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El fin de Orbán: qué se espera de la nueva Hungría de Magyar

Análisis

Rubén Asenjo
Rubén Asenjo
Periodista apasionado por la actualidad internacional y la geopolítica. Escribo para entender el mundo en constante cambio y compartir perspectivas que despierten la reflexión y el debate. Comprometido con la búsqueda de la verdad y las historias que impacten e inspiren.

De la democracia iliberal al giro proeuropeo: lo que el triunfo de Magyar cambia para Bruselas, Budapest y el tablero continental.

El domingo 12 de abril de 2026 quedará grabado en la memoria política de Europa. Viktor Orbán reconoció la derrota en las elecciones parlamentarias de Hungría, poniendo fin a sus 16 años en el poder. No fue una derrota ajustada ni discutible, ya que el partido Tisza de Péter Magyar obtuvo 138 escaños frente a los 54 de Fidesz, la formación de Orbán. Esto le concede una supermayoría que le permitirá hacer cambios constitucionales. Por lo tanto, Hungría ha cambiado de era.

Un arquitecto del illiberalismo europeo

Para comprender la magnitud de lo ocurrido, hay que entender quién fue Orbán y lo que construyó. El actual primer ministro acumula dos décadas al frente de la política del país, sumando su primer mandato entre 1998 y 2002. Durante todos estos años, consolidó un modelo que se ha descrito como una democracia iliberal.

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Orbán no se limitó a gobernar, sino que también rediseñó el Estado a su imagen. Con supermayorías parlamentarias de dos tercios, impulsó multitud de reformas constitucionales y alteró el poder judicial, la ley electoral y prácticamente todos los medios de comunicación, que quedaron bajo el favor de una poderosa élite de oligarcas afines al partido. Era un sistema pensado para perpetuarse, donde la oposición debía superar obstáculos que el propio Fidesz había diseñado.

En el plano exterior, Orbán se convirtió en el gran disidente de la Unión Europea desde dentro. Además, aprovechó la membresía de Hungría en la UE y la OTAN para retrasar decisiones y presionar cambios en las políticas del bloque, mientras cultivaba una relación cada vez más estrecha con Vladimir Putin que desconcertaba y alarmaba a sus socios europeos.

El hombre que salió de las entrañas de Fidesz

La figura que acabó con este edificio es, paradójicamente, alguien que durante años formó parte de él. El camino de Magyar, de leal a Orbán a su némesis, fue rápido. Hace apenas dos años era miembro del partido gobernante Fidesz y había estado casado con Judit Varga, en su momento una de las estrellas en ascenso del partido.

El detonante de su ruptura fue un escándalo que sacudió los cimientos morales del orbánismo. En febrero de 2024, Magyar dio una explosiva entrevista en video acusando a Orbán y sus aliados de «esconderse detrás de las faldas de las mujeres» en el caso del indulto a un exfuncionario condenado por ayudar a encubrir el abuso de menores en un hogar infantil. La entrevista fue vista casi tres millones de veces en un país de menos de diez millones de habitantes.

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Ese mismo año Magyar se unió al partido Tisza y ascendió rápidamente hasta convertirse en su líder. Bajo su dirección, Tisza ganó inesperadamente casi el 30% de los votos en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2024. La semilla de la victoria del domingo 12 de abril ya estaba plantada.

La jornada histórica que enterró a Orbán

La participación alcanzó el 79,5%, la más alta desde la caída del comunismo en 1989. Esa cifra lo decía todo, y mostraba que los húngaros que querían cambio se habían movilizado como nunca. Para ganar en un sistema diseñado en su contra, Magyar necesitaba más del 50% de los votos. Y así fue.

Magyar logró además la supermayoría parlamentaria —más de dos tercios del Parlamento—, lo que le permitirá gobernar sin depender de alianzas y, crucialmente, desmantelar las reformas constitucionales que Orbán había ido acumulando durante tres mandatos consecutivos.

Qué viene ahora: Europa, fondos y un equilibrio delicado

La victoria de Magyar no es solo un cambio de gobierno. También supone un reajuste geopolítico. Magyar prometió a la multitud en Budapest que volverá a encaminar a Hungría hacia la Unión Europea, que el país «volverá a ser un aliado muy fuerte de la UE y de la OTAN» y que su primer viaje al exterior como primer ministro será a Polonia, luego a Viena y finalmente a Bruselas.

En lo económico, el horizonte es esperanzador pero exigente. Entre sus principales propuestas destacan las reformas orientadas a desbloquear cerca de 18.000 millones de euros en fondos europeos retenidos por Bruselas debido a la falta de Estado de Derecho, una inyección que podría impulsar la economía húngara en al menos un 1%.

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Sin embargo, la investigadora Zsuzsanna Szelényi, investigadora del Central European University Democracy Institute, explicó que «Tisza no será el renacimiento de una alternativa liberal coherente», sino el vehículo en el que todos los opositores a Orbán depositan sus esperanzas. «Cuando las instituciones democráticas se deterioran durante suficiente tiempo —señala—, las elecciones dejan de ser contiendas entre programas y se convierten en referendos desesperados sobre si el cambio político es posible».

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