La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ha inaugurado una etapa inédita en la historia política venezolana y en el equilibrio de poder hemisférico. Con Washington ejerciendo una tutela explícita sobre Caracas y Delcy Rodríguez al frente de un chavismo condicionado, se abre un escenario de alta incertidumbre estratégica. En este artículo, Roberto Mansilla, alumno de Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute explica posibles escenarios post Maduro. Entre un posible “protectorado” tutelado, la reconfiguración autoritaria del régimen, el riesgo de conflicto interno o una salida de pretorianismo militar, Venezuela se convierte en un laboratorio donde se ponen a prueba los nuevos límites del poder, la soberanía y la estabilidad regional en América Latina.
La operación de captura realizada por Estados Unidos el pasado 3 de enero de 2026 en Caracas para extraer del poder al ex presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, acusándolos de presuntamente liderar una red de narcotráfico, terrorismo y corrupción denominadaCártel de los Soles, sacudió el tablero geopolítico, principalmente a nivel hemisférico.
Ante el nuevo escenario, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que Washington “gobernará Venezuela” hasta alcanzar “una transición adecuada”. En Caracas, por petición del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) asumió el cargo como “presidenta encargada” la hasta ahora vicepresidenta primera Delcy Rodríguez (56 años).
Tras la realización de un Consejo de Ministros en el que participaron el ministro de Defensa,Vladimir Padrino, y el vicepresidente segundo y ministro del Interior, Diosdado Cabello, Rodríguez procedió el 5 de enero a su juramento como nueva presidenta de la República Bolivariana de Venezuela ante la Asamblea Nacional, el poder legislativo.
Trump nombró una comisión de gobierno para Venezuela liderada por el Secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de Defensa, Peter Hegseth; y el consejero de política interior Stephen Miller, experto en temas migratorios. Anunció que esta comisión ejercerá la tutela de gobierno transitorio en Venezuela, con la intención de influir sobre las decisiones de Delcy Rodríguez. Además de la seguridad nacional, el factor energético es clave: Trump ya ha anunciado el interés de las multinacionales estadounidenses por el control del petróleo venezolano, el país con mayores reservas de hidrocarburos a nivel mundial.
El escenario post-Maduro es absolutamente inédito para el “chavismo”. Si bien sigue instalado en el poder, su situación se ve ahora condicionada por la presión “tutelar” de Estados Unidos, precisamente el actor exógeno que se ha convertido en su principal rival geopolítico y ahora agresor tras una acción punitiva en clave disuasiva. De esta forma, tanto Delcy Rodríguez como el “chavismo” se verán condicionados en su capacidad operativa, con un margen de actuación estrechamente delimitado por las directrices y presiones desde Washington.
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El complejo rompecabezas venezolano intuye una fuerte presión por parte de Washington,que aspira tutelar en Venezuela un inédito “protectorado político” mientras mantiene una intimidante presencia militar en el Mar Caribe. No obstante, la etapa post-Maduro no está exenta de posibles escenarios conflictivos que podrían alterar los planes originales de Washington.
Venezuela se ha convertido en el epicentro de Trump a la hora de establecer un reordenamiento de piezas geopolíticas a nivel hemisférico a favor de los intereses de Washington. Así como busca el alejamiento regional de Rusia, China e Irán (en este último caso atendiendo los intereses de su aliado israelí toda vez el país persa vive momentos turbulentos de protestas populares y de tensiones con Israel y EEUU), Trump ha establecido a través de su Estrategia de Seguridad Nacional una especie de recuperación de la “Doctrina Monroe” (ahora coloquialmente denominada como “Doctrina Donroe”) para asegurar las esferas de influencia hemisféricas de EEUU.
Amparado igualmente por los lobbies (especialmente el cubano) en EEUU así como ante el viraje político continental hacia una derecha cada vez más “trumpista” (Argentina, Chile, Ecuador), el mandatario estadounidense ha aprovechado la crisis venezolana para lanzar advertencias punitivas contra gobiernos de izquierda (Cuba y Colombia principalmente) sin desestimar expectativas de cambio de régimen, especialmente en el caso de La Habana.
El presente análisis se enfocará en analizar cuatro hipotéticos escenarios que se presentan para Venezuela en esta etapa post-Maduro, contextualizados todos ellos en clave geopolítica.
“Protectorado” bajo la tutela de Washington
Se impone como el escenario más visible, al menos a corto plazo, tomando en cuenta el inmediato desarrollo de los acontecimientos.
El foco estará colocado en la capacidad de la nueva presidenta Delcy Rodríguez para gestionar esta nueva etapa, particularmente a la hora de establecer un nuevo equilibrio en las relaciones con Washington así como para acercar las diversas posiciones existentes dentro del “chavismo post-Maduro”, principalmente aquellas que puedan radicalizarse en esta nueva etapa.
