spot_img

Cables submarinos, geoeconomía y friendshoring: la reconfiguración del mantenimiento de las infraestructuras críticas

Análisis

Isabel Punter
Isabel Punter
Estudiante de último curso de Economía en la Universidad de Valencia con formación complementaria en geopolítica, seguridad y defensa. Su investigación actual analiza el impacto económico de la disrupción de cables submarinos. Es analista junior en Leaders Radar, donde publica sobre defensa europea, geoeconomía e infraestructuras críticas. Sus intereses abarcan las tendencias geopolíticas, la seguridad internacional y las nuevas tecnologías desde una perspectiva económica y estratégica.

Los cables submarinos se han convertido en una infraestructura estratégica en un contexto marcado por la competencia geopolítica y la creciente desconfianza entre potencias. En este artículo, Isabel Punter analiza cómo los Estados buscan reforzar el control sobre el mantenimiento de estas redes críticas y cómo esta tendencia refleja cambios más amplios en las cadenas globales de valor.

Durante décadas, el mantenimiento de los cables submarinos que transportan prácticamente la totalidad del tráfico internacional de datos ha sido considerado un asunto técnico y comercial, al margen de las preocupaciones estratégicas de los Estados.

Los gobiernos confiaban en que los consorcios privados y los acuerdos entre operadores garantizarían la reparación de las roturas sin necesidad de intervención pública. Esta etapa, que algunos analistas han calificado como «negligencia benigna«, ha llegado a su fin debido a dos fenómenos que han situado el mantenimiento de los cables en las agendas de los Ministerios de Defensa: el envejecimiento crítico de la flota de reparación y el aumento de las tensiones geopolíticas.

El agotamiento del modelo privado como detonante

El modelo tradicional de mantenimiento de cables ha operado mediante consorcios y acuerdos privados. Sin embargo, el mercado no ha resuelto el problema de la baja inversión que ha impedido la renovación de la flota mundial de buques de reparación. Esto se debe al bajo presupuesto que los propietarios de los cables han destinado a mantenimiento marino y su presión constante a la baja sobre las tarifas de los consorcios. 

➡️ Te puede interesar: ¿Estamos listos para una guerra de cables submarinos? Vulnerabilidades críticas en tiempos de conflicto

Esta parálisis inversora, combinada con la elevada edad media de la flota, ha elevado el riesgo de un colapso generalizado de la capacidad de reparación y ha cambiado radicalmente la percepción del riesgo en los gobiernos y en los Ministerios de Defensa.

Factores que han activado la alarma estatal

Varias razones explican que el mantenimiento de cables haya pasado de ser un centro de costes técnico a una cuestión de seguridad nacional.

En primer lugar, la evidencia empírica de los daños potenciales. Un corte simultáneo de varios cables podría paralizar servicios esenciales de un país entero: transacciones financieras, comunicaciones hospitalarias, sistemas de control logístico y buena parte de la administración pública. Los ejercicios de simulación realizados por diversos gobiernos han confirmado que la capacidad de respuesta actual es insuficiente ante un escenario de múltiples roturas simultáneas.

En segundo lugar, la extensión de la lógica de excluir a proveedores considerados de riesgo de la construcción de cables submarinos. Este procedimiento fue iniciado en 2020 por el gobierno estadounidense y, con el tiempo, se ha extendido a la fase de mantenimiento, demostrando que también importa quién repara un cable cuando se rompe. 

En tercer lugar, la constatación de que los contratos comerciales no prevalecen sobre las órdenes militares en una crisis. Un barco de reparación operado por una empresa privada, pero con bandera de un país determinado, puede ser requerido por su gobierno para fines estratégicos en caso de conflicto, dejando sin servicio a los clientes civiles que habían contratado su disponibilidad. Esta posibilidad se ha vuelto una preocupación central para países situados en zonas de alta tensión geopolítica.

El friendshoring y el nearshoring aplicados al mantenimiento de cables submarinos

Teniendo en cuenta los factores anteriores y las tensiones geopolíticas crecientes, se ha configurado un escenario donde comienza a aplicarse al mantenimiento de cables los conceptos de friendshoring ynearshoring, ya familiares en el debate sobre las cadenas globales de valor. En varios sectores, como el de los semiconductores, las baterías o los fármacos, numerosos gobiernos han incentivado el desplazamiento de la producción hacia países aliados o geográficamente próximos para reducir la exposición a riesgos geopolíticos. Algo análogo está ocurriendo con los servicios de reparación de cables submarinos.

