La Operación Absolute Resolve marca un punto de inflexión en la aplicación contemporánea del poder militar estadounidense en el hemisferio occidental. Más allá de la captura de Nicolás Maduro, la acción revela una integración avanzada de guerra electrónica, ciberoperaciones, sigilo aéreo y fuerzas especiales, neutralizando sin destrucción física la arquitectura defensiva venezolana. En este artículo, Lucas Paulinovich, alumni del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada de LISA Institute, explica que el operativo no solo expone una brecha tecnológica crítica frente a sistemas ruso-chinos, sino que inaugura un nuevo estándar doctrinal de guerra de quinta generación, cuyas implicaciones políticas, regionales y globales redefinen los paradigmas de seguridad y disuasión continental.
Aspectos operativos y doctrinales
- El operativo estadounidense denominado Absolute Resolve llevó a cabo ataques aéreos y terrestres en Venezuela y culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. La acción incluyó bombardeos alrededor de Caracas, uso de aeronaves de guerra electrónica y fuerzas especiales, y terminó con Maduro llevado a EE. UU. para enfrentar cargos penales.
- Se desarrollaron acciones orientadas a desactivar la arquitectura C4ISR venezolana mediante penetración lógica en sistemas de origen chino y ruso. Esto habría incluido reconocimiento de redes, alteración de flujos de datos y anulación de enlaces redundantes. Intervinieron plataformas aéreas EA-18G Growler, orientada a bloquear comunicaciones tácticas, radares de tiro y sistemas de adquisición. De tal modo, se habría logrado una inutilización funcional de sistemas sin necesidad de destrucción física directa. Aviones F-35 Lightning II habrían penetrado el espacio aéreo venezolano sin ser detectados, operando dentro de zonas supuestamente protegidas. Se trataría de la primera operación comprobable en el hemisferio occidental donde se rompe por completo un sistema de defensa antiaérea de fabricación ruso-china en condiciones reales. Seguido de la inserción de helicópteros de asalto —UH-60 Black Hawk modificados y MH-47 Chinook— en puntos estratégicos de Caracas, incluyendo Fuerte Tiuna, con captura y extracción del líder del gobierno civil.
- Aún no se difundieron análisis oficiales sobre los fallos específicos de los sistemas. Como cualquier sistema pueden ser afectados por contramedidas electrónicas o tácticas complejas. De ser ciertas las versiones que describen la inutilización total de los sistemas, lo que la operación sobre Caracas revelaría es una superioridad tecnológica abrumadora de los Estados Unidos.
- Diversas fuentes abiertas sugieren que durante la incursión estadounidense en Venezuela, los cazas furtivos F-35 Lightning II habrían operado sin ser detectados dentro del alcance efectivo de los sistemas antiaéreos S-300VM (Antey-2500), adquiridos por Venezuela a Rusia. Este sistema está diseñado para interceptar misiles balísticos y aeronaves a larga distancia, pero su eficacia frente a objetivos con baja firma de radar —como los F-35— podría haberse visto superada en condiciones reales de combate. Esto implicaría una vulnerabilidad crítica en la capacidad de detección temprana del sistema, a pesar de la elevada inversión que el Estado venezolano habría destinado a su adquisición y mantenimiento.
- Se difundió ampliamente que aeronaves de guerra electrónica EA-18G Growler de la Marina de EE. UU. habrían participado activamente en la supresión de las defensas aéreas venezolanas mediante saturación del espectro electromagnético. Según doctrinas conocidas de guerra electrónica, esta interferencia habría impedido que las baterías antiaéreas venezolanas pudieran recibir datos de fuego o comunicarse con sus centros de comando. Bajo esta hipótesis, la supresión electromagnética habría generado una pérdida de coordinación operativa, convirtiendo a las unidades de defensa en activos inoperantes durante la fase inicial del ataque.
- Los sistemas S‑300VM fueron concebidos en un entorno doctrinal previo a la masificación de plataformas furtivas de quinta generación y a la fusión sensorial avanzada. Diversos estudios académicos y militares occidentales advierten que la detección de aeronaves de sigilo requiere arquitecturas radar multisensoriales y redes integradas que superen el esquema clásico de radar de adquisición + radar de tiro.
