo, sin ocupación prolongada ni intervención convencional masiva.

La operación representa la primera aplicación activa de la «Adenda Trump» a la Doctrina Monroe: una reinterpretación contemporánea del principio de no tolerancia a presencias extracontinentales hostiles, ahora complementada con: intervención directa sin mediación multilateral, acciones preventivas basadas en capacidades tecnológicas dominantes, rediseño del mapa de poder hemisférico sin necesidad de ocupación territorial.

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Monroe, Donroe y las sombras del Nuevo Orden

La Doctrina Monroe no ha desaparecido: ha mutado. Lo que fue una advertencia explícita se ha transformado en una lógica de poder silenciosa que ya no se proclama, sino que se ejerce. La llamada Donroe —y sus equivalentes Putinroe y Xi Jinroe— describe un mundo donde las zonas de influencia se construyen sin declaraciones formales, mediante dependencias económicas, tecnológicas y coercitivas. En este artículo, la alumna del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Rosalía Fernández explica cómo el derecho internacional y los derechos humanos sobreviven como retórica, mientras el poder real opera de forma invisible, normalizando el hecho consumado y erosionando la soberanía sin necesidad de invasiones abiertas.

El poder que ya no necesita decir su nombre: zonas de influencia, precedentes y el miedo que organiza el sistema.

Hay doctrinas que nacen como frases y mueren como sistemas. Otras, más peligrosas, nunca mueren: mutan. La llamada Doctrina Monroe fue, en su origen, una advertencia simple disfrazada de principio moral: el hemisferio occidental como espacio vedado a las viejas potencias. América para los americanos. Una frase breve, casi ingenua, que con el tiempo se convirtió en músculo, flota y bloqueo.

Pero toda doctrina, al envejecer, deja de ser pronunciada y comienza a ser imitada. Surge entonces la Donroe: no escrita, no firmada, no anunciada, pero ejercida. No es defensa, es gravitación; no es frontera, es órbita. Opera por saturación económica, tecnológica, cultural y militar. No proclama valores universales; los reemplaza por dependencias prácticas. No promete libertad; “asegura” estabilidad a quienes aceptan el precio. Y ese precio casi siempre se paga en silencio.

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América Latina como laboratorio de poder

En este tablero, América Latina se convierte en un espacio donde las doctrinas se prueban sin necesidad de ser nombradas. Países como Venezuela han servido como precedentes de estas dinámicas invisibles, ofreciendo lecciones duras: no como modelos, sino como advertencias; no como excepciones, sino como referencias de tendencias. Lo ocurrido allí no es un episodio aislado ni una anomalía ideológica: es un experimento prolongado donde la degradación institucional, el vaciamiento económico y la presión social han coexistido con una sorprendente estabilidad externa. El mensaje implícito es inquietante: un país puede deshacerse por dentro sin que el sistema internacional intervenga, siempre que los vectores estratégicos permanezcan alineados.

Aquí la Donroe deja de ser exclusivamente hemisférica y se vuelve contagiosa. Mientras una potencia consolida su zona de influencia histórica, otras observan y aprenden. Emergen entonces sus reflejos: los neologismos Putinroe y Xi Jinroe, propuestos aquí como analogías para designar doctrinas sin nombre propio, pero con firma reconocible.

Putinroe y Xi Jinroe: lógicas de poder invisibles

Como la Donroe, otras potencias han desarrollado versiones funcionales propias, no como copias, sino como adaptaciones sistémicas. No son doctrinas declaradas, sino lógicas operativas que delimitan espacios, imponen costes y redefinen lo aceptable sin necesidad de consenso internacional.

Putinroe opera por choque y consolidación: altera el terreno, soporta el coste inicial y apuesta por el cansancio del sistema. No busca legitimidad inmediata, sino adaptación progresiva al hecho consumado.

Xi Jinroe, en cambio, funciona por acumulación silenciosa: infraestructuras, deuda, tecnología, control de nodos críticos. Donde no hay invasión, hay dependencia; donde no hay ultimátum, hay contrato.

Lo relevante no es su origen, sino su replicabilidad. Una vez que estas lógicas funcionan, dejan de ser anomalías y se convierten en precedentes.

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Tecnología, vigilancia y control silencioso

A estas lógicas clásicas se suma una capa más silenciosa y eficaz: tecnología, vigilancia y datos. El control ya no depende solo de bases militares o alianzas formales, sino de infraestructuras digitales, arquitecturas de información y capacidades de procesamiento algorítmico. La inteligencia artificial no impone órdenes; optimiza dependencias. La vigilancia no necesita represión visible; basta con anticipar comportamientos.

Las sanciones, convertidas en arma estructural, cierran el círculo. No buscan solo castigar, sino modelar decisiones, condicionar trayectorias e inducir un miedo difuso: administrativo, silencioso, que desgasta sin paralizar de golpe.

Derecho internacional y soberanía erosionada

La gran ironía es que aquella doctrina fundacional nació en un mundo en formación, cuando el derecho internacional era aspiración más que norma y la soberanía se medía en cañones y distancias. Hoy, su eco —distorsionado, replicado— resuena en un sistema formalmente regido por tratados, cortes y declaraciones universales, pero atravesado por excepciones constantes.

Los derechos humanos funcionan cada vez más como retórica selectivase invocan con fuerza cuando conviene, se relativizan cuando estorban y se silencian cuando interfieren con equilibrios mayores. El derecho internacional persiste como arquitectura, pero sin garante último: sólido en el papel, frágil en la crisis. Incluso estados que mantienen reconocimiento formal pueden haber perdido, en los hechos, su capacidad de decisión estratégica.

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El resto del mundo y el equilibrio multipolar

Mientras Donroe, Putinroe y Xi Jinroe delinean sus órbitas de influencia, el resto del mundo navega un sistema cada vez más multipolar y ambiguo.  Actores como la Unión Europea, que buscan balancear intereses estratégicos con compromisos normativos, pero funcionan a menudo como observadores limitados: intentan contener y mediar, pero chocan con la sutileza de las lógicas de poder invisibles. Los Países medianos y emergentes ajustan sus políticas entre soberanía formal y dependencia estructural, conscientes de que la disuasión jurídica y moral ya no garantiza seguridad ni autonomía.

En este contexto, el derecho internacional y los derechos humanos funcionan como un lenguaje común útil para la diplomacia, pero insuficiente para contener las lógicas de poder invisibles. La gobernanza global se convierte en un juego de precedentes, adaptaciones y cálculos de riesgo, donde la estabilidad no surge de reglas claras, sino de la gestión sutil de incertidumbre y miedo.

Escenarios inciertos y caos estructurado

Los escenarios que se abren son tan inciertos que ni siquiera admiten el lenguaje clásico de la prospectiva. No se trata de un nuevo orden estable, sino de una transición prolongada donde conviven normas que nadie hace cumplir y fuerzas que nadie reconoce públicamente. Las doctrinas no se proclaman, se ejercen; el horror no irrumpe, sino que se normaliza.