➡️ Te puede interesar: ¿Cuáles son los cables submarinos que conectan España con el resto del mundo?

Los propietarios de cables y los Estados empiezan a preferir que los servicios de mantenimiento sean prestados por empresas con sede en países aliados, en lugar de depender de operadores globales cuya lealtad en una crisis sería incierta. La confianza geopolítica se está convirtiendo en un criterio de selección tan relevante como el precio o la capacidad técnica. El modelo tradicional, que buscaba la mayor eficiencia posible mediante economías de escala (aunque con notables limitaciones), está siendo sustituido por otro en el que la competitividad y la desconfianza entre bloques ganan terreno.

Capacidades soberanas y modelos mixtos

La respuesta estatal está adoptando formas diferentes según las regiones, pero todas comparten el objetivo de garantizar que la reparación de cables críticos no dependa exclusivamente de actores privados extranjeros.

En el Indo-Pacífico, países como Taiwán, Japón y Australia evalúan la creación de flotas nacionales de reparación que respondan únicamente a sus intereses estratégicos, asumiendo que en caso de conflicto o desastre a gran escala los contratos comerciales cederán ante las prioridades militares de terceros países.

En Europa, dada la dificultad y el gran coste que conllevaría que cada Estado miembro desarrolle su propia flota, la Unión Europea se orienta hacia modelos mixtos público-privados. La agregación de recursos y la armonización de procedimientos resultan más viables que la proliferación de capacidades nacionales aisladas.

El auge del poder privado como variable añadida

Las grandes empresas tecnológicas poseen y operan una porción creciente de los cables submarinos. Su poder financiero, comparable al de muchos Estados, les permite plantearse estrategias de mantenimiento alternativas, entre ellas retirarse de los consorcios colectivos y desarrollar flotas cerradas exclusivamente para sus propios cables. Esta decisión sacaría de la ecuación compartida un gran porcentaje del total de los kilómetros de cables, hundiendo las economías de escala que sostienen a los consorcios y encareciendo el mantenimiento para el resto de los propietarios.

Paralelamente, existe la posibilidad de un modelo de convergencia entre seguridad estatal y capacidad financiera privada, con el efecto adicional de aislar segmentos enteros de la red submarina de cualquier intervención externa. 

El cambio de paradigma y sus implicaciones

El mantenimiento de cables submarinos ha dejado de ser un centro de costes técnico para convertirse en un componente de la seguridad nacional. Esto implica la modificación de los criterios de adjudicación de contratos, el impulso de una reorganización geográfica de los servicios de reparación hacia países aliados y sitúa a los grandes operadores privados en una posición de interlocución directa con los gobiernos.

➡️ Te puede interesar: IA y Tecnología como elementos clave de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos

Sin embargo, no se trata de un proceso lineal. La misma desconfianza que impulsa la creación de capacidades soberanas puede llevar a una fragmentación excesiva, reduciendo la capacidad de respuesta ante desastres que afecten simultáneamente a múltiples jurisdicciones.

La industria ha advertido del riesgo de que la extralimitación regulatoria bajo la excusa de la seguridad paralice la actividad que se pretende proteger. La armonización de requisitos entre países se plantea como el desafío central de los próximos años.

Conclusión

La confianza geopolítica está sustituyendo a la eficiencia de costes como criterio rector de las infraestructuras estratégicas. El caso de los cables submarinos no es una anomalía, es un capítulo más de una desglobalización selectiva de infraestructuras críticas que está reordenando silenciosamente los cimientos del sistema internacional, incluso a miles de metros de profundidad.

➡️ Si quieres adquirir conocimientos sobre Geopolítica y análisis internacional, te recomendamos los siguientes cursos formativos:

Artículos relacionados

Masterclass y eventos relacionados

Formación relacionada

spot_img

Actualidad

Dejar respuesta:

Por favor, introduce tu comentario!
Introduce tu nombre aquí

spot_img