- Algunas fuentes de inteligencia y análisis militar han señalado que, en la fase previa al operativo físico, se habría llevado a cabo una infiltración cibernética dirigida a los sistemas de comando y control (C2) venezolanos, presuntamente de origen chino. De acuerdo con esta versión, dicha intrusión habría desactivado o retrasado la ejecución de protocolos automáticos de defensa, contribuyendo a la falta de respuesta durante el ingreso de helicópteros estadounidenses que participaron en la toma de Fuerte Tiuna. Su verosimilitud se sustenta en precedentes doctrinales del Comando Cibernético de EE. UU. y en la sincronía entre la supuesta parálisis del sistema y el avance de fuerzas especiales en un entorno urbano densamente protegido.
- Esto supone una brecha tecnológica generacional que estaría detrás de los fallos en la tecnología rusa y china. Y acarrearía serias consecuencias en la reputación de los sistemas no occidentales en el marco de las guerras de quinta generación. En términos estratégicos, abre un interrogante sobre la capacidad de proveer seguridad por fuera de las zonas de influencia directa.
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Impacto político interno y externo
- Fragmentación en la cúpula del chavismo. El descabezamiento de Maduro abre una instancia de definiciones. Rápida asunción de Delcy Rodriguez según orden de sucesión constitucional. Se mantienen las recompensas sobre las cabezas de los otros miembros de la cúpula del régimen. Especialmente sobre Diosdado Cabello y Padrino López, ambos ligados a la estructura militar que está en el centro de las acusaciones de narcoterrorismo por su presunta colaboración con los cárteles, las FARC, el ELN y el Tren de Aragua.
- Endurecimiento del control y represión interno. El régimen pende de un hilo y no puede abrir espacios para iniciativas que erosionen su mando. El poder en cabeza de Rodriguez deberá ser ratificado con autoridad. Es decir, ejercicio de violencia. Tal vez quienes corren más riesgo son los propios simpatizantes chavistas y los grupos que pretendan llevar a cabo acciones de rechazo de la operación norteamericana por cuenta propia.
- La amenaza de una nueva incursión está latente y el gobierno venezolano es lo suficientemente débil como para necesitar sofocar cualquier vestigio de autonomía. En Venezuela existen muchos ciudadanos armados y grupos pandilleros que pueden provocar que la situación derive hacia un caos de violencia descontrolada. La democracia venezolana en esta etapa de transición estará aún más reducida. Se verá si la salida se encamina hacia horizontes institucionales, o declina hacia escenarios de guerra civil con focos guerrilleros y pandillas urbanas.
- Organizaciones internacionales como la ONU y varios países han criticado la operación, afirmando que viola principios de derecho internacional y la soberanía de Venezuela. Este punto es evidente, pero nos encontramos en un momento de reformulación de los paradigmas de seguridad, donde se están consolidando otros conceptos y, como todo proceso de reformulación conceptual, el uso de la fuerza es decisivo para la determinación de los hechos que le dan materialidad a las concepciones estratégicas. Estados Unidos está actuando en vista a cómo funcionará el mundo en los próximos 50 años.
- El gobierno cubano reconoció la muerte de al menos 32 agentes nacionales que “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos de ese país». Estas bajas habrían tenido lugar en zonas donde operaba el círculo más cercano de protección del presidente Nicolás Maduro. Esta información destaca las particularidades del «marco de la cooperación entre Estados soberanos (…) cumpliendo tareas de protección y defensa institucional”, una compenetración entre Estados que venía siendo ampliamente señalada, pero que ahora queda en evidencia.
- Cuba y Venezuela, dos estrechos aliados ideológicos que fortalecieron sus vínculos a medida que fueron quedando aislados diplomática y comercialmente, mantienen desde 2000 un convenio integral de cooperación que permite a miles de médicos cubanos, profesionales de la educación, el deporte y otras esferas permanecer en el país sudamericano. Venezuela envía a Cuba miles de barriles diarios de petróleo, incluso por encima de sus necesidades, lo que permite a la isla venderlo internacionalmente. La situación actual instala un fuerte interrogante sobre el futuro de la isla, que podría estar ingresando a los últimos meses de la revolución.
