La aparición de enfermedades infecciosas, la resistencia a los antibióticos, el cambio climático y la degradación ambiental pueden tener consecuencias que van más allá de la salud pública. El enfoque One Health, o «Una sola salud», permite abordar estos riesgos de forma conjunta y ofrece herramientas para mejorar la prevención de crisis, la seguridad nacional y la preparación de los Estados ante posibles amenazas.
Un brote de gripe aviar, la contaminación de una fuente de agua o la aparición de una enfermedad transmitida por mosquitos pueden requerir la intervención de profesionales sanitarios, veterinarios, autoridades ambientales y servicios de protección civil. Aunque cada uno trabaja desde competencias diferentes, todos manejan información que puede resultar relevante para prevenir la propagación de enfermedades y reducir sus consecuencias.
Cuando estas situaciones adquieren suficiente gravedad, sus efectos pueden extenderse a la producción de alimentos, el comercio, las infraestructuras esenciales y el funcionamiento de los servicios públicos.
La seguridad nacional contempla desde hace años riesgos que exceden el ámbito estrictamente militar. Las epidemias, los desastres naturales y las alteraciones en el suministro de recursos esenciales pueden afectar a la estabilidad de un país y a su capacidad para afrontar situaciones de emergencia.
El enfoque One Health aporta una forma de estudiar estos riesgos a partir de las relaciones existentes entre las personas, los animales y el medio ambiente.
¿En qué consiste el enfoque One Health?
La OMS (Organización Mundial de la Salud) define One Health como un enfoque integrado que busca equilibrar y optimizar la salud de las personas, los animales y los ecosistemas, reconociendo que todos estos elementos están estrechamente relacionados.
Su aplicación requiere la colaboración entre disciplinas como la medicina humana, la veterinaria, la epidemiología, la salud pública y las ciencias ambientales.
La relación entre estos ámbitos resulta especialmente evidente en las enfermedades zoonóticas, aquellas que pueden transmitirse entre animales y personas.
Según la OMS, alrededor del 60% de las enfermedades infecciosas nuevas que se registran en el mundo proceden de animales, tanto domésticos como silvestres.
La gripe aviar, la rabia o el ébola son algunos ejemplos de enfermedades cuyo control requiere conocimientos sobre la salud humana y animal.
El medio ambiente también influye en su aparición y propagación. La modificación de los hábitats, los cambios en el uso del suelo, la expansión de determinadas actividades humanas y las alteraciones climáticas pueden modificar las condiciones en las que circulan los agentes infecciosos.
Por ejemplo, los cambios de temperatura y precipitaciones pueden afectar a la distribución de mosquitos y otros vectores capaces de transmitir enfermedades. Del mismo modo, determinadas actividades que aumentan el contacto entre seres humanos, ganado y fauna silvestre pueden crear nuevas oportunidades para la transmisión de patógenos.
El objetivo de One Health consiste en estudiar estas relaciones y utilizar ese conocimiento para mejorar la prevención, la vigilancia y la respuesta sanitaria.

La salud como componente de la seguridad nacional
La pandemia de coronavirus puso de manifiesto hasta qué punto una emergencia sanitaria puede afectar al funcionamiento de los Estados.
Las restricciones a la movilidad, las interrupciones en las cadenas de suministro y las dificultades para acceder a determinados materiales sanitarios tuvieron consecuencias sobre numerosos sectores económicos y servicios esenciales.
La Estrategia de Seguridad Nacional de España de 2021 reconoce las epidemias y pandemias como riesgos para la seguridad nacional. También incorpora el cambio climático, la degradación ambiental y las emergencias y catástrofes entre las cuestiones que requieren atención desde las instituciones responsables de la seguridad.
El documento señala, entre otras prioridades, la necesidad de modernizar los sistemas de vigilancia epidemiológica y reforzar los mecanismos de coordinación ante situaciones de crisis.
Desde este planteamiento, la información sanitaria puede adquirir un valor estratégico.
La detección temprana de una enfermedad animal, el seguimiento de determinados patógenos o la identificación de cambios ambientales asociados a riesgos sanitarios pueden ayudar a las autoridades a valorar una amenaza antes de que alcance mayores dimensiones.
Para ello resulta importante que los distintos organismos dispongan de canales adecuados para intercambiar información y coordinar sus actuaciones.
Los servicios veterinarios, por ejemplo, pueden detectar la circulación de determinados agentes infecciosos en animales. Esa información, combinada con los datos de salud pública y vigilancia ambiental, permite evaluar con mayor precisión los riesgos para la población.
