Descubre qué propone la encíclica Magnífica Humanitas sobre la inteligencia artificial, la dignidad humana y el bien común en la era digital.
La palabra «encíclica» viene del griego «enkýklios» y significa «circular o dirigir». Las encíclicas son cartas oficiales que los papas dirigen a los obispos y fieles para enseñar su doctrina y establecer la posición oficial de la Iglesia católica en asuntos de trascendencia social, política, económica, científica o espiritual.
Si bien las primeras cartas doctrinales enviadas por los papas datan de los siglos I y II, las encíclicas modernas tienen su origen en la encíclica «Rerum Novarum» promulgada por el papa León XIII en 1891. Esta encíclica constituyó una respuesta a los desafíos planteados por la Revolución Industrial y el desarrollo tecnológico de finales del siglo XIX. La encíclica «Rerum Novarum» abordó los conflictos laborales surgidos de los abusos del capitalismo, defendiendo los derechos de los trabajadores, el salario justo, las condiciones de trabajo dignas y los sindicatos. Además, los postulados sociales emanados de «Rerum Novarum» inspiraron la promulgación de leyes laborales, la creación de movimientos sindicales cristianos, así como las políticas sociales europeas y el pensamiento cristiano del siglo XX y XXI.
Esta encíclica estableció las bases de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), siendo esta el conjunto de enseñanzas, principios y orientaciones oficiales de la Iglesia sobre cómo debe regirse la vida en sociedad. Su objetivo principal es defender la dignidad humana, promover el bien común y situar a la persona en el centro de todo desarrollo social. Por lo tanto, los principios fundamentales de la DSI son la dignidad de la persona humana, el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad y el destino universal de los bienes.
¿En qué consiste la nueva encíclica «Magnificas Humanitas»?
La nueva encíclica del Papa León XIV «Magnifica Humanitas» se enmarca en la evolución de la DSI y en la voluntad de la Iglesia de permanecer abierta y cercana a los retos que afronta la humanidad en su conjunto. «Magnifica Humanitas» constituye un punto de inflexión en la relación de la Iglesia con el desarrollo de la IA, así como con sus implicaciones éticas y geopolíticas.
Este documento actualiza la Doctrina Social de la Iglesia para la era digital y compara el impacto que está teniendo la IA con el impacto que tuvo la Revolución Industrial en el siglo XIX Así, el Papa León XIV sigue la estela del Papa León XIII en tanto que ambos han sido pioneros en denunciar los abusos de la tecnología y señalar sus externalidades negativas para la humanidad.
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La encíclica es un documento que se estructura en una introducción y cinco capítulos que tienen como objetivo subrayar la importancia de posicionar la dignidad del ser humano como centro para orientar el progreso tecnológico. El progreso tecnológico debe, por tanto, construir un instrumento y no un fin en sí mismo.
L a encíclica compara el momento actual que vive la humanidad en relación con la IA con una disyuntiva entre la Torre de Babel y la ciudad de Jerusalén. Mientras que la Torre de Babel se presenta como la ambición humana desmedida por la eficiencia y la consecución de objetivos, la ciudad de Jerusalén representa los vínculos humanos, la solidaridad y la paz. La encíclica estipula que los principios que deben utilizarse para establecer marcos claros en el uso de la IA son el bien común, la subsidiariedad, la justicia social, la solidaridad y el destino universal de los bienes (estos son los mismos principios establecidos en la DSI).
¿Qué propone esta encíclica?
El núcleo de la cuestión se establece en el capítulo 3 en el que se expone la relación entre tecnología, poder y persona humana. Este capítulo subraya que la tecnología carece de emociones, de sentimientos y de valores. La tecnología no es neutral, sino que adopta el cariz de los que toman las decisiones. Por lo tanto, la responsabilidad última es de aquellos que dominan el desarrollo tecnológico y la supremacía de la dignidad humana debe ser la base de la toma de decisiones.
En el capítulo 4 se desarrolla la importancia de custodiar lo humano en la transformación. Es decir, ante la transformación social catalizada por la implementación de la tecnología y de la IA, lo humano debe quedar en el centro. Hay tres ámbitos en los que es prioritario custodiar lo humano ante la transformación; la verdad, el trabajo y la libertad. En el ámbito de la verdad, es preciso custodiar y promover una educación crítica que luche contra la desinformación y la manipulación de contenidos en la era digital. El trabajo tiene un sentido humano y relacional que permite al ser humano tener un propósito social y desarrollar sus capacidades, esto debe primar por encima de la consecución de la eficiencia y de la productividad en masa. No se puede reducir a las personas a una suma de datos digitales, la libertad del ser humano debe ser prioritaria al desarrollo de monopolios digitales que capitalizan los datos de las personas y desembocan en adicciones digitales.
En relación con el uso de la IA en la guerra, el papa afirma que la IA automatiza y despersonaliza las decisiones que implican vida o muerte, ética o responsabilidad moral. Además, se cuestiona la noción de la guerra justa, ya que en la era de los ciberataques, del uso de la IA, los drones, las armas autónomas y la destrucción tecnológica masiva, el concepto de «guerra justa» propiciado por San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino y desarrollado por la Escuela de Salamanca, sería imposible de cumplir.
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En el capítulo quinto se desarrollan dos conceptos clave que estructuran todo lo anterior expuesto; la cultura del poder y la civilización del amor.
La civilización del amor fue un tema característico del magisterio del papa Pablo VI. Este concepto alude a la grandeza del ser humano. El ser humano debe cuidar los vínculos humanos y relaciones, el amor debe estar en el centro de su acción, ya que este es el fin último del ser humano. La IA nos deshumaniza y nos reduce a datos y algoritmos. En una era digital marcada por la multiplicidad de conexiones, efímeras y virtuales, la cercanía real y el cuidado de las relaciones humanas con atención, ternura y bondad se erigen como clave de bóveda de la preservación de la dignidad humana.
En cuanto a la cultura del poder, el Papa León XIV afirma que se deben desenmascarar los monopolios que capitalizan nuestros datos y orientarlos al bien común para que no caigan en manos privadas cuyo fin último es el beneficio económico y la eficiencia a través de la automatización de algoritmos. Por lo tanto, se debe desarmar la IA porque nos deshumaniza.Finalmente, la encíclica subraya que no se debe renunciar a la tecnología ni al uso de la IA, sino orientarla hacia el bien común. El diálogo, la diplomacia y el perdón son claves para el avance tecnológico. La IA necesita criterios claros de desarrollo, parámetros y límites éticos. De la misma manera que «Rerum Novarum» estableció un marco ético y de principios para limitar los abusos de la Revolución Industrial, sin negar sus bondades para el desarrollo económico de la sociedad, «Magnífica Humanitas» establece criterios y límites claros para el uso de la IA, poniendo al ser humano en su centro.