- Dado el estrecho vínculo entre Nicolás Maduro y la élite cubana, forjado desde la formación política e ideológica del primero en La Habana, su caída representa una dislocación estratégica para la seguridad del régimen cubano. La desaparición del gobierno venezolano como soporte económico y logístico (energético, financiero y de inteligencia) podría traducirse en un debilitamiento estructural del aparato de control interno en la isla. En este contexto, se anticipa una mayor presión social interna y potencial desestabilización si se combinan escasez económica, aislamiento diplomático y pérdida de capacidad de proyección exterior.
- Paralelamente, se han intensificado protestas masivas en Irán, con exigencias explícitas a favor del heredero de los Pahlevi y creciente enfrentamiento con las fuerzas de seguridad del Estado. El gobierno iraní ha acusado públicamente a EE. UU. e Israel de instigar la revuelta, y han circulado reportes no confirmados sobre planes de contingencia para la evacuación del líder supremo Alí Jamenei. Esto no sólo explica la pérdida de sostén de Venezuela, donde operan miembros de las Guardia Revolucionaria iraní, sino que es una mala noticia también para Cuba.
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Operación Lanza del Sur y consecuencias estratégicas ampliadas
Este enfoque redefine el reparto geopolítico del continente, expulsando de facto —aunque no necesariamente por vía diplomática— a actores como Irán, Rusia y China del escenario operacional latinoamericano. La “Agenda Trump” no requiere declaración formal: se impone por la lógica de los hechos consumados, en los que la demostración de capacidad estratégica plena reemplaza a la negociación diplomática multilateral.
La Operación Lanza del Sur representa una acción integrada de múltiples dominios, ejecutada con precisión quirúrgica sobre un blanco estatal en el corazón político y militar de Sudamérica. Su desarrollo operativo la convertirá en un caso de estudio central para los manuales de guerra moderna, especialmente en su aplicación hemisférica.
Creer que esta incursión se limita al petróleo puede implicar desconocer aspectos centrales. No estamos en las décadas del 80 y 90. Y la simplificación puede acarrear mirar con lentes viejos problemas nuevos. Desde que Estados Unidos es proveedor global, el vector energético ocupa otro lugar en los asuntos de seguridad. Parecería tratarse de una iniciativa de más amplio alcance, que busca reconfigurar las zonas de dominio e influencia operacional. El mundo cambió, y también cambian los paradigmas de seguridad que pretenden ordenarlo.
La teoría sobre el Cartel de los Soles, que siempre fue una etiqueta para nombrar la coordinación estatal con organizaciones criminales, es parte de las negociaciones que ahora se van a dar en el terreno judicial, pero que no hacen a la cuestión central de la iniciativa continental.
La decisión del gobierno de Trump de retirar a todas las potencias extracontinentales (Canadá, Groenlandia, islas bajo control neerlandés y británico) lleva a una serie de consecuencias subsiguientes de altísima relevancia. Entre ellas, el interés de los Estados Unidos en que el Reino Unido deje todos sus dominios continentales, lo que incluye Malvinas. Más aún cuando quedan pocos años de paz sobre la Antártida. Curiosamente, la operación de Caracas puede abrir un cauce que la convierta en el primer episodio de la recuperación de la soberanía argentina sobre Malvinas.
La operación responde a patrones doctrinales característicos de la guerra de quinta generación, donde la acción cinética va acompañada por guerra cibernética, manipulación informativa, operaciones psicológicas y superioridad en el espectro electromagnético. En este marco, el colapso no implica destrucción física, sino desarticulación sistémica. Este patrón de acción proyecta un nuevo estándar en el uso de la fuerza a nivel continental: operaciones de alta precisión con máxima disrupción funcional, realizadas por fuerzas especiales con soporte logístico y disuasivo, sin ocupación prolongada ni intervención convencional masiva.
La operación representa la primera aplicación activa de la «Agenda Trump» a la Doctrina Monroe: una reinterpretación contemporánea del principio de no tolerancia a presencias extracontinentales hostiles, ahora complementada con: intervención directa sin mediación multilateral, acciones preventivas basadas en capacidades tecnológicas dominantes, rediseño del mapa de poder hemisférico sin necesidad de ocupación territorial.
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