Este nuevo eje de poder configura un mundo donde la incertidumbre es la regla y el caos, variable permanente modulada por dependencias, sanciones y vigilancia. Los estados medianos y pequeños se deslizan entre soberanía erosionada y control silencioso. Los derechos humanos y el derecho internacional funcionan como guía formal, pero no como límite efectivo. El futuro se dibuja en escenarios donde la previsibilidad se reduce y la tensión se convierte en instrumento estratégico. Es un mundo de amenazas invisibles, donde el miedo no se grita, pero organiza comportamientos y decisiones.

Conclusión: invisibilidad y efectos del poder

Quizás ese sea el signo definitivo de esta época: no la ausencia de reglas, sino su aplicación desigualno el fin de las doctrinas, sino su invisibilidad. Un mundo donde nombrar el poder resulta innecesario, porque sus efectos ya hablan por él.


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Brasil inquieta al mundo y reclama su lugar entre las potencias

Brasil emerge como una potencia clave y desafía el equilibrio de las naciones tradicionales. Su autonomía estratégica y el debate nuclear generan cautela internacional. En este artículo, Sebastián Ruda, alumno del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, explica cómo el país busca redefinir el poder en el Sur Global.

En tiempos recientes, Brasil ha dejado de ser visto como un actor marginal. Se ha transformado en una figura clave que despierta inquietudes estratégicas entre las grandes potencias. Su desarrollo constante y sus recursos naturales han captado la atención y cautela de Washington, Pekín y Moscú.

A Estados Unidos le preocupa su creciente independencia diplomática y su participación en los BRICS. A China le inquieta la posibilidad de que compita por influencia en América Latina. Por su parte, Rusia observa su acercamiento a Occidente sin abandonar los lazos euroasiáticos.

El debate sobre una reforma constitucional para desarrollar armamento nuclear ha encendido las alarmas internacionales. Esta iniciativa es impulsada por sectores del gobierno y del Congreso. Aunque la propuesta está lejos de concretarse, su discusión revela una transformación profunda en la mentalidad brasileña. El país desea alcanzar una soberanía plena, incluso en el terreno disuasivo, para dejar de ser visto únicamente como un poder regional.

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Brasil incomoda al status quo global: es demasiado grande para ser ignorado y demasiado independiente para alinearse. En un mundo fragmentado y en reconfiguración, su ascenso, ahora con la posibilidad de ser acompañado por un discurso de autonomía nuclear, redefine los equilibrios y obliga a las potencias a repensar sus estrategias en el hemisferio sur.

La promesa brasileña en el sistema mundial

Durante años, Brasil fue percibido como un gigante dormido: con gran extensión territorial y abundancia de recursos, pero afectado por la inestabilidad y la desigualdad.

Hoy, en medio de un contexto multipolar, el país emerge con renovada energía y ambiciones globales. Cuenta con una población superior a los 200 millones de habitantes y una economía diversa. Su política exterior se enfoca en la autonomía estratégica. Así, busca posicionarse como una potencia intermedia entre el Norte y el Sur global.

Bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil ha revitalizado su diplomacia. Ha recuperado un papel activo en los BRICS, el G20 y el Mercosur. Al mismo tiempo, promueve una agenda basada en la transición energética, la cooperación Sur-Sur y el liderazgo regional.

Sin embargo, su proyección global genera tensiones. Su aproximación simultánea a China, Rusia, Europa y Estados Unidos lo convierte en un actor complejo. Por ello, el país se encuentra bajo constante observación.

Los pilares del ascenso brasileño

El nuevo rol internacional de Brasil se sustenta en tres ejes: una población numerosa con un sólido mercado interno, abundantes recursos naturales estratégicos y una diplomacia expansiva.

En el terreno económico, Brasil se posiciona como la décima economía del mundo. Además de liderar la exportación de productos como la soja, el hierro y la carne, impulsa el desarrollo de una industria más avanzada e innovadora. Sus progresos en ciencia y tecnología le permiten competir en sectores de alto valor añadido, fortaleciendo al mismo tiempo la autonomía de su política exterior.

Esta transición hacia un modelo de desarrollo más autosuficiente se complementa con una diplomacia activa, enfocada en diversificar alianzas y disminuir la dependencia de los centros tradicionales de poder. Brasil ya no sigue los lineamientos de ninguna potencia: busca moldear el orden global desde la moderación y la construcción de consensos.

Autonomía estratégica y liderazgo en América Latina

Uno de los aspectos más distintivos del Brasil actual es su estrategia de «no alineamiento activo». Lejos de subordinaciones a Washington o Pekín, adopta una posición pragmática que le permite negociar con distintos actores sin comprometer su soberanía.

En América Latina, consolida su papel como fuerza estabilizadora a través del Mercosur y de una agenda que promueve la cooperación energética, tecnológica y de infraestructura. En términos de seguridad, la Amazonía y el Atlántico Sur se han convertido en zonas prioritarias. El control de esta región marítima, rica en recursos y estratégicamente vinculada con África, refuerza su peso geopolítico.

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La diplomacia de Lula combina idealismo con pragmatismo: intenta mediar entre bloques enfrentados y representar al Sur Global sin entrar en confrontaciones directas con las potencias. Brasil aspira a más que el liderazgo regional; busca ser reconocido como un actor global que aporta estabilidad, diálogo y soluciones sostenibles.

Brasil en los BRICS: entre la oportunidad y el desafío

El bloque BRICS (Integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, con nuevos integrantes recientes) se ha transformado en una de las principales plataformas del ascenso brasileño.

Brasil tiene ante sí una oportunidad estratégica: fomentar la cooperación Sur-Sur y liderar una agenda global más inclusiva. No obstante, este liderazgo conlleva riesgos. La creciente presencia de China y Rusia dentro del bloque obliga a Brasil a manejar un equilibrio delicado: beneficiarse de las ventajas económicas y financieras sin quedar atrapado en sus agendas geopolíticas.

El desafío será preservar la independencia que lo caracteriza, promoviendo temas donde cuenta con ventajas claras (como la energía limpia, la seguridad alimentaria y la innovación tecnológica) y sirviendo de puente entre los BRICS y las potencias occidentales. Su diplomacia, en este contexto, tiene un valor especial: ser un interlocutor creíble entre mundos a menudo en tensión.

Energía, tecnología y defensa: la tríada del poder brasileño.

El ascenso de Brasil no se basa únicamente en su diplomacia ni en su tamaño, sino en su habilidad para generar poder real en tres campos clave: energía, tecnología y defensa.

En el sector energético, Brasil es una potencia verde. Petrobras lidera inversiones tanto en los yacimientos del presal como en biocombustibles y procesos de descarbonización. El país es pionero en la producción de etanol, biodiésel e hidrógeno verde, lo que lo convierte en un socio fundamental para Europa y Asia en el marco de la transición energética.

En el ámbito tecnológico, se destacan los avances en inteligencia artificial, agricultura sostenible y tecnología satelital, combinando alianzas con China y la Unión Europea con iniciativas nacionales del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

En defensa, moderniza su flota aérea con los cazas Gripen NG (en coproducción con Suecia), desarrolla el submarino nuclear Álvaro Alberto y refuerza su presencia militar en la Amazonía. Sin buscar hegemonía, Brasil pretende garantizar su autonomía estratégica y posicionarse como referencia en seguridad marítima y ciberdefensa en el Atlántico Sur.