La principal aportación de One Health a la seguridad nacional se encuentra en esta capacidad para mejorar la anticipación y facilitar decisiones basadas en información procedente de diferentes sectores.
Seguridad alimentaria, agua y resistencia a los antimicrobianos
La protección de los alimentos y del suministro de agua constituye otro ámbito donde confluyen la salud pública, la sanidad animal y la seguridad.
Las enfermedades del ganado pueden tener consecuencias sobre la producción agroalimentaria y el comercio internacional. La contaminación de alimentos o fuentes de agua puede provocar emergencias sanitarias y afectar a la actividad económica.
De acuerdo con las estimaciones publicadas por la OMS, aproximadamente 866 millones de personas enferman cada año en el mundo por consumir alimentos contaminados.
Garantizar la inocuidad de los alimentos exige controles durante toda la cadena de producción y distribución, incluidos los relacionados con la sanidad animal y vegetal.
Otro problema relevante es la resistencia a los antimicrobianos. Este fenómeno se produce cuando determinados microorganismos desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a los medicamentos utilizados para combatirlos.
La resistencia puede dificultar el tratamiento de infecciones en personas y animales. Además, los microorganismos resistentes pueden circular entre centros sanitarios, explotaciones ganaderas, alimentos y distintos elementos del medio ambiente.
La OMS considera que su prevención requiere actuaciones coordinadas entre los sectores sanitario, veterinario, agroalimentario y ambiental.
Estos riesgos también interesan a las instituciones responsables de la seguridad nacional, especialmente por sus posibles repercusiones sobre la disponibilidad de recursos esenciales y la capacidad de los sistemas sanitarios.
La protección del suministro alimentario y del agua resulta igualmente importante para las operaciones de defensa, que dependen de cadenas logísticas capaces de mantener su funcionamiento incluso durante periodos de crisis.
Cambio climático, biodiversidad y riesgos para la estabilidad internacional
Los efectos del cambio climático y de la degradación ambiental tienen consecuencias directas sobre la salud, pero también pueden influir en las condiciones económicas y sociales de determinados territorios.
La escasez de agua, la pérdida de productividad agrícola y los fenómenos meteorológicos extremos pueden agravar situaciones de vulnerabilidad existentes y aumentar la presión sobre recursos esenciales.
La Unión Europea reconoce estas relaciones en su Comunicación conjunta de 2023 sobre el impacto del cambio climático y la degradación ambiental en la paz, la seguridad y la defensa.
El documento señala que estos factores pueden contribuir a la inestabilidad, especialmente en regiones donde ya existen dificultades económicas, tensiones sociales o conflictos.
También destaca la necesidad de incorporar información climática y ambiental en los análisis de riesgos y en la planificación de las políticas de seguridad y defensa.
La pérdida de biodiversidad plantea otras preocupaciones sanitarias. Las alteraciones de los ecosistemas pueden modificar la distribución de determinadas especies y de los agentes infecciosos asociados a ellas.
En este ámbito también resulta pertinente prestar atención al crimen medioambiental, especialmente al tráfico ilegal de fauna silvestre.
La UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) analiza en su Informe Mundial sobre los Delitos contra la Vida Silvestre de 2024 las consecuencias ambientales, sociales, económicas y sanitarias de estas actividades.
La captura, el transporte y la comercialización ilegal de animales pueden favorecer situaciones de contacto entre especies y personas que requieren atención sanitaria. Además, al desarrollarse fuera de los circuitos autorizados, estas actividades pueden eludir controles veterinarios y medidas de prevención.
Esto no significa que el comercio ilegal de fauna sea responsable de todas las enfermedades zoonóticas ni que exista una relación automática entre tráfico de especies y aparición de epidemias. Los riesgos dependen de numerosos factores y deben evaluarse con criterios científicos.
La perspectiva One Health permite incorporar estos aspectos sanitarios y ambientales a las investigaciones y políticas de prevención del crimen medioambiental, junto con las consecuencias sobre la conservación de especies y los ecosistemas.

¿Qué relación tiene One Health con la defensa?
Las implicaciones del enfoque One Health para la defensa se encuentran principalmente en la protección del personal militar, la preparación operativa y la gestión de crisis.
