El último gran freno a la carrera nuclear entre potencias se tambalea. Te explicamos las claves para entender qué pasará tras su fecha límite.
La expiración de uno de los acuerdos más importantes para la estabilidad mundial genera una inquietud en la comunidad internacional. A medida que se acerca la fecha límite del 5 de febrero de 2026, expertos advierten sobre un escenario que no se había presentado en más de cinco décadas. Sin embargo, pocos ciudadanos entienden realmente qué está en juego ni cómo podría cambiar el equilibrio geopolítico global si las negociaciones fracasan.
¿Qué es el Nuevo Tratado START o START III?
El Nuevo Tratado START es un acuerdo de control de armas nucleares firmado en 2010 por Estados Unidos y Rusia en Praga. Con su nombre formal «Medidas para la Reducción y Limitación Adicional de Armas Estratégicas Ofensivas», representa uno de los pilares fundamentales del control armamentístico bilateral desde la Guerra Fría.
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El tratado establece límites concretos para ambas potencias. Cada país puede desplegar un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas. Además, la cantidad total de sistemas de lanzamiento (como misiles balísticos intercontinentales, misiles lanzados desde submarinos y bombarderos pesados) se reduce a 800, con un máximo de 700 desplegados activamente.
Originalmente diseñado para estar en vigor durante diez años, se extendió en 2021 por un período adicional de cinco años, lo que establecía su fecha de vencimiento para el 5 de febrero de 2026.
Un sistema de verificación que garantiza la transparencia
Lo que distingue al Nuevo Tratado START de otros pactos o políticas es su mecanismo de verificación. El acuerdo incluye inspecciones presenciales, intercambios de datos y notificaciones detalladas que permitían a ambas potencias comprobar que la otra cumplía los compromisos asumidos.
Este sistema de transparencia es crucial. Cada misil nuevo debe identificarse individualmente, y Rusia debe notificar con 48 horas de anticipación cuando un nuevo misil sale de sus plantas de producción. Sin estos controles, cada país estaría obligado a actuar bajo sus peores suposiciones sobre las armas que desarrolla su adversario.
Cambios geopolíticos que complicaron el acuerdo
La invasión rusa de Ucrania alteró fundamentalmente el acuerdo. En febrero de 2023, Vladimir Putin anunció la suspensión de la participación rusa, aunque aclaró que Rusia seguiría respetando los límites numéricos del tratado. Esta decisión fue una respuesta al apoyo estadounidense a Ucrania.
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Ambas potencias han desarrollado nuevas armas que no estaban contempladas cuando se negoció el acuerdo. Rusia creó el misil de crucero Burevestnik, el hipersónico Oreshnik y el torpedo Poseidón, mientras que Estados Unidos planea sistemas antimisiles basados en el espacio.
Las exigencias de Trump y la falta de consenso
El presidente estadounidense Donald Trump ha dejado clara su posición. Si el tratado expira, debe ser reemplazado por un acuerdo mejor. Algunos políticos estadounidenses argumentan que Washington debería rechazar cualquier extensión para poder ampliar su arsenal nuclear y contrarrestar el crecimiento acelerado de las armas nucleares chinas.
Mientras tanto, Vladimir Putin propuso en enero de 2026 extender el tratado por un año adicional para ganar tiempo en nuevas negociaciones. No obstante, Trump aún no ha respondido formalmente a esta propuesta.
Las consecuencias potenciales del colapso del acuerdo
Si el Nuevo Tratado START expira sin un sustituto, el mundo enfrentaría un escenario sin precedentes desde los años setenta. Sería la primera vez en más de cinco décadas que no existirían límites legalmente vinculantes sobre las fuerzas nucleares estratégicas de ambas potencias.
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La ausencia de verificación mutua eliminaría el canal de comunicación que permitía entender las intenciones del otro lado. Sin estas garantías, una carrera armamentística nuclear acelerada se volvería probable, incrementando considerablemente los riesgos de conflicto. Dimitri Medvedev advirtió que esto debería alertar al mundo entero, recordando que el tratado había sido un símbolo de confianza en un período de tensiones extremas.
Ambas potencias podrían reactivar ojivas retiradas, restaurar sistemas de lanzamiento y devolver bombarderos a roles nucleares. Sin supervisión externa, la incertidumbre crecería exponencialmente.