Estas tres áreas le otorgan una combinación única de poder blando y duro: innovación, energía sostenible y capacidad de disuasión militar, algo poco común en el hemisferio sur.

Obstáculos al ascenso brasileño

A pesar de sus avances, el auge brasileño enfrenta desafíos internos que podrían limitar su proyección internacional. Políticamente, Brasil sigue siendo una democracia polarizada. La fragmentación del Congreso y la pugna entre el progresismo de Lula y el bolsonarismo dificultan la implementación de reformas estructurales.

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Económicamente, la fuerte dependencia de productos básicos (como la soja, el hierro y el petróleo) representa una vulnerabilidad, especialmente considerando que China es su principal comprador. Cualquier variación en la demanda asiática puede afectar significativamente su economía.

En lo ambiental y de seguridad, la Amazonía es tanto un activo estratégico como una fuente de conflicto. La deforestación, la actividad minera y la militarización del territorio generan tensiones internas y roces diplomáticos.

En el plano internacional, Brasil deberá gestionar las expectativas: actuar como potencia conlleva asumir responsabilidades globales en áreas como defensa, energía y mediación política. Esto exige coherencia, recursos y estabilidad institucional. El principal riesgo sería aspirar a un rol de gran potencia sin contar con la capacidad fiscal o política necesaria para sostenerlo.

Brasil ante el desafío de consolidar su poder

Brasil atraviesa un momento clave. Su peso económico, su renovada diplomacia y sus avances en energía, tecnología y defensa lo posicionan como un actor central en el Sur Global. Pero su verdadero poder reside en su capacidad de mantener independencia sin aislarse y de construir alianzas sin depender.

El reciente debate sobre el derecho a desarrollar capacidades nucleares con fines de defensa es clave. Evidencia que Brasil ya no teme igualarse a las grandes potencias. No se trata solo de una ambición tecnológica. Es una afirmación política de un país que busca ser tratado como igual en las mesas del poder global.

El mundo debe seguir de cerca su evolución. Un Brasil fortalecido puede alterar el equilibrio mundial. Potenciaría al Sur Global y diversificaría rutas energéticas y comerciales. Además, ofrecería una alternativa real frente a las hegemonías tradicionales.

Si logra mantener su estabilidad interna y su autonomía estratégica, no solo redefinirá el liderazgo en América Latina, sino que también podrá consolidarse como un eje fundamental en el nuevo orden global.

Más allá de ser un gigante que despierta, Brasil simboliza un modelo latinoamericano de poder. Este se basa en la sostenibilidad, la cooperación y la soberanía. Ahora suma un componente disuasivo que lo acerca al lenguaje estratégico de las grandes potencias. Resta por ver si esta promesa logrará una influencia duradera. También queda la duda de si se desvanecerá ante las complejidades internacionales.

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Cilia Flores: la esposa de Maduro y abogada de Chávez que enfrenta un juicio en Estados Unidos

Descubre la biografía completa de Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, abogada penal que pasó de defender a Hugo Chávez a enfrentar acusaciones de narcotráfico en un juicio federal en Nueva York.

Cilia Adela Gavidia Flores de Maduro selló un camino político en Venezuela durante más de tres décadas, transformándose de una joven abogada defensorista en una de las mujeres más influyentes del chavismo. Sin embargo, su trayectoria dentro del régimen bolivariano ha culminado en enero de 2026 con su captura en Caracas y traslado a Nueva York, donde enfrenta acusaciones federales graves relacionadas con el narcotráfico, la conspiración criminal y el apoyo a redes ilícitas. Su caso representa un punto de ruptura en la historia política venezolana. Por primera vez, una primera dama del país se sienta en el banquillo de una corte estadounidense enfrentando múltiples delitos que podrían encerrarla durante décadas en prisión.

Orígenes y educación

Nacida el 15 de octubre de 1956 en Tinaquillo, estado Cojedes, Cilia Flores creció en un entorno modesto. Era la menor de seis hermanos en una familia de recursos limitados. Tal y como el propio Maduro ha expresado públicamente, vivía en un rancho con piso de tierra. A los cuatro años, su familia se trasladó a la periferia occidental de Caracas, específicamente a la localidad de Flores de Catia, un barrio popular que marcaría su identidad política e ideológica.

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Su trayectoria académica fue ascendente. Se licenció en Derecho por la Universidad Santa María de Caracas, institución privada de prestigio, donde se especializó en derecho penal y laboral. Esta formación legal especializada resultaría fundamental para su posterior actividad, ya que no fue una política tradicional, sino una jurista con competencias específicas en áreas que le permitirían navegar sistemas legales complejos y defender a individuos en procesos penales.

El pivote de 1992: defensora de Chávez y encuentro con Maduro

El punto de inflexión en la vida de Cilia Flores llegó en 1992, cuando el teniente coronel Hugo Chávez y otros militares intentaron un golpe de Estado que fracasó. Tras el fallido levantamiento, Chávez fue encarcelado. Flores, entonces en sus inicios como abogada, se integró al equipo de defensores legales que asumió la representación del futuro presidente revolucionario. Durante estos años de litigio, Flores desarrolló una amistad cercana con Chávez y, simultáneamente, conoció a Nicolás Maduro, quien en ese momento trabajaba como parte del equipo de seguridad del líder bolivariano.

Su trabajo fue exitoso, pues en 1994, bajo la presidencia de Rafael Caldera, Flores formó parte del equipo jurídico que gestionó el indulto presidencial de Chávez. Este logro no solo consolidó su reputación como abogada penalista valiosa, sino que la vinculó indisolublemente con el liderazgo revolucionario que gobernaría Venezuela durante las siguientes décadas.

En 1993, Flores fundó el Círculo Bolivariano de los Derechos Humanos, una organización que le permitió estructurar una base política propia. Posteriormente, en 1997, participó como fundadora del Movimiento V República (MVR), la plataforma política que llevaría a Chávez a la presidencia en las elecciones de 1998.

Consolidación política: de diputada a presidenta del Parlamento

La llegada de Chávez a la presidencia en 1999 abrió nuevas oportunidades para Flores. En el 2000, fue elegida diputada a la Asamblea Nacional, representando su estado de origen. Además, fue reelegida en 2005, ampliando su presencia parlamentaria.

El hito más notorio de su carrera legislativa llegó en agosto de 2006. Tras la salida de Nicolás Maduro de la Asamblea Nacional para asumir el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores, Flores fue elegida presidenta de la Cámara legislativa, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar esta posición en la historia parlamentaria de Venezuela.

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Durante su mandato como presidenta (2006-2011), implementó medidas controvertidas, como la restricción del acceso de la prensa al hemiciclo legislativo, y enfrentó denuncias de nepotismo por la contratación de decenas de familiares en estructuras administrativas parlamentarias.

