Diez años después de escribir su tesis sobre la OTAN inspirada en una conferencia de John Mearsheimer, el escenario internacional es radicalmente distinto: guerra en Ucrania, rearme europeo sin precedentes y una Alianza que se replantea su propio rumbo. En este artículo, Santiago Torres Kuri explica, con testimonios del embajador Javier Rupérez y datos sobre el gasto militar acordado en la cumbre de La Haya de 2025, si la OTAN sigue siendo garantía de seguridad colectiva o una organización en plena transformación existencial.
Hace 10 años presenté mi Trabajo Final de Grado bajo la hipótesis: “Las expansiones de la Organización del Tratado Atlántico Norte representan una amenaza territorial para Rusia, mientras que para Estados Unidos son una herramienta para garantizar la seguridad colectiva en Europa”.
La motivación de escribir mi tesis de licenciatura acerca de este tema (además del gran interés que tenía acerca del funcionamiento institucional europeo y la seguridad colectiva) nació tras haber tenido la fortuna de escuchar una conferencia presencial del Dr. John J. Mearsheimer. En el evento, el catedrático expuso y explicó de manera magistral cómo la OTAN había sido una pieza clave y actor activo en la relación entre estadounidenses y rusos, pero, sobre todo, habló sobre las acciones y reacciones que la organización había provocado entre los actores involucrados.
En un artículo publicado en 2014 en Foreign Affairs, poco después de la anexión rusa de Crimea, Mearsheimer advirtió que “el paquete triple de políticas occidentales (la ampliación de la OTAN, la expansión de la Unión Europea y la promoción de la democracia) añadió combustible a un incendio que esperaba ser prendido”.
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Doce años después de la anexión de Crimea, el escenario internacional es muy distinto. La OTAN, creada para garantizar la seguridad colectiva en Europa, enfrenta una etapa de transformación y cuestionamiento. Aunque todavía ocupa un lugar central en la arquitectura de seguridad occidental, su relevancia, su cohesión interna y su capacidad para responder a un orden mundial cada vez más complejo están hoy en el centro del debate.
Comprendiendo el nuevo rumbo de la OTAN
La pregunta ya no es si la OTAN sigue o seguirá viva. La pregunta es qué tipo de OTAN está surgiendo.
Hace unos meses tuve el honor de entrevistar al embajador español, Javier Rupérez. Partiendo de la premisa de que la OTAN ha sido la piedra angular de la seguridad en Occidente desde 1949 y que ahora enfrenta uno de sus mayores desafíos existenciales, el embajador Rupérez mencionó lo siguiente:
«Desde 1949, ningún país ha osado atacar a un miembro de la OTAN. El artículo 5 es la mayor garantía de seguridad que existe en el mundo. Si desaparece, la incertidumbre y la guerra se convertirán en la norma«.
Si la OTAN se debilita, el equilibrio de poder mundial podría cambiar drásticamente, lo que abriría la puerta a un mayor protagonismo de Rusia y China en el ámbito militar y estratégico.
La invasión rusa de Ucrania ha reconfigurado la geopolítica mundial. Para el embajador, el conflicto no solo es una tragedia humanitaria, sino un punto de inflexión para la seguridad europea.
“Putin ha cometido el mismo error que Hitler: ha subestimado la reacción de Occidente. Pensó que la invasión de Ucrania sería rápida y que no habría consecuencias serias. Pero lo que ha logrado es fortalecer la OTAN y aumentar la desconfianza global hacia Rusia”. – comentó.
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“La pregunta que los rusos deberían hacerse es: ¿por qué tantos países quieren entrar en la OTAN? La respuesta es clara: porque no quieren quedar a merced de Rusia. No fue la OTAN quien forzó a estos países a unirse, sino la amenaza que representa el expansionismo ruso”.
El gasto y rearme militar: una promesa que va tomando forma
El rearme europeo ya no es una promesa, es algo que ya está en marcha. En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados acordaron invertir el 5% del PIB en defensa y seguridad para 2035, con al menos 3.5% para defensa estricta y hasta 1.5% para resiliencia, infraestructuras y base industrial. En marzo de 2026, la OTAN informó que Europa y Canadá habían aumentado su gasto en defensa un 20% frente a 2024; y el informe anual del secretario general indicó que, entre 2014 y 2025, ese gasto más que se duplicó en términos reales.
En paralelo, la Unión Europea estimó que el gasto de sus Estados miembros alcanzará 454.000 millones de euros en 2026, un 75,3% más que en 2021, y activó instrumentos como SAFE, con hasta 150.000 millones en préstamos, dentro de un plan que busca movilizar hasta 800.000 millones hasta 2030.
La puerta sigue abierta
¿Quién podría incorporarse después? En términos oficiales, hoy hay tres países con aspiración declarada: Bosnia y Herzegovina, Georgia y Ucrania. Pero entrar en la OTAN sigue siendo un proceso largo. Requiere invitación política, firma de protocolos de adhesión y ratificación por todos los aliados según sus reglas nacionales. Bosnia participa en el Membership Action Plan y reforzó su marco de cooperación con la OTAN en 2025.
Georgia mantiene su aspiración y sigue siendo uno de los socios más cercanos de la Alianza. Ucrania es un caso singular y más considerando su complicada situación actual. En palabras propias del Embajador Rupérez: “Cuando España entró en la OTAN en 1982, la Unión Soviética no lo recibió bien, pero fue una decisión soberana. En el caso de Ucrania, la situación es aún más tensa, porque estamos hablando de un país que ya ha sido invadido y que busca protegerse de futuras agresiones”.
¿Sigue siendo la OTAN un actor relevante o solo una organización disuasoria para intervenir en caso de crisis?
El Concepto Estratégico de 2022 coloca la defensa colectiva en el centro y define tres tareas: disuasión y defensa; prevención y gestión de crisis; y seguridad cooperativa. En este mismo documento, se identificó a la Federación Rusa como la “amenaza más significativa y directa para la seguridad de los Aliados y la paz y la estabilidad en la zona euroatlántica”.
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En la actualidad, la OTAN mantiene nueve batallones multinacionales a lo largo del flanco oriental, desde Finlandia hasta el Mar Negro, y conserva misiones en regiones como Kosovo (Misión KFOR) e Irak (NMI). La OTAN no funciona hoy, ante todo, como una plataforma de intervención; funciona como una arquitectura de disuasión que se está adaptando con la evolución de la región europea.
En conclusión, el futuro de la OTAN será definido con base en los acontecimientos que vayan surgiendo en el contexto de seguridad europeo. A pesar de que crisis como la de Ucrania fortalecen y reafirman su existencia, las cuestiones políticas y la falta de consenso entre las partes son elementos que pueden fragmentar su continuidad.
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