El Ejército israelí inició una operación terrestre en el Líbano tras semanas de bombardeos que ya han causado centenares de muertos y casi un millón de desplazados en el país.
El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, anunció este lunes 16 de marzo el inicio de una operación terrestre en el sur del Líbano tras una reunión de evaluación con altos mandos militares. «Las Fuerzas de Defensa de Israel han iniciado una operación terrestre en el Líbano para eliminar amenazas y proteger a los residentes de Galilea y del norte del país», declaró Katz. Antes del avance de las tropas, el Ejército israelí combinó artillería y bombardeos aéreos contra objetivos vinculados a Hezbolá con el fin de «reducir riesgos» para sus soldados.
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Katz y el primer ministro Benjamin Netanyahu ordenaron al Ejército destruir la infraestructura de Hezolá en las aldeas fronterizas para impedir que el grupo chií vuelva a operar desde esas zonas. La estrategia, según el ministro, sigue el modelo de las operaciones israelíes en Gaza, citando específicamente acciones en Rafah y Beit Janún. Asimismo, Katz advirtió de que «cientos de miles de residentes chiíes del sur del Líbano no podrán regresar a sus casas al sur del río Litani hasta que se garantice la seguridad» de las comunidades israelíes fronterizas.
Amenazas directas al líder de Hezbolá
El ministro también acusó al líder de Hezbolá, Naim Qasem, de esconderse mientras la población chií abandonaba sus hogares, y advirtió de que el grupo «pagará un alto precio» por su participación en el conflicto y su alianza con Irán. En un tono amenazante, Katz añadió: «Si Naim Qasem extraña tanto a Nasrala y Jameneí, pronto podrá encontrarse con ellos en las profundidades del infierno». Desde el viernes, Israel ya había reforzado su frontera norte y movilizado reservistas adicionales.
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El contexto de la ofensiva se remonta al 2 de marzo, cuando Israel inició su campaña aérea tras un ataque de Hezbolá en respuesta al asesinato del líder iraní Ali Jameneí. El balance asciende a más de 830 muertos y 2.000 heridos, con casi un millón de desplazados internos, según la Organización Internacional para las Migraciones. Por su parte, el Ministerio de Exteriores libanés calificó de «inaceptables» los recientes ataques contra cascos azules de la ONU y recordó la decisión del Gabinete del 2 de marzo que «prohíbe las actividades militares y de seguridad de Hizbulá y las considera ilegales».