Procuradora General y eminencia gris del chavismo

En febrero de 2012, Hugo Chávez la designó procuradora general de la República, equivalente a fiscal general. Este cargo institucional reforzó su perfil como una figura de poder no ceremonial, sino operativa. Durante este período, gestionaba la defensa legal del Estado y representaba los intereses patrimoniales de la nación, funciones que, en el contexto del colapso institucional venezolano, adquirieron dimensiones complejas y controvertidas.

Analistas políticos han descrito a Flores durante estos años como una «eminencia gris». Esto es una figura que operaba con un perfil bajo, sin buscar protagonismo público, pero ejerciendo una influencia sustancial sobre las decisiones estratégicas del régimen. De hecho, su presencia era constante en reuniones de la alta dirección política y militar, y sus opiniones se consideraban de peso en el círculo íntimo de Maduro.

Primera dama y primera combatiente tras la muerte de Chávez

La muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013 marcó un punto crucial en su vida. Nicolás Maduro fue elegido presidente en abril de 2013, lo que convirtió a Cilia Flores automáticamente en primera dama. Sin embargo, ella y Maduro optaron por rechazar este título. Maduro insistió en denominarse «primera combatiente de la República Bolivariana de Venezuela», lo que suponía un título cargado de simbolismo revolucionario que ella misma promovió. Esta preferencia terminológica mostraba la identificación de ambos con la ideología bolivariana y su rechazo a las convenciones institucionales occidentales.

En julio de 2013, tres meses después de la elección presidencial de Maduro, la pareja formalizó su unión matrimonial después de más de dos décadas compartiendo vida política y personal. El matrimonio fue celebrado por Jorge Rodríguez, uno de los políticos más influyentes del régimen y cercano colaborador de Maduro.

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Como primera dama, Flores continuó con una presencia política activa. Fue elegida diputada nuevamente en 2015, cuando el chavismo perdió por primera vez en quince años la mayoría parlamentaria en la Asamblea Nacional. En 2017, fue designada miembro de la polémica Asamblea Nacional Constituyente (ANC), un órgano que el gobierno consideraba destinado a refundar las instituciones, aunque fue ampliamente criticado por la oposición como un mecanismo para consolidar el autoritarismo.

Sanciones internacionales y vínculos con investigaciones de narcotráfico

A pesar de su posición institucional elevada, Flores enfrentó presiones internacionales desde mediados de la década de 2010. En 2018, el gobierno canadiense impuso sanciones contra ella, acusándola de vínculos con actividades criminales. Poco después, en septiembre de 2018, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos la incluyó en una nueva ronda de sanciones dirigidas contra el círculo cercano de Maduro.

Estas sanciones estadounidenses bloquearon cualquier activo que Flores tuviera bajo jurisdicción norteamericana y prohibieron a ciudadanos estadounidenses realizar transacciones comerciales con ella. El comunicado del Tesoro la identificó como parte del «círculo cercano» de Maduro responsable de mantenerlo en el poder mientras el país se desmoronaba económicamente.

Además, en 2015 un escándalo familiar salpicó a Flores , cuando dos de sus sobrinos fueron detenidos en Haití por agentes encubiertos de la Administración para el Control de Drogas (DEA) estadounidense. Posteriormente se les trasladó a Nueva York, donde en 2017 fueron condenados a dieciocho años de prisión por intento de tráfico de 800 kilos de cocaína hacia Estados Unidos. Aunque no se demostró conexión directa de Flores con este operativo de sus familiares, el caso generó asociaciones públicas entre su nombre y las redes de narcotráfico.

El juicio en Nueva York y las acusaciones federales que enfrenta

El 3 de enero de 2026, Cilia Flores fue capturada junto a Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense ejecutada en Caracas. Ambos fueron trasladados a Nueva York, donde quedaron bajo custodia federal en el Centro de Detención Metropolitano (MDC) de Brooklyn, una prisión de máxima seguridad.

Los cargos federales contra ella incluyen conspiración relacionada con narcotráfico, conspiración para importación de cocaína, y apoyo logístico y financiero a una estructura criminal internacional. Según los documentos judiciales, la fiscalía le acusa de haber gestado beneficios económicos derivados de operaciones ilícitas, facilitado el uso de recursos estatales para transporte de mercancías ilícitas, y colocado a familiares directos en posiciones estratégicas de aduanas, divisas y justicia para proteger a la red criminal de investigaciones locales.

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Los cargos acumulados contra ella conllevan potencialmente varias cadenas perpetuas consecutivas. La fiscalía planea presentar testimonios de ex altos funcionarios del régimen que se encuentran bajo programas de protección de testigos, como el ex jefe de inteligencia Hugo Carvajal y el ex general en retiro Cliver Alcalá, quienes ya se han declarado culpables y cooperan activamente con las autoridades estadounidenses.

El trayecto de Cilia Flores desde abogada defensora de Hugo Chávez en 1992 hasta acusada federal en 2026 encapsula en cierta medida la evolución del experimento chavista en Venezuela. Una mujer que se forjó en la defensa de revolucionarios encarcelados ahora enfrenta acusaciones por facilitar presuntamente crímenes contra la salud pública de naciones extranjeras. El resultado de su juicio en Nueva York posiblemente arrojará luz sobre las estructuras de poder, la corrupción y el tráfico de drogas que operaron en el seno del régimen chavista durante décadas.

Las claves del proceso judicial contra Maduro en Nueva York

Durante años, la posibilidad de ver a Nicolás Maduro sentado ante un juez en Estados Unidos parecía imposible. Sin embargo, en menos de dos días, el dirigente chavista pasó de Caracas a Nueva York tras una operación organizada por Estados Unidos.

Maduro llegó esposado, escoltado por agentes federales y sin ningún trato diplomático. Las imágenes difundidas en redes lo muestran con las manos atadas, saludando de forma breve y visiblemente tenso. Este 5 de enero compareció por primera vez ante un tribunal federal, acusado de varios delitos graves relacionados con el narcotráfico y el uso de armamento.

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Los cargos principales que afronta son la conspiración por narcoterrorismo, por presuntamente liderar el llamado Cártel de los Soles y colaborar con las FARC para introducir cocaína en Estados Unidos; la conspiración para importar grandes cantidades de droga al país; y el uso y posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos para proteger esas operaciones ilícitas.

Quién es el juez y cómo se articula la defensa de Maduro

El caso está en manos de Alvin Hellerstein, un magistrado de 92 años con fama de directo y poco dado al espectáculo. Lleva décadas en la judicatura federal y ha tratado asuntos delicados, desde terrorismo internacional hasta litigios posteriores al 11-S. En su sala no hay espacio para arengas políticas. Dejó claro desde el primer minuto que aquí se juzgan hechos, no relatos.

Para afrontar un proceso que puede acabar en cadena perpetua, Maduro ha optado por una defensa de alto perfil. Su abogado es Barry Pollack, conocido por haber negociado la liberación de Julian Assange. La estrategia resulta evidente: presentar el caso como una persecución política y cuestionar la legitimidad de la captura.

Por su parte, la defensa de Cilia Flores recae en Mark Donnelly, antiguo fiscal con experiencia en delitos económicos. Ambos equipos se enfrentan a un sumario extenso que describe una red de narcotráfico sostenida, según la acusación, desde las propias estructuras del Estado venezolano.

