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El fin de la autonomía kurda en Siria: causas y consecuencias

Análisis

Rubén Asenjo
Rubén Asenjo
Periodista apasionado por la actualidad internacional y la geopolítica. Escribo para entender el mundo en constante cambio y compartir perspectivas que despierten la reflexión y el debate. Comprometido con la búsqueda de la verdad y las historias que impacten e inspiren.

Descubre por qué ha caído el Kurdistán sirio y qué supone el acuerdo entre las FDS y Damasco para los kurdos, Siria y Oriente Medio.

A principios de 2026, el noreste de Siria, conocido como Rojava o Kurdistán sirio, ha visto derrumbarse una experiencia política que durante más de una década pareció imposible en Oriente Medio: un autogobierno kurdo, con instituciones propias, milicias organizadas y un proyecto social diferente al de los Estados de su entorno. En cuestión de semanas, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la coalición liderada por las milicias kurdas YPG/YPJ, han cedido el control de grandes regiones (ricas en petróleo, gas y tierras agrícolas) a las tropas del gobierno sirio. El acuerdo sellado a finales de enero entre el líder de las FDS, Mazlum Abdi, y el presidente interino Ahmed al‑Sharaa pone fin, de facto, a la autonomía kurda en Siria y disuelve las estructuras políticas que la sostenían.

Lo que en un primer momento se presentó como un alto el fuego limitado se convirtió muy rápidamente en una capitulación estratégica. Las fuerzas gubernamentales avanzaron sobre ciudades emblemáticas como Raqqa, Deir ez‑Zor, Tabqa o Al‑Hasaka casi sin encontrar resistencia organizada. Al mismo tiempo, tribus árabes locales que hasta entonces habían colaborado con las FDS desertaron o cambiaron de bando, acelerando el colapso de las defensas kurdas y dejando aislados varios enclaves. El pacto final incluye la integración de decenas de miles de combatientes de las FDS en el ejército sirio, la entrega de prisiones donde se encuentran detenidos miles de miembros del ISIS y sus familias, así como la transferencia a Damasco de los principales campos petroleros y de los pasos fronterizos.

Causas políticas y geopolíticas del colapso

Detrás de este desenlace hay una acumulación de factores que se venían gestando desde hacía años. Una de las claves es el cambio político en Damasco. Tras la salida de Bashar al‑Assad y la formación de un gobierno interino en 2025, la prioridad del nuevo poder sirio pasó a ser la reunificación del territorio y la recuperación de todos los recursos estratégicos. Hubo ya en 2025 un primer intento de acuerdo con la administración autónoma kurda, que fracasó por la desconfianza mutua. En ese momento, los kurdos temían perderlo todo y el gobierno sirio rechazaba legitimar un modelo federal o confederal que consideraba una amenaza a la integridad del país.

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Otro elemento decisivo ha sido la retirada gradual del apoyo estadounidense. Desde 2014, las milicias kurdas habían sido el socio principal de Estados Unidos en la lucha contra el ISIS. Esa alianza les dio cobertura aérea, entrenamiento, armamento y un margen de maniobra político del que carecían otros actores sirios. Sin embargo, Washington nunca estuvo dispuesto a garantizar a largo plazo la supervivencia de una entidad kurda semiestatal en el noreste sirio, mucho menos si eso implicaba enfrentarse abiertamente a Turquía, miembro de la OTAN y enemigo declarado de las YPG. A finales de 2025, la reducción y posterior retirada de fuerzas estadounidenses dejó a las FDS expuestas frente al ejército sirio y a sus aliados rusos e iraníes, sin un paraguas de protección real.

Tensiones internas y factores sociales

El desgaste interno también ha pesado. El territorio controlado por la administración autónoma era mayoritariamente árabe, y el proyecto político inspirado en el confederalismo democrático de Abdullah Öcalan no fue aceptado por todos con el mismo entusiasmo. Aunque se crearon consejos locales y se intentó integrar a kurdos, árabes, asirios y otras comunidades, nunca desaparecieron las tensiones por la distribución de recursos, la representación política o el control de las rutas de contrabando y del petróleo. Las campañas de reclutamiento forzoso alimentaron el resentimiento en algunas zonas rurales, y muchas tribus vieron en el avance de Damasco una oportunidad para mejorar su posición o al menos para salir de una guerra interminable.