Al aceptar a Delcy Rodríguez como sucesora de Maduro, Trump ha realizado un cálculo racional en términos de poder tomando en cuenta que la oposición venezolana, visiblemente liderada por la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, se encuentra en el exilio y con escasa capacidad de maniobra en la nueva ecuación de poder en Caracas.
El background de Delcy Rodríguez ha convencido a Washington de ser la opción más realista posible. Rodríguez encarna el sector civil tecnocrático del “chavismo” que ha escalado en el escalafón de poder principalmente en la última década.
Para Washington, el perfil político de Delcy Rodríguez ofrecía dos ventajas decisivas: conocimiento del sector petrolero y ausencia de causas penales abiertas en EEUU, a pesar de estar incluida en la lista de sancionados por EEUU y la UE en materia de violación de derechos humanos. Tanto Delcy como su hermano, Jorge Rodríguez mantienen vínculos con políticos influyentes del Partido Republicano cercanos a la industria energética y a los círculos financieros, lo cual les otorgaba peso necesario para garantizar una transición sin sobresaltos.
Por otro lado, vista la nueva ecuación de poder, Rusia y China, los tradicionales aliados del “chavismo”, también han dado un táctico apoyo a la nueva presidencia de Delcy Rodríguez, con quien han mantenido fluidas relaciones. No obstante, la captura de Maduro y el interés de Trump por el petróleo venezolano han provocado tensión en las relaciones entre Washington y Moscú al abordar tropas estadounidenses un petrolero ruso en Islandia que escapó del bloqueo que EEUU mantiene sobre la exportación del crudo venezolano.
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El contexto post-Maduro determinará nuevos pulsos y equilibrios de poder en Caracas, especialmente a la hora de activar una nueva legislación, con el foco en la seguridad nacional (desactivación de grupos armados; reordenamiento de relaciones exteriores), los intereses energéticos que Washington aspira observar favorable a sus multinacionales a tenor de las constantes referencias de Trump por “recuperar los activos petroleros estadounidenses”, observando ahora con especial atención un trato más favorable a las operaciones de Chevron y las exportaciones petroleras venezolanas hacia EEUU; y también la posibilidad de agilizar la deportación de migrantes venezolanos desde EEUU.
Otro de los objetivos sería trazar un calendario electoral a largo plazo. Trump y Delcy Rodríguez han descartado la posibilidad de realizar elecciones presidenciales a corto plazo. También está sobre la mesa la liberación de presos políticos, el regreso de líderes exiliados y la situación de los inmigrantes venezolanos en EEUU. Jorge Rodríguez anunció este 8 de enero la liberación de un “número significativo” de presos políticos venezolanos y extranjeros, una decisión obviamente enmarcada en esta etapa de distensión con Washington.
Pero las presiones por una transición pacífica y de recuperación de canales de entendimiento democrático serán cada vez mayores por parte de la comunidad internacional, especialmente la Unión Europea, que ya ha definido su posiciónfavoreciendo la participación política de Machado y de Edmundo González Urrutia en esta etapa post-Maduro.
Reestructuración del “chavismo post-Maduro”, reforzamiento de su poder y renovación de las tensiones con Estados Unidos
Escenario no descartable dependiendo de la dinámica de actuación de las nuevas autoridades en Caracas y del nivel de escalada de presiones por parte de Trump.
Tras asumir la presidencia, Delcy Rodríguez ha debido manejar equilibrios retóricos y políticos entre la conciliación con Washington y la posición original de seguir considerando a Maduro como “presidente legítimo” pidiendo su liberación y retorno a Venezuela.
Por otro lado, Rodríguez ha mantenido una posición intransigente a la hora de denunciar a todas aquellas personas acusadas de presuntamente apoyar el ataque estadounidense. Durante la jura de su cargo prometió mantener las directrices de la “revolución bolivariana”, incluso retomando el proyecto del Poder Comunal.
Esta retórica busca apaciguar a los sectores radicales del “chavismo” al mismo tiempo que le permite a Delcy Rodríguez erigirse como una figura política con indiscutible legitimidad y autoridad dentro de las bases militantes “chavistas”, capacitada también para hacer frente a las presiones de Washington.
Fiel a su discurso intimidatorio, Trump ha indicado a Rodríguez que actuará de forma punitiva “si no hace lo correcto”. Amparado en este tono amenazante, el mandatario estadounidense ha dejado claro que, si la situación lo requiera en términos de inestabilidad política en Caracas, Washington no descarta una nueva intervención militar. De este modo se revitalizarían las tensiones entre Washington y Caracas, toda vez se mantiene la presencia militar estadounidense en el Mar Caribe.
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Conflictos internos y posibilidad de guerra civil
Se asume como el escenario más arriesgado. El núcleo radical del “chavismo” podría observar con recelo a Delcy Rodríguez, a la que acusarían de presuntamente “traicionar” a Maduro y sumirse a los intereses estadounidenses, menoscabando con ello la soberanía nacional y el futuro del proceso revolucionario.