Las Fuerzas Armadas pueden desplegarse en territorios donde existen enfermedades infecciosas, condiciones ambientales adversas o dificultades para acceder a agua potable y alimentos seguros. La vigilancia de las enfermedades transmitidas por vectores, el control sanitario de los suministros y el conocimiento de los riesgos ambientales son elementos importantes para proteger la salud del personal desplegado. Una enfermedad infecciosa que afecte a una unidad militar puede reducir temporalmente su disponibilidad, incrementar sus necesidades sanitarias y condicionar el desarrollo de una misión. La información epidemiológica, veterinaria y ambiental puede ayudar a identificar determinados riesgos y establecer medidas preventivas adecuadas.
Otro ámbito de interés es la preparación frente a emergencias. Las catástrofes naturales y las crisis sanitarias pueden requerir la participación coordinada de autoridades civiles, servicios sanitarios, organismos de protección civil y unidades militares. En estos escenarios, la protección de la población puede incluir actuaciones relacionadas con la asistencia sanitaria, la seguridad del agua, el control de enfermedades y la continuidad de los servicios esenciales.
La OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), considera la resiliencia civil un componente fundamental de la seguridad colectiva.
Entre sus requisitos de preparación se encuentran la continuidad de los servicios públicos esenciales, la disponibilidad de alimentos y agua y la capacidad de responder a crisis sanitarias graves. También contempla la cooperación y el intercambio de información entre autoridades civiles y militares.
Aunque One Health no constituye una doctrina militar, sus principios pueden contribuir a mejorar la evaluación de riesgos sanitarios y ambientales que afectan a la defensa y a la protección civil.
Por otra parte, conviene diferenciar las amenazas sanitarias naturales de aquellas que implican el empleo deliberado de agentes biológicos.
La prevención y respuesta frente a amenazas biológicas intencionadas requiere capacidades específicas de inteligencia, seguridad y defensa. La vigilancia sanitaria integrada puede aportar información relevante para su detección y evaluación, pero no sustituye los procedimientos necesarios para investigar su origen o determinar una posible intencionalidad.
La cooperación entre instituciones, una necesidad para prevenir riesgos
Uno de los principales retos para aplicar One Health consiste en mejorar la coordinación entre organismos que trabajan sobre problemas relacionados, pero desde ámbitos administrativos diferentes.
La sanidad humana, la veterinaria, la protección ambiental, la seguridad alimentaria y la gestión de emergencias cuentan con estructuras, competencias y procedimientos propios.
El intercambio de información entre estos sectores puede mejorar la identificación de riesgos que difícilmente podrían evaluarse con la misma precisión desde una única disciplina.
A escala internacional, la OMS, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la OMSA (Organización Mundial de Sanidad Animal) y el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) colaboran en la aplicación del enfoque One Health mediante un plan de acción conjunto.
Sus líneas de trabajo incluyen la prevención de enfermedades zoonóticas, la vigilancia sanitaria, la seguridad de los alimentos, la resistencia a los antimicrobianos y la incorporación de los factores ambientales a la gestión de riesgos.
En el ámbito de la seguridad nacional, aplicar estos principios puede traducirse en mejoras concretas: compartir información entre organismos, incorporar profesionales de diferentes disciplinas a las evaluaciones de riesgos y desarrollar protocolos de actuación coordinada para situaciones de emergencia.
La formación conjunta y la participación de especialistas en salud humana, sanidad animal y medio ambiente también pueden contribuir a mejorar la preparación institucional.
Estas medidas no requieren necesariamente modificar las competencias de cada organismo. Su finalidad es facilitar que las instituciones dispongan de la información necesaria para actuar de manera coordinada cuando una amenaza afecta a varios sectores.
Prevención y preparación ante futuras crisis
La incorporación del enfoque One Health a las políticas de seguridad permite prestar mayor atención a factores que tradicionalmente se han abordado desde la salud pública, la sanidad animal o la gestión ambiental.
Las enfermedades infecciosas, la contaminación, la degradación de ecosistemas y los riesgos asociados al suministro de alimentos y agua pueden generar consecuencias que afecten al funcionamiento de los Estados.
Comprender las relaciones entre estos factores ayuda a identificar amenazas, mejorar los sistemas de vigilancia y preparar respuestas institucionales más eficaces.
Para la seguridad y la defensa, su utilidad reside especialmente en la prevención, la protección del personal, la continuidad de los servicios esenciales y la coordinación ante situaciones de crisis.
La salud humana, la sanidad animal y la protección ambiental mantienen una relación directa con la capacidad de los Estados para proteger a su población y afrontar emergencias. Incorporar ese conocimiento a los análisis de seguridad constituye una herramienta adicional para mejorar la preparación y reducir vulnerabilidades.
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