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¿Qué es el Tratado de Alta Mar?

Análisis

Lucía Sánchez-Tejado
Lucía Sánchez-Tejado
Directora de Sostenibilidad y Medioambiente en LISA Institute, donde lidera programas y estrategias sobre sostenibilidad, salud ambiental, cambio climático y prevención del tráfico de especies. Con una trayectoria en empresas multinacionales, ha impulsado proyectos de innovación, responsabilidad corporativa y desarrollo de negocio en distintos sectores. Posee un MBA internacional por IE Business School y una Licenciatura en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad San Pablo CEU (España) con especialización de Boston University (EE.UU.), junto con formación universitaria en salud y conservación. Cuenta con certificaciones en cambio climático, protección de la fauna, conservación y gestión de biodiversidad. Además, es miembro activo de varias comisiones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y colabora con organizaciones dedicadas a la defensa del medio ambiente y los animales.

El 17 de enero de 2026 marca un hito histórico en la gobernanza ambiental global: entra en vigor el Tratado de Alta Mar, el primer acuerdo internacional jurídicamente vinculante destinado a proteger la biodiversidad marina más allá de las fronteras nacionales. Tras décadas de vacío legal, la mayor parte del océano del planeta comienza a contar con un marco común de conservación. Este tratado no solo transforma la protección ambiental, sino que redefine la gestión de uno de los espacios estratégicos más disputados del sistema internacional.


El 17 de enero de 2026 marcó un antes y un después en la historia de la protección del planeta azul: entró oficialmente en aplicación el Tratado de Alta Mar, el primer acuerdo internacional jurídicamente vinculante diseñado para proteger la biodiversidad marina más allá de las fronteras nacionales. Un hito histórico para unos océanos que, pese a cubrir la mayor parte de la Tierra, han vivido durante décadas en un preocupante vacío legal.

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Un océano inmenso… Y hasta ahora desprotegido

Los océanos cubren aproximadamente el 71% de la superficie del planeta y generan más del 50% del oxígeno que respiramos, según datos de ONU Medio Ambiente. Además, absorben cerca del 25% del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas y más del 90% del exceso de calor asociado al calentamiento global, actuando como el mayor regulador climático del planeta.

Sin embargo, existe una gran paradoja: casi dos tercios del océano mundial se sitúan fuera de la jurisdicción de cualquier país. Estas zonas, conocidas como alta mar, representan alrededor del 64% de la superficie oceánica y cerca del 43% de la superficie total del planeta. Hasta ahora, no existía un marco legal global sólido que permitiera proteger eficazmente su biodiversidad.Como resultado, según datos oficiales de Naciones Unidas, solo alrededor del 8% del océano mundial está actualmente protegido, y la gran mayoría de esas áreas se encuentran dentro de aguas nacionales. La alta mar (pese a albergar ecosistemas clave, rutas migratorias y recursos estratégicos), ha permanecido durante décadas prácticamente al margen de la conservación.

La imagen muestra las distintas zonas marítimas establecidas por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, desde las aguas interiores y el mar territorial hasta la zona económica exclusiva y la alta mar. Ilustra los límites en millas náuticas y los distintos grados de soberanía y derechos de los Estados costeros sobre el mar y el subsuelo marino. Fuente: Revolve. (s. f.). High seas treaty: Why protecting the high seas matters. Revolve Media. 

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Un tratado esperado

El Tratado de Alta Mar (cuyo nombre oficial es Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina de las Zonas situadas fuera de la Jurisdicción Nacional), se negoció en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS).

Las negociaciones formales comenzaron en 2017, aunque el debate internacional se prolongó durante casi 20 años. El texto final fue adoptado por consenso en junio de 2023. Para su entrada en vigor era necesaria la ratificación de al menos 60 Estados, un umbral que se alcanzó en septiembre de 2025, activando el plazo legal.

¿A quién aplica el Tratado del Mar?

El tratado no sustituye la soberanía de los Estados sobre sus aguas nacionales, sino que se aplica exclusivamente en las zonas marinas situadas fuera de la jurisdicción nacional. Sus disposiciones son jurídicamente vinculantes solo para los países que lo han ratificado, y afectan a cualquier actividad humana que estos autoricen o realicen en alta mar.

Quiénes han firmado, ratificado… y quiénes no

A enero de 2026:

  • Todos los Estados miembros de la Unión Europea, incluida España, han firmado y ratificado el tratado, al igual que numerosos países de América Latina, África y pequeños Estados insulares especialmente vulnerables a la degradación oceánica. También se ha sumado China.
  • Algunas grandes potencias marítimas han firmado, pero aún no han ratificado, entre ellas Estados Unidos, Reino Unido, Japón, India y Rusia.
  • Otros países no han firmado ni ratificado, quedando completamente al margen del acuerdo.

