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Imperio otomano origen expansión y caída de una gran potencia histórica

Análisis

Sofia Narváez
Sofia Narváez
Editora SEO en LISA News. Graduada en Periodismo Multimedia por la Universidad Francisco de Vitoria. Máster en Periodismo Multiplataforma en la Universidad Loyola y CNN Academy.

En este artículo se explica cómo surgió el Imperio otomano, quién estuvo detrás de su fundación y por qué acabó cayendo tras siglos de dominio en tres continentes.

Durante más de seis siglos, el Imperio otomano influyó de forma decisiva en la historia de Europa, Oriente Próximo y el norte de África.

No fue un imperio surgido de una gran hazaña inicial ni de una conquista fulminante. Creció despacio, aprovechando el desgaste de sus vecinos y ofreciendo algo muy valorado en la época: estabilidad. Esa combinación explica por qué logró mantenerse durante tanto tiempo.

En sus primeros años, los otomanos no parecían destinados a grandes logros. Partían de un territorio reducido, sin grandes ciudades ni una economía potente. Aun así, supieron adaptarse mejor que otros poderes de su entorno.

Mientras reinos y principados se desangraban en conflictos internos, ellos consolidaban su control y avanzaban con cautela. Esa forma de actuar les permitió asentarse sin provocar una resistencia generalizada.

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Con el paso de los siglos, el imperio alcanzó su máxima extensión y se convirtió en una potencia respetada y temida. Sin embargo, ese tamaño también trajo problemas. Gobernar territorios tan diversos exigía reformas constantes, y no siempre hubo voluntad ni capacidad para llevarlas a cabo.

Quién fundó el Imperio otomano y cómo empezó

El origen del Imperio otomano se sitúa a finales del siglo XIII en el noroeste de Anatolia. Su fundador, Osmán I, dirigía un pequeño principado fronterizo rodeado de rivales más grandes, pero también más debilitados. El Imperio bizantino apenas podía defender sus fronteras y el poder selyúcida estaba fragmentado.

Osmán supo moverse en ese contexto, atacaba cuando veía debilidad y pactaba cuando convenía. No buscó imponer cambios radicales a las poblaciones conquistadas. Permitió que muchas comunidades mantuvieran su religión y sus normas locales, siempre que aceptaran su autoridad y pagaran impuestos. Esa política redujo tensiones y facilitó la integración de nuevos territorios.

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Sus sucesores continuaron esa estrategia. El imperio creció hacia los Balcanes y Anatolia sin una oposición constante. La administración se organizó con eficacia y el ejército ganó disciplina. La toma de Constantinopla en 1453 consolidó ese proceso. La ciudad se convirtió en la capital imperial y en el símbolo definitivo del poder otomano.

Por qué cayó el Imperio otomano y cuándo terminó todo

La caída del Imperio otomano no fue repentina, sino que llegó tras décadas de desgaste. A partir del siglo XVIII, el atraso económico empezó a ser evidente. Mientras Europa avanzaba hacia la industrialización, el imperio mantenía estructuras económicas poco flexibles. Esa diferencia limitó su capacidad para competir y financiar reformas profundas.

El ejército, durante siglos una pieza clave, también perdió eficacia. Las reformas militares se toparon con resistencias internas y con una burocracia cada vez más corrupta. Las derrotas frente a potencias europeas se hicieron más frecuentes, y con ellas llegaron pérdidas territoriales difíciles de asumir.

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Además, el nacionalismo empezó a ganar fuerza dentro del imperio. Pueblos que habían convivido bajo el mismo gobierno comenzaron a reclamar independencia. Grecia logró separarse en 1830, y ese hecho marcó un precedente. A partir de ahí, las revueltas se multiplicaron y la cohesión interna se resintió.

La Primera Guerra Mundial fue el golpe definitivo. La alianza con Alemania colocó al Imperio otomano en el bando derrotado. Tras la guerra, las potencias vencedoras intentaron repartirse sus territorios y dejarlo reducido a la mínima expresión. En ese contexto surgió Mustafa Kemal Atatürk, que lideró un movimiento nacionalista decidido a romper con el pasado imperial.

En 1922 se abolió el sultanato. Un año después nació la República de Turquía. Con ese acto terminó oficialmente el Imperio otomano. Su desaparición no borró su legado. Muchas fronteras actuales y conflictos regionales se entienden mejor si se mira a esa larga historia de expansión, dominio y desgaste.

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