Washington incrementa sanciones a Cuba y apunta a la cúpula política y familiar del régimen mientras Trump endurece su presión.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó este jueves en su lista de sancionados al presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y a su predecesor, Raúl Castro, en el marco del endurecimiento de la presión de la Administración Trump sobre las autoridades de la isla. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) extendió además las medidas a tres personas de su entorno directo: la primera dama Lis Cuesta Pedraza, su hijo Manuel Anido Cuesta y Alejandro Castro, único hijo de Raúl Castro.
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Las sanciones no se limitaron a personas físicas. La cartera de Scott Bessent también designó a cinco entidades cubanas: el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, los Comités de Defensa de la Revolución, la agencia de viajes Amistur Cuba S.A., el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y la minera La Victoria. Estas medidas se suman al bloqueo de facto sobre el combustible que Washington ha ido imponiendo progresivamente sobre la isla.
Trump: «El país está muriendo de hambre»
El presidente Donald Trump negó que el objetivo sea acelerar el colapso del país, aunque calificó a Cuba de «nación fracasada». «El país está muriendo de hambre y no tiene energía, ni petróleo, ni dinero. No tiene nada», declaró Trump ante la prensa, añadiendo que, a su juicio, el país «ya se ha venido abajo». La presión sobre La Habana se ha intensificado especialmente desde la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro a comienzos de año, en un ataque militar de Washington sobre Caracas que dejó más de un centenar de muertos.
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No obstante, Trump insistió en enmarcar su política como una acción de apoyo al pueblo cubano. «El 95% de los cubanos votaron por mí. Son personas increíbles, son enérgicos, emprendedores», afirmó, prometiendo que los dejará «volver a su tierra con sus familias». El mandatario también avanzó que, tras «encargarse» de Irán, hará «una pequeña parada» para «solucionar» la situación en la isla, asegurando tener «planes muy buenos para Cuba» una vez Washington se deshaga del actual «régimen».