La estructura de poder instaurada por el “chavismo” desde 1999 comprende la existencia de decenas de miles de militantes de la Milicia Popular Bolivariana, de los colectivos armados, núcleos guerrilleros (ELN y FARC) y de actores foráneos (Hizbulá; Grupo Wagner; milicias Basij). El estratégico Arco Minero del Río Orinoco, al sur del país, constituye un epicentro clave de estas redes de grupos armados, algunos de ellos incluso delictivos. Buena parte de estos grupos cuentan con ascendencia en los cuadros militares, de seguridad e inteligencia y paramilitares que han sostenido esa estructura de poder. Son prolíficas las fuentes que identifican en este apartado a Diosdado Cabello como un eje central de controlde buena parte de estos grupos.
Días antes de la captura de Maduro, los colectivos armados ya habían tomado posiciones en las principales vías de Caracas y otras ciudades del país como Valencia, Maracay y Maracaibo. Su presencia intimidatoria en las calles, incluso ejerciendo labores de seguridad propias de los organismos policiales, determina la capacidad de actuación de estos grupos y el apoyo institucional y político por parte de las autoridades venezolanas.
El foco está concentrado en el papel de Padrino y Cabello en esta nueva ecuación de poder con Delcy Rodríguez al frente sumida al protectorado tutelar de Trump. Los posibles intentos de desarticulación de esta estructura político-militar, un imperativo para EEUU, la UE y buena parte de los países vecinos, suponen un pulso de poder de consecuencias inciertas ante la nueva ecuación política en Caracas tomando en cuenta su influyente peso político y militar y su capacidad para movilizar a la militancia “chavista”.
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En el caso de las redes delictivas existentes en Venezuela, su capacidad operativa sigue siendo relevante. El progresivo retorno de las multinacionales al mercado energético venezolano puede afrontar una situación de riesgos para la seguridad ante la proliferación de redes criminales y grupos armados que podrían actuar de manera más coordinada a la hora de realizar secuestros, extorsiones y ataques contra infraestructuras, algunas de ellas con tintes políticos insurgentes.
Con la instauración del “Estado de Conmoción Nacional” por parte de Maduro y que ha sido mantenido por Delcy Rodríguez, se están observando medidas punitivas tendientes a reprimir a todos aquellos que aparentemente apoyarían en las redes sociales la operación de captura de Maduro o que hayan apoyado la intervención estadounidense. Este escenario puede esconder una posible purga interna por parte de las nuevas autoridades venezolanas.
En caso de sumirse en una eventual guerra civil, Venezuela podría reproducir escenarios caóticos como los acontecidos en el Irak post-Saddam, la Libia post-Gadafi o incluso Siria, acrecentando los temores que señalan a Venezuela como el principal foco de inseguridad a nivel hemisférico. Es por ello que, para evitar un escenario “a la iraquí”, Trump y Rubio intentarán afianzar vía Delcy Rodríguez un canal de entendimiento con núcleos de poder “chavistas” que ejercen un peso importante en los aparatos de seguridad e instituciones como el TSJ y la Asamblea Nacional.
Pretorianismo militar: el “método egipcio”
Si la inestabilidad se apodera de Venezuela no sería descartable que, con el apoyo directo o de facto de Washington y sus aliados, Venezuela defina un rumbo aún más autoritario por la vía militar que implique preservar esos intereses exteriores y mantener la estabilidad ante el nuevo status quo a través de la instauración de una especie de “pretorianismo militar”, con mayor poder para sectores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) descontentos con el poder de los colectivos y grupos armados “chavistas”.
Podríamos así observar una situación similar al «golpe palaciego” del general Abdelfatah el-Sissi en Egipto en 2013 contra el gobierno islamista de Mohammed Morsi (fallecido en 2019) En el caso venezolano, la eventual aparición de este “hombre fuerte” en Caracas muy probablemente provendrá del estamento militar o de los servicios de seguridad e inteligencia.
Como se puede observar en el caso del actual presidente egipcio el-Sissi, no se debe descartar que la aparición de esta figura militar en Venezuela y su capacidad para alcanzar el poder podría suponer de facto un factor de consenso para equilibrar los intereses de EEUU pero también de China y Rusia en este nuevo contexto en Venezuela, en aras de propiciar la estabilidad ante una situación de caos.
No obstante, todo ello arrojará incógnitas ante la posibilidad de que este escenario de “pretorianismo militar” como válvula de escape para asegurar la transición post-Maduro ante una eventual situación de caos tenga capacidad para propiciar mecanismos aperturistas y democráticos o más bien diluya a Venezuela hacia una dictadura militar similar a las acontecidas en América Latina décadas atrás.
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