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Las relaciones entre el sultanato alauí y las estructuras políticas del oeste sahariano en evolución histórica (siglos XVII-XX)

Análisis

Nordin Aghzenay Bakouh
Nordin Aghzenay Bakouh
Estudié el Grado Universitario en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y durante mi estancia académica en la UCM me interesé en las relaciones entre España y Marruecos, que fue mi tema de investigación para el Trabajo de Fin de Grado. Una vez finalizados mis estudios en la UCM estaba todavía confuso por la especialidad a elegir, dada la transversalidad de las Relaciones Internacionales, y opté por cursar el Máster Interuniversitario en Diplomacia y Relaciones Internacionales de la Escuela Diplomática. Con el curso de este máster investigué sobre la rivalidad argelino-marroquí y acote mis intereses geográficos al mundo árabe. Así que cursé un segundo máster, el Máster Universitario en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), investigando al final sobre las relaciones entre el sultanato alauí y los poderes locales del oeste sahariano. Gracias al estudio del máster de la Escuela Diplomática pude optar a las prácticas que oferta la Escuela, junto al Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, en servicios centrales y en el exterior. Saqué plaza para realizar unas prácticas en la Dirección de Cooperación con África y Asia de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (marzo-noviembre de 2024) y, unas segundas prácticas, en la Dirección General para África del ministerio mencionado, durante mayo y noviembre de 2025.

El conflicto del Sáhara Occidental no se entiende sin mirar siglos atrás, hacia el sultanato alauí, sus alianzas con las cabilas y la llegada del colonialismo europeo. Detrás de la disputa actual entre Marruecos y el Frente Polisario laten distintos «imaginarios nacionales» que compiten por legitimar la soberanía del territorio. En este artículo, Nordin Aghzenay Bakouh explica esa historia, clave para comprender por qué el conflicto sigue sin resolverse, y qué papel podría jugar una futura integración magrebí.

Cuando hablamos del Sáhara Occidental (SO), proliferan diferentes imaginarios nacionales alrededor del territorio, principalmente los del Sáhara marroquí o la del Frente Polisario (FP), actores que actualmente se encuentran en disputa armada. 

La diversidad de imaginarios nacionales 

La primera visión se basa en el pasado del imperio jerifiano o sultanato alauí, la teoría del Gran Marruecos. El  último término mencionado fue acuñado por Allal el Fassi (1910-1974), miembro del Partido Istiqlal, que en 1949 defendió, según Boukhars, “…la retrocesión o recuperación de territorios pedazo por pedazo a la soberanía de Marruecos”. 

Por otro lado, estaría la visión del FP que defiende la independencia del territorio al considerar el SO un territorio no autónomo pendiente de descolonización. Esto último significa, según el Derecho internacional y la Resolución 1514 de la ONU, “…el derecho de libre determinación;…”. 

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Asimismo, también podríamos mencionar Ensemble Mauritanie o la idea de una Gran Mauritania Económica y Espiritual que comprendería el actual Sáhara Occidental, el Azawad y desde el río Draa a las orillas del Senegal. 

Bajo esas “Comunidades Imaginadas” y la teoría de los nacionalismos que acuñó Benedict Anderson, se dio una confrontación por recuperar el pasado del imperio jerifiano o sultanato alauí, de pelear la descolonización del territorio por parte del FP o luchar por el ideario de Ensemble Mauritanie. Estos imaginarios fueron provocando conflictos para defender una u otra “comunidad imaginada” y, al final, negociaciones sobre la delimitación fronteriza y el desmembramiento o reparto del ideario territorial del Gran Marruecos. 

La era precolonial: la estructura histórica descentralizada alauí

Para entender a las partes en conflicto, hay que esbozar sus argumentos históricos y religiosos (ideas), las capacidades materiales y las instituciones que construyeron. En primer lugar, para comprender la parte marroquí, hay que remontarse a la estructura histórica descentralizada que edificó la dinastía alauí (1631-actualidad) en el oeste sahariano o África Occidental. 

Estamos hablando de una serie de estrategias religiosas, militares, económicas y de alianzas con las cabilas. Con respecto a las cabilas, con el inicio del colonialismo habrá quienes se alíen con los extranjeros, como los Ahl Bayruk o el líder fadily Sa´d Buh. Éstos aceptaron someterse y obedecer al colonialismo europeo bajo políticas de acomodación y protección en aras de defender sus intereses particulares en contra del poder central sultánico o contra cabilas rivales o entre grupos sociales enfrentados, por ejemplo, con la Guerra de Churbuba entre 1644 y 1674, cuando los zawaya, que eran líderes santos, perdieron el control por la toma del poder por parte de los Banu Hassan, cabilas árabes guerreras que edificaron emiratos a lo largo del oeste sahariano y sometían a los zawaya, a confederaciones amazigh (lahma-znaga), a los esclavos liberados, herreros y esclavos. 