Esta situación genera un escenario de adhesión desigual, que condiciona el alcance real del tratado en sus primeras fases de aplicación.

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Estado de adhesión de +83 países al Tratado de Alta Mar (a enero de 2026):
SITUACIÓN RESPECTO AL TRATADO DE ALTA MAR:¿QUÉ SIGNIFICA
ESTO?
ALGUNOS DE LOS PAÍSES INVOLUCRADOS:
Países que han firmado y ratificadoEstán legalmente obligados a aplicar el tratado en alta mar desde hoyEspaña, Francia, Alemania, Italia, Portugal, Países Bajos, Suecia, todos los Estados miembros de la UE, China, Chile, Costa Rica, México, Brasil, Colombia, Sudáfrica, Seychelles, Palau, Fiji, Cabo Verde
Países que han firmado pero NO han ratificadoApoyan políticamente el tratado, pero no están jurídicamente obligadosEstados Unidos, Reino Unido, Japón, India, Rusia, Australia, Indonesia
Países que NO han firmado NI ratificadoNo participan formalmente en el tratado ni están vinculados a élTurquía, Irán, Arabia Saudí, Vietnam, Tailandia, algunos Estados de Asia Central y Oriente Medio

¿Qué cambia a partir de hoy?

La entrada en vigor del Tratado del Mar permite, por primera vez a escala global:

  • Crear áreas marinas protegidas en alta mar, con base científica y respaldo jurídico internacional.
  • Exigir evaluaciones de impacto ambiental para actividades humanas en aguas internacionales, desde la pesca industrial hasta la investigación biotecnológica.
  • Regular el acceso a los recursos genéticos marinos, garantizando un reparto más equitativo de los beneficios derivados de su uso.
  • Impulsar la cooperación científica y la transferencia de tecnología, especialmente hacia países con menos capacidad técnica.

Según la Comisión Europea y Naciones Unidas, este nuevo marco refuerza una gobernanza oceánica basada en la ciencia, alineada con los compromisos internacionales de biodiversidad.

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Gráfico muestra zonas prioritarias de alta mar identificadas por la comunidad científica como clave para proteger la biodiversidad marina y capturar dióxido de carbono, bajo el nuevo Tratado de Alta Mar de la ONU. Señala áreas fuera de la jurisdicción nacional donde se proponen áreas marinas protegidas, destacando que la conservación en aguas internacionales es esencial para la salud del océano y del clima global.
Fuente: Kristina Gjerde et al., Research Gate; High Seas.

Un pilar clave del objetivo 30×30

El tratado es esencial para cumplir el objetivo global 30×30, acordado en el Marco de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que busca proteger al menos el 30% de los océanos para 2030.

Sin un instrumento legal aplicable a la alta mar, este compromiso era sencillamente inalcanzable. Según de la FAO, más del 35% de las poblaciones de peces del mundo están sobreexplotadas, lo que evidencia la urgencia de una gestión internacional más estricta.

Un tratado con implicaciones geopolíticas

Más allá de su dimensión ambiental, el Tratado del Mar tiene una relevancia geopolítica de primer orden. Por primera vez, los Estados aceptan limitar colectivamente su libertad de acción en alta mar, un espacio históricamente vinculado a intereses estratégicos, comerciales y de seguridad. La ausencia (¡por ahora!) de algunas grandes potencias marítimas entre los países ratificantes plantea retos importantes: reduce la eficacia global del tratado, dificulta la vigilancia y puede generar asimetrías regulatorias, en las que unos Estados asumen obligaciones estrictas mientras otros continúan operando con menos restricciones. En un contexto de creciente competencia por recursos marinos, rutas estratégicas y tecnologías oceánicas, esta falta de adhesión plena puede trasladar tensiones geopolíticas al océano y debilitar la gobernanza multilateral. Aun así, Naciones Unidas y la Unión Europea subrayan que el tratado establece un nuevo estándar internacional, capaz de influir progresivamente incluso en aquellos países que todavía no forman parte de él.

Retos pendientes: del acuerdo a la acción

El tratado no es una solución automática. Su éxito dependerá de la implementación efectiva, la financiación, la vigilancia y la cooperación internacional. El texto prevé la celebración de una primera Conferencia de las Partes (COP) en el plazo máximo de un año, donde se definirán los mecanismos operativos y de cumplimiento.

Un momento histórico para el planeta azul

Hoy, el océano global deja de ser una zona sin reglas comunes. Por primera vez, existe un marco jurídico que reconoce que la mayor parte del planeta necesita protección colectiva. En un contexto de crisis climática y pérdida acelerada de biodiversidad, la entrada en vigor del Tratado del Mar representa uno de los avances ambientales más importantes del siglo XXI. No es el final del camino, pero sí el comienzo de una nueva forma de entender la responsabilidad compartida sobre los océanos.


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