Las declaraciones de Maduro y Cilia Flores ante el juez

Ante el juez, Maduro habló en español, con auriculares para la traducción. Se declaró inocente y sostuvo que sigue siendo el presidente de Venezuela. Afirmó que lo «capturaron» en su casa de Caracas y calificó la operación como un secuestro. Intentó alargar su intervención con un alegato político, pero Hellerstein lo frenó en seco.

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La Fiscalía, representada por Jay Clayton, le acusa de utilizar instituciones públicas para facilitar el envío de cocaína a Estados Unidos durante años, con apoyo militar y cobertura diplomática. El escrito detalla movimientos de droga, armas y dinero que, según los fiscales, beneficiaron directamente al matrimonio.

Cilia Flores siguió la misma línea. Se declaró completamente inocente y compareció con visibles hematomas en el rostro. Su abogado atribuyó las lesiones a la violencia de la detención.

Cuáles son los siguientes pasos

La próxima cita judicial está fijada para el 17 de marzo. Hasta entonces, Maduro permanecerá en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una prisión conocida por sus duras condiciones. No se ha solicitado libertad bajo fianza y no se esperan concesiones especiales.

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Mientras tanto, en Venezuela el vacío de poder acelera movimientos internos. Delcy Rodríguez asume el control político en un contexto lleno de incógnitas.

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¿De qué acusan a Nicolás Maduro? Cargos, delitos y claves de su juicio en Nueva York

Narcoterrorismo, tráfico de cocaína y corrupción: todos los cargos federales contra Maduro en el Distrito Sur de Nueva York.

Durante la madrugada del 3 de enero de 2026, Nicolás Maduro Moros, quien gobernó Venezuela durante más de una década, fue capturado en una operación militar relámpago ejecutada por las fuerzas especiales estadounidenses en su residencia de Caracas.

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Lo que comenzó como una incursión quirúrgica coordinada por la Delta Force terminó con la detención y traslado forzado del expresidente a Nueva York, donde enfrenta un sistema judicial federal que podría sentenciarlo a prisión perpetua por una batería de cargos federales relacionados con narcotráfico, terrorismo y corrupción.

La comparecencia de Maduro ante un juez federal el lunes 5 de enero de 2026 supone la culminación de una investigación que lleva más de seis años gestándose en los tribunales del Distrito Sur de Nueva York. Tras su detención inicial, Maduro y su esposa, Cilia Flores, permanecen recluidos en el Centro de Detención Metropolitano (MDC) de Brooklyn, una prisión federal de alta seguridad, a la espera de las audiencias que definirán su destino personal y también el futuro político y legal del régimen chavista.

Así capturó la Delta Force a Maduro

La madrugada del sábado 3 de enero, alrededor de las 02:00 horas locales, fuerzas especiales estadounidenses iniciaron lo que sería conocido como la Operación Absolute Resolve (Resolución Absoluta). Esta operación no fue impulsiva ni espontánea, ya que representaba meses de planificación estratégica, despliegues militares previos y una clara determinación del gobierno de Donald Trump para capturar al líder venezolano.

El plan era tan audaz como complejo. Primero, aviones de combate estadounidenses realizaron ataques dirigidos contra la infraestructura de comunicaciones venezolana, deshabilitando los sistemas que permitían a los generales del país coordinar sus fuerzas. De manera simultánea, se destruyeron radares y sistemas de defensa aérea para crear un corredor de penetración que permitiera el acceso de helicópteros estadounidenses al espacio aéreo de Caracas sin resistencia significativa.

La fase terrestre de esta operación fue ejecutada por la Delta Force, oficialmente conocida como el Primer Destacamento Operacional de las Fuerzas Especiales Delta (1st SFOD-D). Esta no es una unidad ordinaria, sino que se trata de uno de los equipos de operaciones especiales más secretos y efectivos del mundo, responsable históricamente de misiones de alto riesgo como el rescate de rehenes, operaciones antiterroristas y captura de objetivos estratégicos.

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Esta unidad de élite cuenta con una trayectoria que incluye algunas de las operaciones más significativas de la historia militar reciente. En 2003, fue la Delta Force la responsable de localizar y capturar al dictador iraquí Saddam Hussein. Décadas atrás, participó en la búsqueda del narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Su participación en la captura de Maduro posiciona este evento como uno de los más importantes en los que ha intervenido fuera de regiones de conflicto tradicionales como Oriente Medio.

Los comandos de la Delta Force, formados por soldados de élite sometidos a entrenamientos extremos, asaltaron la residencia de Maduro en la oscuridad. Derribaron puertas blindadas y superaron a una guardia reforzada por petorianos y guardaespaldas cubanos, quienes habían incrementado las medidas de seguridad ante la amenaza de una posible operación estadounidense. Según el relato del presidente Trump, Maduro intentó buscar refugio con su esposa en un lugar protegido, pero ambos fueron capturados antes de poder cerrar «una puerta muy pesada».

El despliegue previo y la presión militar

Esta operación relámpago estuvo precedida de meses de presión militar. En agosto de 2025, Estados Unidos desplegó una fuerza anfibia compuesta por tres buques principales y tres destructores frente a las costas venezolanas, llevando a bordo aproximadamente 4.500 efectivos, incluyendo más de 2.000 marines. Este despliegue fue acompañado de una serie de ataques contra presuntas narcolanchas en aguas caribeñas, generando un clima de tensión constante en la región.

Según funcionarios estadounidenses, Washington le ofreció a Maduro la opción de rendirse voluntariamente una semana antes de la operación. Al rechazar esta alternativa, Trump ordenó la operación a gran escala que resultaría en su captura. La operación fue ejecutada sin bajas estadounidenses y con una precisión quirúrgica que sorprendió al mundo entero.

Los cargos federales que enfrenta Maduro

Antes de detallar los cargos específicos contra Maduro, es fundamental comprender qué significa «narcoterrorismo» en el contexto de la legislación federal estadounidense. Según la definición de la Drug Enforcement Administration (DEA), el narcoterrorismo es «un subconjunto del terrorismo en el que grupos terroristas, o individuos asociados, participan directa o indirectamente en el cultivo, fabricación, transporte o distribución de sustancias controladas y del dinero derivado de estas actividades».

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Esta categorización legal es significativa porque permite a los fiscales estadounidenses vincular el narcotráfico con actividades terroristas, ampliando enormemente el alcance de los cargos y las penas potenciales. En el caso de Maduro, la fiscalía argumenta que utilizó los recursos del Estado venezolano como plataforma de protección y logística para distribuir cocaína hacia Estados Unidos, configurando un delito que combina la empresa criminal con la violencia sistemática.