En primer lugar, la religión fue crucial para construir un discurso de legitimación en el poder. El rasgo sharif o jerife (ser descendiente del Profeta islámico Muhammad), la característica de wali (santo) y, fundamentalmente, las bay´at (juramentos de lealtad) y el concepto de Amir Al Mu´minin (Comandante de los Fieles) confirieron legitimidad carismática a los sultanes alauíes como, por ejemplo, en el apoyo militar alauí a Argelia cuando Tlemcen juró lealtad a Moulay Sultán Abderrahman (1789-1859) en el contexto (1830) de una necesidad de hacer la yihad defensiva para defenderse de la ocupación francesa de Argelia. 

Los juramentos de lealtad también fueron instrumentalizados por los líderes de grupos sociales de las cabilas, como Ma Al´Aynan (nacido en Hodh, actual Mauritania, quien juró lealtad a Mulay Sultán Hasan I, 1836-1894, y luego a Mulay Sultán Hafid) o Sidi Ahmed La´rusi (Smara), y se dotaron, asimismo, de una autoridad legítima como gobernantes. 

No obstante, la legitimidad discursivo-religiosa no fue suficiente, ni lo es actualmente, para ejercer un control sobre el territorio. Quiero decir que los poderes militar (brazo militar rural del Rif, ejército Al-Bujari, ejército de los Udaya) y económico (el Rial marroquí, la construcción de castillos para defender las rutas comerciales y los recursos económicos, el mithqal, unidad de peso de los productos agrícolas, o la difaya, que es la hospitalidad), así como de las alianzas (con las cabilas en la era precolonial, algunas cabilas con el poder colonial y con las potencias extranjeras en la era poscolonial) fueron y son necesarias para el control o supervivencia de la soberanía territorial que se quiso y se quiere defender, sean cuales sean los imaginarios nacionales en torno a los territorios en disputa. 

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En la era precolonial, la conjugación del poder militar, económico y el de las alianzas se materializaba en la institución de la mahalla, que era el cuerpo expedicionario que se encargaba de intervenir de forma militar, nombrar a gobernadores de regiones en nombre del sultán, recaudar impuestos, construir puertos comerciales, etc. 

En definitiva, el elemento religioso, militar, económico y el de alianzas configuraba la estructura histórica alauí como sultanato o imperio, y configuraba una élite que daba contenido al makhzen, al poder central. Otras ideas que protegían la legitimidad de la estructura histórica alauí eran la fitna, la discordia entre musulmanes, o la maslaha, que significa salvaguardar el bien común evitando esa fitna y el fasad (el mal, la corrupción). 

Los cambios introducidos por el colonialismo 

Con la llegada del colonialismo franco-español, se destruye la civilización del desierto, se potencian los procesos de sedentarismo y al final se genera un nacionalismo saharaui, pero lo más relevante es que el establecimiento de pérdidas de legitimidad militar alauí, como en la batalla de Isly en 1844 (al fracasar en el apoyo a Abdelkader, líder de la resistencia y promotor de la yihad defensiva argelina contra Francia), y el establecimiento de protectorados (Tratado de Fez de 1912) y colonias (el Sáhara Español o la Mauritania francesa) provocaron el cese definitivo de las relaciones político-militares, económicas y espirituales entre el sultanato y los poderes locales/cabilas/grupos sociales del oeste sahariano (el Touat, Saguía al-Hamra y Wad-Dhab, actual territorio de Mauritania, Tombuctú, etc.). Y estos últimos, al mismo tiempo, pierden esas relaciones entre ellos. 

Guerra, choque entre la jurisprudencia occidental e islámica, la opinión pública española e intereses económicos

Pasando a los procesos de descolonización, se da una proliferación de Frentes de Liberación Nacional, sobre todo la del Frente Polisario, que defienden que son herederos de las fronteras establecidas por el reparto de esos tratados coloniales, es decir, de establecer un Estado saharaui independiente en el SO. 

Es por ello por lo que entramos en conflicto por esos imaginarios nacionales y por la rivalidad dialéctica entre el Derecho internacional, que reconoce que el SO no era terra nulis pero que prima esa libre determinación de los pueblos, y el Derecho islámico y la costumbre de las cabilas que pelean los juramentos de lealtad y el reconocimiento de líder santo o jerife como argumentos. 

Marruecos (apoyado por Estados Unidos, Israel, Francia y Arabia Saudí), independiente a partir de 1956, tarda en reconocer sus fronteras con Argelia y Mauritania, y entra en conflicto con el FP (apoyado por Argelia, Cuba y la URSS), controlando los alauíes al final  ⅔ del territorio del SO, tras una guerra que comprende el período temporal 1975-1991 (aunque se expande hasta la actualidad). 

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Al final, Marruecos salvaguarda su dominio sobre Saguía el Hamra y Wad Dhab gracias al muro antipersonas, como modo defensivo contra las aspiraciones y el imaginario nacional del FP y los intereses compartidos con sus aliados, así como de su alianza primordial con Estados Unidos. 