Sobre todo ello planeaba la sombra de Turquía. Ankara siempre consideró a la administración kurda del norte de Siria como una amenaza existencial, por su cercanía ideológica y orgánica al PKK. Las incursiones militares turcas de años anteriores, que arrebataron a los kurdos enclaves como Afrin o zonas fronterizas, demostraron que ninguno de los grandes actores internacionales estaba dispuesto a enfrentarse seriamente a Turquía para salvar el experimento de Rojava. El mensaje era que los kurdos podían ser aliados tácticos contra el ISIS, pero difícilmente serían protegidos si sus aspiraciones chocaban con los intereses de potencias más fuertes.

Consecuencias inmediatas: seguridad y desplazamientos

Las consecuencias del fin de la autonomía kurda en Siria son profundas y se proyectan en varias direcciones. En el plano humano y social, nuevos desplazamientos de población kurda, temor a represalias, incertidumbre sobre el futuro de quienes habían asumido cargos en las estructuras de autogobierno o habían colaborado con las FDS, y un clima generalizado de inseguridad. Ciudades que habían simbolizado la resistencia al ISIS, como Kobanê, vuelven a ser escenarios de asedio o presión militar, esta vez no por los yihadistas, sino por el propio Estado sirio y sus aliados.

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En el terreno de la seguridad, el traspaso de las prisiones y campos donde se encuentran miles de combatientes y familias del ISIS abre interrogantes serios. Las FDS habían cargado durante años con la responsabilidad de custodiar a estos prisioneros, en ocasiones con medios muy limitados. Ahora, la administración siria deberá hacerse cargo de ellos en un contexto de instituciones debilitadas, corrupción y falta de recursos. Cualquier fuga o relajación en el control podría traducirse en un repunte de la actividad yihadista, no solo en Siria, sino en toda la región.

Repercusiones para el Estado sirio y la región de Oriente Medio

Para el Estado sirio, la recuperación de los principales yacimientos petroleros y gasísticos del noreste supone un salvavidas económico en medio de una devastación casi total. El gobierno refuerza su legitimidad interna al presentarse como el garante de la integridad territorial y al poner fin a una entidad que muchos sectores consideraban separatista. Sin embargo, la integración de decenas de miles de combatientes kurdos en las fuerzas armadas no será sencilla, ya que arrastran una historia de enfrentamientos, agravios y desconfianzas. Por ello, es probable que durante años se mantengan tensiones latentes dentro del propio aparato de seguridad.

En el plano regional, Turquía sale reforzada. La desaparición de una administración kurda organizada y armada en su frontera sur elimina, al menos a corto plazo, el escenario que más temía Ankara: la consolidación de un «corredor kurdo» desde Irak hasta el Mediterráneo. Rusia e Irán, por su parte, ven consolidada su apuesta por mantener a Siria bajo una órbita amiga y con un poder central fuerte. Estados Unidos, en cambio, vuelve a aparecer como un socio poco fiable, dispuesto a abandonar a sus aliados locales cuando cambian las prioridades estratégicas en Washington.

El legado político y simbólico de Rojava

Pero quizá la consecuencia más difícil de medir sea la simbólica. Rojava se había convertido, para muchos dentro y fuera de la región, en un experimento político singular. Allí existían consejos populares, fuerte protagonismo de las mujeres combatientes y en la vida pública, intentos de convivencia interétnica e interreligiosa, y un discurso abiertamente crítico con el modelo estatal tradicional de Oriente Medio. Todo eso no desaparece de un día para otro, ni de la memoria de quienes lo vivieron ni de los movimientos políticos que se inspiraron en ello. Sin embargo, en un entorno marcado por la guerra, las injerencias externas y el peso de los Estados vecinos, los proyectos autónomos kurdos siguen chocando contra límites muy difíciles de superar.

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El fin de la autonomía kurda en Siria no cierra, en realidad, la cuestión kurda. Más bien la devuelve al punto de partida, con una minoría repartida entre varios países y fuertes aspiraciones nacionales y sociales, pero atrapada entre intereses geopolíticos cruzados. El acuerdo de 2026 puede traer una cierta estabilización territorial para Siria, pero lo hace al precio de desmantelar una de las experiencias más originales surgidas de la guerra. El tiempo dirá si las promesas de derechos culturales y cierta descentralización se cumplen o si, como en tantas otras ocasiones, los kurdos vuelven a quedar únicamente con la memoria de lo que pudieron ser.

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