El agua es el recurso más vital del planeta y también el más mal gestionado. Sequías cada vez más severas, deforestación, riego insostenible y décadas de políticas públicas fallidas han llevado al mundo a una situación que el Banco Mundial describió en noviembre de 2025 como bancarrota hídrica. Santiago Torres Kuri explica por qué esta crisis no genera titulares de guerra ni alertas de pandemia, pero sus cifras son igual de contundentes, y la solución, según los propios organismos internacionales, todavía no existe.
Más de dos mil millones de personas no tienen acceso a agua potable segura. Eso es cerca del 25% del total de la humanidad. Cada dos minutos un niño muere por enfermedades relacionadas con el agua. Más de un millón de personas mueren cada año por no tener acceso a agua potable. Para 2030, la demanda global superará la oferta en un 40%.
Hay una crisis que avanza en silencio. No genera la urgencia de una guerra ni el pánico de una pandemia. La crisis existe. La solución todavía no.
El planeta está en bancarrota hídrica
En noviembre de 2025, el Banco Mundial publicó un reporte que prendió las alarmas: el mundo pierde 324 mil millones de metros cúbicos de agua dulce cada año. Esa cifra alcanzaría para abastecer a 280 millones de personas. ¿Las causas? Sequías cada vez más severas, deforestación, riego insostenible y décadas de políticas públicas fallidas.
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El informe también advirtió algo más preocupante: si mantenemos el ritmo actual, el mundo no logrará una gestión sostenible del agua antes de 2049.
Cuando el agua es poder: el caso de Irán
El agua (como prácticamente todos los recursos naturales necesarios para el desarrollo de la humanidad) también es un elemento importante de la geopolítica. Irán es uno de los casos más reveladores de los últimos meses.
En 2025, la lluvia cayó un 40% por debajo del promedio histórico. Los embalses que abastecen a Teherán (ciudad de aproximadamente 10 millones de personas) llegaron al 12% de su capacidad. Según expertos, después de 5 años ininterrumpidos de sequía y años de no poder usar adecuadamente el agua, Irán está rumbo a lo que denominan como una “bancarrota hídrica”y conflictos como el reciente con Israel no hacen más que empeorar la situación. Autoridades incluso han advertido públicamente que la capital podría necesitar una evacuación parcial.
El conflicto iraní no se limita al interior del país. Irán comparte cuencas hídricas con Afganistán, Irak y Turquía, quien tiene control de la mayoría de los recursos compartidos. La construcción de presas y los diferentes esfuerzos realizados por el gobierno de Teherán para mejorar la situación, ha provocado un escalamiento de tensión con sus vecinos.
La escasez hídrica y la tensión geopolítica de la zona se ha transformado en otra amenaza a la seguridad nacional iraní.
Los data centers también tienen sed
Pocos lo saben, pero cada búsqueda en internet, cada pregunta hecha a ChatGPT, cada archivo subido a la nube, todas estas acciones consumen agua.
Los centros de datos (data centers) necesitan agua para enfriar sus servidores. En 2023, solo en Estados Unidoslos data centers consumieron directamente más de 65 mil millones de litros de agua. Google utilizó más de 23 mil millones de litros en 2024, un 8% más que el año anterior, impulsado principalmente por la expansión de la inteligencia artificial. Pero lo peor no son los datos que ya son, si no los que podrían ser en el futuro ya que la proyección es que el consumo de agua por causa de los avances tecnológicos podría triplicarse antes de 2028.
El mundo digital ya tiene una huella hídrica que nadie ve en forma de notificación en sus pantallas.
Israel: el modelo que el mundo debería observar
En el desierto del Néguev, Israel cultiva tomates con agua reciclada. Sí, ¡en un desierto!Para poner en contexto la magnitud de este logro es necesario señalar que el desierto del Néguev es uno de los sitios más secos del mundo; se estima que al año caen menos de seis pulgadas de agua de lluvia. De hecho, su nombre proviene de la raíz hebrea que significa “seco”. Lo logrado en esta zona es el resultado de décadas de innovación y adaptación.
Israel recicla el 90% de sus aguas residuales, la tasa más alta del mundo, según la OCDE. Más del 80% de su agua potable proviene de plantas desalinizadoras en la costa mediterránea. En octubre de 2025, los israelíes lograron algo inédito a nivel mundial: comenzaron a inyectar agua desalinizada al Mar de Galilea para compensar su descenso histórico.
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La clave israelí no se sustenta únicamente sobre la base de la innovación tecnológica, fue gracias a una estrategia de política pública sostenida, inversión a largo plazo y una cultura nacional que asumió la escasez como una realidad estructural, no como una emergencia temporal.
Esfuerzos reales, resultados insuficientes
Las soluciones existen. Las iniciativas avanzan. Sin embargo, no es suficiente.
La cooperación transfronteriza en cuencas compartidas sigue siendo frágil. La inversión en infraestructura hídrica global permanece muy por debajo de lo necesario y las políticas públicas siguen sin atender el problema de raíz.
El agua no es un recurso más. Es la columna vertebral de la alimentación, la energía, la economía y la paz. La pregunta ya no es si habrá crisis.La pregunta es cuándo se tomará en serio.
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