Con respecto a la opinión pública española, en la era poscolonial, se argumenta que el conflicto por el SO es un conflicto congelado y que se remonta a la Guerra Fría o al papel colonial de España, cuando la historia es más extensa y compleja de lo que nos quieren contar algunas voces. 

Cabe recalcar que los intereses económicos también juegan un papel crucial en la defensa de esos imaginarios nacionales y el SO alberga recursos naturales clave como el fosfato, pesca, petróleo, gas, oro, etc. Es importante realizar un ejercicio de polemología del conflicto por el SO para comprender el estado de la cuestión de forma total, nunca parcial. No se puede omitir o no educarse sobre la era precolonial. 

La Unión del Magreb Árabe: ¿proceso de integración o construcción de un país magrebí?

El último punto a abordar, que es digno de plantear, es la abandonada institución de la Unión del Magreb Árabe (UMA), que fue creada en 1989 justo cuando se dio la caída del muro de Berlín. Ha llegado el momento histórico en el que es vital aunar fuerzas para interponer o invitar a la región a una agencia conjunta entre Marruecos, Argelia, Túnez, Mauritania y Libia con el objetivo de crear una nueva estructura común que perdure en el tiempo para poner punto final al conflicto, al atraso económico y a la brecha tecnológica con el mundo exterior. 

Por ello, es necesaria la unión política, económica, social y cultural, un proceso de integración de los países mencionados al estilo de la Unión Europea (UE). Puede que sea criticable comparar la UE con los procesos multifactoriales del Magreb, sobre todo, por los siguientes frenos principales que impiden un futuro Magreb integrado: el bloqueo de la cuestión del SO, el corte argelino a Marruecos de los suministros energéticos procedentes del gasoducto Magreb-Europa o el cierre de fronteras entre Marruecos y Argelia desde 1994, entre otros. 

La cuestión es relevante si se quiere promover la libre circulación de personas y mercancías. Es por ello que no paro de pensar en la disputa franco-alemana de Alsacia-Lorena y compararlo con el SO. En ambos casos presenciamos la lucha por un territorio determinado. 

En el primer caso, ha enfrentado a Francia y Alemania en los siglos XIX y XX, pero se resuelve con la creación de la Comunidad Económica del Carbón y el Acero, CECA en el año 1951. 

Y, en el segundo caso (el SO), ha frenado al spillover temático de la UMA por el apoyo de Argelia al Frente Polisario y la consecuente reacción de Marruecos con el corte de comunicación y de cooperación con el vecino argelino, siendo esta incomunicación mutua. 

Además, también presenciamos inestabilidad en Libia con los dos gobiernos paralelos, por un  lado, el Gobierno de Unidad Nacional liderado por Abdul Hamid Dbeibeh y, por otro lado, el Gobierno de Estabilidad Nacional apoyado por Jalifa Haftar. 

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También está la nefasta situación mauritana con la llegada de refugiados malienses que huyen del conflicto en Mali y que, a su vez, tal inestabilidad del país vecino repercute en la seguridad y defensa del país magrebí. 

A pesar de ello y viendo una necesaria resolución de todas las problemáticas, creo que es imperativo una integración económica, con una voluntad política a priori, que promueva esa libre circulación de personas y mercancías en la región y alcance un Arancel Externo Común que proteja los productos magrebíes y un comercio intrarregional, esto es una política comercial común, que coja fuerza con sus relaciones con el exterior. ¿Sería esto último aceptado y visto con buenos ojos por la UE, por ejemplo? 

Lo que es evidente es que un aumento de la fuerza económica y tecnológica, así como de la unión política del conjunto del Magreb reduciría la presión migratoria de las personas magrebíes hacia Europa y provocaría el retorno de la diáspora y sus descendientes. Para ello sería necesario que los países magrebíes cediesen el ejercicio de su soberanía a una entidad supranacional que explote y reparta, de forma igualitaria y solidaria, los recursos naturales. 

Otra vía sería crear un país nuevo a partir de la unión de los países magrebíes, pero el problema radicaría en qué sistema político se acordaría, ¿una monarquía o república? ¿Y qué organización territorial se debería promover o intentar convencer conjuntamente? ¿Unas Comunidades Autónomas del Magreb al estilo del Reino de España? ¿O un federalismo como en Alemania, Argentina o Estados Unidos? ¿Estarían dispuestos los países del Magreb a ceder su soberanía para un futuro común en un país unido? ¿Cómo se puede pacificar el asunto de la diversidad étnico-lingüística? ¿Cómo sería esa idílica Constitución del Magreb

Y, por último, en términos de los procesos de globalización y regionalización que acuña Antonio Sanahuja, ¿está siendo beneficiosa la regionalización de los medios de producción de ciertos bloques regionales en detrimento de la globalización que cada vez se ve más erosionada? ¿Cuál es el bien común, maslaha, para el conjunto de la Comunidad Internacional? 

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