En este artículo se explica qué es un país neutral, qué Estados practican la neutralidad política en la actualidad y por qué la mayoría no opta por este modelo.
La neutralidad política normalmente se asocia con la decisión de un Estado de no participar en guerras ajenas y se entiende como la renuncia a integrarse en alianzas militares. Un Gobierno neutral no toma partido cuando estalla un conflicto entre terceros países y fija límites claros a su cooperación en materia de defensa.
Suiza representa el ejemplo más citado. En 1815, tras el Congreso de Viena, las potencias europeas reconocieron su neutralidad permanente. Desde entonces, el país alpino ha evitado implicarse en guerras internacionales y ha construido su papel exterior alrededor de esa posición. Suiza no pertenece a alianzas militares como la OTAN y centra su política de seguridad en la defensa propia y en la diplomacia.
El derecho internacional regula esta figura. Un Estado neutral no puede permitir que ejércitos extranjeros utilicen su territorio ni suministrar armamento a los bandos enfrentados. A cambio, los países en guerra deben respetar su integridad territorial. La neutralidad no es una declaración simbólica, sino un estatus jurídico con obligaciones concretas.
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Los expertos diferencian entre neutralidad permanente y neutralidad puntual. La primera obliga al Estado a mantenerse al margen de cualquier conflicto futuro y suele recogerse en la Constitución. La segunda responde a una decisión específica ante una guerra concreta. Esa distinción marca la política exterior y el margen de actuación de cada país.
Qué países practican la neutralidad política en la actualidad
Varios Estados mantienen hoy una política de neutralidad política, aunque cada uno la aplica a su manera. Además de Suiza, destacan Austria y Irlanda.
Austria proclamó su neutralidad en 1955, cuando recuperó la plena soberanía tras la ocupación aliada posterior a la Segunda Guerra Mundial. El Parlamento austríaco incorporó ese principio a la Constitución y vetó la entrada en alianzas militares.
Irlanda, por su parte, mantiene desde 1937 una política de no alineación. El Gobierno irlandés exige mandato de Naciones Unidas y autorización parlamentaria para enviar tropas al exterior.
Fuera de Europa occidental, Costa Rica ofrece un caso singular. El país abolió el ejército en 1948 tras una guerra civil y proclamó en 1983 una neutralidad perpetua, activa y no armada. San José invierte en educación y diplomacia en lugar de en fuerzas armadas. Liechtenstein disolvió su ejército en 1868 y mantiene su neutralidad, aunque depende en gran medida de la cooperación con Suiza para su defensa.
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Turkmenistán obtuvo en 1995 el reconocimiento formal de su neutralidad por parte de la Asamblea General de la ONU. El Gobierno turcomano utiliza ese estatus como eje de su política exterior y evita integrarse en bloques militares. Malta incluyó la neutralidad en su Constitución en 1987 y limita su participación en estructuras armadas, aunque coopera con la Unión Europea en ámbitos civiles.
En los últimos años, el mapa ha cambiado. Finlandia y Suecia abandonaron su histórica neutralidad tras la invasión rusa de Ucrania e ingresaron en la OTAN entre 2023 y 2024. Ambos Gobiernos concluyeron que la defensa colectiva ofrecía más garantías en el nuevo contexto de seguridad europeo.
Por qué la mayoría de países no practican la neutralidad política
La mayoría de los Estados descarta la neutralidad política porque prioriza la seguridad compartida. Las alianzas militares permiten repartir costes, coordinar estrategias y activar mecanismos de defensa automática en caso de agresión. Para muchos países pequeños, esa red de apoyo resulta decisiva.
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La neutralidad exige asumir en solitario la protección del territorio. Suiza mantiene un sistema de defensa sólido y obligatorio para buena parte de su población masculina. Esa estructura implica un esfuerzo económico constante. No todos los países están dispuestos o pueden sostener ese modelo.
Además, la interdependencia económica y política complica una posición estrictamente neutral. Los bloques regionales exigen coordinación en política exterior y seguridad.
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