La acusación presentada por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York imputa a Maduro de cuatro cargos federales principales:

  • Conspiración de narcoterrorismo: este es el cargo más grave. Implica que Maduro participó en una conspiración para usar estructuras armadas y violencia como mecanismo para facilitar el tráfico de drogas. La fiscalía sostiene que transformó el Estado venezolano en una organización criminal dedicada a «inundar» Estados Unidos con cocaína como arma de desestabilización. Este cargo conlleva una pena mínima obligatoria de 20 años de prisión.
  • Conspiración para la importación de cocaína: la acusación específica de que Maduro participó en negociaciones directas para asegurar envíos de varias toneladas de cocaína desde las FARC colombianas a cambio de dinero y armas para grupos guerrilleros. De acuerdo con estimaciones citadas en la acusación, entre 200 y 250 toneladas de cocaína transitaban anualmente por territorio venezolano hacia Estados Unidos durante su gobierno.
  • Posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos: este cargo se refiere a la supuesta posesión y control de armas de fuego automáticas y explosivos en apoyo de actividades criminales. La fiscalía argumenta que Maduro utilizó estas armas para proteger laboratorios de procesamiento de droga en zonas fronterizas y para imponer el control sobre las operaciones criminales.
  • Conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos en apoyo de actividades criminales: similar al cargo anterior pero enfatizando el aspecto conspirativo, este cargo establece que Maduro no actuó en solitario, sino como parte de una estructura criminal organizada que coordinaba el uso de armamento para facilitar el narcotráfico.

El Cártel de los Soles: la supuesta organización criminal

Central a la acusación está el concepto del Cártel de los Soles, una denominación que Estados Unidos utiliza para describir una presunta red criminal integrada por altos oficiales de las Fuerzas Armadas venezolanas y funcionarios políticos. El apodo alude irónicamente a los soles que lucen en los uniformes de los militares venezolanos.

Según la acusación, Maduro encabezó esta organización desde que asumió el poder en 2013, colaborando con carteles mexicanos como el de Sinaloa y los Zetas, grupos guerrilleros colombianos (FARC y ELN), y bandas criminales como el Tren de Aragua. La fiscalía argumenta que esta red no buscaba únicamente enriquecer a sus integrantes, sino también usar la cocaína como instrumento de política exterior para debilitar Estados Unidos.

Es importante explicar que la existencia y naturaleza del Cártel de los Soles está bajo debate incluso entre especialistas en narcotráfico. Mientras que Estados Unidos lo describe como una organización jerárquica y monolítica, algunos analistas lo caracterizan como una red descentralizada de corrupción sin una estructura centralizada única.

Penas potenciales: la gravedad de los cargos

Las penas contempladas en la legislación federal estadounidense para estos delitos son severísimas. Un cargo de narcoterrorismo solamente conlleva una pena mínima obligatoria de 20 años de cárcel federal. Sin embargo, cuando se acumulan múltiples cargos y se demuestra la participación en una empresa criminal continuada, las sentencias pueden extenderse a cadena perpetua (prisión de por vida).

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En casos anteriores de narcotraficantes de alto rango juzgados en el Distrito Sur de Nueva York, las sentencias han alcanzado décadas de encarcelamiento. Dado que Maduro podría enfrentar varias cadenas perpetuas consecutivas, existe una posibilidad realista de que sea condenado a pasar el resto de su vida en prisión federal estadounidense.

Las alianzas criminales: cárteles mexicanos y guerrillas colombianas

La acusación contra Maduro no lo retrata como un narcotraficante aislado, sino como parte de una red internacional de tráfico de drogas de alcance continental. Según los documentos judiciales, el gobierno venezolano bajo Maduro estableció alianzas estratégicas con:

  • Carteles mexicanos: el Cartel de Sinaloa y los Zetas recibieron apoyo material, recursos tecnológicos y bienes de Venezuela.
  • Guerrillas colombianas: las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejército de Liberación Nacional) colaboraban suministrando cocaína.
  • Bandas criminales venezolanas: el Tren de Aragua, dirigido por Héctor Rusthenford Guerrero Flores (conocido como «el Niño Guerrero»), actuaba como brazo logístico.

La logística del tráfico: pasaportes diplomáticos y rutas protegidas

Lo que distingue a la acusación contra Maduro de otros casos de narcotráfico es la alegación de que utilizó los recursos estatales para facilitar el tráfico. La fiscalía sostiene que:

  • Se utilizaban pasaportes diplomáticos para transportar dinero y drogas.
  • Los aeropuertos controlados por autoridades venezolanas servían como puntos de tránsito.
  • Las rutas marítimas estaban protegidas por fuerzas de la Guardia Nacional Bolivariana.

Este nivel de integración entre el aparato estatal y las operaciones criminales es lo que permite a los fiscales argumentar que Maduro no fue simplemente un funcionario corrupto que toleraba el narcotráfico, sino el arquitecto de un sistema estatal de tráfico de drogas.

El proceso judicial: qué esperar en Nueva York

La comparecencia de Maduro ante el juez federal Alvin K. Hellerstein en Manhattan el 5 de enero de 2026 marca el inicio de un proceso que promete ser largo y complejo. En esta audiencia inicial, el juez notificará formalmente a Maduro de los cargos, garantizará su acceso a la defensa legal y establecerá las pautas procedimentales iniciales.

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Un punto crítico será la determinación de si Maduro permanecerá en detención preventiva o si podrá ser liberado bajo fianza. Dada la gravedad de los cargos y la naturaleza del acusado, es altamente probable que los fiscales soliciten mantenerlo encarcelado durante el proceso.

El desafío probatorio y la evidencia de autoridades cooperantes

La fiscalía ha anunciado que presentará una «cantidad abrumadora de pruebas». Esto incluye testimonios de exaltos cargos del régimen que se encuentran bajo el programa de protección de testigos estadounidense. Nombres como Hugo Carvajal y Clíver Alcalá (ambos exmiembros de la jerarquía militar venezolana que ya se han declarado culpables de narcotráfico) se espera que testifiquen contra Maduro.

Además de testimonios, la fiscalía presentará:

  • Interceptaciones telefónicas que documentan conversaciones sobre tráfico de drogas.
  • Registros financieros detallados que muestran flujos de dinero desde operaciones de narcotráfico.
  • Datos satelitales que documentan movimientos coordinados de droga y armas.

La estrategia legal: Ley RICO y empresa criminal

Un aspecto particularmente importante es que los fiscales planean utilizar la Ley de Organizaciones Corruptas e Influenciadas por el Crimen Organizado (RICO). Esta ley permite tratar al gobierno venezolano como si fuera una empresa criminal, facilitando la imputación de delitos cometidos por subordinados directamente al liderazgo máximo de la organización, en este caso, Maduro.

Esto significa que la fiscalía no necesita demostrar que Maduro realizó personalmente cada acto de tráfico de drogas. En cambio, solo debe probar que fue el líder de una organización que cometió estos delitos en su nombre.

Por qué Nueva York como sede judicial

La pregunta legal que muchos se hacen es: ¿cómo pueden tribunales estadounidenses juzgar delitos cometidos en Venezuela? La respuesta está en que los cargos alegan que el narcotráfico tenía como destino directo el territorio estadounidense. La ley federal permite que tribunales estadounidenses procesen delitos cometidos fuera de sus fronteras si tienen un impacto directo en suelo nacional.

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El Distrito Sur de Nueva York es particularmente apropiado para este caso. Este tribunal ha manejado algunos de los casos más complejos de narcotráfico internacional, crimen organizado y terrorismo de las últimas décadas.

Implicaciones políticas y constitucionales

Un argumento que Maduro podría invocar es que, como ex jefe de Estado, goza de ciertas inmunidades bajo el derecho internacional. Sin embargo, Washington ha dejado clara su posición de que cualquier protección asociada a ese cargo quedó anulada tras su salida forzada del poder.

Esta es una posición controvertida desde una perspectiva internacional, ya que establece un precedente peligroso para cómo se trata a líderes depuestos. No obstante, la gravedad de los cargos podría justificar cualquier excepción a las inmunidades tradicionales.

No obstante, la captura de Maduro representa un cambio cualitativo en la estrategia estadounidense hacia Venezuela. Hasta ahora, Washington había optado por sanciones económicas e aislamiento diplomático. Esta operación militar directa, seguida de un enjuiciamiento federal, marca la transición hacia la «vía penal» como instrumento de política exterior.

No obstante, este comportamiento podría estar asociado a la aplicación de lo que podría caracterizarse como una «nueva Doctrina Monroe», en la que Estados Unidos se arroga la autoridad de capturar y juzgar a líderes latinoamericanos que considera amenazas a su seguridad nacional.

Un proceso que durará tiempo

El viaje de Nicolás Maduro a través del sistema judicial estadounidense apenas comienza. Las causas por narcotráfico internacional de esta magnitud se prolongan típicamente durante años, con audiencias preliminares, disputas sobre admisibilidad de pruebas, y eventuales negociaciones.

Lo que está claro es que, independientemente del resultado final del juicio, el régimen chavista nunca será el mismo. La captura de su líder máximo, la exposición de las conexiones criminales de su círculo cercano, y la posibilidad de condenas de cadena perpetua representan un colapso sin precedentes de la estructura política que gobernó Venezuela durante décadas.

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Para la región latinoamericana, el juicio de Maduro en Nueva York también plantea preguntas incómodas sobre su soberanía, jurisdicción internacional, y los límites del poder estadounidense. Mientras que los tribunales federales estadounidenses preparan su acusación y las pruebas contra el expresidente, el mundo observa qué sucede cuando el derecho penal estadounidense cruza fronteras internacionales para juzgar a un mandatario caído.

El resultado de este juicio reescribirá tanto el legado personal de Nicolás Maduro, la historia política y legal de Venezuela y, en un sentido más amplio, las relaciones entre América Latina y Estados Unidos en la era de Trump 2.0.

¿Quién es Delcy Rodríguez, la nueva presidenta de Venezuela tras la captura de Maduro?

Hija de un mártir socialista, educada en Europa y sancionada por Occidente: así es la abogada que ahora negocia la transición de Venezuela con la Casa Blanca.

La captura de Nicolás Maduro en una operación relámpago ejecutada por las fuerzas especiales estadounidenses ha sacudido los cimientos geopolíticos de América Latina, catapultando al poder a una figura que, hasta hace poco, operaba como el engranaje más eficiente y temido del chavismo: Delcy Eloína Rodríguez Gómez. Su juramentación como presidenta interina de Venezuela supone un cambio de mando y la culminación de una vida marcada por la tragedia familiar, la militancia radical y una astucia política que le permitió sobrevivir a todas las purgas internas para convertirse en la «Dama de Hierro» de la Revolución Bolivariana.

La sombra del padre: una herencia de sangre y fuego

Para entender a Delcy Rodríguez, hay que viajar a la Caracas de los años 70. Nacida el 18 de mayo de 1969, su infancia no estuvo marcada por los juegos, sino por la persecución política. Es hija de Jorge Antonio Rodríguez, fundador de la Liga Socialista y un icónico líder de la izquierda marxista venezolana.

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La tragedia golpeó a la familia en 1976, cuando Delcy tenía apenas siete años. Su padre murió a los 34 años de edad bajo custodia de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Las torturas sufridas por su padre marcaron a fuego el comportamiento de Delcy y de su hermano, Jorge Rodríguez (actual figura clave del régimen).

Este evento traumático se convirtió en el motor ideológico de los hermanos Rodríguez. Crecieron con una sed de reivindicación que más tarde se traduciría en una lealtad inquebrantable al proyecto de Hugo Chávez, a quien vieron como el vengador de las injusticias sufridas por su padre. Delcy no es una burócrata accidental. Es una revolucionaria de cuna que ve la política como un campo de batalla existencial.

Formación de élite: la paradoja europea

A pesar de su retórica antiimperialista, la formación académica de la nueva presidenta es cosmopolita y occidental. Egresó como abogada de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1993, donde ya destacaba como dirigente estudiantil. Sin embargo, su intelecto la llevó a cruzar el Atlántico.

Rodríguez vivió varios años en Europa, una etapa que sus críticos señalan como una contradicción y sus aliados como una preparación estratégica. Se especializó en Derecho Laboral en la Universidad de París X Nanterre (Francia) y cursó una maestría en Teoría Política y Social en el Birkbeck College de la Universidad de Londres.

Durante estos años, Delcy absorbió la cultura y los mecanismos legales del viejo continente, herramientas que años más tarde utilizaría paradójicamente para blindar legalmente al chavismo contra las sanciones internacionales y para navegar los tribunales europeos.

El ascenso: de la sombra a la presidencia

Su entrada al gobierno bolivariano fue técnica pero firme. En 2003, se unió a la Coordinación General de la Vicepresidencia y en 2006 tuvo su primer cargo de alto perfil como Ministra del Despacho de la Presidencia bajo Hugo Chávez. Sin embargo, su verdadero despegue político ocurrió tras la muerte de Chávez y el ascenso de Nicolás Maduro.

En 2013, fue nombrada Ministra de Comunicación e Información, donde perfeccionó la narrativa de guerra económica y el control mediático. No obstante, fue en diciembre de 2014, al ser designada canciller de la República (Ministra de Relaciones Exteriores), cuando el mundo conoció su estilo combativo y desafiante.

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Como Canciller, Rodríguez se convirtió en el escudo diplomático de Maduro. Sus enfrentamientos en la Organización de Estados Americanos (OEA), especialmente con el secretario general Luis Almagro, son históricos. Defendió al gobierno de las acusaciones de violaciones a los derechos humanos con una vehemencia que le ganó la confianza absoluta del círculo íntimo militar y cubano. Asimismo, fue la artífice de la salida de Venezuela de la OEA y la promotora de una diplomacia de trincheras, aislando al país de los foros tradicionales mientras tejía alianzas con Rusia, China, Irán y Turquía.

La arquitecta del poder

En 2017, en medio de las protestas más sangrientas contra Maduro, Delcy dejó la cancillería para presidir la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Este órgano plenipotenciario fue la herramienta maestra del régimen para anular a la Asamblea Nacional (entonces de mayoría opositora) y gobernar por decreto. Desde esa tribuna, Rodríguez redactó leyes, destituyó a la Fiscal General Luisa Ortega Díaz y consolidó el marco jurídico que permitió al madurismo atornillarse en el poder.

Su recompensa llegó en junio de 2018, cuando fue nombrada Vicepresidenta Ejecutiva de la República. Desde entonces, Delcy Rodríguez ha sido, en la práctica, la primera ministra del país. Mientras Maduro se ocupaba de la política de masas, ella gestionaba el Estado. Bajo su gestión, se implementó una pragmática (y silenciosa) liberalización económica, permitiendo la dolarización de facto y la «Ley Antibloqueo», diseñada para eludir las sanciones y atraer capitales oscuros o de riesgo.

El cerco internacional: sanciones y el «Delcygate»

El ascenso de Rodríguez tuvo el coste personal elevado de sufrir el aislamiento internacional. Su nombre figura en las listas negras de las principales potencias democráticas debido a su papel en el socavamiento de la democracia y la represión sistemática.

  • Estados Unidos: la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) la sancionó en septiembre de 2018, congelando sus activos y prohibiendo a ciudadanos estadounidenses hacer negocios con ella.
  • Unión Europea: en junio de 2018, la UE le impuso prohibición de entrada a territorio comunitario y congelación de bienes, citando su responsabilidad en violaciones de derechos humanos.
  • Otros países: Canadá, Suiza y los países miembros del TIAR también han aplicado medidas restrictivas en su contra.

Estas sanciones provocaron uno de los escándalos diplomáticos más sonados en España: el «Delcygate». En enero de 2020, Rodríguez aterrizó en el aeropuerto de Barajas, Madrid, violando las sanciones europeas. Allí se reunió secretamente con el entonces ministro español José Luis Ábalos, imputado y en prisión provisional por presunta corrupción. Este incidente casi tumba al gobierno de Pedro Sánchez y demostró la capacidad de Delcy para moverse en las sombras de la diplomacia paralela.

La presidencia inesperada

El destino de Delcy Rodríguez cambió radicalmente en la madrugada del 3 de enero de 2026. La Operación Libertad, ejecutada por las fuerzas de élite estadounidenses, provocó la detención de Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores. Ante el vacío de poder y con la estructura militar paralizada por la incertidumbre, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), siguiendo el hilo constitucional (y la presión fáctica de los hechos), juramentó a Delcy Rodríguez como presidenta encargada.

La situación es inédita. Rodríguez, históricamente la defensora más acérrima del «antiimperialismo», asume la presidencia bajo la estricta vigilancia de la administración Trump en Washington, que ha declarado una tutela temporal sobre Venezuela para garantizar la transición.

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En sus primeras horas como mandataria, la retórica de Rodríguez ha dado un giro de 180 grados. De los gritos de guerra contra el «imperio», ha pasado a invitar a Estados Unidos a una «agenda de cooperación» y desarrollo energético compartido. Con esta actuación, Delcy está jugando su última y más arriesgada carta de presentarse como la figura de estabilidad necesaria, la única capaz de controlar a los colectivos y militares chavistas, para entregar una transición ordenada (o sobrevivir en el nuevo orden).

El futuro de la «Dama de Hierro»

Delcy Rodríguez asume el poder en una Venezuela fracturada, con la promesa de elecciones libres flotando en el aire y la sombra de la justicia internacional sobre su propia cabeza. ¿Será la encargada de desmantelar el sistema que ayudó a construir, o intentará, como su mentor, ganar tiempo en un juego de ajedrez imposible contra la Casa Blanca?

Lo único seguro es que la hija del mártir de la Liga Socialista, la abogada afrancesada y la canciller de fuego, ha alcanzado la cima del poder, aunque bajo el control de Washington. La historia dirá si su presidencia será el epílogo del chavismo o el capítulo más extraño de su supervivencia.

¿Quién es Nicolás Maduro? El presidente de Venezuela capturado por Estados Unidos

En este artículo, Roberto Mansilla Blanco, alumno de Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, examina la trayectoria, las políticas y la influencia de Maduro.

Nombre: Nicolás Maduro Moros

Alias: «El hijo de Chávez», de cariz propagandístico.

Cargo actual: Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Tiempo en el cargo: Dos mandatos (2013-2018 y 2018-2024) este último sin el reconocimiento oficial por parte de 60 países. Con anterioridad fue Presidente Interino (diciembre de 2012 a abril de 2013) tras la renuncia por problemas de salud y posterior fallecimiento (5 de marzo de 2013) del expresidente Hugo Chávez Frías.

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Organización: Gran Polo Patriótico «Simón Bolívar» (GPP-SB), plataforma que reúne a 13 partidos y movimientos políticos de izquierda y chavistas. Desde 2014, Maduro es también presidente y candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)

Fecha de nacimiento: 23 de noviembre de 1962.

Lugar: Caracas (Venezuela)

Edad: 61 años

Nacionalidad: Venezolana

Formación: Educación pública en Liceo Urbaneja Achepohl y Liceo José Ávalos (Caracas) No tiene educación superior.

Trayectoria de Nicolás Maduro:

  • Activista estudiantil del grupo izquierdista Ruptura. Ingresó en la Liga Socialista de Venezuela (1977-1994). Entre 1986 y 1987 estuvo en La Habana (Cuba) en la Escuela de Formación Política. Fue fundador del Sindicato de Trabajadores del Metro de Caracas (SITRAMECA).
  • En 1992, Maduro se convirtió en uno de los activistas por la liberación del entonces teniente coronel Hugo Chávez Frías, encarcelado por el intento de golpe de Estado de febrero de 1992. En 1995, fue fundador y coordinador nacional de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores. Ya dentro del chavismo, Maduro ingresó al Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (1994-1997); Movimiento V República, MVR (1997-2007); y Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV (desde 2007). También es miembro del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, GPPSB (desde 2011).

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  • Fue diputado en el antiguo Congreso Nacional (MVR, 1999), de la Asamblea Nacional Constituyente (1999) y de la Asamblea Nacional (2000), salida del proceso constituyente. En 2005, fue elegido presidente de la Asamblea Nacional, el poder legislativo. Entre 2006 y 2012, fue Ministro del Poder Popular para las Relaciones Exteriores. En octubre de 2012, fue elegido Vicepresidente del Poder Popular.
  • A nivel internacional, también fue presidente pro tempore del Movimiento de los No Alineados (MNOAL, 2016-2019); presidente pro tempore de MERCOSUR (2013-2014); y presidente pro tempore de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR, 2016-2017).
  • Causas judiciales: En 2021, la Corte Penal Internacional (CPI) decidió abrir una investigación en su contra por presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos durante las manifestaciones estudiantiles de 2017. En abril de 2024, la Sala I de la Cámara Federal de la Provincia de Buenos Aires ordenó igualmente investigar las responsabilidades del gobierno de Maduro en crímenes y violaciones de derechos humanos en Venezuela.

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Publicaciones de Nicolás Maduro:

Desde 2013 ha realizado unas 13 publicaciones, la mayor parte de ellas discursos oficiales de carácter divulgativo, entre los que destacan:

  • Nicolás Maduro y el Socialismo Bolivariano
  • Chavismo, amor y patria
  • El pueblo se juramenta, ¡Todos somos Chávez!
  • Cuba: 55 años de dignidad e independencia
  • ¡Más nunca colonia de nadie!

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